sábado, 23 de mayo de 2026

LUGARES DE ISABEL I DE CASTILLA

Una mujer que siglos después continúa manteniéndose viva en diferentes lugares repartidos por nuestra geografía. Isabel la Católica fue una de estas personalidades ligada desde su nacimiento al territorio castellanoleonés.
Empezando el recorrido en Valladolid, a lo largo de esta ruta pasaremos por algunas de las ciudades españolas más bellas, que pueden presumir de un magnífico patrimonio monumental e histórico. Hay pequeños pueblos con más de 500 año de historia que nos hablan de ella.  

PALACIO DE LOS VIVERO
En Valladolid, en el palacio de los Vivero fue escenario, el 18 de octubre de 1469, del casamiento de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Y fue la sala Rica el lugar elegido por los monarcas para firmar su compromiso pese a las reticencias de Isabel.
A pesar de su apariencia exterior de lo más sobria y reformada, esta habitación cuenta con un bello artesonado al que debe su nombre. Hoy en día, sede del Archivo Histórico Provincial, se puede visitar su interior realizando un recorrido guiado con cita previa. Además veremos la huella de la reina en otras construcciones de la capital, como la casa de Colón, donde se recuerda la relación del navegante con Valladolid y los Reyes Católicos.

ESTATUA DE ISABEL EN TORDESILLAS
Será en Tordesillas, lugar de nacimiento del hermano de la reina, Alfonso El Inocente, y donde se firmó uno de los pactos más importantes de la historia. (El palacio real de Tordesillas ya no existe). Después de varios meses de negociación, en las casas del Tratado se llevó a cabo la firma tan esperada. Los representantes de Portugal y Castilla se pusieron de acuerdo con el tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494. En él se repartirían el territorio tras el descubrimiento de América. Durante la guerra de Sucesión ya habían convertido la villa en su cuartel general. En el año 1504 fallece Isabel, pasando la corona a su hija Juana, que vivirá en el palacio 46 años.

CASTILLO DE LA MOTA - TORDESILLAS
Medina del Campo, la que sería residencia habitual de los monarcas. Tanto fue así que Isabel pasó sus últimos días en esta villa. En su momento reformó el Palacio Real Testamentario, donde redactó sus últimas voluntades. Actualmente reconvertido en museo, en su interior se puede ver una reproducción de la sala donde la reina falleció, así como otras estancias que muestran la vida cotidiana de la corona. 

PALACIO REAL TESTAMENARIO CON ESTATUA DE ISABEL
En el mismo lugar, una cama con dosel de seda aún preside la habitación principal. Los cortinajes filtran la luz del sol y casi pueden sentirse los susurros en los que desveló sus últimas voluntades para que fueran plasmadas en el Codilicio. El Palacio Real Testamentario de Medina del Campo fue una de las residencias preferidas de la célebre monarca, que se encontraba muy a gusto en la localidad vallisoletana. Del palacio mudéjar, del s. XIV, que tanto visitaba, poco queda hoy; el recinto actual es una recreación del espacio original, con fines didácticos. Una lección de Historia presencial que permite entender cómo eran las antiguas dependencias del Palacio en las que vivió Isabel la Católica y en las que llegó a planear, con el mismísimo Colón, su viaje a América.
Un poco más alejado del casco histórico tenemos el castillo de la Mota. En la localidad los reyes aprobaron las ordenanzas de la Chancillería de Valladolid, y también firmaron una real provisión en la que se recogía el proyecto del tercer viaje de Colón al Nuevo Mundo.

Madrigal de las Altas Torres
En Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, fue donde nació Isabel. Allí se puede visitar el monasterio de Nuestra Señora de Gracia, en aquel tiempo, palacio del rey Juan II. En el convento actualmente viven las monjas de la orden de San Agustín, que son las encargadas de mostrar las estancias visitables.
Muy cerca del monasterio se encuentra la iglesia de San Nicolás de Bari, un templo del siglo XIII. Allí fue donde se casaron los padres de Isabel y el lugar en el que la pequeña fue bautizada.
Después de la muerte de su padre, Juan II, su madre, Isabel de Portugal se mudaría junto a sus cuatro hijos a esta hermosa localidad abulense, Arévalo, la conocida como Ciudad de los Cinco Linajes. Allí pasó Isabel su infancia y recibió una esmerada formación por parte de los padres franciscanos. Fue también en Arévalo donde entabló amistad con Beatriz de Bobadilla, hija del alcaide del castillo. Y en esta imponente fortaleza del siglo XV, recientemente reconstruida, se alojó con su familia hasta la muerte de su madre, Isabel de Portugal.

AREVALO 
También en Ávila en El Tiemblo, esta población histórica fue donde, el 19 de septiembre de 1468, su hermano de padre, el rey Enrique IV nombró a Isabel princesa de Asturias y su heredera. Es lo que se conoce como la Concordia de Guisando, se firmó en el cerro de Guisando, los Toros de Guisando. Estas cuatro misteriosas figuras de granito datan de época prerromana.

TOROS DE GUISANDO 
En 1473 la reina decide trasladarse a Segovia. Allí pretendía mantener contacto directo con su hermano Enrique IV. Tras el alcázar, años atrás, la infanta pasó largos periodos de tiempo antes de desposarse con Fernando. Además, en su interior se puede contemplar un fresco de la coronación de la reina Isabel en la villa de Segovia.  El 13 de diciembre de 1474, finalmente, fue proclamada reina de la corona de Castilla en la antigua iglesia de San Miguel. 

RECREACIÓN DEL ALCAZAR DE SEGOVIA EN EL SIGLO XV 
En la fachada del templo actual, ubicado a pocos metros de donde se encontraba el original, una placa recuerda aquel momento. Arropada por los vítores del pueblo, consiguió que se le entregase de forma simbólica la que fue hasta entonces la residencia del rey.

