Estamos en 1467/68. En el mes de julio de 1468 muere
repentinamente Alfonso, el hermano de Isabel. Muchas murmuraciones hubo, pero
no se sabe nada concreto.
El Nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma. Veneris había dictado sentencia obligatoria, las cosas debían volver a como estaban en 1464. Es decir que Alfonso volvería a ser infante, pero recordemos que había sido proclamado Príncipe de Asturias, es decir heredero a la corona, lo que desplazaba a la hija del rey, Juana.
Dado que el hermano de Isabel, Alfonso, había fallecido, estaba claro que era Isabel la heredera y así lo debía reconocer el rey.
El Nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma. Veneris había dictado sentencia obligatoria, las cosas debían volver a como estaban en 1464. Es decir que Alfonso volvería a ser infante, pero recordemos que había sido proclamado Príncipe de Asturias, es decir heredero a la corona, lo que desplazaba a la hija del rey, Juana.
Dado que el hermano de Isabel, Alfonso, había fallecido, estaba claro que era Isabel la heredera y así lo debía reconocer el rey.
REY ENRIQUE IV (TVE)
Esgrimiendo el documento que entre otros el obispo Fonseca y
el Nuncio Veneris habían redactado en nombre del papa, y era ley, no se
reconocía a Juana heredera, sino Alfonso, y muerto éste, sería Isabel la
heredera. Además, Isabel ya entonces calculó que si Juana reinaba, podría
casarse con algún heredero de Portugal, ya que su madre (Juana de Avis), era
nieta del rey de Portugal, y la corona de Castilla pasaría a manos portuguesas.Sintiéndose traicionados por el rey, los Mendoza se llevaron a la niña Juana como rehén y para su seguridad. El Obispo Fonseca ofreció llevarse a la reina a su castillo, cosa que el rey aceptó. Allí la reina, de veintiocho años, sucumbió al amor de Pedro de Castilla, un descendiente del que había sido rey Pedro el Cruel, lo cual no tardó en dar sus frutos, dos gemelos. Ante la situación se presentó en casa de los Mendoza, con su amante, buscando refugio.
Mientras Isabel no tenía ninguna prisa por reinar, pero si para ser declarada heredera al trono por el rey. Si en Castilla hubiera habido la ley sálica, el único varón de la familia Trastámara era Fernando, heredero de la Corona de Aragón y rey de Sicilia.
Pero en Castilla las mujeres tenían derecho a reinar cuando faltaban varones en la línea de sucesión, y la opción de Fernando sería la última posibilidad.
COMIDA FAMILIAR CON EL REY (tve)
El inteligente rey Juan II de Aragón se apresuró a tratar de
conseguir que Isabel se casara con su hijo Fernando, ambos de edad similar, de
la misma casa Trastámara y juntos fortalecerían la unidad de la península
contra los musulmanes. El arzobispo Carrillo fue el negociador imprescindible
para el trabajo, ya que aspiraba a ser pieza fundamental en la corte si reinaba
Isabel. Como vemos, los personajes cambiaban de bando según las conveniencias
del momento.Las historias se entrecruzan según que personaje vayamos comentando. La legitimidad de Enrique era indiscutible. Pero no así la de Juana su hija. Con lo cual el matrimonio de Enrique habría que anularlo, porque ya Isabel y su gente sabían por el Nuncio Veneris, que el matrimonio del rey no tenía bula papal ya que eran primos. Se había solicitado pero el papa murió antes de aceptarla, y así quedó con el paso de los años, con lo cual la hija, Juana era bastarda y no podía reinar.
A todo esto los Mendoza ya ven imposible defender la causa de Juana. La fuga de la reina Juana y por entonces su embarazo lo hacían imposible. Constituían además para el rey un duro golpe, pero todavía no lo sabía.
La nobleza castellana se había reunido y hasta pensaron en pedirle al rey su renuncia. Pero finalmente se decidió que Enrique e Isabel negociaran definitivamente el asunto en presencia de sus consejeros.
