No existía por entonces una unidad política como en los estados modernos.
Eso era impensable en la Europa Medieval. Debemos entender que la Batalla de La
Navas como la identidad de unión cristiana, frente a la islámica del poderoso
ejército almohade.
Batalla de las Navas de Tolosa (1864), óleo sobre lienzo por Francisco Van Halen (1814-1887), Museo del Prado, Madrid
Los contendientes por la parte cristiana formaron una coalición encabezada por Alfonso VIII de Castilla, a quien se unieron los reyes Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Junto al rey castellano, iban don Diego López de Haro, señor de Vizcaya, y Arnau Amalric, Arzobispo de Narbona, a la cabeza de los cruzados ultramontanos (el papa Inocencio III había proclamado la Cruzada), franceses en su mayoría. Las milicias concejiles, las órdenes militares, los voluntarios leoneses y portugueses, las mesnadas reales de los tres monarcas, acabaron por componer un ejército asombrosamente numerosos para su época, cifrado entre 33.000 y 40.000 hombres (cada lanza, la unidad táctica básica, se componía de un caballero, un escudero, un paje, y dos peones. Para el ejército almohade de An-Nasir, González Simancas calcula alrededor de 50 000 siguiendo el mismo sistema de cálculos.
Los almohades sabían que el ejército cristiano avanzaba hacia el sur, como respuesta a la derrota que le habían infligido tanto en la batalla de Alarcos 17 años antes en 1195 como en la toma del castillo calatravo de Salvatierra (1211), y por ello debían frenar el avance de un número tan elevado de tropas. Para ello utilizaron las características del terreno en su favor. El mismo historiador Carlos Vara recoge cómo la crónica del arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada, consejero del rey Alfonso y probablemente artífice intelectual de la campaña cristiana, describe a la perfección el itinerario seguido por los cristianos desde Toledo. El camino natural salvaba el paso desde la meseta hacia el valle del Guadalquivir a través del puerto del Muradal. Lo abrupto del relieve provocaba un estrechamiento en un punto concreto, denominado el paso de la Losa, angostura que fue cerrada por los almohades, impidiendo el paso de las huestes cristianas, y provocando así un problema de difícil solución.
Es aquí donde aparece el protagonista de nuestra historia, al que Jiménez de Radan (Eclesiástico, militar, historiador y hombre de estado en Navarra y Castilla), describe como “hombre del lugar, muy desaliñado en su ropa y persona, que tiempo atrás había guardado ganado en aquellas montañas”. Se trata de un personaje misterioso, quien según las diferentes fuentes unas veces es pastor y otras, cazador. En todo caso, era un hombre conocedor de aquellas tierras de frontera, y mostró un camino alternativo (una antigua calzada romana) por el que el ejército cristiano pudo salvar este escollo, siguiendo lo que desde entonces se conoció como el Puerto del Rey, que los condujo a la altiplanicie conocida como la Mesa del Rey, fácilmente visible desde el Centro de Interpretación de la batalla de las Navas de Tolosa, en Santa Elena (Jaén), lugar donde se plantaría el campamento cristiano y desde donde partió el ataque contra el ejército almohade.
Es aquí donde aparece el protagonista de nuestra historia, al que Jiménez de Radan (Eclesiástico, militar, historiador y hombre de estado en Navarra y Castilla), describe como “hombre del lugar, muy desaliñado en su ropa y persona, que tiempo atrás había guardado ganado en aquellas montañas”. Se trata de un personaje misterioso, quien según las diferentes fuentes unas veces es pastor y otras, cazador. En todo caso, era un hombre conocedor de aquellas tierras de frontera, y mostró un camino alternativo (una antigua calzada romana) por el que el ejército cristiano pudo salvar este escollo, siguiendo lo que desde entonces se conoció como el Puerto del Rey, que los condujo a la altiplanicie conocida como la Mesa del Rey, fácilmente visible desde el Centro de Interpretación de la batalla de las Navas de Tolosa, en Santa Elena (Jaén), lugar donde se plantaría el campamento cristiano y desde donde partió el ataque contra el ejército almohade.
La providencial aparición de este pastor permitió el éxito del rey castellano, y pronto fue motivo de interpretaciones diversas, como no podía ser de otra forma en la mente medieval. El propio Jiménez de Rada menciona que Dios lo envió. No es de extrañar que, siguiendo la tradición medieval, llegara a identificarse con san Isidro, dando a entender una intervención divina en la victoria cristiana, como ya pasara con Santiago en la batalla de Clavijo.
Llegados ya al siglo XVI, Gonzalo Fernández de Oviedo (escritor del siglo XVI), afirma por vez primera que se trata de Martín Alhaja o Halaja, y que se sirvió del cráneo de una vaca para indicar el camino al rey Alfonso. De aquí derivaría el tan conocido linaje de los Cabeza de Vaca:
“Dizen algunos queste ombre se llamava Martín Alhaja… Escriven e testifican muchos libros antiguos de armería que después de vençida la batalla, el rey Alonso armó caballero a este ombre e le hizo noble e le puso nombre Cabeça de Vaca.”
MONUMENTO EN JAÉN
Sea como fuere, muchas son las interpretaciones que pueden hacerse de este personaje legendario. Pastor, cazador o bandido, castellano o mozárabe tardío, hombre de frontera en todo caso, Martín Alhaja o Martín el Malo, el pastor de las Navas de Tolosa cambió el curso de los acontecimientos, convirtiéndose en otro protagonista anónimo de la historia. En 1987, el director noruego Nils Gaup estrenó la película Pathfinder, el guía del desfiladero, en la que el protagonista libra a su aldea de un ataque vikingo.La historia de nuestro pastor podría abrir las puertas al rodaje de una película épica en la que el protagonista logró señalar por donde pasar el avance más significativo del proceso reconquistador
Viñeta de humorística de Forges
Sabido es que la batalla de las Navas marca el inicio del fin de poder musulmán en la península y que culminaría más de 250 años después con la caída de Granada, último reino musulmán de la península, ya en poder de los Reyes Católicos.
Sabido es que la batalla de las Navas marca el inicio del fin de poder musulmán en la península y que culminaría más de 250 años después con la caída de Granada, último reino musulmán de la península, ya en poder de los Reyes Católicos.




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