ALCAZAR DE SEGOVIA EN LA ACTUALIDAD 
 

PIZARRO, EL DESCONOCIDO

En general, todos los conquistadores han sido muy maltratados por la historia. Los documentos sacados a la luz por el historiador Guillermo Lohmann Villena han revelado al auténtico Francisco Pizarro que no es el que presenta la infame Leyenda Negra. Pizarro tenía un objetivo muy claro, al que dedicó la mayor parte de su vida: conquistar los territorios de los que había oído hablar 20 años antes. No era una persona codiciosa ni cruel. Murió completamente arruinado. Lohmann Villena, después de muchos años de investigación, recopiló documentos que dan una imagen diferente. Es un trabajo de documentación que muy pocos historiadores han empleado

En España, realmente no se sabe nada. Si acaso la tendencia es a presentarle como el destructor del imperio inca y el hombre que superpuso una cultura sobre otra.
No conocen al auténtico Pizarro. Él reclamó con insistencia que se respetasen los territorios originales de los incas y promovió leyes para proteger a los indígenas. No quiso para nada destruir el imperio inca, como se puede comprobar en su correspondencia. En México hay rechazo y en España los conquistadores no se estudian en los colegios. Sus figuras resultan vagas. Lo que sí es cierto es que de Cortés ha habido un poco más de interés, porque contó con cronistas desde el primer momento que se dedicaron a ensalzar su gesta. De Pizarro se escribieron también sus hechos, pero sin que nadie se tomara la molestia de resaltar su figura.
En 1513 Pizarro participó en el descubrimiento del Mar del Sur junto con Núñez de Balboa. Pero cuando volvieron a Panamá se encontraron con las envidias del gobernador, Pedro Arias Dávila. Temiendo la popularidad de Balboa, el gobernador le prendió en 1518. A Pizarro, capitán del ejército de la Corona, no le quedó más remedio que detener a Núñez de Balboa. En su defensa Balboa nunca cargó contra su viejo amigo, porque sabía que solo cumplía órdenes.

“Los Trece de la isla del Gallo” (1902), óleo de Juan B. Lepiani (1864-1932), Museo Nacional de Arqueología e Historia del Perú

Pizarro murió arruinado, porque la Corona nunca auspiciaba nada. El dinero debía correr por cuenta de cada conquistador. Así es que Pizarro tuvo que organizar ejércitos y barcos por su cuenta y riesgo. Se había pasado la vida levantando ejércitos y fundando ciudades. Y desde luego no era un hombre codicioso. En general trataron bien a la población, generaron mestizaje, porque, entre otras cosas, necesitaban su mano de obra para prosperar. Aunque tradicionalmente se ha dicho lo contrario, lo cierto es que los indígenas cobraban por su trabajo, incluso en las minas. Asimismo, la mayoría de los conquistadores se mezclaron y se casaron con princesas incas. Cuando tuvo a su primera hija ya tenía 56 años, habiendo sido un solterón toda su vida. Al descubrir el Perú, Pizarro se dio cuenta de la importancia de aquel reino y entendió que había que entroncar con la población. Dio ejemplo casándose con la hermana de Atahualpa. Quería que los españoles echaran raíces y que emergiera una nueva raza. Todos los que le acompañaban hicieron lo mismo. En la muerte de Atahualpa, en aquel momento, Pizarro estaba rodeado por 50.000 guerreros indígenas y ellos eran 175. Solo si moría Atahualpa podían acabar con el ímpetu guerrero de los incas, pese a lo cual Pizarro se opuso a ejecutarlo hasta que los capitanes le forzaron a ello. En este sentido, dicen los cronistas que derramó lágrimas. Esa no es la actitud de un hombre cruel. No se puede considerar que estuviera obsesionado con la disciplina. Era un militar neto, que se formó con el Gran Capitán en Italia y que empleó sus tácticas en su empresa americana. En la batalla de Cajamarca demostró sus dotes militares. Estaba completamente rodeado y consiguió aprovechar las ventajas del terreno para salir victorioso. Cuando Atahualpa entró en la plaza fue abatido por los españoles. Pizarro terminó la jornada herido, intentando que nadie matara al dirigente capturado.
La conquista se ha contado como una forma de hallar grandes tesoros, y luego eso no correspondió con la realidad. Los conquistadores llegaron a sentirse defraudados, de ahí el mito del Dorado, que potenciaron las autoridades para quitarse de encima a esos hombres hambrientos de oro. La gente se volvía dura por la decepción, las condiciones del terreno y la frustración.

Mucha gente ha calificado a los conquistadores de genocidas. Pero genocidas fueron los ingleses. Colonizaron EE. UU. con la idea de que el mejor indio es el indio muerto, y les quitaron sus tierras. Pizarro no quiso nunca quitar sus tierras a los incas. La Corona se apoderó únicamente de los templos, las casas de los soles y de los palacios de los incas. Luego respetaron escrupulosamente las tierras de la gente. En 1542, las Leyes Nuevas de las Indias fueron el primer hábeas corpus de la historia en defensa del débil. Para nada se les puede calificar de genocidas.
Carmen Martín Rubio, historiadora, autora de "Francisco Pizarro: el hombre desconocido".
Los trece de la fama. Es un hecho bastante difundido históricamente. Pizarro decidido a  ir a Panamá, no quería obligar a sus hombres por lo cual con la punta de la espada trazó sobre la arena de la playa una raya y se dirigió a sus soldados. Señalando en dirección a Panamá, les dijo “por aquí se va a Panamá a ser pobres”, y acto seguido, apuntando a la propia isla, les dijo que allí encontrarían hambre y miseria hoy, pero riqueza y fama mañana, y les espetó: “¡los que sean valientes que me sigan!”. La mayoría de los hombres corrió a embarcarse en el navío de auxilio.
Solo trece hombres permanecieron junto al trujillano.

miércoles, 20 de mayo de 2026

CARTAGINENSES

Los cartagineses fueron un pueblo o grupo de pueblos, herederos de los Fenicios.
La primera guerra contra los romanos entre el 264 y el 241 a.C. aunque tuvieron importantes victorias finalmente salieron derrotadas por Duilio, general Romano, y Cartago (antigua ciudad al norte de África capital del Estado púnico),  tuvo que ceder Sicilia y asumió unos fuertes tributos a Roma. Se llamaron Guerras Púnicas ya que los romanos los llamaban Punici, por el origen fenicio de Cartago.
Al quedar empobrecidos pusieron su empeño en conquistar la península Ibérica, o al menos en la región andaluza y levantina. Fueron luchando y venciendo por las armas o por la diplomacia a los pueblos que se fueron encontrando, fundamentalmente colonias griegas. El dominio fue rentable con prospecciones nuevas de plata que empezó a manar hacia ellos.
Ese fue el proyecto y la acción del general Amílcar Barca, (c. 275 a 228 a. C.) que murió habiendo conseguido para Cartago la plata y los mercenarios Ibéricos.

