martes, 3 de febrero de 2026

JUAN NEGRÍN

El 3 de febrero de 1892 nació Juan Negrín, en Las Palmas de Gran Canarias. Nacido en el seno de una familia acomodada de la burguesía canaria, a los catorce años, se trasladó a estudiar medicina a Alemania. El socialismo alemán y su organización política en torno al Partido Socialdemócrata (SPD) adquirieron una gran influencia. Pero en 1915, Negrín se vio forzado a abandonar Alemania a causa de las anormales circunstancias que provocaba la guerra.
Sus primeras investigaciones estuvieron dedicadas a estudiar las variaciones del contenido cromófilo de las cápsulas suprarrenales, la función reguladora del sistema nervioso simpático y las técnicas de análisis de laboratorio, aportando un procedimiento original de microanálisis para determinar la glucosa en sangre.


El Laboratorio de Fisiología General, promovido por Cajal, se ubicó en los terrenos de la Residencia de Estudiantes, junto a los Laboratorios de Química General, Anatomía Microscópica y Serología y Bacteriología, en el edificio llamado Transatlántico. Poco después se integró en la red de laboratorios de la JAE.
En Madrid, Negrín tuvo que realizar una segunda tesis doctoral para revalidar el título alemán y presentó una investigación sobre El tono vascular y el mecanismo de la acción vasotónica del esplácnico (1919). En 1922 obtuvo la Cátedra de Fisiología de la Universidad Central, y de inmediato organizó un laboratorio de fisiología en la Facultad de Medicina, destinado a la enseñanza. En abril de 1931 tuvo incluso que renunciar a una parte de su sueldo para distribuirlo generosamente entre sus discípulos Severo Ochoa, Blas Cabrera Sánchez, Rafael Méndez y Francisco Grande Covián.
Las afinidades de Juan Negrín con el socialismo se empezaron a forjar ya en Alemania, pero la situación española a su regreso y el descrédito de la Monarquía y de la dictadura de Primo de Rivera le llevaron a afiliarse al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1929. A partir de 1930 declinó su actividad académica en favor de la dedicación a la política, hasta que en 1934 solicitó la excedencia de su cátedra. En las elecciones a Cortes Constituyentes de 28 de junio de 1931 fue elegido diputado por Las Palmas; en 1933, lo fue por Madrid y en 1936, volvió a serlo por Las Palmas. Durante ese período fue presidente de la Comisión de Hacienda, representante español ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ante la Unión Interparlamentaria Europea, hasta que, en septiembre de 1936, Francisco Largo Caballero lo requirió para ocupar el Ministerio de Hacienda de su gobierno. Implicado en el movimiento revolucionario de 1934, que auspició Largo Caballero, Negrín se decantó por la opción de unidad republicana propugnada por Prieto frente al proyecto revolucionario que postulaba Largo Caballero.


Tras el levantamiento militar de 1936, el gobierno Giral entró en crisis y  Largo Caballero formó un gobierno apoyado por la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y el Partido Comunista, en el que Negrín fue nombrado ministro de Hacienda. Se rodeó en el Ministerio de colegas médicos de su confianza como Blas Cabrera o Rafael Méndez. Esa etapa se ha asociado a la movilización de las reservas de oro del Banco de España, aunque también dio lugar a otras decisiones destacables, como la reorganización del sistema bancario y monetario, la creación de una Dirección General de Economía. El envío de las reservas de oro a la Unión Soviética tuvo como objetivo salvaguardar esos recursos de la amenaza de que cayeran en manos del ejército franquista y también financiar los gastos de la guerra. La movilización del oro se inició por el gobierno Giral nada más comenzar la sublevación. Inicialmente se vendió oro a Francia, pero crecían las dificultades para obtener valores en monedas europeas y el boicot bancario británico redujo la única solución a echar mano de la Banque Comérciale pour l’Europe du Nord, entidad soviética con sede en París. El 13 de septiembre, Azaña firmó un decreto que autorizaba al Ministerio de Hacienda la venta de oro, plata y billetes; al día siguiente se inició la evacuación, que finalizó una semana después: un total de diez mil cajas que contenían oro, plata y billetes para comprar armamento y suministros para financiar la guerra. Las investigaciones de Ángel Viñas han mostrado que un 27,4 por ciento del tesoro movilizado por el Banco de España fue adquirido por Francia y el resto fue a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). A pesar de tan controvertida acción, el proceso contó con el consentimiento del presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, y con el asentimiento del resto de miembros del Gobierno. El tesoro se trasladó en cuatro barcos rusos, que partieron desde Cartagena el 25 de octubre de 1936 y llegaron a Odessa el 2 de noviembre. El depósito alcanzaba 460,52 toneladas, equivalentes a 1.585,2 millones de pesetas oro, o bien 3.776 millones de pesetas de la época, o bien 518 millones de dólares. Pero los gastos de la guerra eran enormes y en menos de dos años se habían consumido esas reservas, hasta el punto de que el entonces embajador en la URSS tuvo que desplazarse a Moscú en septiembre de 1938 para solicitar un crédito de 60 millones de dólares, concedido por Stalin al Gobierno republicano español. Meses antes de concluir la guerra, las reservas de oro ya se habían consumido.


