miércoles, 29 de abril de 2026

EL IDIOMA CASTELLANO EN AMÉRICA

En la época de la Conquista los indígenas hablaban su propia lengua.  El castellano los frailes fueron enseñando sin obligación de usarla.
Los frailes misioneros (principalmente franciscanos, dominicos y agustinos) desempeñaron un papel crucial en la edición de diccionarios, vocabularios y gramáticas de lenguas indígenas en América a partir del siglo XVI. Su motivación principal era la evangelización, para lo cual necesitaban dominar los idiomas locales para predicar y enseñar la doctrina cristiana. Durante tres siglos, las lenguas indígenas coexistieron con el español sin que este fuera obligatorio.


Fray Alonso de Molina, lexicógrafo español, hijo de inmigrantes españoles en la Nueva España, nació en Extremadura en 1510. Es el autor del primer vocabulario impreso en lengua náhuatl (México, Juan Pablos, 1555). Elaboró una edición más amplia, con el vocabulario castellano-náhuatl y náhuatl-castellano (México, Antonio de Espinosa, 1571). Es la base de nuevos vocabularios y diccionarios modernos de esta lengua.
Además de sus responsabilidades como misionero, Molina se dedicó al estudio y escritura del náhuatl. Pronunció numerosos sermones en la lengua náhuatl. Molina es conocido por sus escritos que lo consagraron como uno de los pioneros en el área de la lingüística.
El castellano no llegó por la fuerza, sino por la decisión de ser naciones.
Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, Premio Cervantes 2025, lo afirma con claridad: "En Hispanoamérica, el idioma español se volvió obligatorio recién tras las independencias, no durante el dominio virreinal
En la época de las Independencias la mayoría de las poblaciones hablaban sus lenguas originales.
Gonzalo Celorio sostiene que el español no es la herencia de la conquista, sino la herramienta que permitió forjar las repúblicas.

Gonzalo Celorio
Sin ese idioma común, no se podría construir acuerdos, leyes, constituciones o identidades nacionales tras romper con España.
Fueron al emanciparse y no en los Virreinatos, lo que extendió el castellano.
Los nuevos estados impusieron el castellano como vehículo de unidad entre pueblos diversos. Según los Libertadores el español unió para ser libres, no para someter.
El español no es la lengua de la conquista, sino la lengua de la independencia. Sin ella, no existirían México, Argentina, Colombia ni el resto de naciones que hoy hablan y escriben en castellano por decisión propia, no por sometimiento.
Hay que aclarar que se decía "Castellano" porque es la Corona de Castilla la que llegó a América y la hizo suya. La restricción de que solamente podían ir a América los  castellanos  duró hasta 1525. La enorme empresa de América fue inicialmente, un monopolio castellano. Los aragoneses, catalanes, valencianos o extranjeros no podían viajar libremente a las Indias sin permiso especial.
Eso hizo que para los hispanoamericanos el idioma que se habla  se dice, por costumbre,  que es el castellano,  aunque esto va cambiando. Incluso hasta  hace poco se llamaba "Castellano". Ahora es "Lengua y literatura" o "Castellano"
Aunque el idioma oficial es el Español, la preferencia cultural y popular es llamar a la lengua "castellano".
A medida que el español se fue asentando en América, comenzó a evolucionar de manera distinta en cada región. La distancia geográfica con la metrópoli, el aislamiento de ciertas comunidades y la mezcla con otros idiomas originarios dieron lugar a variaciones propias.
Así surgieron acentos, vocabularios y expresiones únicos en países como México, Colombia, Argentina o Perú.
En muchos casos, se conservaron formas del español antiguo que en España ya habían caído en desuso

martes, 28 de abril de 2026

CONDADO DE CASTILLA – ( y 2 )

Fernando I (1029-1065) era conde de Castilla y rey consorte de León. Se le solía designar el primer rey de Castilla, pero actualmente se considera que este reino se inicia a la muerte de este monarcaDespués del asesinato de su tío es reconocido como conde de Castilla Fernando I con doce años. Pero gobernó su padre Sancho Garcés III de Pamplona hasta 1035.
En 1035 muere Sancho III de Pamplona y el rey de León Bermudo III vuelve a León sin resistencia, dado el matrimonio habido de su hermana y la de él mismo con la hermana del fallecido.  Pero al poco tiempo el conde Fernando de Castilla se negó a reconocer a Bermudo. Hubo un combate en Tamarón, Burgos en el 1037, entre el castellano y el rey leonés, muriendo Bermudo por caerse del caballo.

FERNANDO I  (Pintura imaginada)  Museo del Prado 

En el 1038 Fernando fue coronado rey de León, como esposo de Sancha,  ya era conde de Castilla. Parece que es el momento en que Fernando se hace llamar rey de Castilla como Fernando I, aunque hay autores que opinan que el primer rey de Castilla será el que hereda a la muerte de Fernando, es decir su hijo Sancho II, el fuerte.
No realizó incursiones a los musulmanes durante dieciséis años, tiempo en el cual reorganizó ambos reinos, su administración convocó el Concilio de Coyanza, logró el sometimiento de noves y el clero y las villas e introdujo la Orden del Cluny y también el  nuevo arte románico.
En el 1054 estalló la guerra entre Fernando I y su hermano García Sánchez III, rey de Pamplona. Intereses encontrados. Fernando deseaba recuperar los territorios cedidos por la ayuda contra Bermudo III de León. Y García Sánchez le envidiaba porque él era el primogénito de su padre. Se enfrentaron en Atapuerca, donde murió el rey de Pamplona. Sancho Garcés IV en el campo de batalla sería aclamado como nuevo rey de Pamplona.