AMÍLCAR BARCA 

Le sucedió Asdrúbal (245 a. C.- 207 a.C.) En 227 a. C., cerca de la antigua población ibérica de Mastia, fundó la importante ciudad y base naval de Qart Hadasht, que los romanos llamarían posteriormente Carthago Nova, la actual Cartagena. Además firma un tratado con Roma fijando límites para los dos imperios. Dentro de esos límites estaba Sagunto, que debería permanecer libre y autónoma. Cualquier ejército que quisiera cruzar los Pirineos debía pasar por Sagunto. Cuando aún no habían pasado siete años desde la muerte de Amílcar, Asdrúbal el Bello fue asesinado en 221 a. C. El sucesor de Asdrúbal el Bello sería su cuñado, e hijo de Amílcar, Aníbal Barca  un hombre de 25 años y auténtico guerrero. Animado por sus victorias Aníbal al frente de sus mercenarios ibéricos y norteafricanos, cruzó los Pirineos, en donde se le unieron los emisarios galos que lo guiarían por las montañas alpinas, empleó 36 días en cruzar los Alpes, una de las marchas militares más célebres de todos los tiempos, además de la tropa, caballos y elefantes y armamento.  
Para cruzar los Pirineos debía pasar por Sagunto, como dijimos y estaba pactado con Roma no entrar en Sagunto. No respetando el acuerdo con Roma se propuso atacar Sagunto asediando la ciudad y resistiendo ésta con un increíble heroísmo defendiéndose rabiosamente. Finalmente todo estaba perdido por lo que los saguntinos reunieron todo el oro y la plata y la fundieron con plomo, cobre y estaño y por si fuera poco se arrojaron a las llamas, prefiriendo esa muerte que el cautiverio. Roma, que había sido avisada por los saguntinos llegó tarde. En realidad dejaron hacer el trabajo sucio. El asedio duró seis meses, es decir que tuvieron tiempo para acudir. Roma mandó a Publio Cornelio Escipión para atacar a Aníbal. Pero éste ya se había marchado contra Roma. Lo que hizo que el romano le esperase en Italia. Fue vencido y años después se suicidó.

Publio Cornelio Escipión
La zona de Sagunto (Ciudad cerca de la actual Valencia) llevaba muchos años en contacto económico y comercial con Roma. Circunstancia que hizo relativamente fácil el tejer una alianza entre la población local y los mandatarios romanos encabezados por el  romano Escipión. Cuando en el año 209-208 a. C. la importante base naval y emporio fortificado de Carthago Nova (Cartagena) cayó bajo el dominio de Roma, los nuevos ocupantes liberaron a los rehenes previamente capturados y humillados por los púnicos (Cartaginenses), lo que atrajo la simpatía de los residentes e hizo entender aquella conquista casi como una liberación.
En otros casos, el propio pueblo como Gadir (Cádiz) se entregaran a los romanos sin apenas oposición. Finalmente, entre el Ebro y los Pirineos se desenvolvían los ilergetes, uno de los pueblo originarios, (Íberos) una confederación de pueblos liderados por los reyezuelos Indíbil y Mandonio que cambiaron de lealtad durante la guerra púnica según los lances del conflicto. Empezaron siendo aliados de Cartago, hasta que Escipión les ofreció un pacto de amistad que incluía una fuerte suma económica y autonomía política sobre su propio territorio.
La primera gran rebelión indígena ante la penetración extra-peninsular y que fue protagonizada, precisamente, por los citados ilergetes. Esta confederación de pueblos creyó que Escipión había fallecido y que sus sucesores romanos no iban a respetar el pacto de amistad con él suscrito. Así que iniciaron una enconada revuelta a la que se sumaron los lacetanos y otros pueblos celtíberos. Gracias a estas fuerzas, lograron conformar una gran hueste compuesta de unos 20.000 infantes y 2.500 jinetes, al decir de Tito Livio. De tal modo que vemos cómo la guerra por su libertad en estas comunidades indígenas no se distinguía demasiado de sus actividades económicas habituales de saqueo y, a la hora de trabar un combate de mayor envergadura, los íberos no se ordenaban por criterios de eficacia militar o capacidad de daño al enemigo, sino por los vínculos sociales y políticos que les unían entre sí.

TROPAS DE ANIBAL BARCA
El propio Escipión dirigió la campaña de represión contra los ilergetes y el choque de espadas fue terrible.
Los ilergetes, por mediación de Mandonio, negociaron una paz que les fue concedida, pero duró poco tiempo. En cuanto Escipión marchó para Italia, se reinició la rebelión. Seguramente, los ilergetes concebían aquella paz en términos personales, ligados a la figura de Escipión y no de Roma o su senado, por lo que una vez aquel había abandonado la Península, podía entenderse que el pacto carecía de vigor. Tito Livio describe cómo el ejército íbero, al salir el Sol al día siguiente, apareció con todos sus miembros armados en orden de combate cerca del campamento romano.
Los romanos se tuvieron que emplear a fondo para vencer a la coalición íbera, cuyos contingentes demostraron una notable capacidad para luchar a pie, ofrecer líneas de combate guiadas en su movilidad mediante estandartes y, además, actuar coordinadamente, como un solo hombre, cuando les atacaba una legión romana. En consecuencia, debemos desterrar la imagen de que estos íberos eran un puñado de bandoleros o asaltantes aguerridos sin mayor instrucción castrense. El refinamiento de su conducta militar indica mayor cualificación de lo esperado, aunque no les salvó de la derrota. Índibil murió en combate de una manera tan sobria que la palabras de Tito Livio lo convirtieron en leyenda: “Cayeron acribillados por los dardos los que peleaban en torno al rey, que se mantenía en pie medio muerto y después quedó clavado al suelo por una jabalina”. Tras lo cual, los propios ilergetes entregaron a su otro caudillo, Mandonio, para que fuera crucificado y así congraciarse con los vencedores.
La rebelión de los ilergetes contó con algún coletazo ulterior que, igualmente, fue reprimido. Pero, al margen de la victoria final, el enfrentamiento era un claro síntoma de que la romanización de la Península estaba lejos de ser un proceso pacífico. El final de la guerra púnica fue recibido por los habitantes autóctonos con alivio. Sin embargo, la dominación posterior de Roma comenzó a resultar asfixiante en muchos aspectos. Las reiteradas exigencias tributarias y el recorte de libertades sobre determinadas urbes indígenas prendieron la chispa de nuevas revueltas. Si bien, en esta ocasión, la confrontación alcanzó una dimensión tan desmesurada que asustó a los propios romanos.

