domingo, 31 de mayo de 2026

ULTIMOS AÑOS DE LOS SUEVOS EN HISPANIA

En octubre del 409 vándalos, alanos y suevos cruzaron la frontera pirenaica sin ningún tipo de oposición. Es posible que existiera algún tipo de pacto o concesión por parte del emperador Máximo.
Entre los años 417 y 418 el ejército visigodo del rey Walia  va a actuar en nombre del Imperio Romano con el objetivo de expulsar a los bárbaros de Hispania. El resultado fue que los alanos y los vándalos silingos fueron completamente derrotados y sus restos se unieron a los vándalos y suevos. Lusitania, Cartaginense y Bética volvieron al control de Roma.
La Gallaecia quedó en exclusiva para los suevos, era el único reino germánico en Hispania (429-456) tras la migración vándala a África.
Su posición de todas formas no es fácil. A falta de un acuerdo oficial con el Imperio sobre su asentamiento, el rey suevo Hermerico tuvo que negociar un acuerdo con la población de la Gallaecia, los hispanorromanos, la cual, siendo sometida a saqueos, no duda en enfrentarse a los germanos.
El pacto fue efímero. En el 431 los suevos vuelven a realizar pillajes. El obispo Hidacio acude en embajada a las Galias donde se reúne con el dux.
Durante los últimos años del rey Hermerico hay constancia de contactos con la corte imperial y también de acuerdos con la plebis Galleciae, (los habitantes de Gallaecia). Los suevos trataban de formalizan tanto con el Imperio como con la población hispanorromana su presencia en la Gallaecia.

Desde el 434 Hermerico, enfermo, en el 438 decide abdicar (o al menos asociar al trono) en su hijo Requila (439-448) quien aprovechando la práctica inexistencia de las estructuras de defensa imperiales, va a emprender una política agresiva de expansión contra las provincias de Lusitania y Bética. El mismo año de su acceso al poder derrotó al ejército de un tal Andevoto (quizá militar imperial, o terrateniente hispanorromano), a orillas del río Genil, obteniendo un importante tesoro de oro y plata.
Durante los años siguientes, el reino suevo se engrandece. En el 440 Requila toma Mérida, donde estableció su corte, consolidando su poder en la Lusitania; y en el 441 entra en Sevilla y parece que controla (al menos en su mayor parte) las provincias Bética y Cartaginense.
La razón de esta resistencia pudo ser porque Requila era pagano, pero Requiario (448-456) profesaba la fe católica. Es posible que esto no fuera aceptado por algunos suevos y, por esta razón, se opusieron inicialmente a su sucesión en el trono. Aquí tenemos al primer rey cristiano que gobernó en Hispania. Requiario, rey de los suevos, va a seguir la política expansiva pero también respeta el acuerdo con los visigodos que había negociado su padre. Parece que se siente fuerte en sus dominios y ese mismo 449 se atreve a realizar intervenciones en la Tarraconense: una incursión contra los vascones en febrero y, tras su vuelta de las Galias, saqueos junto a los bagaudas, que eran soldados desertores de las legiones o colonos evadidos, esclavos huidos, forajidos o indigentes que se enfrentaron a la opresión laboral tanto del sistema militar o de feudalismo.
Requiario fue el primer rey europeo cristiano en acuñar moneda con su propio nombre, junto al del emperador Honorio.​ Asimismo parece que fue Requiario quien estableció definitivamente la capital del reino suevo en Braga.

REY SUEVO REQUIARIO
Ante la presión del Imperio, Requiario decide formalizar el asentamiento de los suevos en Hispania. Entre los años 452 y 454 se negocia un acuerdo por el cual se reconoce a los suevos la posesión de la Gallaecia, incluida toda la Gallaecia diocleciana, la Lusitania y gran parte de la Bética mientras que la Cartaginense vuelve al dominio imperial.
En el 455 fallece el emperador Valentiniano III y los suevos atacan de nuevo las provincias Cartaginense y Tarraconense. El nuevo emperador no tardó en responder y apoyándose en el reino visigodo de Tolosa.
En el 456, el visigodo Teodorico II entra en Hispania con un gran ejército dispuesto a castigar a los suevos por haber atacado los dominios imperiales. Sendos ejércitos se enfrentaron el 5 de octubre del 456 en la batalla del río Órbigo. La derrota sueva fue apabullante. Requiario huyó precipitadamente y Teodorico II saqueó Braga. Finalmente, el suevo Requiario fue capturado y ejecutado en diciembre de ese mismo año. En este momento el reino suevo parece abocado a su fin. Teodorico II toma Mérida en el 457, sin saquearla, e instala una guarnición goda. Seguidamente nombra a Aiulfo o Agiulfo, para gobernar en Gallaecia en su nombre. Y, para mayor confusión, cuando Teodorico II vuelve a las Galias, saqueó Astorga y Palencia. Aiulfo, posiblemente instigado por los suevos, se rebeló contra su señor y usurpó el poder. Teodorico II no tardó en enviar un ejército contra él y fue apresado y asesinado.
A su muerte, los suevos no alcanzan una jefatura única. Dos son los aspirantes: Maldrás, concentrado en la Lusitania, y Framtano asentado en la Gallaecia. Maldrás ejecuta numerosas acciones de saqueo contra los hispanorromanos en Lisboa y Oporto entre los años 457 y 459. Por otro lado Framtano muere en el 457 o 458 y es sucedido por Requimundo.
El rey visigodo parece dispuesto a comenzar a controlar Hispania. En el 458 envía al dux Cyrila para hacerse con Sevilla en la Bética. En el 459 se suceden más acciones visigodas contra la Bética así como el saqueo por parte de los hérulos (aliados de los romanos) de la costa cantábrica del reino suevo.
Maldrás mató a Ricimero, pero al poco murió degollado y fue sucedido por Frumario. El conflicto entre las facciones suevas sume en el caos el territorio. Los hispanorromanos de la Gallaecia negocian un acuerdo con los visigodos. Las distintas facciones suevas reaccionaron mal ante estos movimientos. Frumario fallece ese año y es sucedido por Remismundo quien, según Isidoro de Sevilla, era hijo de Maldrás. Tanto él como su contendiente Rechimundo tratan de conseguir el apoyo de los visigodos, a quienes envían embajadas. Es Remismundo quien va a conseguir el apoyo visigodo, seguramente también avalado por la aristocracia hispanorromana. Teodorico II le reconoce como rey. En el año 465 ya ha impuesto su autoridad sobre todas los suevos.