Francisco Largo Caballero

El gobierno de Largo Caballero provocó una profunda división en la unidad de la izquierda representada en el Frente Popular. La crisis de gobierno de mayo de 1937 no siguió los derroteros previstos por Largo Caballero, aislado con el apoyo exclusivo de la UGT, tuvo que dimitir. Como consecuencia de esa crisis, quedó constituido el primer gobierno de Juan Negrín, cuya elección como presidente constituyó una verdadera sorpresa.
El primer gobierno de Negrín significó para Azaña la recuperación del diálogo y la esperanza.
Pero de esa crisis de gobierno salió también muy fortalecido el Partido Comunista. Así las cosas, el panorama político presentaba un comunismo cada vez más influyente, unos partidos republicanos muy debilitados,
En la primera sesión del 1 y 2 de octubre de 1937, Negrín propuso como objetivo principal asegurar el orden en la retaguardia, mantener una política económica uniforme, unificar los servicios y sentar las bases para ganar la guerra. Para ello se organizó un verdadero Ejército Popular de la República mediante la transformación de las antiguas milicias. Convertía así en estrategia política y militar la frase que había lanzado el 17 de mayo Azaña al ser elegido para formar gobierno: “La guerra se puede ganar”.
Pero el apoyo militar italiano y alemán al general Franco se incrementó sustancialmente en aquellos meses. El bando republicano recibía, por su parte, apoyo en material bélico y aviones de la Unión Soviética. Comenzó entonces un desastre militar con la pérdida del frente del norte y el retroceso en Aragón, de modo que, al cabo de un año, en abril de 1938, la situación bélica había empeorado drásticamente.
En el orden político, Negrín tuvo que afrontar entonces una profunda crisis con la salida del gobierno de Indalecio Prieto. Negrín no podía prescindir de los comunistas por la dependencia exterior de la URSS y, ante las reiteradas expresiones públicas de Prieto que auguraban los peores desastres y la derrota definitiva, Negrín se vio forzado a relevarlo. Azaña, el presidente de la República había llegado a la desoladora conclusión de que había que concluir una guerra que ya podía darse por perdida. Negrín se opuso en todo momento a claudicar, convencido de la imposibilidad de una paz negociada con los sublevados. En estas circunstancias, el segundo gobierno de Negrín nacía herido de muerte. El 30 de abril de 1938, el Consejo de Ministros aprobaba un “Programa de Trece Puntos”. Sus principales objetivos eran la defensa de la democracia, la integridad territorial y la independencia de España; el plebiscito popular sobre la estructura del Estado; la garantía de la propiedad privada, la libertad de conciencia y de religión; la reforma agraria; el respeto a los derechos de los trabajadores; un ejército al servicio de la nación, el apoyo a la Sociedad de Naciones y la amnistía a todos los españoles deseosos de participar en la reconstrucción de España. Finalmente, la Diputación de Cortes otorgó su confianza al nuevo gobierno.
Pero la segunda mitad del año 1938 fue la más crítica. Se polarizaron las posiciones entre los partidarios, como Negrín, de resistir militarmente hasta lograr una improbable salida negociada al conflicto, y quienes eran partidarios de deshacerse inmediatamente de los comunistas para forzar una acción diplomática de Francia y Gran Bretaña ante Franco. Pero esa paz de compromiso nunca fue posible, por la falta de implicación de franceses y británicos, lo que desembocó en una especie de coalición contra Negrín impulsada por Azaña, Besteiro y Martínez Barrio, con el apoyo de nacionalistas catalanes y vascos, y de algunos sectores sindicales. Se había abierto un abismo en las relaciones entre Manuel Azaña y Juan Negrín. Mientras tanto, la debacle militar anunciada por el avance de las tropas de Franco hacia Valencia se vio momentáneamente frenada gracias a la ofensiva republicana en el Ebro.
El poderoso impulso diplomático que el gobierno republicano de Negrín fue infructuoso, y eso impedía a Negrín deshacerse de los comunistas.  También fueron infructuosos los intentos finales de mediación internacional. Los vencedores se oponían a cualquier tipo de pacto que no fuera la rendición incondicional. El 28 de febrero Francia y Gran Bretaña hacían público su reconocimiento diplomático a Franco y ese mismo día dimitía Manuel Azaña de su puesto de presidente de la República.