SITIO DE SSAGUNTO 

Fue el comienzo de las denominadas guerras celtíberas y lusitanas. La Península se llenó de campos de batalla tan virulentos que en los territorios itálicos escasearon los voluntarios para sumarse al combate. El senado se vio en la obligación de adoptar medidas extraordinarias para acabar con la sublevación y someter las provincias hispanas en un proceso que se prolongó unos 20 años, desde 153 a 133 a. C. Si hacemos caso del relato de Polibio, podemos entender por qué el reclutamiento de tropa romana resultó tan difícil, y es que “extraordinaria fue la naturaleza de esta guerra [...] pues la mayor parte de los combates los terminaba la noche y los hombres resistían con pleno ánimo sin que sus cuerpos cediesen ante la fatiga, sino que, desistiendo de la retirada, renovaban la lucha con mayor ímpetu, como si estuvieran arrepentidos. De esta forma, apenas el invierno logró suspender esta guerra y la continuada serie de sus batallas”.
Al margen del turbio telón de fondo de la colonización romana, el detonante de la insurrección vino motivado por la ciudad arévaca de Segeda, cuyos habitantes decidieron amurallar el enclave en contra de las directrices vigentes. La primera gran ocupación y pacificación del territorio peninsular, realizada por Sempronio Graco, dispuso que las fortalezas indígenas anexionadas debían quedar desmochadas. Pero, a mediados del siglo II a. C., Segeda (En la comarca de la actual Calatayud),  inició la reconstrucción de su lienzo fortificado. Los arévacos entendían que no traicionaban la norma porque se trataba de una reparación y no del levantamiento de nuevas murallas, aunque la autoridad romana no lo interpretó así.
La reacción fue inmediata. Segeda cayó ante el ímpetu de Roma y sus habitantes corrieron a refugiarse en la también arévaca localidad de Numantia. Este enclave actuó como un polo magnético que atrajo hacia sí la alianza de numerosos pueblos hispanos descontentos con la situación. Así que las huestes senatoriales pusieron bajo estrecha vigilancia a Numantia para evitar que trenzara acuerdos con otras comunidades vecinas. Además de aislarla de su entorno, también, los gobernadores provinciales intentaron sojuzgarla mediante sucesivos ataques. Pero la resistencia de los numantinos alcanzó cotas legendarias.

GENERAL PÚNICO 
Por ejemplo, el gobernador de la Citerior, Q. Fulvio Nobilior en su persecución de los celtíberos, sufrió una emboscada que acabó con la vida de 6.000 romanos. Los numantinos y segedenses tuvieron fuertes bajas, entre ellas a su caudillo militar, pero aquel 23 de Agosto fue consagrado por Roma al dios Vulcano y declarado día nefasto en el calendario, de tal manera que, a partir de entonces, ningún general romano en el futuro libró batalla durante esa jornada del año.
Nobilior lo volvió a intentar tres días después, cuando recibió el refuerzo de 300 jinetes númidas y 10 elefantes con los que pretendía amedrentar a los celtíberos. Pero, al iniciar la batalla, uno de los paquidermos, herido por una flecha, enloqueció y contagió el miedo a sus compañeros de tal modo que arremetieron contra la propia tropa romana. Aquel desorden y consiguiente huida, según señala Apiano, causó a Nobilior otros 4.000 muertos más y la pérdida de tres elefantes.
Por si fuera poco, Nobilior se retiró a su campamento para pasar el invierno. Sin embargo, aquel encierro y la inclemencia del tiempo le causaron numerosas bajas por congelación y enfermedad. Las desgracias no pararon ahí. Durante otro de esos asaltos romanos contra Numancia, acaecido el año 137 a. C., los resistentes llegaron a capturar a uno de los sucesores de Nobilior, el gobernador provincial C. Hostilio Mancino, y le obligaron a firmar humillantes acuerdos de paz. Esta derrota fue vivida por el senado y pueblo de Roma como una enojosa afrenta, así que movilizó a sus mejores hombres, entre ellos, el célebre general Escipión Emiliano, quien había destruido Cartago el 146 a.C.
Escipión, buen conocedor del temperamento extremo numantino, planteó una estrategia que cubriera todos los frentes posibles, desde los puramente materiales hasta los espirituales. Así que incomunicó la urbe para aislarla por tierra de cualquier avituallamiento posible. Este cerco perseguía aniquilar al enemigo por inanición, pero también destruirlo psicológicamente ya que impedía que los celtíberos murieran en combate, su muerte más honrosa.
Siete campamentos alrededor del enclave esperaron pacientemente el desmoronamiento de los cercados y la condena al hambre de los 4.000 numantinos resultó inexorable. Relata Apiano que “al faltarles la totalidad de las cosas comestibles, sin trigo, sin ganados, sin hierba, comenzaron a lamer pieles cocidas, como hacen algunos en situaciones extremas de guerra. Cuando también les faltaron las pieles, comieron carne humana cocida, en primer lugar la de aquellos que habían muerto, troceada en las cocinas; después, menospreciaron a los que estaban enfermos y los más fuertes causaron violencia a los más débiles. Ningún tipo de miseria estuvo ausente. Se volvieron salvajes de ánimo a causa de los alimentos y semejantes a las fieras, en sus cuerpos, a causa del hambre, de la peste, del cabello largo y del tiempo transcurrido”. Muchos, incapaces de soportar aquel horror, prefirieron el suicidio.
Tras 15 meses de sitio, Numancia se rindió. El final real depende de las fuentes consultadas. Para Floro y Orosio, historiadores muy posteriores a los hechos, los pocos resistentes que quedaron vivos optaron por prender fuego a la ciudad y matarse entre sí antes que entregarse al enemigo. En cambio, el más contemporáneo Apiano señala que, fijada la entrega, “ellos dejaron transcurrir el día, pues acordaron que muchos gozaban aún de la libertad y querían poner fin a sus vidas. Por consiguiente, solicitaron un día para disponerse a morir”.