LUSITANIA
Remismundo (463-469) logró ser rey de los suevos gracias al apoyo visigodo. Sus dominios territoriales son mucho más reducidos que los del 456. A grandes rasgos abarcaría la Gallaecia hasta no mucho más allá de Astorga y León. Además, algunos grupos hispanorromanos se enfrentaban activamente contra los suevos. Sin embargo, el fallecimiento de Teodorico II (466) dio alas a Remismundo. Decidido a recuperar el control de la Lusitania, en el 468 entró en Coimbra.
Remismundo falleció en el 469. Su gran labor fue la de asegurar la continuidad del reino suevo cuando parecía que estaba destinado a desaparecer. Desde el 469 al 550 no tenemos información. Solo sabemos que los reyes suevos se convirtieron al arrianismo y que lograron consolidar las fronteras de su reino.
Desde el último tercio del siglo V los visigodos comenzaron a asentarse de forma efectiva en Hispania. De tal modo que, tras la derrota ante los francos en Vouvillé (507), acabaron por trasladar la capital de su reino a Toledo, en el corazón de Hispania. Esta nueva realidad hizo también que el reino suevo afianzara las relaciones de amistad con los reinos francos y con el Imperio Bizantino, ambos adversarios de los visigodos.
A finales del siglo V contingentes de población britana que huía de los invasores anglosajones, se asentaron en la costa lucense, aproximadamente entre el río Eo y la ría de Ferrol. Cerca de Pastoriza. El reino suevo “vuelve a la historia” cuando los reyes suevos abandonan el arrianismo por el catolicismo.

REY LEOVIGILDO 
Martín de Braga, obispo, antes de ir a Galicia, había estado en Bizancio y su llegada al reino suevo coincide con el desembarco de los bizantinos en el sur de la península, donde fundarán la provincia de Spania.
El rey Miro bajo su gobierno se celebró el II Concilio de Braga (572) y Martín de Braga completó la reorganización de la iglesia católica sueva.
Mientras tanto, el rey visigodo Leovigildo se encontraba embarcado en hacerse con el control de toda Hispania. Entre el 573 y el 576 se ocupó del noroeste del reino, fronterizo con el reino de los suevos. Así en 573 sometió la Sabaria y al año siguiente tomó la ciudad de Amaya, y con ella toda la provincia de Cantabria quedó sometida.
Aparte de esto, los suevos adoptaron el latín vulgar, y les quedan algunos restos del idioma germánico. Hay influencia sobre la lengua gallega e incluso la portuguesa.
En 575 se apoderó de la región de Orense. De esta forma recuperó la enorme franja de terreno de la parte visigoda de la frontera con el reino suevo, formada por Orense, Asturias y Cantabria, y que en la práctica eran independientes. En 576 firmó la paz con el rey suevo Miro.​
En el 580 se inició en el reino visigodo la rebelión de Hermenegildo. Dos años después Leovigildo inició la ofensiva para recuperar la Lusitania y la Bética que estaban en poder de los sublevados. En seguida tomó Mérida y en el 583 sitió Sevilla, donde vivía Hermenegildo.
Leovigildo encabezó un ejército en 585 que penetró en el reino suevo venciéndolo. La derrota ante los visigodos quebrantó la fortaleza militar del reino suevo, y el malestar por la fidelidad a Leovigildo.
Así dejó de existir el reino suevo que quedó convertido en una provincia del reino visigodo de Toledo. Tras la marcha de Leovigildo, hubo un intento de restauración del reino por parte de un tal Malarico pero fue derrotado por los ejércitos visigodos.
Bibliografía
Javier Arce: Bárbaros y romanos en Hispania (400-507).
Marcial Pons: Ediciones de Historia.
Díez Martínez,: El reino suevo (411-585). Akal

sábado, 30 de mayo de 2026

SUEVOS, ALANOS Y VÁNDALOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

En la batalla de Adrianópolis, (En la actual Turquía), en 378, en la que los Tervingios, un pueblo godo que habitaba en las llanuras danubianas al oeste del río Dniéster en los siglos III y IV, derrotaron al ejército del Imperio Romano de Oriente mandado por el emperador Flavio Julio Valente, que murió en la batalla. Fue este el último combate en el que se emplearon las clásicas legiones y marca el lento comienzo de la desaparición del Imperio Romano. 

Años después, en diciembre del 406 una horda de hombres y mujeres cruzó el Rin. Aprovechando que el agua se había congelado por el invierno, rompieron las defensas romanas e invadieron la Galia. Esta barrera natural, fuertemente custodiada por Roma y sus aliados francos, se convirtió en una pasarela improvisada que permitió el paso de decenas de miles de personas (guerreros, ancianos, mujeres y niños). Empujados por la presión de los Hunos, (feroces guerreros euroasiáticos), estos pueblos se desplazaron hacia el oeste.
Se desconoce su número pero puede estimarse en torno a 250.000 personas entre guerreros, hombres de las más diversas actividades y edades, mujeres y niños.
Dado que, cuando invadían un territorio, los romanos obligaban a la población diseminada en los campos a refugiarse en los fuertes y destruían muchas veces las fuentes de alimentos o las llevaban consigo, para que no pudiesen “vivir del terreno”, estos se preparaban durante meses antes del ataque, precisamente con pequeñas y rápidas incursiones de saqueo.
Los bárbaros pretendían derrotar a los escasos y desmoralizados mercenarios francos que custodiaban el límites y que llevaban años sin cobrar la soldada del Imperio romano. El grupo se desbordó sobre la Galia romana.

BÁRBAROS CRUZAN EL RIN 
Se trataba en realidad de tres pueblos: los suevos, en su mayoría agricultores y cuya procedencia geográfica pudiera haber sido el entorno costero del Báltico, pero que ya se habían asentado en la parte alta del Danubio empujados por la presión de otros pueblos, los vándalos, guerreros muy belicosos procedentes de las actuales Alemania y Polonia, movidos por el hostigamiento continuo de los godos, y los misteriosos alanos.
Detenidos en los Pirineos gracias a la firmeza del ejército reclutado por los hermanos hispanorromanos Dídimo, Veridiano, Lagodio y Teodosio, lograrían atravesar la cordillera tres años más tarde, en el otoño de 409, a través de la calzada romana de Roncesvalles. Siguieron dos años de caos y anarquía hasta que, en 411, el poder romano aceptó a los invasores de Hispania como “Federados del Imperio”, articulados en un "foedus" o tratado de Federación por el que se les concedieron la Lusitania y la Cartaginense. Y no sólo entran, sino que se instalan, los suevos en el noroeste, los vándalos en el sur y los alanos en el centro.
Pero así como los suevos buscaban tierra y al obtenerla se quedaban inicialmente tranquilos, para vándalos y alanos la posesión de un territorio no significaba la paz, y continuaron con sus costumbres de nomadismo y saqueo. La situación de Hispania no podía ser más caótica. Tácticamente, su mayor debilidad consistía en sus escasas dotes para el asalto de fortalezas al carecer de maquinaria de guerra.
Pero su mayor fortaleza era la guerra de guerrillas, que desesperaba a las legiones romanas atacándolas mediante emboscadas o en pequeñas escaramuzas. El rey visigodo Ataúlfo cruzó los Pirineos hacia Hispania a finales del año 414 (o durante el invierno de 414-415 según algunas fuentes), acosado por el general romano Constancio. Este movimiento marcó la primera incursión de los visigodos en la Península Ibérica, donde establecieron su primera capital en Barcino (la actual Barcelona), esa fue la primera entrada de los visigodos. Pero al año siguiente fue asesinado. 