LÍMITES A LA MUERTE DE FERNANDO I 

Desaparecido ya el Califato de Córdoba, y apareciendo los primeros reinos de Taifas, Fernando I conde de Castilla y rey de León conquistó, sometió y repobló varias plazas musulmanas cobrando tributos a los más ricos, como Toledo, Sevilla, Zaragoza y Badajoz.
La taifa de Zaragoza era vasalla de Pamplona por lo que hubo enfrentamientos entre los reinos cristianos por Zaragoza. La taifa cambió de bando siendo ahora vasalla de León.  En el 1064 recuperó los restos de San Isidoro de Sevilla.
En el 1063 las tropas de León con el infante Sancho al frente, acompañado por primera vez por Rodrigo Díaz de Vivar, que era un adolescente, acudieron en auxilio de Zaragoza
cuando la plaza fue atacada por Ramiro I de Aragón, hermanastro de Fernando, quien fue derrotado y murió en la batalla.
Fernando I de León y Castilla murió en diciembre de 1065
Sancho II  1065-1072. Tras la muerte de Fernando I, se dividió su reino. Sancho II heredó Castilla con el título de rey, Alfonso VI recibió León, García heredó Galicia y Portugal y también las parias de Badajoz y Sevilla. Elvira el señorío de Toro y Urraca el de Zamora. Y es aquí donde el reino de León queda apartado del reino de Castilla.
La herencia recibida trajo serios conflictos entre los hermanos. Sancho y Alfonso querían unir los reinos y acordaron repartirse Galicia. Atacaron a García y tuvo que huir del reino que fue repartido por los hermanos.
En 1066 el rey castellano reclamó al pamplonés una villa cercana al monasterio de San Millán de la Cogolla.  Para evitar una guerra acordaron celebrar un “Juicio de Dios”,  que consistía en que lucharan dos contendientes uno por cada ejército.
Sancho IV de Pamplona eligió a un gigantón que ya tenía experiencia en estos duelos y Sancho II de Castilla eligió a su alférez, un joven Rodrigo Díaz de Vivar de dieciocho años, posiblemente. La lucha empezó a caballo y continuó a tierra donde, tras una hora, Rodrigo clavó su espada en la axila del contrario que murió en un charco de sangre.
En 1067 el rey castellano intervino en Zaragoza para renovar el vasallaje de esta taifa musulmana. Sancho II puso sitio a la ciudad y ésta se entregó y pago un gran rescate a cambio de que se le defienda de sus enemigos.
Al morir Sancha, la madre, en 1067 se iniciaron los conflictos entre los hermanos.
Sancho era muy ambicioso y con la ayuda del Cid, Sancho II de Castilla en 1068 atacó a su hermano, Alfonso VI de León y fue vencido en Llantada, una lucha personal en el que el vencedor se quedaría con el reino del vencido. Alfonso se escapó, salvando la corona y la vida. Pero a pesar de todo los hermanos no rompieron relaciones. Parece ser que se pusieron de acuerdo para destronar a su hermano García de Galicia.

JURA DE SANTA GADEA 

En 1071 Sancho, con la complicidad de Alfonso que permitió el paso del ejército castellano a través del reino de León derrotó a su hermano García de Galicia, lo apresó, lo llevó a Burgos y después lo mandó a la taifa de Sevilla. Sancho y Alfonso se proclamaron reyes de Galicia y firmaron una tregua de tres años. Pero Alfonso no cumplió el trato. En el 1072 en la batalla de  Golpejera, en Palencia, Sancho salió victorioso y Alfonso fue  hecho prisionero. Con la intervención de la hermana de ambos, Urraca, le puso en libertad. Y huyó a Toledo donde reinaba su  amigo Al-Mamun. Sancho puso sitio a Zamora, la ciudad de Urraca, pero fue engañado por un zamorano de su guardia y le mató. Sancho no dejó descendencia.

ESTATUA DE ALFONSO VI 

Alfonso VI 1072-1109. Al morir asesinado su hermano Sancho, sin descendencia, Alfonso VI se hizo con todo el territorio de su padre, gobernó como rey de León, Castilla y Galicia entre 1072-1109, manteniendo la unión de los reinos de León y Castilla. Aquí es donde dice la leyenda de que el Cid obligó a Alfonso VI a jurar que no había participado en la muerte de su hermano, (la jura de Santa Gadea) pero sólo es una leyenda. Muerto su señor, Rodrigo es integrado por Alfonso VI a su corte.
Alfonso se dedicó durante catorce años a engrandecer su reino. Conquistó Uclés, Álava, Vizcaya, parte de Guipúzcoa y La Brueba.

FRONTERA NAVARRO-ARAGONESA  (1065)

Sin embargo, siguieron existiendo dos reinos diferenciados en administración, lenguas romances y leyes. Tras la muerte de Sancho IV de Navarra en 1076, pasaron a formar parte del reino de Castilla, entonces unido al reino de León bajo el reinado de Alfonso VI, territorios anteriormente pertenecientes al reino de Navarra: La Rioja, Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa, (el actual País Vasco).

lunes, 27 de abril de 2026

CONDADO DE CASTILLA (Parte 1)

Surgió en el siglo IX como un conjunto de territorios en la pare oriental del reino de Astur. Entre las montañas cántabras y una serie de castillos levantados en el valle del Ebro que originalmente se llamó Bardulia o Bardulias. El origen del topónimo de Castilla está a mediados del siglo IX, cuando una zona fronteriza entre la actual provincia de Burgos, Cantabria y País Vasco conocida hasta aquel momento como Bardulia, por el pueblo de los Várdulos  y situada en el límite entre el Reino de Asturias, el Emirato de Córdoba y las tribus vasconas que se desplazaban hacia el oeste. Era una zona de desfiladeros, atajos y alturas, fácilmente defendibles de los musulmanes.


BARDULIA

Entre el 739-757- Alfonso I de Asturias, fue obligado a defenderse del Califato cordobés en la zona fronteriza del reino Astur. Para ello construyó varias fortalezas. Ya aparece el nombre de Castilla a un condado mencionado en un documento del año 800 y que señalaba desde el sur de la cordillera cantábrica hasta La Rioja. Ni lo nobles ni el clero se aventuraban mucho en zonas tan peligrosas por lo que apenas se produjeron divisiones de clase y no hubo latifundios. Esto marcó un grado de libertad, muy diferente al leonés, que fue la semilla del elemento diferenciador del hombre castellano de aquella época.
Los cristianos de Alfonso II de Asturias colonizaron parte de las tierras vacías señaladas y comenzaron a construir fortalezas para protegerse  de los musulmanes, quienes las llamaban “al-qila” (castillo) hasta el punto de ser llamada Castilla (literalmente, tierra de castillos). Fue en este lugar donde el contacto entre los dialectos vulgares del latín que hablaban las diferentes tribus y la influencia del vasco darían origen al idioma castellano
Los condados eran territorios concretos que era gobernados por unos jueces, llamados condes, nombrados por el rey astur al que debían obediencia. La región castellana fue colonizada por vascos poco romanizados, que se regían por códigos y cántabros que hablaban una lengua romance derivada del latín vulgar.
Aquí, en esta naciente Castilla fue donde el conde Rodrigo (850-(873) ejerció el gobierno encomendado por el rey astur Ordoño I. Al morir éste y refugiarse en esa zona el rey Alfonso III, el conde Rodrigo se puso a su disposición. En el 873 cedió el condado de Castilla a su hijo Diego Rodríguez Porcelos que fundó la ciudad de Burgos, la futura capital de Castilla.