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE NUMANCIA
Los supervivientes fueron vendidos como esclavos, la urbe arrasada hasta los cimientos y 50 de los cautivos paseados en un desfile triunfal por Roma.
Apiano aclamaría a los derrotados en su crónica: “Tan grande fue el amor a la libertad y el valor existentes en esta pequeña ciudad bárbara. Pues, a pesar de no haber en ella en tiempos de paz más de ocho mil hombres, ¡cuántas y qué terribles derrotas infligieron a los romanos! ¡Qué tratados concluyeron con ellos en igualdad de condiciones, tratados que hasta entonces a ningún otro pueblo habían concedido los romanos!”.
Y hoy, Numancia es un símbolo de la resistencia ante la invasión romana.

martes, 19 de mayo de 2026

"SI NO NOS DAIS DE COMER, RENDIROS”

Esa frase es un grito desesperado que refleja las extremas condiciones de hambre que sufrió Madrid durante el asedio de la Guerra Civil.
Entre otras cosas de tipo militar, Madrid se rindió a los franquistas porque tenía hambre. La falta de alimento entre los ciudadanos y combatientes republicanos de la capital resultaron ser la pieza clave para la victoria del bando franquista
Paradójicamente, la escasez llegó a tal punto que los madrileños hicieron famosa otra frase de protesta similar. Al proteger la estatua de la Cibeles con sacos terreros, alguien le colgó un cartel que decía: "O me dais de comer o me quitáis el tenedor".

En la retaguardia de Madrid, la falta de suministros fue una constante política y social. Para lidiar con la crisis alimentaria, el racionamiento se volvió obligatorio y las protestas sociales en torno al reparto de comida marcaron el día a día de la ciudad. 
Durante este conflicto, el hambre fue protagonista y cambió la gastronomía de supervivencia.
El presidente de la II República Española, Manuel Azaña en diciembre de 1938, (plena Guerra Civil) se trasladó a Cataluña, junto a su mujer y sus colaboradores más cercanos. Insistió en el armisticio, pero tanto el Partido Comunista como Franco expresaron su rechazo al mismo; por lo demás, el gobierno de Juan Negrín tampoco parecía aceptar ya esa posibilidad. Con todo, su desilusión era tan grande que a mediados de ese mismo mes envió un giro por valor de un millón de francos franceses a Cipriano de Rivas (que convertiría a dólares oro) para ir preparando el destierro de su familia en Francia. Una vez que el gobierno francés abrió paso a civiles y militares por la frontera en enero, Azaña su familia y sus colaboradores se dirigieron hacia ella. Negrín comunicó personalmente que era decisión del gobierno, que Azaña se refugiase en la embajada de España en París hasta poder organizar su regreso a Madrid. Azaña dejó claro que, tras la guerra, no había vuelta posible a España.
El 5 de febrero reanudaron el viaje hacia el destierro.



Segismundo Casado en marzo de 1939, estando en la zona republicana, fue el militar que comandó el golpe de estado y derribó al gobierno del socialista radical Juan Negrín, contando con el apoyo de socialistas moderados como Julián Besteiro, republicanos de izquierda y los sectores libertarios, constituyendo el Consejo Nacional de Defensa que puso fin a la resistencia del bando republicano al rendirse sin combatir, a Francisco Franco, poniendo fin así el 1 de abril de 1939 a la Guerra Civil Española.

SEGISMUNDO CASADO 

Tras el fracaso republicano de la batalla del Ebro en noviembre de 1938 y la posterior caída de Cataluña, el coronel Casado sostuvo la idea de que "entre militares llegaremos a entendernos" e inició los contactos con la quinta columna franquista en Madrid para negociar la rendición republicana, aunque era plenamente consciente de que para alcanzar ese objetivo previamente tenía que desalojar del poder a Negrín y a los comunistas.
Casado estaba convencido de que la guerra estaba perdida y era inútil proseguir la lucha con el consiguiente sacrificio de civiles y soldados. Creía que la guerra continuaba en beneficio de la Unión Soviética. El 5 de marzo de 1939, Casado, bajo el falso pretexto de que el presidente Negrín estaba planeando la toma del poder por el PCE, condujo el golpe de Estado, contando con el apoyo de los partidos republicanos, de la facción "antinegrinista" del Partido Socialista Obrero Español, liderada por Julián Besteiro, de los desilusionados líderes anarquistas, así como de los jefes no comunistas del Ejército Popular Republicano.