 
REINOS BÁRBAAROS SOBRE EL 415
Los misteriosos alanos no eran de origen germánico. Este pueblo procedía de las tierras cercanas al mar de Azov, en la actual Ucrania, y se autodenominaban en su lengua “alanos”, es decir, “arios”, como al parecer demostraban sus características físicas: altos y rubios. Tribus nómadas de costumbres guerreras, ya habían constituido una amenaza para el Imperio Parto, en la actual Irán. Separados luego en dos grupos, los alanos occidentales se unieron a otros pueblos bárbaros germánicos, como suevos y vándalos, para invadir la Galia romana en el año 406, sembrando a su paso destrucción y muerte.
En el año 419, una vez que el rey visigodo Walia regresó a su reino abandonando Hispania, los vándalos entraron en conflicto con los suevos, produciéndose el enfrentamiento en los montes Nerbasos. Los suevos del rey Hermerico resultaron derrotados por los vándalos de Gunderico, pero estos renunciaron a la explotación del éxito y no los persiguieron, prefiriendo ocupar la Bética. Una ocupación que dio lugar a que esta región fuera llamada luego Vandalucía; más tarde, dado que no hay V en árabe, los musulmanes la denominaron Al-Ándalus, y de ahí a la actual Andalucía. Los vándalos llegaron incluso a nombrar un emperador.
Así, un general romano fue enviado a acabar con los vándalos contando para ello con un poderoso ejército que incluía un decisivo contingente de tropas visigodas. El general Castino trató de rendirlos por hambre, posiblemente buscando una victoria que le permitiera incorporar tras su derrota a buena parte de los guerreros bárbaros. Sin embargo, cuando estaba a punto de conseguir su objetivo, Castino se decidió a lanzar un ataque en campo abierto, en el que resultó vencido al verse traicionado por los guerreros visigodos. Tras la derrota de las tropas imperiales, los vándalos saquearon Sevilla y otras capitales y luego ocuparon los puertos de las costas atlánticas y sobre todo mediterráneas de Bética.

Por extraño que parezca, estas “barbaridades” no les hicieron perder la condición de federados. Finalmente, en la primavera de 429 los vándalos de Genserico decidieron embarcar para África con el fin de hacerse con las renombradas riquezas agrícolas del Imperio. Tras apoderarse de las embarcaciones hispanorromanas necesarias sin encontrar oposición, cruzaron el Estrecho y nunca volvieron. Los grupos germánicos no eran ejércitos, sino pueblos en marcha buscando tierras donde asentarse. No obstante, sus capacidades militares no fueron menospreciables.
Los alanos fueron destrozados, más adelante, por los visigodos que, muerto su rey y destruido el reino, los pocos que quedaron se acogieron al patrocinio del rey de los vándalos, que se había retirado a la Gallaecia. Por Por su parte, los visigodos tras perder sus territorios en el sur de Galia frente a los francos en la batalla de Vouillé, se trasladaron en masa a Hispania. 

Poco después, en el 418, el rey Walia pactó con el Imperio Romano (foedus) para expulsar a otros pueblos germánicos (vándalos y alanos) a cambio de tierras. El asentamiento definitivo (507 d.C.  Se fusionaron con la población hispanorromana, estableciendo su capital y centro de poder en Toledo.
En 418, el mismo Walia, después de derrotar a los vándalos silingos en la Bética, llevó prisionero a Roma a su rey Fredebaldo. Alanos y silingos, como pueblos independientes, desaparecieron para siempre.
Sin embargo, esta segunda invasión acabó de hecho con las esperanzas de la población hispanorromana, que siempre había confiado en una milagrosa recuperación del Imperio.
Quedó así Hispania despejada para que los suevos fueran el poder predominante. Aunque más asentados que vándalos y alanos, no por ello desaprovecharon la oportunidad de expandir su reino ocupando primero las comarcas abandonadas por los asdingos, en 422, y la mitad norte de la Gallaecia, en el decenio de 428 a 438, para luego bajar por el valle del Tajo y del Guadiana y llegar a establecer guarniciones en Lisboa y en Mérida, en 439. Para esta expansión partían desde su afianzado asentamiento en la Gallaecia, que les proporcionaba una retaguardia segura. Además sus reyes, de religión católica, eran vistos por muchos hispanorromanos como un alivio frente a los desmanes de alanos y vándalos, de religión arriana oficialmente, pero que la mayoría de las veces resultaban ser simplemente paganos.

PRIMER REY VISIGODO, ATAÚLFO
Las tropas visigodas cruzaron los Pirineos y en 456 capturaron al rey Requiario, relegando a los suevos al territorio comprendido entre Galicia, parte de Asturias y León y la mitad norte de Portugal. El reino suevo se mantuvo independiente hasta finales del siglo VI. El resto del territorio peninsular era de control visigodo. El reino suevo perduró con altibajos hasta el año 585. Los visigodos ya llevaban asentados más de un siglo.

miércoles, 27 de mayo de 2026

NACE EL REINO DE PORTUGAL

Hereda Ordoño el trono leonés, y aquí acaba el primer reino de Galicia.
Quizá quedara configurado dentro del reino de León en el 1065. De todas formas las luchas fratricidas desembocan en que el reino de Galicia es dividido en dos condados, Portugal y Galicia cuyo último rey gallego fue Alfonso VI de León y Castilla hasta su muerte en el 1109.
Galicia pasa entonces a tener la configuración actual y se inicia una de las etapas más brillantes de su historia

ALFONSO VI DE LEÓN  
Como vamos narrando la creación de los reinos cristianos, vemos que se solapan en la narración unos con otros de los cuales aún no hemos contado su historia. Esto nos pasa con el reino de Portugal con el de Castilla.
Hubo intentos de tener mayor autonomía en la región, e incluso la independencia por parte de los condes que dominaban el condado de Galicia y de Portucale.
Alfonso VI de León (1070 aprox.) entregó el gobierno del condado de Galicia al conde Enrique de Borgoña, en un intento de acabar con ese clima independentista. Esto incluía las llamadas tierras de Portucale.