ALFONSO III
Nace el Reino de León en el 910 cuando Alfonso III traslada la sede del reino Astur de Oviedo a León.
Fernán González, fue conde de Castilla, Burgos, Álava, Lantarón y Cerezo (931-944 y 945-970). El rey Ramiro II de León lo nombró conde de Castilla en el 931.
En los años 930-970, Fernán González, conde de Castilla entró en la leyenda medieval inmortalizada en romances. Aprovechó las tensiones de los reinos limítrofes de León y Navarra, para engrandecer Castilla. Consiguió agrupar su autoridad sobre los condados de Burgos y Castilla en el 931.
En el 951 muere Ramiro II de León y se considera como el momento de la independencia de Castilla. Le sucede su hijo que concedió títulos de nobleza a militares a caballo, importante papel para el predominio de Castilla sobre León. Su hijo amplió las fronteras hasta Guadalajara y Madrid por el sur y Soria y Segovia por el norte. Heredó Castilla doña Mayor, que estaba casada con Sancho el Mayor de Navarra y se nombró a su hijo García Fernández heredero del condado. Este conde en el 981 ayudó a Almanzor para derrotar en Atienza a su hermano Galib.  Almanzor después tomo Zamora y Salamanca y venció a la coalición de Ramiro III de León, Sancho Garcés II de Pamplona y García Fernández de Castilla en la batalla de Rueda y éstos perdieron numerosas fortalezas castellanas en Atienza y Sepúlveda. En una batalla inesperada cayó herido García Fernández y murió poco después en el 995. Heredó su hijo Sancho García. Dirigió una campaña con aliados contra Almanzor. Pero fueron derrotados en la batalla de Cervera que le permitió a Almanzor el saqueo de Burgos.
Posteriormente el conde  de Castilla Sancho García  participó junto a Sánchez Garcés III de Pamplona y Alfonso V de León en la mítica batalla de Calatañazor, donde Almanzor sufrió una seria derrota. Pero eso parece ser  que es una leyenda ya que no se encuentran ni escritos ni rastros fiables del hecho.

ESTATUA DE SANCHO GARCÍA EN OÑA, BURGOS
Sancho García - 995-1017. En la herencia a Sancho le correspondió el Condado de Castilla, elevado a la categoría de Reino, y las parias (tributos) del reino Taifa de Zaragoza. A su hermano Alfonso el favorito de su padre, le correspondió el Reino de León, como Alfonso V de León en el 999, que tenía derechos sobre las parias de Asturias, León, Astorga, y Zamora y Toledo. A su hermano García le dio Galicia, para lo que creó nuevos derechos sobre las taifas de Sevilla y Badajoz y parte de Portugal hasta Coímbra. A Urraca, de dio el señorío de Zamora, con título y rentas. A su otra hija Elvira, le dio la ciudad de Toro.
La herencia recibida trajo serios conflictos entre los hermanos. Sancho y Alfonso querían unir los reinos y acordaron repartirse Galicia. Atacaron a García y tuvo que huir del reino que fue repartido por los hermanos.
En 1007 Sancho García realizó una incursión en territorio musulmán en la que destruyó el castillo de Atienza y llegó hasta Molina. Apoyó al califa Sulayman en la luchas cordobesas en las que en el 1009 saqueó Córdoba. El moro le regaló varias plazas en la línea del Duero, Osma, Esteban de Gormaz, Berlanga, Sepúlveda y Peñafiel. Sancho García murió en el 1017.
García Sánchez – 1017-1029. Heredó con siete años. Pero el rey de Pamplona Sancho Garcés III era su cuñado y protegió sus derechos frente a los castellanos y al rey leonés, ejerciendo de facto el gobierno de Castilla.

SANCHO GARCÉS III REY DE PAMPLONA 

Pero el niño fue asesinado en León cuando se iba a reunir con su prometida. Después de ajusticiados los asesinos Sancho Garcés III dirigió los destinos de Álava y Castilla como esposo de la hermana del asesinado proclamando a su hijo Fernando como heredero de su madre.
Los asesinos eran los de la familia de los “Vela”. Sancho III de Pamplona mandó ejecutarlos y además se quedó con las tierras entre el Cea y el Pisuerga, posesiones de León y aprovechó para extender sus dominio por tierras castellanas, que eran la dote y por sus derechos al estar casado con la hermana del asesinado.
Cuando murió su tío  el conde de Cea, heredó cuantiosas illas castellanas lo que sirvió para aumentar su poder en Castilla.
Debió de intervenir por ello para aplacar el descontento y las ambiciones de la nobleza militar castellana que probablemente no se resignaba a perder los estímulos y ganancias de las audaces empresas del desaparecido Sancho García y como un reflejo de estas actuaciones cabría interpretar algunas alusiones de la documentación al “reinado” fáctico de Sancho sobre aquellas tierras. Castilla, sin embargo, pertenecía al ámbito soberano de León cuyo monarca, Alfonso V, había aprovechado a su vez el fallecimiento de Sancho García para intentar restablecer su autoridad directa en la turbulenta “mesopotamia” del Cea y el Pisuerga. La posterior injerencia de Sancho el Mayor de Pamplona en estas tierras pudo tener carácter arbitral o mediador más que imperativo, como parece corroborar el matrimonio de Alfonso V, viudo de la noble dama gallega Elvira Menéndez, con Urraca, hermana del monarca pamplonés (1023), renovando así las tradiciones de parentesco ya seculares entre ambas estirpes de reyes, una espiral endogámica. Esta extensión del círculo familiar acabaría envolviendo plenamente a Sancho el Mayor en los asuntos internos del Reino de León del que, como conviene recordar, dependía el condado castellano. Muerto Alfonso V de León el 7 de agosto de 1028, su hijo y sucesor Vermudo III con sólo once años de edad no estaba capacitado para hacer frente a la nobleza levantisca de aquel extenso reino, por lo que el soberano pamplonés trató de solventar la cuestión de los aludidos confines de los ríos Cea y Pisuerga promoviendo el matrimonio del “infante” García con Sancha, hermana del pequeño Vermudo. Pero cuando se disponía a celebrar sus esponsales en la ciudad de León, el joven conde castellano fue asesinado (13 de mayo de 1029) por miembros exiliados de un linaje alavés resentido tiempo atrás con Fernán González.
La sucesión de Castilla recaía así en Munia o Mayor, esposa del Rey de Pamplona, quien por virtud de su derecho o responsabilidad conyugal se hizo cargo de las funciones condales en implicando en estas tareas a su segundón Fernando. Se había procedido enseguida a cierta acomodación del patrimonio de la familia condal castellana en una asamblea (concilium) de magnates, celebrada en Burgos (7 de julio de 1029) y el escriba que redactó la oportuna acta completó la fecha con la referencia habitual, en este caso, “reinando en Castilla por la gracia de Dios el príncipe Sancho y su hijo el conde Fernando”. El término siempre genérico de “príncipe” (princeps) define aquí las prerrogativas de hecho del rey Sancho sobre un territorio que en rigor pertenecía a un espacio soberano diferente, el leonés.
Se significa que Sancho “reina en Castilla” porque es “rey” a título personal (de Pamplona), aunque en aquel territorio desempeñaba funciones condales en nombre de su joven cuñado García, luego de su mujer y, en último término, como mandatario siquiera tácito del Rey leonés. Al presumible tono de cooperación política corresponden las combinaciones familiares coetáneas, primero el enlace matrimonial de Sancha, la frustrada novia del “infante” García, con Fernando, vicario de sus padres Sancho y Munia en tierras castellanas, y dos años después el del monarca leonés con Jimena, hija a su vez de los reyes pamploneses.
El patrimonio de la familia regia de Pamplona se había ensanchado, hacia poniente, el extenso condado de Castilla pertenecía ciertamente a la herencia de la reina Munia y, por tanto, debía recaer en sus hijos, aunque siguiera inscrito en la órbita soberana de la realeza leonesa, una realidad contradictoria como se iba a poner de manifiesto muy pronto.
De la herencia condal castellana de la reina Munia, el citado primogénito García se haría cargo de la porción originaria del condado castellano, “Castilla Vieja” (Castella Vetula), incluida la antigua demarcación condal de Álava con sus anejos vizcaíno y durangués. El nuevo Monarca pamplonés adquiría, pues, aquí los rendimientos y asimismo las funciones propias de un conde, rango que formalmente lo convertía en vasallo del Rey de León, como su hermano Fernando a quien, tras haber cooperado con sus progenitores en el gobierno de todo el condado, habría correspondido ahora sólo la “Castilla Nueva”, burgalesa y la región del río Duero.