Manuel Azcárate, dirigente comunista de las Juventudes Socialistas Unificadas, describía así la situación en Madrid a principios de 1939: “Pero éste ya no era el Madrid de 1936 o 1937. Faltaba comida. El cansancio de la guerra se apreciaba en las caras demacradas de la gente. El ambiente se había vuelto hosco, triste, trágico. Por todas partes se respira un sentimiento anticomunista porque muchas personas creen que son los comunistas los responsables de que la guerra se prolongue”. El hambre y la crisis de subsistencias que asolaba la zona republicana estaban minando la capacidad de resistencia de la población en Madrid porque la mayor parte de él había caído en manos de los sublevados en los primeros meses de la guerra. Así en Madrid pronto se tuvo que recurrir a las cartillas de racionamiento, cuyas cantidades se fueron poco a poco disminuyendo, por ejemplo se daban 100 gramos de pan por persona y día y la carne, el pescado, los huevos y la leche prácticamente desaparecieron y floreció el mercado negro. Sin embargo las organizaciones del Frente Popular tenían sus propios sistemas de abastecimiento para sus milicianos y afiliados, por lo que éstos no padecieron tanto las penurias que afectaban al resto de la población. A finales de 1938 hubo manifestaciones de mujeres en Madrid que reclamaban leche para sus hijos y aparecieron pasquines en lo que se leía reclamos anes el hambre de sus hijos.
Tras su salida del gobierno de Negrín en agosto, los que sí estaban en contacto con el gobierno británico eran los nacionalistas vascos y catalanes que presentaron sendos memorándums el 12 de octubre de 1938 firmados por el "Presidente de Euskadi" José Antonio Aguirre y por el "Presidente de Cataluña" Lluís Companys en el que pretendían que Gran Bretaña les apoyara para formar dos estados casi independientes en sus respectivos territorios. Un mes después Luis Arana Goiri, hermano del "padre" del nacionalismo vasco y fundador del PNV Sabino Arana Goiri, envió otro memorándum al Foreign Office donde abiertamente pedía el apoyo británico a la independencia de Euskadi y de Cataluña, bajo protección británica la primera y bajo protección francesa la segunda. En el escrito se refería al conflicto que vivía la Península como "esta cruel guerra española destructora de mi amada Patria Euskadi". Pero los británicos no aceptaron ninguna de estas propuestas, entre otras razones, porque "no estaban dispuestos a introducir otro elemento de desestabilización más en España.
La desmoralización total de las tropas que luchaban contra Casado en Madrid, comenzó a cundir entre las filas comunistas cuando supieron que el golpe había triunfado en toda España y Madrid era el único lugar donde se combatía, y que el gobierno de Negrín y la dirección comunista hacía tres días que había marchado al exilio, con lo que desaparecía la razón principal del contragolpe: el restablecimiento de la legalidad de un gobierno que ya no existía.

MANUEL AZAÑA murió poco después en Montauban, Francia, el 3 de noviembre de 1940.
JUAN NEGRÍN
JUAN NEGRÍN murió en París el 12 de noviembre de 1956. En los últimos días de la guerra, formó un inmenso tesoro con bienes incautados para el sostenimiento de los exiliados republicanos que se transportó a México en el yate real de Alfonso XIII.

SEGISMUNDO CASADO estuvo exiliado en varios países y regresó a España con su familia en 1961, siendo juzgado y posteriormente absuelto por un consejo de guerra. Falleció en 1968, mereciendo tan sólo una escueta nota de prensa.

sábado, 16 de mayo de 2026

FENICIOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Algunos pueblos ribereños del Mediterráneo habían alcanzado un mayor desarrollo y cultural que los habitantes de la península. Aquellas comunidades necesitaban aprovisionarse de materias primas de las que carecían y llegaron en busca de metales, cobre, estaño, oro y plata. Algunos grupos se instalaron en las costas de la península en pequeños asentamientos para el comercio. Iniciaron un comercio de intercambio con los indígenas, al principio de corto alcance, y sucesivamente esos grupos costeros dieron lugar a poblados permanentes en los que introdujeron sus costumbres y su cultura. Esto incidió fundamentalmente en los pueblos indígenas. No era una entrada de inmigrantes ni tampoco llevaron a un proceso de expansión territorial, sino que fue una irrupción puntual por causas comerciales. Por eso al estudiar su incidencia histórica en la península ibérica, hablamos de colonizaciones mediterráneas. La tradición clásica sitúa la fundación de Cádiz ochenta años después de la guerra de Troya.


La fundación de Cádiz por los fenicios se la considera la primera ciudad de Occidente. La búsqueda de los metales los llevó a lo más lejano de Occidente. Levantaron su base comercial en Europa, Gadir, desde donde se lanzaron a la aventura del Atlántico.
Los primeros colonizadores que se instalaron en la península fueron los Fenicios en el siglo XI a.C., y dos siglos después se establecieron en Algeciras, Málaga, Sevilla y fundaron Gadir (Cádiz). Enseñaron a los pueblos mediterráneos la navegación, el comercio, la industria, también poseían un alfabeto y se les atribuye el invento del vidrio. Extrajeron plata, que era muy apreciada en Oriente, la extracción fue masiva y su comercio muy productivo. Comerciaron con los Tartessos, y otros pueblos peninsulares. Por entonces se comerciaba por mar y los fenicios se convirtieron en grandes marinos comerciantes.


Comerciaron hasta con los egipcios, que no contaban con árboles, y a los que les vendían madera de cedro y productos manufacturados como joyas de gran valor, de oro, plata y otros metales preciosos. También cerámicas decorativas. Por estos motivos se convirtieron en importantes constructores de barcos tanto de comercio como de guerra.
En la península dejaron su imprenta, el alfabeto, (el sistema de escritura de 22 letras fue creado por los fenicios). Al llegar ellos aquí no existía la escritura todavía.  En gran parte de Europa usaban el trueque o intercambio de bienes para comerciar. La llegada de los fenicios y el uso de la moneda hizo que pueblos como los íberos empezaran a usar las monedas como medio de pago. El cultivo de vino y aceite a gran escala se generalizó tras la llegada de los fenicios.