ENRIQUE  DE BORGOÑA

Los fracasos militares del conde, el rey decidió dar en el 1096 al conde Enrique de Borgoña las tierras más al sur del condado de Galicia fundándose así el condado Portucalense. 
El conde de Portugal, Enrique de Borgoña consiguió primero independizarse de Galicia, y luego, dado que Braga fue ascendida a arzobispado se independiza de Castilla en lo religioso, pero le siguió reconociendo vasallaje. Este hombre fue eficaz en la lucha contra los musulmanes y tuvo una política independentista.
Sus dominios fueron creciendo por el sur con la ayuda de los cruzados gracias a la mediación de los templarios y hospitalarios, ordenes en cuya radicación Portugal siempre había favorecido. A la muerte de Enrique le sucede su viuda, pero sus amores con un conde gallego fueron castigados con la sublevación de su hijo Alfonso Enríquez, que le sustituyó en el trono.
Llega al poder su hijo, Alfonso I de Portugal (1109 -1185) que consiguió la independencia con la firma en 1143 del tratado de Zamora y reconocida por el papa Alejandro III. Alfonso Henriques (en portugués) se proclamó con el título de Alfonso I De Portugal. Conquistó localidades importantes como Santarém, Lisboa, Palmela y Évora.
En 1178, en vista de una invasión de Fernando II de León a Castilla, Alfonso I apoyó a Alfonso VIII de Castilla y envió en su auxilio a un ejército comandado por su heredero Sancho. La paz de 1180 entre Fernando II y Alfonso VIII evitó una nueva guerra.
El rey Alfonso Henriques falleció con 76 años de edad en 1185.
Le sucede su hijo, Sancho I de Portugal (1154 - 1211)
Hijo mayor de Alfonso I y de su mujer, Mafalda de Saboya, nació en Coimbra el 11 de noviembre de 1154. Desde muy joven su padre le preparó en las prácticas militares. Su padre le armó caballero en Coimbra, en 1170, cuando tenía dieciséis años. Al sentirse su padre enfermo decidió entregar a su hijo el poder político. Se casó en 1174, con cerca de veinte años, con Dulce de Aragón, hija de Raimundo Berenguer IV.

ALFONSO I DE PORTUGAL 

Los comienzos de su gobierno se caracterizan por una intensa acción militar contra el Islam y el Reino de León. Aprovechándose de las divisiones existentes entre los Reinos cristianos peninsulares, los almohades desencadenan una fuerte ofensiva fruto de la cual conquistaron Cáceres en 1174. Para contrarrestar este efecto el infante Sancho organizó una expedición militar a Andalucía, durante el año 1178, que provocó destrucciones en los alrededores de la villa. Como respuesta, los musulmanes efectuaron ataques en suelo portugués, como es el caso de Abrantes (1179), Coruche (1180) y Évora (1181). El infante Sancho sufrió una derrota en 1181 frente a las fuerzas de Fernando II cuando atacó Ciudad Rodrigo. Lo que estaba en tela de juicio consistía en el dominio de las tierras de Ribacoa. Uno de los ataques más duros fue el que se produjo en Santarém en 1184. Esta etapa de gran ofensiva almohade coincidía con la reanudación de las hostilidades entre los Reinos de Portugal y León.

SANCHO I DE PORTUGAL 

Un conjunto de circunstancias resultó con todo favorable a Sancho I. En 1188 murió el Rey de León, Fernando II. Al año siguiente, la ausencia del Rey de Marruecos en África y el auxilio de los cruzados, que habían llegado a Lisboa, favorecieron la preparación de una gran ofensiva contra los musulmanes que condujo a la conquista de los castillos algarvios de Alvor y de Silves. La escuadra de los cruzados frisones y daneses en acción conjugada con los portugueses penetró en la bahía de Lagos. La conquista de Silves representaba la ocupación de uno de los más poderosos baluartes del dominio almohade. En la ciudad habitaban más de veinte mil personas y estaba guarnecida por torres y murallas consideradas inexpugnables; se entregó a los atacantes después de mes y medio de durísimo enfrentamiento. Seguidamente los cristianos ocuparon el castillo de Albufeira. Desde entonces Sancho I pasó a denominarse Rey de Portugal y del Algarbe.  La reacción de los musulmanes no tardó. Tres grandes ejércitos iniciaron el asedio de Silves, Évora y de toda la línea del Tajo. Llegaron a las cercanías de Coimbra. En 1191 los moros conquistaron Silves en Algarbe, Alcácer do Sal, Palmela y Almada en las puertas de Lisboa. En la frontera leonesa se reabrían las hostilidades.
Entre 1197 y 1199 Portugal atacó la frontera de Galicia con la ocupación de Tuy y de Pontevedra. A su vez, los leoneses atacaron en la frontera de Beira y vencieron en Ervas Tenras en 1199, cerca de Pinhel. Ese año Alfonso IX de León atacó Bragança, mientras que Sancho I atacaba Ciudad Rodrigo. Toda esta beligerancia se acompañó en ambos lados por una política de repoblamiento de la frontera. Desde aquí resultó la concesión de un gran número de cartas de fuero a poblaciones de la frontera islámica. Fueron del mismo modo beneficiadas las Órdenes Militares, fundadas a partir de 1170, sobre todo los frailes de Évora (más tarde Avis) y Santiago.
Entre 1199 y 1208 hubo hambres, epidemias y otras calamidades. Eran innumerables los conflictos sociales. Muy grave fue la contienda que Sancho I tuvo con el obispo Martinho Rodríguez, en la cual intervinieron ciudadanos, menestrales, canónigos, el Monarca y sus vasallos. Hubo numerosas muertes, violencia, robos y encarcelamientos.
Falleció el Rey en la ciudad de Coimbra el 26 de marzo de 1211, a los cincuenta y seis años de edad. Gobernó el reino más de un cuarto de siglo, a lo que hay que añadir los quince años en los que estuvo asociado con su padre Alfonso Enriques. Le sucedió su hijo Alfonso II.