FERNANDO I DE CASTILLA 
Antes de morir dispuso en su testamento que todos rendirían vasallaje a García Sánchez III, pero el testamento no fue respetado.
En (1029-1065) Fernando I era conde de Castilla y rey consorte de León. Se le solía designar el primer rey de Castilla, pero actualmente se considera que este reino se inicia a la muerte de este monarca.

sábado, 25 de abril de 2026

EL GRAN CAPITÁN.

Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar nació en Montilla (Córdoba) en septiembre de 1453 y murió en Granada en diciembre de 1515. Perteneciente a la Casa de Aguilar, una casa nobiliarias importante de Andalucía, fue paje en la corte de Castilla. Tuvo como trabajo ser el protector de Isabel y enseñó a su hermano Alfonso, las primeras nociones de la lucha.
En 1465, Isabel (La que sería reina católica) tenía solo catorce años su hermano Alfonso dieciséis años. Pero estaban separados. Alfonso fue protegido por Gonzalo de Córdoba.

Gonzalo Fernández de Córdoba - Grabado de 1791
Una parte importante de la nobleza castellana estaba descontenta con Enrique IV y obligó al rey a desposeer a Juana (la Beltraneja), su única hija, del título de princesa de Asturias, (heredera al trono), y proclamar a Alfonso príncipe heredero en su lugar.
En junio de 1465, la Liga nobiliaria castellana se reunió en Ávila, y realizaron lo que se llamó por sus detractores "la farsa de Ávila". Además de una burla sobre el rey Enriqe IV, se simuló el derrocamiento de éste y proclamaron rey de Castilla a Alfonso con el nombre de Alfonso XII.  El nuevo rey tenía solamente once años de edad, era prácticamente un títere en mano de la nobleza encabezada por Juan Pacheco y el obispo Carrillo. 
Estalló entonces la guerra entre los partidarios de Enrique IV y los de Alfonso, en agosto de 1467 los dos bandos se enfrentaron en la llamada Segunda batalla en Olmedo, sin que ninguno consiguiera imponerse. Hoy día algunos historiadores consideran que Enrique fue derrotado o por lo menos Gonzalo Fernández de Códoba utilizó la armadura de Alfonso para combatir y en cuanto se pudo, (Enrique no asistió al combate), se proclamó vencedor.
Poco después Gonzalo abandonó la corte y se retiró a Córdoba. Pero tiempo después fue llamado por Isabel al proclamarse reina de Castilla. Sirvió desde entonces a los reyes Isabel y Fernando. En la guerra de Sucesión Castellana que se produjo de 1475 a 1479 por la Corona de Castilla entre los partidarios de Juana de Trastámara, (La Beltraneja) del reino de Portugal, por el reino de Castilla, luchó a las órdenes de Fernando.

Pintura de Ferrer-Dalmau 

Entre 1482 y 1492 tiene lugar la guerra de Granada y participa en ella con treinta años. Ocupan ciudades, plazas fuertes y castillos, junto a una astuta intervención de Fernando en los conflictos internos de la familia real granadina, se da un importante y decisivo empuje al conflicto. En 1486 a febrero de 1489, y la guerra se acerca casi a su clímax. Tuvo lugar la escaramuza en el campo de Almorava, a las afueras de Granada, la primera hazaña importante de Gonzalo y el campo donde, ya convento jerónimo, muchos años más tarde reposaran sus restos mortales.
Gonzalo, en Illora, Granada, sigue su lucha pero también frecuenta la amistad con Boabdil. Y defendiendo el diálogo entre cristianos y musulmanes, entre 1487 y 1489 será el héroe de las calles de Granada porque cree que la mejor solución para Granada es el pacto con beneficiosas consecuencias económicas, y no la guerra, justo lo contrario de lo que opina la línea de la casa real. En la primavera de 1489 la corte anunció la nueva campaña militar, iniciándose en abril el asedio. A fines de este año se rinde Baza, y poco después Almería y Guadix. En 1490 comienzan las difíciles negociaciones de uno y otro lado para la paz, con Gonzalo como uno de los interlocutores, y en el verano de 1491 empieza el asedio a Granada desde el construido campamento de Santa Fe. Las negociaciones terminan con la toma de Granada el uno de enero de 1492. Los servicios que prestó durante aquella campaña fueron premiados con la encomienda de la Orden de Santiago, además de otras rentas y señoríos.
Tenía el título de cinco ducados como condecoraciones.
Luego fue capitán en Nápoles en 1494, Lugarteniente General de Apulia y Calabria en 1501.

Estatua en Córdoba 
Fue un genio militar español que conquistó Nápoles para la Corona de Aragón entre 1501 y 1504, revolucionando la táctica europea al sentar las bases de los futuros Tercios. Con victorias clave en Ceriñola (1503) y Garellano, garantizó la soberanía española en el sur de Italia, siendo nombrado primer virrey de Nápoles en 1502 y consolidando la presencia hispana.
Dirigió las fuerzas españolas en la guerra de Nápoles contra Francia, destacando por su uso de la artillería, armas de fuego y la creación de una infantería flexible.
 Participó en la batalla de Atella y en la de Ostia en la 3ª Guerra Turco-Veneciana, en la batalla de Cefalonia, 2ª Guerra de Italia, y en Ceriñola y Garellanc en Francia en 1503.
Su disciplina militar destacó de forma brillante, tanto por la excelente relación que tuvo con compañeros y con los hombres que comandaba los cuales le admiraban, como por la mente estratégica tan brillante e innovadora que tuvo en el campo de batalla lo que le llevó a obtener grandes victorias tanto en Granada como en otras campañas que se llevaron a cabo en Italia y que lo convirtieron en virrey de Nápoles.
En Italia sostendría una larga guerra por la hegemonía en la región contra Francia. La invasión francesa de Nápoles reclamando la herencia de la Casa de Anjou fue respondida con una campaña de dos años (1494-96) dirigida por Fernández de Córdoba, que derrotó a los franceses y repuso al monarca napolitano, perteneciente a la familia real aragonesa. Los éxitos de aquella guerra (como la toma de Reggio, Atella y Nápoles) le valieron el sobrenombre de Gran Capitán y el título de duque de Santángelo. Las innovaciones militares que puso en práctica don Gonzalo Fernández de Córdoba durante los primeros compases de las campañas de Italia representaron la última evolución del arte de la guerra durante el siglo XV. A partir de ese momento, tanto sus actores como sus formas y medios cambiaron por completo y para siempre. Gracias al Gran Capitán, el mundo contemplaría el nacimiento de la estrategia y la táctica modernas, en las que los infantes españoles hicieron un uso cada vez más extendido de las armas de fuego.