Como urbanizadores fueron muy importantes ya que establecían un modelo urbano y de viviendas que con el tiempo sirvió como modelo para la construcción de ciudades y murallas o elementos defensivos.
La caída de la ciudad de Tiro en el 573 a.C. llevó la decadencia del comercio fenicio. Su relevo en la península lo tomó una colonia fenicia que se independizó y que había alcanzado un gran desarrollo, Cartago.
Antes de la caída de Tiro, Cartago ya había colonizado la isla de Ibiza que entre los siglos V y II a.C. se convirtió en una potencia comercial.
Los fenicios no habían demostrado iniciativas de conquista territorial mientras se dedicaban al establecimiento de colonias comerciales en las costas de España; pero sus parientes y sucesores, los cartagineses, quienes fracasaron en Sicilia contra griegos y luego contra Roma, trataron de compensar su expulsión de esa isla con la conquista de amplios territorios en la Península Ibérica, iniciando la colonización cartaginesa. La primera guerra contra los romanos entre el 264 y el 241 a.C. aunque tuvieron importantes victorias finalmente salieron derrotadas por Duilio, general Romano, y Cartago tuvo que ceder Sicilia y asumió unos fuertes tributos a Roma. Se llamaron Guerras Púnicas dado que los romanos los llamaban Punici, refiriéndose al origen fenicio de Cartago.


Al quedar empobrecidos pusieron su empeño en conquistar la península Ibérica, o al menos en la región andaluza y levantina. Fueron luchando y venciendo por las armas o por la diplomacia a los pueblos que se fueron encontrando, fundamentalmente colonias griegas. El dominio fue muy rentable con prospecciones nuevas de plata que empezó a manar generosamente hacia los cartagineses. Ese fue el proyecto y la acción del general Amílcar Barca, que murió habiendo conseguido para Cartago la plata y los mercenarios Ibéricos. Cartago estableció también, una serie de colonias en la costa meridional atlántica de España y un conjunto de otras colonias en el extremo norte de África y en la costa africana del Atlántico, donde progresaron notablemente en dirección sur. La isla de Ibiza era escala obligada en las travesías por el Mediterráneo occidental y fue pronto cabeza de puente para abrir las relaciones comerciales con el Mediterráneo noroccidental. Le sucedió Asdrúbal. Un pacificador que se casó con una hija de un rey Ibero y funda Cartago-Nova (Cartagena) además firma un tratado con Roma fijando límites para los dos imperios.
Bajo la dirección de Amílcar Barca y Asdrúbal 237-221 a.C.), el imperio  púnico se extendió por gran parte de la península. Los investigadores de comienzos del siglo XX hallaron las grandes necrópolis púnicas de Cádiz e Ibiza que se remontaban sobre el 500 a.C.
Los asentamientos y necrópolis de Almuñécar (Sexi), Toscanos Chorreras y Guadalhorce maravillaron a los especialistas por Gadir a la vez que el descubrimiento de la civilización de los Tartessos en el bajo Guadalquivir mostraba el contacto con los gaditanos en un período entre el 750 y 580 a.C. Estrabón sitúa la fundación de Gadir hacia el 1.100 a.C., quizá una fecha demasiado antigua. Esa ciudad yace bajo la actual Cádiz a más de 5 metros de profundidad. Actualmente aquella ciudad se encuentra bajo el mar
Malaga y Almería tienen pequeñas ciudades fenicias junto  los deltas fluviales.
El apogeo fenicio es sobre el 630 a.C. y se expandieron hacia las Baleares en busca de estaño y  otras materias primas.
La caída de Tiro en manos de Nabucodonosor (586-573 a.C.),  y la caída de Tartessos inicia la crisis de los fenicios sobre todo en la península ibérica. En Gadir desaparece el negocio de la plata.
Lentamente esto dará paso a los asentamientos griegos.

Sarcófago antropomórfico femenino hallado en Cádiz e inspirado en modelos tirios. Por su factura es comparable a los sarcófagos reales de Tiro. 470 a.C. Museo de Cádiz.
 
Al quedar empobrecidos pusieron su empeño en conquistar la península Ibérica, o al menos en la región andaluza y levantina. Fueron luchando y venciendo por las armas o por la diplomacia a los pueblos que se fueron encontrando, fundamentalmente colonias griegas. El dominio fue muy rentable con prospecciones nuevas de plata que empezó a manar generosamente hacia los cartagineses. Ese fue el proyecto y la acción del general Amílcar Barca, que murió habiendo conseguido para Cartago la plata y los mercenarios Ibéricos. 

lmílcar barca 
Cartago estableció también, una serie de colonias en la costa meridional atlántica de España y un conjunto de otras colonias en el extremo norte de África y en la costa africana del Atlántico, donde progresaron notablemente en dirección sur. La isla de Ibiza era escala obligada en las travesías por el Mediterráneo occidental y fue pronto cabeza de puente para abrir las relaciones comerciales con el Mediterráneo noroccidental. Le sucedió Asdrúbal. Un pacificador que se casó con una hija de un rey Ibero y funda Cartago-Nova (Cartagena) además firma un tratado con Roma fijando límites para los dos imperios.
 

viernes, 15 de mayo de 2026

AMBICIONES DE FERNANDO EL CATÓLICO

En 1504, Fernando el Católico logró uno de los objetivos que había acariciado durante más tiempo. Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, conquistó el reino de Nápoles para Fernando el Católico y se convirtió en virrey. Por fin, tras décadas de intentos, el reino de Nápoles había pasado a poder español.

EL GRAN CAPITAN - ESTATUA EN CÓRDOBA 

Las tropas y el dinero de Castilla consiguieron expulsar a los franceses de aquella antigua posesión aragonesa y derrocar a la dinastía local gracias a una serie de sensacionales victorias del Gran Capitán, el genio de la guerra de aquel tiempo. Un éxito como pocos que habría coronado una gloriosa trayectoria vital. Sin embargo, ese año fue también el de la muerte de Isabel la Católica, la reina de Castilla, con la que Fernando se había casado treinta y cinco años atrás. El fallecimiento produjo sin duda en el monarca aragonés un profundo impacto emocional, pues, pese a los deslices de Fernando y puntuales desacuerdos, entre ambos había surgido un respeto y estima mutuos que completaban lo que fue una alianza política.
Pero también lo dejó en una posición política muy débil, ya que sus derechos al trono castellano dependían únicamente de su condición de rey consorte. La heredera legítima era su hija, Juana, casada con el archiduque Felipe de Habsburgo, Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano. Una hija aquejada de una evidente inestabilidad mental y que además estaba enamorada de forma obsesiva de su esposo, quien la manejaba a su antojo. Estaba claro que su joven yerno, aupado al trono castellano, no iba a permitir las injerencias de Fernando en el trono de Castilla.