ALFONSO II DE PORTUGAL 

Sus sucesores continuaron las tareas de reconquista hasta que llegado a la famosa Batalla de las Navas de Tolosa, (1212) donde participaron voluntarios portugueses y se aceleraron las conquistas.
Más tarde Alfonso III firma la paz con la Corona de Castilla gracias a su matrimonio con Beatriz de Castilla y consigue mantener el Algarve bajo poder portugués.
En su momento la independencia del Reino de Portugal fue rechazada por el ya reino de Castilla. En 1297 fue la reina María de Molina, en nombre de su hijo Fernando IV, menor de edad, la que firmó el Tratado de Alcañices con el rey portugués Dionisio I. Portugal suprimía los tratados acordados en contra del reino de Castilla por el apoyo al infante Juan de Castilla. Se establecieron las fronteras. En este tratado se establecía entre otras cosas la delimitación fronteriza entre los entonces reinos de Portugal y de León, en la que se incluía la cuestionada localidad de Olivenza. Pedro I de Portugal consigue reforzar el poder central del gobierno, eliminando la jurisdicción de la aristocracia y el clero.
El hijo de este, Fernando I en el año 1369 reclama el trono de la Corona de Castilla a la muerte del titular, Pedro I de Castilla el cruel, como descendiente legítimo por parte materna de Sancho IV de Castilla. Pero finalmente el escogido para ocupar el trono castellano fue Enrique de Trastámara, (Enrique II de Castilla), hermano bastardo del fallecido Pedro I, y que fue confirmado por el papa Gregorio XI.
Al morir Fernando I sin hijos, su hija Beatriz de Portugal, fue nombrada heredera del país y reina “de jure”, pero su anterior boda con el heredero del trono castellano, Juan I de Castilla provoca una insurrección interna de la nobleza, que veía peligrar la independencia de su país.
Recordemos que años antes, en la batalla de Aljubarrota de agosto de 1385, entre tropas portuguesas e inglesas al mando de Juan I de Portugal, y el ejército castellano de Juan I de Castilla, del que formaba parte la mayoría de la nobleza portuguesa, el resultado fue la derrota de los castellanos, el fin de la crisis portuguesa de 1383-1385 y la consolidación de Juan I como rey de Portugal. Con la llegada de este rey, se instala en Portugal la dinastía Avis en 1385.  El segundo rey fue Eduardo I de Portugal padre de Juana de Avis, que se casó con Enrique IV de Castilla y, aunque éste por lo visto era impotente, nació una hija Juana, a la que todo el mundo conoce por “La Beltraneja”.
A partir de esto la historia del reino de Portugal en cuanto a Castilla se limita a la disputa por la corona castellana que terminará con la guerra de Sucesión castellana, que narraremos en la historia del reino de Castilla.

ESPAÑA PRINCIPIOS DEL SIGLO XII

Tengamos en cuenta que España como tal conocemos hoy, no existía, no era un Estado. Eran reinos, unos cristianos y otros musulmanes, los reinos de Taifas, pues  el Califato de Córdoba ya había desaparecido. 

Urraca I de León
Nació en León en el 1081, era hija de Alfonso VI de León (Emperador de Hispania, por herencia visigoda), y de su segunda esposa Costanza de Borgoña. Fue una reina poderosa, que accedió al trono al morir su padre sin heredero varón.
La reina Urraca fue la primera mujer que ejerció de forma efectiva el papel de reina “propietaria” y se trata de un personaje verdaderamente insólito en la Historia del medioevo hispánico.
Se casó con Raimundo de Borgoña en 1090. Urraca tenía diez años de edad. Raimundo fue el que introdujo la línea sucesoria de los Borgoña.  Después de la muerte en 1090 del rey García de Galicia, Urraca se convirtió en la heredera del trono. Fue desplazada en 1093 cuando nació el único hijo varón del rey Alfonso VI, el infante Sancho Alfónsez, pero fue muerto en la batalla de Uclés en 1108 y entonces es cuando Urraca hereda Galicia y al enviudar de Raimundo (1107), su padre, Alfonso VI les dio a ella y su hijo Alfonso el señorío de Galicia.
Su segundo matrimonio, con Alfonso I el batallador en 1109, fracasó en su objetivo de reforzar la estabilidad interna y externa. Ambos llevaron al país a la guerra civil, y sociales. La orden de Cluny, la nobleza, Enrique de Borgoña rey portugués y los magnates gallegos se opusieron a la unión con Aragón, el clero y la nobleza castellana apoyaron a Urraca, y la burguesía era partidaria de 

Alfonso I  de Aragón, el batallador. 

En 1109 se llegó a un acuerdo de gobierno conjunto pero a principios de 1110 la reina Urraca optó por abandonar León y refugiarse en el monasterio de Sahagún, en espera de que las bulas pontificias para la anulación del matrimonio por no haberse consumado, llegasen. Urraca mantuvo relaciones con el conde Gómez González, (de Candespina), con quien tuvo un hijo. Alfonso el Batallador en septiembre de 1110 la encerró. Alfonso formó un ejército para arrasar Castilla y tomó todas las plazas fuertes del reino, incluyendo Toledo, Sahagún, Burgos, Palencia, Osma y Orense. El conde de Candespina se las arregló para liberar a Urraca. Pero ella supo que los nobles gallegos habían secuestrado a su hijo el príncipe Alfonso. Enrique de Borgoña, rey de Portugal y cuñado de doña Urraca, se alió con Alfonso el Batallador, formaron un ejército conjunto que se enfrentó al castellano. La victoria sonrió al Batallador y el conde de Candespina, halló la muerte.  El Batallador entró triunfalmente en Toledo. Urraca se reconcilió con su esposo y los monarcas portugueses se enfurecieron. Urraca se entrevistó con los nobles gallegos. Se acordó el perdón para todos por los delitos y la proclamación de Alfonso que fue coronado rey de Galicia, en septiembre de 1111. El púber tenía 7 años todavía.  El monarca aragonés estaba furioso contra su mujer, pues reunió a su ejército y atacó a la comitiva gallega que transportaba al niño Alfonso hacia León. 

El obispo Diego Gelmírez 

El obispo pudo escapar hacia Galicia llevándose consigo a su nuevo rey. Entre Urraca y El Batallador había nuevamente una guerra civil. Y el conde don Pedro de Lara se había convertido en influyente amante de Urraca. Hacia la primavera de 1112, Urraca pudo reunirse con su hijo en Galicia. Con la dirección de su amante Pedro de Lara, las tropas de doña Urraca empujaron al ejército del Batallador hacia Carrión de los Condes. Pero surgió una nueva reconciliación de los cónyuges, en 1112. Pero las desavenencias eran muchas a pesar intermediación del delegado papal. En Castilla la guerra continuaba, las tropas castellanas dirigidas por Pedro de Lara, se habían hecho con el control. Urraca sabía que Alfonso estaba más concentrado en Aragón. Por ello, decidió recurrir al poderoso Diego Gelmírez. Se vieron en mayo de 1113, y Gelmírez pidió que la diócesis fuese arzobispado con él mismo de arzobispo. Urraca le prometió ambas cosas a cambio de ayuda militar. En una acción conjunta, la guarnición aragonesa de Burgos fue sitiada por las tropas de Gelmírez, mientras que Pedro de Lara detuvo al ejército de refuerzo del propio monarca aragonés. Teresa informó a Alfonso I que su hermana Urraca planeaba envenenarlo.  Esta vez Alfonso el Batallador repudió a la reina Urraca, la expulsó de sus reinos y prohibió, bajo pena de muerte, que alguien le diese cobijo.