El intrigante Pacheco fue clave para llegar a los acontecimientos de la explanada de Guisando. La jugada oculta estaba en el interesado marqués Juan Pacheco. Una de las condiciones era que Isabel se casaría con un candidato propuesto por el rey Enrique. Se confirmaban las sospechas de Isabel. En realidad lo que urdía Pacheco eran los enlaces concertados de Isabel con el rey Alfonso V de Portugal. El hijo de éste, Juan, con la niña Juana (la Beltraneja), reconociendo sus derechos. De este modo reinarían primero Alfonso de Portugal y luego su hijo Juan de Portugal. Para ello Pacheco entregaría al rey todo su poder y sujetaría a Isabel políticamente. Pacheco tenía grandes intereses, tanto en Castilla como en Portugal.
Por entonces Juana de Avis, la madre de la Beltraneja, estaba poco menos que despreciada por el rey, y a partir de la guerra de Sucesión en Olmedo y Segovia había sido apartada de la corte. El rey Enrique viendo la situación tan delicada, y que todo se basa en la legalidad de su matrimonio y la paternidad por tanto de su hija, manda a su mujer a volver a la corte. En agosto de ese año Juana de Avis estaba en avanzado estado de gestación.
NUNCIO PAPAL VENERIS (tve)
El deshonor de Enrique era evidente y motivo de murmullo y chanzas. Para Enrique IV es un golpe enorme que equivale a no poder demostrar la fidelidad de la reina y por consecuencia la sospecha de la bastardía de su hija Juana. Aunque el adulterio no tiene nada que ver con la situación jurídica de la niña. A esto se sumaba que la boda entre Enrique y Juana, que eran primos segundos, no tenía el necesario consentimiento papal.
Pero al final todo esto contribuyó a derrumbar la resistencia que ofrecía el rey a negociar por lo que en 1468, la situación estaba muy complicada para el rey. Su mujer estaba embarazada de otro hombre, lo que quedaba claro que la sospecha de la bastardía de su hija Juana fuera cierta ya que el rey no había tenido hijos con su primera mujer y con Juana pasaron siete años hasta el parto de Juana, (la Beltraneja). La poderosa Liga Nobiliaria a modifica su estrategia, eligiendo a Isabel para heredera al trono, por lo que se señaló el 19 de septiembre de 1468 para la entrevista en Guisando. Un día antes, en Cadalso, (a dos horas de Guisando), ambas partes firmaron un documento en que se señalaba las cosas de las que se hablaría. Erróneamente se ha llamado a este documento el Tratado de los Toros de Guisando. Al día siguiente se realizaron los actos, pero no se firmó ningún documento, pero se acordó, primero detener la guerra. Segundo, Isabel sería reconocida como Princesa de Asturias, otorgándose su juramento por las Cortes y la Junta de la Hermandad en el plazo de cuarenta días. Tercero, Isabel recibirá rentas y propiedad como el Principado de Asturias, las rentas de Ávila, etc. Cuarto, Isabel se comprometía a casarse con quien el rey acordase, con el consejo del arzobispo. Pero la princesa se reservaba el derecho a rechazarlo. Este punto resultó fundamental. Quinto se establece que el rey no está legítimamente casado con Juana de Avis “a servicio de Dios”, es decir, que aquel matrimonio entre primos segundos se realizó sin dispensa papal. Se haría divorcio y separación entre ambos, enviándose a la reina Juana a Portugal, dado su grave pecado de concubinato. Sexto, la “hija de la reina”, (por no certificar quien era su padre), será llevada a la Corte permaneciendo en ella. Al no estar casados sus padres, era hija ilegal.
El deshonor de Enrique era evidente y motivo de murmullo y chanzas. Para Enrique IV es un golpe enorme que equivale a no poder demostrar la fidelidad de la reina y por consecuencia la sospecha de la bastardía de su hija Juana. Aunque el adulterio no tiene nada que ver con la situación jurídica de la niña. A esto se sumaba que la boda entre Enrique y Juana, que eran primos segundos, no tenía el necesario consentimiento papal.