FELIPE I DE CASTILLA -(EL HERMOSO)

La muerte de la reina Isabel, además, reabrió viejas heridas mal cerradas en el tejido social castellano. La gran nobleza, que odiaba con saña al «viejo aragonés», como lo llamaban, no desaprovechó la coyuntura y se pasó en bloque a Felipe. Los principales magnates, que habían sido sojuzgados en tiempos pasados, vieron la oportunidad de desprenderse del yugo de la monarquía y de volver a sus acostumbrados abusos, rapiñas y usurpaciones. Fue así como, nada más desembarcar Juana y Felipe en La Coruña, en abril de 1506, procedentes de los Países Bajos, se puso en evidencia el cambio de lealtades de la aristocracia. A medida que los nuevos reyes se iban internando en el territorio peninsular, se iban añadiendo a su séquito infinidad de tropas enviadas por la más alta nobleza. Finalmente, Fernando se vio obligado a entregar todo su poder y retirarse a Aragón, sus tierras patrimoniales.
En esta tesitura, el genio político de Fernando el Católico se puso de manifiesto una vez más. Todo parecía haberse puesto en su contra: abandonado por la nobleza castellana, acosado en Nápoles por los franceses, cuya potencia militar era muy superior, enfrentado al emperador Habsburgo, al rey de Aragón se le cerraban todas las salidas. Pero todo cambió gracias a una jugada maestra de la diplomacia. Fernando se alió con su acérrimo enemigo, Luis XII de Francia, y se casó con la sobrina de éste, Germana de Foix, de apenas 17 años. El enlace entrañaba una colaboración política entre los dos monarcas, lo que suponía una amenaza directa para Felipe el Hermoso. También conllevaba la posibilidad de que la Corona de Aragón quedara separada de la de Castilla si la nueva pareja tenía descendencia masculina. Sólo el azar biológico evitó este desenlace, ya que el matrimonio tuvo un hijo que murió nada más nacer.
La suerte también jugó a favor de Fernando. Nadie iba a suponer que el joven y robusto Felipe caería gravemente enfermo y moriría de repente. Reinó desde el 12 de julio1425 hasta septiembre de 1506. Tan rápido se desarrolló todo, que más de uno habló de que alguien lo había envenenado, cosa nada rara en la época, aunque más bien parece que el impetuoso príncipe flamenco fue víctima de una epidemia de peste que asolaba la Península. Comoquiera que fuese, la desaparición de Felipe permitía a Fernando volver a ocupar el poder en Castilla, esta vez como regente, actuando en nombre de su hija Juana la Loca y de su nieto, el futuro emperador Carlos V, por entonces un niño de seis años.
La noticia de la muerte de su yerno le llegó a Fernando cuando se encontraba en Italia, en un pueblo de la bahía de Génova. El viaje respondía al interés del monarca aragonés por el reino de Nápoles, la joya de la corona en Italia, un extenso territorio que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, había terminado de conquistar para la monarquía española en las batallas de Ceriñola y Garellano (1503). Pese a estas victorias, el dominio de Fernando era todavía frágil. Por un lado, un fuerte sector de los barones, la alta nobleza feudal napolitana, seguía inclinándose secretamente por el rey de Francia. Por otro, la reciente conquista del reino, dirigida por el castellano Fernández de Córdoba, se había realizado sobre todo con dinero y tropas también castellanas; ahora, como rey de Aragón, Fernando pretendía integrar el reino italiano en su corona, y justamente por ello temía que se le pudiesen discutir sus derechos. Además, estaba la incómoda figura del Gran Capitán, de quien algunos decían que estaba dilapidando el patrimonio regio napolitano repartiendo toda suerte de mercedes a sus subordinados. A oídos del rey Fernando llegaron incluso rumores de que el aclamado general tramaba dar un golpe de mano para convertirse él mismo en rey de Nápoles.

FERNANDO V DE CASTILLA 

De modo que, nada más abandonar Castilla, Fernando se dirigió a Barcelona y allí se embarcó con rumbo a Italia. En Génova se entrevistó con el Gran Capitán, al que colmó de muestras de afecto y de títulos. Pero cuando llegó a Nápoles, sabiendo ya la muerte de Felipe, no tuvo contemplaciones. El Parlamento del reino lo reconoció como rey, lo que significaba que automáticamente el Gran Capitán cesaba en sus funciones de virrey. Para compensarlo, el Rey Católico le concedió un nuevo título, el de duque de Sessa, así como el cargo de maestre de la Orden de Santiago. El veterano general, tenía 56 años, se vio obligado a abandonar Italia, el país que había conquistado para un rey que ahora se deshacía de él sin contemplaciones.
La leyenda añadió luego una famosa historia en torno a las relaciones entre Fernando el Católico y Gonzalo Fernández de Córdoba, la de las “Cuentas del Gran Capitán”. En una ocasión, cuando supuestamente el rey le pidió que justificara los gastos realizados como virrey de Nápoles, Gonzalo, haciendo gala de su característica sorna, le mostró una lista con las cantidades desorbitadas que había gastado... en beneficio únicamente del rey: 200.000 ducados para pagar a frailes y monjas que rezaran por sus victorias; 740.000 para los espías que le habían permitido conquistar el reino... El monarca comprendió la pulla y cambió de tema.
La historia, de cuya veracidad no hay pruebas, servía para poner de manifiesto el generoso desprendimiento del noble militar, en contraste con la mezquindad de Fernando, y reflejaba la imagen negativa que se llegó a crear en torno a un rey nada agradecido a sus vasallos, por mucho que a éstos les debiera.
Circulan varias versiones, una obra homónima de Lope de Vega popularizó la anécdota y en las “Memorias del Gran Capitán”, que se conservan en los archivos del conde de Altamira en el Archivo de Simancas.
 
 

LUGARES DE ISABEL I DE CASTILLA

Una mujer que siglos después continúa manteniéndose viva en diferentes lugares repartidos por nuestra geografía. Isabel la Católica fue una ...