IGLESIA SAN NICOLÁS DE CIS (de los Froilaz)
La ruptura definitiva en 1114 provocó un problema en todo el reino de Castilla. La alta aristocracia castellana, señores feudales y eclesiásticos cerraron filas hacia la reina. Mientras la burguesía de los concejos castellanos apoyó siempre a Alfonso el Batallador. Pedro Froilaz, el conde de Traba, educador del ya adolescente Alfonso en Toledo, donde el futuro rey velaba sus primeras armas contra los musulmanes. En Galicia el joven príncipe expuso sus derechos a la corona de Galicia y Castilla, instando a su madre a la concordia. Así, en mayo de 1117, Gelmírez y Urraca firmaron el llamado pacto del Tambre, que puso fin a los conflictos bélicos y consolidó el futuro de Alfonso en el trono castellano.  El año 1117, durante conversaciones entre reina y obispo en la capital se produjo un motín. Urraca y Gelmírez tuvieron que refugiarse en la torre del palacio episcopal, pues habían prendido fuego a la catedral. Gelmírez escapó embozado, trepando por los tejados. La reina Urraca fue violentamente atacada y despojada de sus ropas. Finalmente, accedió a relevar a Gelmírez como señor jurisdiccional de la ciudad y a reponer la justicia. No cumplió nada de lo prometido, sino que, con la ayuda del conde de Traba, llevó a cabo una violenta represión

ALFONSO VII 

Alfonso, a la sazón un joven ya de veinte años, se armó caballero en la catedral de Santiago en 1124, lo que significó la retirada de Urraca. La indómita reina castellana falleció en Saldaña, en marzo de 1126, y su hijo heredó el reino de Castilla y León como Alfonso VII (el coronado Imperator totius Hispaniae, emperador de Hispania).
Su abuelo, Alfonso VI de León en 1070 había entregado el gobierno del condado de Galicia al conde Raimundo de Borgoña. Esto incluía las llamadas tierras de Portucale. Tras los fracasos militares del conde, el rey decidió dar en el 1096 al conde Enrique de Borgoña las tierras más al sur del condado de Galicia fundándose así el condado Portucalense. Se dividió el condado. Este hombre fue eficaz en la lucha contra los musulmanes y tuvo una política independentista. A su muerte llega al poder su hijo, Alfonso I de Portugal 1109 -1185.
Portugal consiguió la independencia con la firma en 1143 del tratado de Zamora y reconocida por el papa Alejandro III. Alfonso Henriques (en portugués) se proclamó con el título de Alfonso I De Portugal.
 

martes, 26 de mayo de 2026

SIGLO XI - CONFLICTOS EN HERENCIAS EN REINOS CRISTIANOS

BERMUDO III (1017-1037)
Bermudo III de León, llamado el Mozo (1017-1037), fue rey de León desde la muerte de su padre, el rey Alfonso V, hasta su  muerte. Como sucesor, fue el último rey leonés de la dinastía astur-leonesa.
Su madre falleció cuando él tenía tan solo once años de edad. Al ser menor de edad la regente era su madrasta Urraca.

BERMUDO III 

Urraca, dirigió la política del reino leonés apoyando a su hermano, el rey de Pamplona Sancho Garcés III. La nobleza buscó un acercamiento al reino de León y promovieron el matrimonio del conde de Castilla, (perteneciente al reino de León), García Sánchez, con Sancha, hermana del rey. 
El reinado de Bermudo III estuvo marcado por un hecho que tuvo lugar en la ciudad de León en 1028. Cuando el conde de Castilla García Sánchez viajaba a León para casarse con la hermana del rey leonés, fue atacado y asesinado por una venganza. Eran la familia de los “Vela”. Sancho III de Pamplona mandó ejecutarlos y además se quedó con las tierras entre el Cea y el Pisuerga, posesiones de León y aprovechó para extender sus dominio por tierras castellanas, que eran la dote y por sus derechos  de herencia al estar casado con la hermana del asesinado. Con lo cual entregó Castilla a su hijo Fernando, como herencia de su madre. Sancho extendió su influencia a León.
Cuando Bermudo III comenzó a reinar a los 17 años, intentó recuperar las tierras leonesas ahora en manos del pamplonés. Éste se apoderó de Zamora y Astorga y en el 1034 ocupó la capital León, por lo que Bermudo se marchó a Galicia. Sancho propuso un matrimonio entre su hijo y la hermana de Bermudo, que se celebró en Castilla en octubre o noviembre del 1032. Bermudo regresó a León ya que en 1035 Sancho falleció. Bermudo III tomó el poder sin conflicto, casándose con la hija de Sancho, Jimena Sánchez, como parte del acuerdo de retirada del propio Sancho. El rey Bermudo y el conde de Castilla mantuvieron la paz entre 1035 y 1037. Pero en 1037, estalló la guerra entre ambos, quizá por la negativa de reconocer la autoridad de Bermudo por parte del conde castellano. Hubo un combate en Tamarón, Burgos, en el 1037, entre el castellano y el rey leonés, muriendo Bermudo por caerse del caballo. El trono pasó a manos de su hermana Sancha, que cedió sus derechos a su marido, el cual llegó al trono como Fernando I de León el 22 de junio del 1038.
 
FERNANDO I (1038-1065)

Era hijo de Sancho Garcés III de Pamplona, llamado “el Mayor”
Fue coronado rey de León como esposo de Sancha, y ya era conde de Castilla. Parece que es el momento en que Fernando se hace llamar rey de Castilla como Fernando I, aunque hay autores que opinan que el primer rey de Castilla será el que hereda a la muerte de Fernando, es decir su hijo Sancho II, el fuerte.
No realizó incursiones a los musulmanes durante dieciséis años tiempo en el cual reorganizó ambos reinos, su administración convocó el Concilio de Coyanza, logró el sometimiento de nobles y el clero y las villas e introdujo la Orden del Cluny y el nuevo arte románico.
En el 1054 estalló la guerra entre Fernando I y su hermano García Sánchez III, rey de Pamplona. Intereses encontrados. Fernando deseaba recuperar los territorios cedidos por la ayuda contra Bermudo III de León. Y García Sánchez le envidiaba porque él era el primogénito de su padre. Se enfrentaron en Atapuerca, donde murió el rey de Pamplona, Sancho Garcés IV y en el mismo campo de batalla Fernando sería aclamado como nuevo rey de Pamplona.
Desaparecido ya el Califato de Córdoba, y apareciendo los primeros reinos de Taifas, Fernando I conde de Castilla y rey de León conquistó, sometió y repobló varias plazas musulmanas cobrando tributos a los más ricos, como Toledo, Sevilla, Zaragoza y Badajoz.
La taifa de Zaragoza era vasalla de Pamplona y hubo enfrentamientos entre los reinos cristianos por Zaragoza. La taifa cambió de bando siendo ahora vasalla de León. En el 1063 las tropas de León con el infante Sancho al frente, acompañado por primera vez por Rodrigo Díaz de Vivar, que era un adolescente, acudieron en auxilio de Zaragoza cuando la plaza fue atacada por Ramiro I de Aragón, hermanastro de Fernando, quien fue derrotado y murió en la batalla. Fernando I de León y Castilla murió en diciembre de 1065. 
Tras su muerte se dividió su reino. Sancho II heredó Castilla con el título de rey, Alfonso VI recibió León, García heredó Galicia y Portugal y también las parias de Badajoz y Sevilla. Elvira el señorío de Toro y Urraca el de Zamora. Y es aquí donde el reino de León queda apartado del reino de Castilla.
 