El Gran Capitán - Museo del Prado
La muerte de la reina Isabel la Católica en 1504 marcó el inicio de la caída en desgracia del Gran Capitán. Su enfrentamiento con Fernando el Católico alcanzó un punto culminante a raíz del Tratado de Blois (1505), por el que el rey devolvió a la Corona francesa las tierras napolitanas que Fernández de Córdoba había expropiado a los príncipes de la Casa de Anjou y había repartido entre sus oficiales. En 1507 Fernando viajó a Nápoles para tomar posesión de su nuevo reino, momento en que cuenta la leyenda que exigió al Gran Capitán que rindiera cuentas de su gestión financiera; en todo caso, fue depuesto como gobernador de Nápoles, donde nunca regresó a pesar de sus protestas.
En 1507, Fernando lo sustituye por el Conde de Ribagorza. No en vano, en ese momento las relaciones entre Francia y la Corona hispánica se encontraban en el campo de la cordialidad. En junio de 1507, el Rey francés organizó un banquete al que invitó a Fernando El Católico, a Germana de Foix (su esposa) y a Fernández de Córdoba, donde se sinceró como un admirador del hombre que había vencido a sus ejércitos. “Mande Vuestra Señoría al Gran Capitán que se siente aquí; que quien a reyes vence con reyes merece sentarse y él es tan honrado como cualquier Rey”, afirmó Luis XII según la leyenda. Aquella actitud despertó el recelo del desconfiado Rey aragonés, que vio su papel de protagonista desplazado por uno de sus vasallos.
Fernando buscaba con su visita y con el Tratado de Blois consolidar el control a largo plazo sobre sus posesiones italianas. Y para ello favoreció a la nobleza local con las prebendas, tierras y cargos que hasta entonces habían correspondido al Gran Capitán y a sus hombres de confianza.
Al fallecimiento de Isabel el Rey Fernando investigó los rumores que acusaban a Fernández de Córdoba de apropiación de fondos de guerra durante el conflicto italiano, lo que unido a los temores de que se pudiera cambiar de bando por el nuevo Rey de Francia que lo había agasajado. Bien es cierto que no existen pruebas de que el Rey exigiera directamente cuentas al militar cordobés, y mucho menos de que éste contestara en palabras tan gruesas, como se suelen reproducir, lo que por descontado le habría costado ser apresado, pero sí se conserva en el Archivo General de Simancas una detallada lista de gastos redactada por el Gran Capitán sobre su actividad en Italia. El documento demuestra, presumiblemente, que el cordobés no cometió corrupción y dio origen a que la expresión “Las cuentas del Gran capitán” se vincule todavía hoy a la meticulosidad en el lenguaje popular, si bien ha quedado como una forma de entregar unas cuentas mal llevadas y capciosas.
No obstante, el aragonés no fue un Rey especialmente ingrato. Si acaso fue un gobernante muy pragmático. El aragonés creía que el Gran Capitán ya había sido convenientemente recompensado y lo retiró. Su retiro distó de ser un castigo como relata la leyenda e incluso, en varias ocasiones, el Monarca meditó enviarle de nuevo a Italia.
Quizá sus hazañas no fueron pagadas como correspondían, pero ni se murió de pena ni perdió por completo el favor real. Lo único que extravió definitivamente fue la vida a los 62 años en Loja (Granada) a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que sufría cada cierto tiempo. La tragedia quedaba dispuesta para ser moldeada a placer por los escribanos de la emergente Monarquía hispánica en los reinados de Carlos I y Felipe II, donde se reclamaron de forma urgente héroes acordes a los nuevos tiempos.

Escultura de la reina Isabel, acompañada del Gran Capitán, y el cardenal Pedro González de Mendoza,“El tercer rey”.
Semanas después de su muerte llegaron decenas de cartas de condolencia a su familia, entre ellas la del Rey Fernando, que invocaba su vieja amistad, y la del joven Carlos de Habsburgo, quién había oído desde niño la historia de su odisea italiana. Curiosamente, Fernando moriría solo un mes después.
 

viernes, 24 de abril de 2026

TRATADO DE UTRECH -GIBRALTAR -1714

Ya Isabel la Católica, con una visión de estadista que asombra todavía hoy, dejó dispuesto en su testamento: “Mando a la dicha Princesa, mi hija e al dicho Príncipe, su marido, e a los Reyes que después de ella sucederán en mis Reinos, que siempre tengan en la Corona o Patrimonio real de ellos la dicha ciudad de Gibraltar, con todo lo que le pertenece e no le den ni enajenen, ni consientan dar ni enajenar cosa alguna de ella”.
La Guerra de Sucesión por la corona de España que heredó Felipe V, por testamento de Carlos II, se inició por la pretensión del Archiduque Carlos de Habsburgo, teniendo España y Francia una guerra de 13 años casi con toda Europa. Dentro de la guerra de Sucesión se proclamó rey cuando tomó la plaza de Madrid, (1706 -1710), como Carlos III, (no confundir con el Borbón) aunque finalmente fue derrotado por Felipe V. Terminó cuando el archiduque fue candidato en 1711 a ser Emperador del Sacro Imperio Germano Romano.


Los aliados europeos vieron que podría volverse en su contra la situación, porque Carlos dominaría toda Europa, como lo había hecho nuestro Carlos V. Por lo que el 11 de abril de 1713 se firmaba en Utrecht el primer tratado de paz, con condiciones entre Francia, Gran Bretaña, Prusia, Portugal, el ducado de Saboya y las Provincias Unidas (aproximadamente la actual Bélgica). Como se ve, España queda excluida de este primer acuerdo. En tanto que es el botín principal que se disponen a despojar y repartirse las potencias beligerantes, Inglaterra le reserva un tratamiento especial y aislado.
Tres meses después, los representantes de Felipe V, retenidos en París casi un año para que no interfirieran en las negociaciones entre Francia e Inglaterra, con la excusa de que necesitaban un pasaporte para ir a Utrecht, se incorporaban al acuerdo con la firma del tratado entre Gran Bretaña y España.
Merced a ese acuerdo, Gran Bretaña recibía Gibraltar y Menorca, así como amplias ventajas comerciales en el imperio español, haciéndose con el monopolio del asiento de negros, es decir, la trata de esclavos, que fue concedido a la South Sea Company, gracias al cual podía enviar a América un total de 144.000 esclavos durante treinta año y el llamado navío de permiso anual, un barco de 500 toneladas autorizado a transportar bienes y mercancías libres de aranceles a las colonias españolas.