“Resistir es vencer” fue el lema de Negrín. “Rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede”,  le escribió Manuel Azaña en diciembre de 1938. La guerra estaba perdida y dejó seguir la lucha contra Casado, que estaba dando un golpe de Estado contra Negrín, para pactar con Franco.  Madrid era el único lugar donde se combatía, y que el gobierno de Negrín y la dirección comunista hacía tres días que había marchado al exilio.
Apenas dos semanas después, Juan Negrín abandonaba España camino del exilio, empujado por la sublevación militar encabezada por el coronel Casado.
El desenlace de la Guerra Civil obligó a Negrín a abandonar España, con el proyecto de reconstruir el gobierno republicano en el exilio. Salió camino de París, donde permaneció refugiado hasta mediados de 1940. Allí organizó el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE), principal organismo encargado del traslado a México de una cantidad ingente de refugiados. Pero, en París, Prieto reunió a la Diputación Permanente de las Cortes el 27 de julio de 1939 y, aprovechando su mayoría, disolvió el gobierno de Negrín, al que culpaba de todos los males. De este modo, los fondos de ayuda a los refugiados en México, que se trasladaban en el buque Vita. Había formado un inmenso tesoro para el sostenimiento de los exiliados republicanos que se transportó a México en el yate real de Alfonso XIII, donde cayeron en manos de Prieto, quien fundó un órgano alternativo al SERE, la JARE (Junta de Asistencia a los Republicanos Españoles). Se consumaba así la primera gran fractura del exilio.
Se trasladó a Londres. Allí recibió un apoyo diplomático muy limitado, porque el gobierno británico había reconocido a Franco. Allí compaginó su labor diplomática con cierta participación en la vida académica y científica de la British Physiological Society.
Toda su etapa de exiliado en Londres se caracterizó por sus denodados esfuerzos para lograr el reconocimiento diplomático a la legitimidad del gobierno republicano en el exilio. Pero finalmente no lo obtuvo, debido a oposición explícita de Winston Churchill.
Se desplazó a México y su llegada profundizó la división entre sus partidarios. Reforzó entonces sus esfuerzos diplomáticos internacionales, pero la Segunda República española había sido sentenciada de muerte por la diplomacia internacional. A partir de entonces la actividad política de Negrín inició una etapa final de declive. Los partidarios de Prieto llegaron incluso a forzar su expulsión del PSOE en 1946. Los últimos testimonios de su actividad política no fueron menos polémicos y tuvieron como escenario las páginas del New York Herald Tribune, donde publicó tres artículos a principios de abril de 1948, en los que se mostraba partidario de la inclusión de España en el Plan Marshall. Criticado por muchos, Negrín mantenía que el Plan Marshall no iba a condicionar la continuidad o no del franquismo, que estaba apuntalado por la diplomacia internacional, y al menos evitaría que el país se hundiese en el atraso.

Manuel Azaña 

Su último gesto político fue entregar al gobierno de Franco, por mediación de Mariano Ansó y su hijo Rómulo, la documentación de los depósitos de oro que se habían trasladado a la Unión Soviética en 1936 y toda la documentación que podía servir para hacer uso del derecho internacional ante una eventual reclamación.
Fueron los últimos movimientos de un hombre que había renunciado a la actividad científica y académica para implicarse hasta las últimas consecuencias en el proyecto político del socialismo republicano, en uno de los momentos más críticos de la historia contemporánea de España. Falleció en París en la madrugada del 12 de noviembre de 1956, a causa de un ataque cardíaco, cuando contaba 64 años de edad. Un hombre estimado por unos hasta la muerte y odiado e injuriado por otros; el chivo expiatorio de los males de una República.
 

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