ALFONSO VI (1065-1109)

La herencia recibida trajo serios conflictos entre los hermanos. Sancho y Alfonso querían unir los reinos y acordaron repartirse Galicia. Atacaron a García y tuvo que huir del reino que fue repartido por los hermanos.
Pero Sancho era muy ambicioso y con la ayuda del Cid, Sancho II de Castilla en 1068 atacó a su hermano Alfonso VI de León que fue vencido en Llantada, una lucha personal en el que el vencedor se quedaría con el reino del vencido. Alfonso VI no cumplió su palabra, pero no tuvo problemas de momento. En el 1072 en la batalla de  Golpejera, en Palencia, Sancho salió victorioso y Alfonso fue  hecho prisionero. Con la intervención de la hermana de ambos, Urraca, le puso en libertad. Y huyó a Toledo donde reinaba su  amigo Al-Mamun. Sancho puso sitio a Zamora, la ciudad de Urraca, pero fue engañado por un zamorano y le mató. Sancho no dejó descendencia.
Alfonso VI se hizo con todo el territorio de su padre, gobernó como rey de León, Castilla y Galicia entre 1072-1109, manteniendo la unión de los reinos de León y Castilla. Aquí es donde dice la leyenda de que el Cid obligó a Alfonso VI a jurar que no había participado en la muerte de su hermano, (la jura de Santa Gadea) pero sólo es una leyenda. Sin embargo, siguieron existiendo dos reinos diferenciados en administración, lenguas romances y leyes.

ESTATUA DEL CID EN BURGOS 
Tras la muerte de Sancho IV de Navarra en 1076, pasaron a formar parte del reino de Castilla, entonces unido al reino de León bajo el reinado de Alfonso VI, territorios anteriormente pertenecientes al reino de Navarra: La Rioja, Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa.  
Parte de estos territorios fueron recuperados por Sancho VI de Navarra en la segunda mitad del siglo XII y no retornaron a dominio castellano hasta su conquista definitiva por Alfonso VIII a finales del siglo, que se intituló “Imperatus totius Hispanae” en 1077.
El rey Alfonso había recibido con todo honora al Cid, como vasallo y lo conservó a su lado. Para Alfonso VI Rodrigo Díaz no era un súbdito más. A Rodrigo no dejaban de salirle enemigos envidiosos.
El rey le envía a Sevilla con la misión de cobrar las parias. En aquella urbe residiría varios meses. Cuando al-Motamid, rey de Sevilla, y el Cid están tramitando su pago, les llegan noticias de que tropas del moro rey de la Taifa de Granada, junto con tropas cristianas encabezadas por García-Ordoñez, conde de Nájera y amigo personal del Alfonso VI, marchan hacia Sevilla. Ambos reinos taifas gozaban de la protección de Alfonso VI precisamente a cambio de las parias. El Campeador defendió con su contingente a al-Motamid, y venció a Abdalá en la batalla de Cabra.
Y se enfrenta con el ejército granadino, apresando al conde García Ordóñez y a los nobles navarros que le acompañaban, les mantiene tres días como prisioneros y los despojó de sus pertenencias como legítimo botín de guerra y les permitió marchar libres sin rescate, mientras él victorioso regresaba a Sevilla. De este episodio, nacería una perdurable enemistad entre el Campeador y García Ordóñez, que no dejaría de acusarlo ante el Rey de haberse quedado con parte de los regalos del Rey de la Taifa de Sevilla. 
Dos años después, en 1081, el rey Alfonso VI sale en campaña hacia Toledo y los musulmanes atacaron en Gormaz obteniendo un importante botín. Rodrigo reacciona y sale a perseguir a los atacantes, penetra en el reino toledano y vence. Esta acción fue un exceso de Rodrigo Díaz que le llevó, en su persecución, a adentrarse en el reino de taifa toledano que estaba bajo el amparo del rey Alfonso VI.

JURA DE SANTA GADEA
De regreso a la corte, el Cid cometió otro error garrafal: pernoctó una noche en el castillo de Luna, donde estaba confinado por orden del rey Alfonso su hermano menor, García, que era su enemigo ya que había heredado Galicia, arrebatada por Sancho, y a su muerte se quedó Alfonso VI con dicho reino.
De todo esto se aprovechó el conde de Nájera para acusar al Cid de apropiarse de parte de las parias de Sevilla y de confabularse con García para derrocar al rey. Alfonso VI hizo caso de su amigo y desterró a Rodrigo en el año 1081.
El alcaide del castillo de Rueda en Zaragoza ofreció la entrega de la fortaleza a Alfonso VI; este acudió a tomar posesión de Rueda en enero de 1083, pero cayeron en una celada en la que murieron nobles y caballeros, llegando a peligrar la propia vida del Rey. Rodrigo, que se encontraba en la región de Tudela, al tener noticia del desastre acude rápidamente en auxilio de su Rey, que lo recibe con los brazos abiertos y lo invita a regresar con él a Castilla; el Campeador pasada la emoción del encuentro observa ciertas reticencias, que le decidieron regresar a Zaragoza.

RECREACIÓN DE LA BATALLA DE CONSUEGRA 
En el año 1085 los Almorávides conquistan Tanger y Ceuta y cruzan el estrecho y en el camino se encuentran con las tropas de Alfonso VI y Sancho Ramírez I de Aragón. Las tropas cristianas fueron vencidas en la batalla de Zalaca (Sagraras), y el rey Alfonso herido de un puñalada en una pierna. Se retiraron a Toledo y no fueron perseguidos. El emir hubo de marchar a África y hubo unas tres décadas de defensa de los almorávides.
Alfonso VI claudica en su empeño de someter al Cid, retira su destierro y le ofrece la posibilidad de regresar a Castilla; un nuevo perdón que Rodrigo Díaz de Vivar rechaza, pero queda un pacto amistoso. Lo cierto es que los almorávides no aceptaban que musulmanes y cristianos se pudieran ayudar a favor de uno u otro. El Cid no participó en la batalla de Zalaca.
En 1087 Alfonso VI tuvo que hacer frente a una rebelión en Galicia. Aunque los musulmanes recibieron ayuda de África, por las desavenencias entre las Taifas desistieron y se volvieron a África. El rey había pedido ayuda al Cid, pero éste se dirigió a Murcia, pero nunca llegó a encontrarse, por un error en  la hora y lugar del encuentrto y esta es la causa de su segundo destierro.
Tras la conquista de Toledo en (1085), al-Qádir se fue a Cuenca y después a Valencia. Uclés y los dominios quedaron bajo la protección de Alfonso VI, quien estableció en Uclés una guarnición propia, en representación teórica de al-Qádir.
En el año 1090 el Cid se hizo con todo el Levante, incluyendo Valencia. Al-Cadir pagaba los impuestos al Cid, aunque era dinero de Alfonso VI.
Sufrió el Cid fue la muerte de su hijo en 1097, en la batalla de Consuegra. Había ido en ayuda del rey Alfonso VI a la batalla, tenía solo 20 años.
En 1108 fue librada la batalla de Uclés entre las tropas cristianas de Alfonso VI de León y las almorávides de Alí ibn Yúsuf, y se saldó con la derrota cristiana.
Tres meses después de la batalla de Uclés, viejo ya, el Cid eligió heredera a su hija Urraca, por entonces viuda. Y opta por casarla con el famoso guerrero Alfonso I de Aragón el Batallador, (1105-1157). Alfonso VI falleció en julio de 1109 en Toledo. Rodrigo había fallecido en combate en Valencia en el año 1099.