"Para España, el Tratado de Utrech supone su definitiva colocación como un país “menor” en Europa y el mundo" Pero esto era sólo el principio de las concesiones que se iban a exigir a la monarquía hispánica. Felipe V debe ceder el Reino de Sicilia a la Casa de Saboya, la cadena de fortalezas en el norte de Bélgica a Holanda, la ciudad de Brandemburgo a Prusia, los Países Bajos españoles, el Milanesado, el reino de Nápoles, Flandes y Cerdeña a Austria.
Un auténtico nuevo diseño territorial de Europa hecho a costa de España. El equilibrio de poderes en la Europa continental, máxima aspiración de Inglaterra para evitar el surgimiento de una potencia hegemónica europea capaz de rivalizar con ella, quedó asegurado, mientras que en el mar.
Gran Bretaña con la toma de Menorca y Gibraltar se convierte en la nueva potencia naval del Mediterráneo. Un poder asumido a costa de España y que ya no abandonará en los dos siguientes siglos.
Para España, por contra, el Tratado de Utrech supone su definitiva colocación como un país “menor” en Europa y el mundo a pesar de que sigue disponiendo del mayor imperio colonial de la época, con la consiguiente pérdida de una voz propia en los asuntos internacionales. A partir de 1713, la política exterior española será poco más que un apéndice de los intereses franceses.
En 1802, dentro del tratado de Amiens, los ingleses devuelven Menorca, pero no Gibraltar.
Al ceder Gibraltar, y con ello el reconocimiento explícito de la presencia de una base militar y una colonia extranjera en su territorio, es la máxima expresión del grado de postración, sometimiento, dependencia e intervención exterior que ha vivido nuestro país en los tres últimos siglos.
En última instancia, los Tratados de Utrecht permitieron al Reino Unido ocupar el papel de árbitro europeo manteniendo un equilibrio territorial basado en su poder en Europa con su hegemonía marítima. Un poder asumido a costa de España y que ya no abandonará en los dos siguientes siglos.

CAÍDA DE BARCELONA 

Pero las cosas, no terminaron para España con el Tratado de Utrech. Las tropas austriacas se marchan del principado de Cataluña en junio de 1713. A partir de ahí comienza una guerra que se prolongó durante casi catorce meses, concentrada en Barcelona y Cardona. Tras la decisión de la Junta de Brazos en Barcelona de continuar combatiendo, algunos nobles, burgueses y canónigos se marcharon para dirigirse a Mataró, ciudad controlada por borbónicos.
En noviembre de 1713 se publicaba a instancias de la Junta de Brazos un folleto titulado “Despertador de Cataluña” en el que se justificaba la decisión de seguir resistiendo y en el que no se defendía la secesión de Cataluña sino el mantenimiento del modelo "federal" de la monarquía compuesta por lo que apelaba a la preservación de las “Leyes federales y fundamentales de la monarquía” y a la lucha por “la libertad de España”. Al año siguiente en otro impreso, titulado “Lealtad catalana” se afirmaba que “después de la defensa de la honra de Dios, no hay causa más justa que la de la Patria y sus Libertades” Tras proclamar otra vez que la lucha de Cataluña era por la “libertad de España”. Con lo cual se demuestra que no era una lucho independentista. La caída de Barcelona se produjo el 11-de septiembre de 1714. Hoy se conmemora “la Diada”, pero fue una derrota de catalanes Austracista contra felipistas.
Mallorca, Ibiza y Formentera cayeron diez meses más tarde, el 11 de julio de 1715.
Uno de los episodios más sangrientos en la historia del peñón de Gibraltar fue el asedio, ocurrido entre 1779 y 1783. Durante este asedio, los defensores trazaron una red de túneles excavando en la roca del peñón para conseguir poner sus cañones en mejor situación, logrando la superioridad logística frente al abrumador número de españoles que ejecutaban el asedio.

ARCHIDUQUE CARLOS DE HABSBURGO 
El Peñón de Gibraltar recibió el status de Colonia Británica durante el año 1830, y una de las cláusulas del Tratado de Utrecht fue que España tendría preferencia en caso de que Gran Bretaña decidiese vender o donar el peñón, aunque esta situación de momento no parece posible por su situación estratégica.
No obstante, el tratado otorgaba plena potestad a los británicos sobre el suelo a perpetuidad, la ciudad, el puerto y las fortalezas, pero no se decía nada sobre el espacio aéreo o las aguas que la rodean, así que hasta hoy se ha marcado la frontera marítima como antiguamente, es decir, a la distancia que llegue una bala de cañón disparada desde la costa.
 

miércoles, 22 de abril de 2026

ALGUNAS BATALLAS FAMOSAS DE LOS TERCIOS

 LOS TERCIOS  fueron una unidad militar de élite del Imperio Español, creada en el siglo XVI, que dominó los campos de batalla europeos durante más de 150 años (siglos XVI-XVII). Combinaban picas y armas de fuego (arcabuces/mosquetes) con una disciplina férrea, revolucionando la infantería moderna. Se destacaron por su lealtad, organización y valor en conflictos como en Flandes e Italia.
Fundados en 1534 por Carlos I de España (V del Sacro Imperio) para gestionar las posesiones en Italia, inicialmente con los Tercios de Sicilia, Nápoles y Lombardía. Organizados en compañías, capitaneadas por un Maestre de Campo. Un tercio estaba compuesto por tres tipos de soldados: piqueros, arcabuceros y mosqueteros. Los piqueros constituían la infantería tradicional e inicialmente formaban el grueso de las tropas, hasta tres cuartas partes o más. Los arcabuceros se distribuían a ambos flancos de los primeros como apoyo y escolta, ya que sus armas tenían poco alcance y precisión, de 25 a 50 metros. Los mosqueteros se introdujeron más tarde. Aunque eran un ejército imperial, los españoles eran considerados el núcleo de élite. Se caracterizaban por ser un ejército profesional y veterano y muy disciplinado.
Utilizaban formaciones sólidas de picas para protegerse de la caballería, mientras las armas de fuego flanqueaban o atacaban a distancia.
Considerados la mejor infantería de su tiempo, respetados por su inquebrantable valor desde su creación hasta mediados del siglo XVII

BATALLA DE CERIÑOLA 1503

Esta batalla enfrentó a tropas francesas dirigidas por Luis de Armagnac contra las tropas españolas comandadas por el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba. Los franceses contaban con 9500 hombres y 26 piezas de artillería, mientras que los españoles con 9000 hombres y 13 piezas. La victoria hispana en esta batalla marcó el inicio de la hegemonía de la Monarquía Hispánica en los campos de batalla europeos. El origen de los Tercios, aunque nominalmente esté en la ordenanza de Génova de 1536, lo podemos ubicar en las campañas de Italia del Gran Capitán.