Pero al final todo esto contribuyó a derrumbar la resistencia que ofrecía el rey a negociar por lo que en 1468, la situación estaba muy complicada para el rey. Su mujer estaba embarazada de otro hombre, lo que quedaba claro que la sospecha de la bastardía de su hija Juana fuera cierta ya que el rey no había tenido hijos con su primera mujer y con Juana pasaron siete años hasta el parto de Juana, (la Beltraneja). La poderosa Liga Nobiliaria a modifica su estrategia, eligiendo a Isabel para heredera al trono, por lo que se señaló el 19 de septiembre de 1468 para la entrevista en Guisando. Un día antes, en Cadalso, (a dos horas de Guisando), ambas partes firmaron un documento en que se señalaba las cosas de las que se hablaría. Erróneamente se ha llamado a este documento el Tratado de los Toros de Guisando. Al día siguiente se realizaron los actos, pero no se firmó ningún documento, pero se acordó, primero detener la guerra. Segundo, Isabel sería reconocida como Princesa de Asturias, otorgándose su juramento por las Cortes y la Junta de la Hermandad en el plazo de cuarenta días. Tercero, Isabel recibirá rentas y propiedad como el Principado de Asturias, las rentas de Ávila, etc. Cuarto, Isabel se comprometía a casarse con quien el rey acordase, con el consejo del arzobispo. Pero la princesa se reservaba el derecho a rechazarlo. Este punto resultó fundamental. Quinto se establece que el rey no está legítimamente casado con Juana de Avis “a servicio de Dios”, es decir, que aquel matrimonio entre primos segundos se realizó sin dispensa papal. Se haría divorcio y separación entre ambos, enviándose a la reina Juana a Portugal, dado su grave pecado de concubinato. Sexto, la “hija de la reina”, (por no certificar quien era su padre), será llevada a la Corte permaneciendo en ella. Al no estar casados sus padres, era hija ilegal.
ESCUDO DE ARMA DE LA FAMILIA MENDOZA
De momento estaba todo aclarado. Enrique ordenó detener la guerra y que se reconociera a Isabel como su heredera en el trono. Dado que Isabel estaba en Ocaña al amparo del marqués de Villena, Pacheco, este incumplidor de pactos como sabemos, dejó pasar los cuarenta días acordados para el Juramento por las Cortes. Pacheco, astuto manejaba la situación e Isabel, que tenía aún diecisiete años y no contaba con experiencia en asuntos de Estado aún. Pero desde luego tonta no era, con lo cual en secreto encargó a persona de confianza que llevase un documento para su firma y hacer público lo firmado en Cadalso por el rey, haciendo hincapié en las donaciones que incluían el Principado de Asturias. Todo lo encomendado fue realizado y cuando el marqués Pacheco, tiempo después, quiso deshacer lo hecho en Guisando, se encontró con la sorpresa de que tanto en Asturias como en Vizcaya no solo se negaron a obedecer, sino que reafirmaron su fidelidad a la princesa, en quién veían encarnarse la antigua legitimidad de los visigodos, y Covadonga, origen de aquella lucha por la recuperación de la cristiandad, no era para el pueblo asunto baladí.
De momento estaba todo aclarado. Enrique ordenó detener la guerra y que se reconociera a Isabel como su heredera en el trono. Dado que Isabel estaba en Ocaña al amparo del marqués de Villena, Pacheco, este incumplidor de pactos como sabemos, dejó pasar los cuarenta días acordados para el Juramento por las Cortes. Pacheco, astuto manejaba la situación e Isabel, que tenía aún diecisiete años y no contaba con experiencia en asuntos de Estado aún. Pero desde luego tonta no era, con lo cual en secreto encargó a persona de confianza que llevase un documento para su firma y hacer público lo firmado en Cadalso por el rey, haciendo hincapié en las donaciones que incluían el Principado de Asturias. Todo lo encomendado fue realizado y cuando el marqués Pacheco, tiempo después, quiso deshacer lo hecho en Guisando, se encontró con la sorpresa de que tanto en Asturias como en Vizcaya no solo se negaron a obedecer, sino que reafirmaron su fidelidad a la princesa, en quién veían encarnarse la antigua legitimidad de los visigodos, y Covadonga, origen de aquella lucha por la recuperación de la cristiandad, no era para el pueblo asunto baladí.
PROPIEDAD DE LA FAMILIA MENDOZA









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