sábado, 23 de mayo de 2026

LUGARES DE ISABEL I DE CASTILLA

Una mujer que siglos después continúa manteniéndose viva en diferentes lugares repartidos por nuestra geografía. Isabel la Católica fue una de estas personalidades ligada desde su nacimiento al territorio castellanoleonés.
Empezando el recorrido en Valladolid, a lo largo de esta ruta pasaremos por algunas de las ciudades españolas más bellas, que pueden presumir de un magnífico patrimonio monumental e histórico. Hay pequeños pueblos con más de 500 año de historia que nos hablan de ella.  

PALACIO DE LOS VIVERO
En Valladolid, en el palacio de los Vivero fue escenario, el 18 de octubre de 1469, del casamiento de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Y fue la sala Rica el lugar elegido por los monarcas para firmar su compromiso pese a las reticencias de Isabel.
A pesar de su apariencia exterior de lo más sobria y reformada, esta habitación cuenta con un bello artesonado al que debe su nombre. Hoy en día, sede del Archivo Histórico Provincial, se puede visitar su interior realizando un recorrido guiado con cita previa. Además veremos la huella de la reina en otras construcciones de la capital, como la casa de Colón, donde se recuerda la relación del navegante con Valladolid y los Reyes Católicos.

ESTATUA DE ISABEL EN TORDESILLAS
Será en Tordesillas, lugar de nacimiento del hermano de la reina, Alfonso El Inocente, y donde se firmó uno de los pactos más importantes de la historia. (El palacio real de Tordesillas ya no existe). Después de varios meses de negociación, en las casas del Tratado se llevó a cabo la firma tan esperada. Los representantes de Portugal y Castilla se pusieron de acuerdo con el tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494. En él se repartirían el territorio tras el descubrimiento de América. Durante la guerra de Sucesión ya habían convertido la villa en su cuartel general. En el año 1504 fallece Isabel, pasando la corona a su hija Juana, que vivirá en el palacio 46 años.

CASTILLO DE LA MOTA - TORDESILLAS
Medina del Campo, la que sería residencia habitual de los monarcas. Tanto fue así que Isabel pasó sus últimos días en esta villa. En su momento reformó el Palacio Real Testamentario, donde redactó sus últimas voluntades. Actualmente reconvertido en museo, en su interior se puede ver una reproducción de la sala donde la reina falleció, así como otras estancias que muestran la vida cotidiana de la corona. 

PALACIO REAL TESTAMENARIO CON ESTATUA DE ISABEL
En el mismo lugar, una cama con dosel de seda aún preside la habitación principal. Los cortinajes filtran la luz del sol y casi pueden sentirse los susurros en los que desveló sus últimas voluntades para que fueran plasmadas en el Codilicio. El Palacio Real Testamentario de Medina del Campo fue una de las residencias preferidas de la célebre monarca, que se encontraba muy a gusto en la localidad vallisoletana. Del palacio mudéjar, del s. XIV, que tanto visitaba, poco queda hoy; el recinto actual es una recreación del espacio original, con fines didácticos. Una lección de Historia presencial que permite entender cómo eran las antiguas dependencias del Palacio en las que vivió Isabel la Católica y en las que llegó a planear, con el mismísimo Colón, su viaje a América.
Un poco más alejado del casco histórico tenemos el castillo de la Mota. En la localidad los reyes aprobaron las ordenanzas de la Chancillería de Valladolid, y también firmaron una real provisión en la que se recogía el proyecto del tercer viaje de Colón al Nuevo Mundo.

Madrigal de las Altas Torres
En Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, fue donde nació Isabel. Allí se puede visitar el monasterio de Nuestra Señora de Gracia, en aquel tiempo, palacio del rey Juan II. En el convento actualmente viven las monjas de la orden de San Agustín, que son las encargadas de mostrar las estancias visitables.
Muy cerca del monasterio se encuentra la iglesia de San Nicolás de Bari, un templo del siglo XIII. Allí fue donde se casaron los padres de Isabel y el lugar en el que la pequeña fue bautizada.
Después de la muerte de su padre, Juan II, su madre, Isabel de Portugal se mudaría junto a sus cuatro hijos a esta hermosa localidad abulense, Arévalo, la conocida como Ciudad de los Cinco Linajes. Allí pasó Isabel su infancia y recibió una esmerada formación por parte de los padres franciscanos. Fue también en Arévalo donde entabló amistad con Beatriz de Bobadilla, hija del alcaide del castillo. Y en esta imponente fortaleza del siglo XV, recientemente reconstruida, se alojó con su familia hasta la muerte de su madre, Isabel de Portugal.

AREVALO 
También en Ávila en El Tiemblo, esta población histórica fue donde, el 19 de septiembre de 1468, su hermano de padre, el rey Enrique IV nombró a Isabel princesa de Asturias y su heredera. Es lo que se conoce como la Concordia de Guisando, se firmó en el cerro de Guisando, los Toros de Guisando. Estas cuatro misteriosas figuras de granito datan de época prerromana.

TOROS DE GUISANDO 
En 1473 la reina decide trasladarse a Segovia. Allí pretendía mantener contacto directo con su hermano Enrique IV. Tras el alcázar, años atrás, la infanta pasó largos periodos de tiempo antes de desposarse con Fernando. Además, en su interior se puede contemplar un fresco de la coronación de la reina Isabel en la villa de Segovia.  El 13 de diciembre de 1474, finalmente, fue proclamada reina de la corona de Castilla en la antigua iglesia de San Miguel. 

RECREACIÓN DEL ALCAZAR DE SEGOVIA EN EL SIGLO XV 
En la fachada del templo actual, ubicado a pocos metros de donde se encontraba el original, una placa recuerda aquel momento. Arropada por los vítores del pueblo, consiguió que se le entregase de forma simbólica la que fue hasta entonces la residencia del rey.

ALCAZAR DE SEGOVIA EN LA ACTUALIDAD 
 

CATALANES EN EL SIGLO XVI

En mayo de 1521 España sufrió una grave amenaza de seguridad con la invasión francesa durante la primera guerra entre Carlos V y Francisco I...