BATALLA DE MÜHLBERG 1547

Los príncipes protestantes se unieron para luchar contra el emperador en lo que se conoció como la Liga de Esmalcalda. Ambos ejércitos se enfrentaron en la ciudad alemana de Mühlberg. Los ejércitos imperiales contaban con 25 mil infantes 4500 jinetes y 20 cañones, y las tropas protestantes estaban formadas por 12 mil infantes 3 mil jinetes y 13 cañones. Las tropas hispano-germanas estuvieron lideradas por el propio emperador y el Duque de Alba.

BATALLA DE SAN QUINTÍN 1557

Se enmarca en las Guerras Italianas que enfrentaron a franceses y españoles. Los franceses invadieron Nápoles, como respuesta Felipe II ordenó a las tropas españolas situadas en los Países Bajos y lideradas por el Duque de Alba, que invadieran Francia. Los españoles, sin embargo, eran minoría en un ejército formado por valones, flamencos, borgoñones, saboyanos, húngaros, italianos y, sobre todo, alemanes. La victoria sobre las tropas francesas fue la primera gran batalla bajo el reinado de Felipe II, recién coronado. Por ello mismo, el rey decidió construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, conmemorando así la victoria, que tuvo lugar el día de San Lorenzo (10 de agosto). El Monasterio tiene forma de parrilla en clara alusión al martirio del santo, que fue asado vivo.

BATALLA DE GRAVELINAS 1558

Enrique II de Francia, desquitado por la derrota en San Quintín, preparó una contra-ofensiva. Sin embargo, el duque de Saboya y Felipe II reunieron un ejército de 12.500 infantes y 3.200 jinetes, dando el mando al conde de Egmont y avanzó hacia Calais. Sorprendidos por la rápida maniobra española y con el río Aa a sus espaldas, los franceses no tuvieron más alternativa que presentar batalla. Tras una nueva derrota, Enrique II se rinde y renuncia a los territorios italianos y firma la Paz de Cateau-Cambrésis.

RESCATE DE MALTA 1565
El Imperio Otomano, bajo el gobierno de Solimán el Magnífico, tenía la intención de conseguir la hegemonía en el Mediterráneo. El ataque a la isla de Malta fue un importante movimiento. Los cristianos resistieron durante cuatro meses el ataque de los casi 50 mil turcos, mientras que ellos solo contaban con 6 mil hombres. Sin embargo, en septiembre Felipe II mandó 9 mil hombres a socorrer a los sitiados. Destacó la audacia de Álvaro de Sande, uno de los mandos de las tropas de refuerzo, quien, viendo a los turcos acercarse, cargó sobre ellos con una única compañía de arcabuceros, sin esperar a ponerse la coraza o a recibir órdenes. Los desmoralizados turcos, asombrados y viendo que se les venían encima todas las huestes de la Monarquía Católica, dieron media vuelta y huyeron abandonando la isla.

BATALLA DE JEMMINGEN 1568
En 1566 se levantaron en armas los rebeldes protestantes de los Países Bajos en una guerra que duraría 80 años. Una de los primeros encuentros entre éstos y las tropas católicas de la Monarquía Hispánica fue en Jemmingen. El Duque de Alba condujo a las tropas a una decisiva victoria en la que el rebelde Luis de Nassau tuvo que salir huyendo. En esta batalla jugaron un papel decisivo el Tercio Viejo de Lombardía y el de Sicilia, que sumaban unos 3500 hombres frente a los 12000 holandeses.

BATALLA DE MOOK 1574
Los españoles también eran inferiores en esta batalla, encuadrada en la Guerra de los Ochenta Años contra los rebeldes holandeses. Los ejércitos españoles obtuvieron una sorprendente victoria gracias al arrojo del Capitán Sancho Dávila. Ante tal muestra de ferocidad los holandeses huyeron precipitadamente, lo que causó numerosas bajas y la muerte de sus comandantes, Luis y Enrique de Nassau.

BATALLA DE GEMBLOUX 1578

Don Juan de Austria y Alejandro de Farnesio comandaban a los 1600 infantes con los que salieron a dar caza al ejército de los Estados Generales holandeses, unos 20 mil hombres. El 31 de enero avistaron la retaguardia enemiga y Farnesio lanzó la caballería pero con órdenes para que no entablaran combate. Al ver que la caballería holandesa flaqueaba, ordenó el ataque. La formación rebelde se desmoronó ante el arrojo español y en su huida desorganizó a su propia infantería. El resultado fue la aniquilación del ejército hereje.

CAGAYÁN 1582
Una flotilla española comandada por Juan Pablo de Carrión fue enviada a las islas Filipinas para combatir a los piratas japoneses que acosaban los asentamientos europeos. Algunos de estos piratas fueron antiguos samuráis que habían caído en desgracia. Las picas y espadas españolas se mostraron muy superiores a las katanas japonesas, pues solamente unos 40 españoles derrotaron a 1000 piratas en estos combates que se dieron al otro lado del mundo. Hay que aclarar que no eran propiamente Tercios, pero algunos de los hombres que combatieron en Cagayán habían sido reclutados en las Indias y probablemente habían estado previamente en algún tercio en Europa. Pero aunque no lo estuvieran no dejaban de ser soldados españoles, formados en la misma doctrina que los tercios y con los mismos códigos de honor.

BATALLA DE EMPEL 1585

También es conocido como el Milagro de Empel. Todavía en el contexto de la Guerra de los Ochenta Años contra los rebeldes holandeses, las tropas de la Monarquía Hispánica se encontraron ante una situación difícil la primera semana de diciembre de el año 1585. Casi 5 mil soldados se vieron rodeados por una flota holandesa en la isla de Bommel. El capitán rebelde, Felipe de Hohenlohe-Neuenstein, les ofreció una rendición honrosa, pero el Maestre Francisco de Bobadilla le respondió: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Ante la negativa española los holandeses abrieron los diques e inundaron la zona, por lo que las tropas católicas tuvieron que agruparse en el montecillo de Empel. Allí, cavando una trinchera, unos soldados encontraron una tabla con la imagen de la Virgen Inmaculada. La noche del 7 de diciembre sopló un viento gélido que congeló las aguas y dejó bloqueados a los barcos enemigos. Al amanecer del día 8 de diciembre los españoles atacaron y obtuvieron la victoria, estableciendo a la Inmaculada como patrona de los Tercios, hoy de la Infantería Ligera española.

