En 1230 las coronas de León y Castilla recaen en Fernando III
La Corona Leonesa englobaba diversos reinos y territorios a los que hoy nadie osa a negar su identidad (Reino de Galicia, Asturias y Extremadura). Se cree que León se rindió totalmente con Castilla, e inmediatamente perdió su identidad y personalidad en favor de un presunto e inexistente “Reino de Castilla y León” que se uniformó con bases castellanas, pero no fue así. Veamos: Nace el reino de León en el 910 y tuvo en total dieciocho monarcas, hasta que Fernando III.
La Corona Leonesa englobaba diversos reinos y territorios a los que hoy nadie osa a negar su identidad (Reino de Galicia, Asturias y Extremadura). Se cree que León se rindió totalmente con Castilla, e inmediatamente perdió su identidad y personalidad en favor de un presunto e inexistente “Reino de Castilla y León” que se uniformó con bases castellanas, pero no fue así. Veamos: Nace el reino de León en el 910 y tuvo en total dieciocho monarcas, hasta que Fernando III.
Durante los tres siglos de vida del Reino de León hubo guerras civiles, dos independencias, las de Portugal y Castilla, unas fronteras muy elásticas y las regencias de algunos de los reyes más poderosos de la Europa de la época. Están Ordoño II y Ramiro II, némesis del califa cordobés Abderramán III; Alfonso V, impulsor del Fuero de León, el primero que se dicta en la Península y en el que se incluían preceptos como el derecho a la seguridad personal o el derecho a la propiedad privada; o Alfonso VI, conquistador de Toledo (1085) y emperador de Hispania. Una lista a la que habría que sumar otros nombres destacados como el de Doña Urraca (1081-1126), la primera mujer en la historia de España en reinar por derecho propio, o el de Alfonso IX, impulsor de la Universidad de Salamanca y encargado de convocar las Cortes de León de 1188.
León seguiría gozando de una posición predominante, a pesar de las embestidas de Portugal y Castilla, hasta la muerte de Alfonso IX en 1230.
La unión entre
Castilla y León sería forjada por su hijo Fernando III.
A pesar de quedar integradas bajo una nueva entidad política y territorial como la Corona de Castilla, las Cortes de León permanecieron actuando de forma independiente; e incluso el reino siguió empleando moneda y una lengua romance propias, el asturleonés durante varios siglos.
La Junta del Reino de León se reuniría por última vez en 1808, estallada la Guerra de la Independencia, que a su vez constituiría la Junta Superior de León, dependiente de la Junta Suprema Central. Tras la desaparición de sus monarcas, serán las Cortes de la Corona Leonesa las que ostentarán la representación de los territorios que ésta englobaba. Durante todo el siglo XIII, leoneses y castellanos celebran sus respectivas Cortes por separado. En ocasiones se convocan en la misma ciudad, pero los representantes de cada Corona se reúnen y deliberan en dependencias diferentes: por ejemplo, esto fue lo que ocurrió con las que se celebraron en Valladolid en 1293. Las relaciones entre unos y otros no debían de ser muy cordiales, ya que Fernando IV justifica la separación “por evitar peleas y reyertas que pudieran ocurrir”. Los temas a tratar a veces eran similares en ambas Cortes, pero también abundan las peculiaridades: así, los leoneses hicieron hincapié en que el Fuero Juzgo tenía que continuar siendo la principal guía en sus pleitos, y exigieron que los naturales de sus reinos sólo pudieran ser juzgados en los tribunales leoneses. Estos aspectos fueron magistralmente estudiados por el recientemente fallecido José Luis Martín, catedrático de Historia de la Edad Media en Salamanca.
A pesar de quedar integradas bajo una nueva entidad política y territorial como la Corona de Castilla, las Cortes de León permanecieron actuando de forma independiente; e incluso el reino siguió empleando moneda y una lengua romance propias, el asturleonés durante varios siglos.
La Junta del Reino de León se reuniría por última vez en 1808, estallada la Guerra de la Independencia, que a su vez constituiría la Junta Superior de León, dependiente de la Junta Suprema Central. Tras la desaparición de sus monarcas, serán las Cortes de la Corona Leonesa las que ostentarán la representación de los territorios que ésta englobaba. Durante todo el siglo XIII, leoneses y castellanos celebran sus respectivas Cortes por separado. En ocasiones se convocan en la misma ciudad, pero los representantes de cada Corona se reúnen y deliberan en dependencias diferentes: por ejemplo, esto fue lo que ocurrió con las que se celebraron en Valladolid en 1293. Las relaciones entre unos y otros no debían de ser muy cordiales, ya que Fernando IV justifica la separación “por evitar peleas y reyertas que pudieran ocurrir”. Los temas a tratar a veces eran similares en ambas Cortes, pero también abundan las peculiaridades: así, los leoneses hicieron hincapié en que el Fuero Juzgo tenía que continuar siendo la principal guía en sus pleitos, y exigieron que los naturales de sus reinos sólo pudieran ser juzgados en los tribunales leoneses. Estos aspectos fueron magistralmente estudiados por el recientemente fallecido José Luis Martín, catedrático de Historia de la Edad Media en Salamanca.
La unidad de la Corona leonesa con la castellana corrió grave peligro en varias ocasiones en los convulsos años de finales del siglo XIII: el infante Juan llegó a pretender reinar sobre Galicia y León (que incluía a Asturias), y la situación prácticamente se volvió a repetir en 1319, lo que demuestra que las dos Coronas estaban prendidas con alfileres. En el siglo XIV comienzan a imponerse las Cortes conjuntas, pero se continuó dando ordenamientos a los concejos de León muy distintos de los de Castilla. De todas formas, se siguieron convocando Cortes por separado de forma esporádica, y así parece que ocurrió en las de los años 1302, 1305, 1318, 1322, etc., cuando ya hacía más de un siglo de la unión de los reinos. Como muestra de esta diversidad, hasta 1348 el rey contaba con el asesoramiento directo de cuatro consejeros de León y Galicia, cuatro de Castilla, cuatro de las Extremadura, y cuatro de Toledo y Andalucía. Pero, por desgracia, la vía de la pluralidad fracasó, ya que a mediados del siglo XIV se impuso el rodillo castellano, y a partir de entonces las leyes serán las mismas para todos los reinos. Castilla emergió como un poder más fuerte y expansivo, tomando el liderazgo en la reconquista y la estructura del nuevo estado. A pesar de llamarse Corona de Castilla, Fernando III creó un escudo que incluía tanto el castillo (Castilla) como el león (León), simbolizando la unión de ambos reinos, un emblema que representa la unión real de los dos territorios
Y se queda la denominación de Corona de Castilla, sobre todo desde la llegada de los Trastámara en 1369.


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