BATALLA DE NÖRDLINGEN 1634
Algunos historiadores califican a la Guerra de los Treinta Años como la primera guerra mundial, puesto que enfrentó a la grandes potencias de la época en Europa central. Las tropas de los bandos enfrentados estaban compuestas hombres de naciones muy diversas. La Monarquía Hispánica aportó sus Tercios, que destacaron en la batalla de Nördlingen. La feroz resistencia de las tropas hispanas en la colina de Allbuch rechazando hasta 15 cargas de los regimientos suecos fue determinante para la victoria.

martes, 21 de abril de 2026

SIGLO XVI - EDAD MODERNA

Entramos en otro periodo de la historia de España y también de Europa. El tercer período de la historia de la humanidad, es decir el que sigue a la Edad Media se ha dado en llamar la Edad Moderna. Para algunos la fecha la marc la caída de Constantinopla en 1453. Para nosotros el año fundamental del cambio de era fue 1492, con el Descubrimiento de todo un continente hasta entonces desconocido en el mundo entero.
Se coincide en el siglo XVI con el momento de máximo prestigio internacional de España como nación, el momento que ha alcanzado la máxima extensión territorial y asimismo el periodo de mayor poder económico que jamás hasta entonces había conocido el país. Capitanes y diplomáticos, mercaderes y obispos españoles cumplen la labor de difundir una cierta idea de España en los lugares más distantes. Es por esto que en el exterior, mucho más que en la propia península se comienza a hablar de España como de un Estado unificado y homogéneo, y no como una reunión más o menos azarosa de diversos reinos y territorios, como lo fue en el siglo anterior. Esa España moderna se sostiene casi exclusivamente extrayendo recursos humanos y financieros de las entrañas de Castilla y de la explotación de los territorios americanos.
Sería posible decir que Enrique IV de Castilla y Juan II de Aragón y Alfonso V de Portugal fueron los últimos reyes medievales de la península. Y sus sucesores, los Reyes Católicos, los que reinaron a caballo entre ambas edades, e incluso más aún, han sido protagonistas del desarrollo de este proceso.
Como sabemos en 1492, bendito año, se había terminado de conquistar al reino nazarí de Granada, con lo cual todo el territorio peninsular era cristiano, heredado como tal de los romanos, mil años antes. También se había descubierto un continente, aunque todavía no se sabía que esto era así. Los Reyes Católicos nunca fueron conscientes de la envergadura del Descubrimiento. Su participación en el proyecto fue muy limitada.
La herencia dejada fue complicada, por la enajenación de la hija heredera, la reina Juana que fue regentada en dos ocasiones por el cardenal Cisneros, hasta la muerte de Fernando, y cuando llegó Carlos de Habsburgo la cuestión se dilucidó.

CARLOS I 

Cuando muere en 1516 Fernando el Católico, dejando vacante la corona de Aragón, y la corona castellana en manos de doña Juana, recluida debido a su enajenación mental, y convertía a su hijo Carlos en gobernador del reino de Castilla aunque en realidad todo el poder quedaba en sus manos.
La llegada de Carlos de Habsburgo supuso el principio de un nuevo poder imperial en Europa. A la suma de las herencias continentales de los Habsburgo y la monarquía española, se añadieron las conquistas en América, que arriesgados capitanes españoles iban agregando con mucho sacrificio.
En el siglo XVI, los dominios españoles habían alcanzado la mayor extensión territorial de su historia. Los romanos, el mayor Imperio hasta entonces conocido habían dominado unos 3,5 millones de kilómetros cuadrados. El Imperio Español llegó a tener alrededor de los 20 millones de kilómetros cuadrados, entendiendo que los territorios se les consideraba tierra española, no colonias, como lo hicieron otras potencias. Es por esto que en el exterior, mucho más que en la península, se habla de España como un Estado unificado y homogéneo, y no como una reunión más o menos azarosa de diversos reinos y territorios.
El mantenimiento del Imperio sería la razón de ser de toda la gestión del monarca austríaco y sus sucesores. España consolidaría su importancia al ponerse como protector máximo de la religión cristiana y cercano al papa.

FELIPE II 

Los Habsburgo ocupaban el trono Imperial de Austria desde 1279. Ya Maximiliano I consiguió el Franco Condado y los Países Bajos. A esto suma su hijo Felipe el hermoso, tras su boda con Juana de Castilla, el imperio español. Murió pronto Felipe y heredó Carlos I de España el Imperio en 1517, con su madre Juana I que no participó en el gobierno. A partir de entonces pasarían doscientos años de la casa de Austria en España, sumando unos cambios impensables para los tiempos de los RR. CC.
“A ellos les debemos todo” sentenció una vez Felipe II, al hablar de Isabel y Fernando. Y no le faltaba razón, porque dejaron una sólida base. Unos fundamentos de unidad y religión de marcado acento español. Y también con el centralismo, una monarquía absolutista, como es lógico en ese tiempo.

FELIPE III
Castilla contaba ya con un poder real centralizado que representó el eje de la monarquía sobre el que Carlos se apoyó para aclimatarse a un país que lo acogió y secundó en sus empresas. Bien es cierto que al principio, hubo problemas, las revueltas castellanas y las de las germanías, con hechos sangrientos. Pero supo el monarca imponerse y tomar a España como su tierra, como el propósito primero de su vida política y militar. Profundamente religioso, fue un paladín de la fe católica y le tocó lidiar y luchar contra los reformistas.
Martín Lutero, nacido en lo que hoy es Alemania en noviembre de 1483, es el iniciador del protestantismo con sus “95 Tesis” del 31 de octubre de 1517.
Nuestro Carlos I era el Carlos V del Sacro Imperio Romano Germano. Nótese que decimos “Sacro”, es decir sagrado, con lo cual era el Emperador, continuador de la obra de Carlomagno, de protección a la Iglesia de Roma, a la Santa Sede.

FELIPE IV 

También era el rey de España, de todos sus reinos, y por lo tanto de América.
Y esto marcó su vida y la de sus descendientes, por lo tanto la de España.
Los reyes españoles de la Edad Moderna recibieron todo el esplendor y el territorio conseguido, y también las luchas de religión y la constante variación de las sociedes, su cultura, sus ejércitos y sus ambiciones.

CARLOS II 








FELIPE V 1700-1746

El periodo abarca desde la llegada de Carlos I (1517), hasta la muerte de Carlos III (1788). Su hijo Carlos IV se encuentra demasiado pronto con la Revolución Francesa (1789), y el rápido ascenso del ambicioso Napoleón.



FERNANDO VI  1746-1759








CARLOS III - 1759-1779







LUGARES DE ISABEL I DE CASTILLA

Una mujer que siglos después continúa manteniéndose viva en diferentes lugares repartidos por nuestra geografía. Isabel la Católica fue una ...