lunes, 4 de mayo de 2026

JUDÍOS CONVERSOS

En tiempos del reinado de Fernando e Isabel, siglo XV, e incluso antes, judíos y musulmanes formaban comunidades propias, pero habitaban en tierra ajena. Tenían casas de oración, sus leyes y autoridades y escuelas. Tenían permiso del rey para ello. Abonaban una cantidad de dinero como tributo y no podían formar parte de las instituciones. Todo esto es importante para entender los hechos que tanto se les reprochan a nuestros reyes y que inicia la enorme falacia de la “Leyenda Negra”. Si se pierde este punto de vista, tan alejado de nosotros en nuestros días, no podremos comprender los hechos sucedidos, sus porqués y las decisiones que tomaron en aquella época. En tiempos de los reyes cristianos se identificaba la política con la religión. Solo los bautizados estaban en condiciones de ser súbditos del rey y por tanto de estar bajo el amparo de las leyes, usos y costumbres del reino. El cristianismo es una fe que se proclama verdad absoluta, “dogma de fe”. Y los reyes eran defensores y garantes de la cristiandad en sus reinos.

PINTURA DE 1889 - MUSEO DEL PRADO 

Los reyes no sentían animadversión personalmente contra los hebreos, el propio rey Fernando tenía sangre judía por parte de madre y en su corte había financieros, consejeros, médicos y artesanos hebreos, como lo había habido en la corte de su padre. Un médico judío logró operarle de cataratas cuando Juan II estaba casi ciego, con éxito absoluto, lo que por entonces maravilló a todo el mundo.
Pero la tolerancia popular hacia los judíos fue alternando épocas de mayor y menor consideración. El pueblo generalmente no veía con buenos ojos a los prestamistas, cuyo interés legal era del 33% anual. Por lo tanto está claro que hubo revueltas y matanzas de judíos, sobre todo en el Levante y en el sur.
Hubo unas conversiones masivas al cristianismo de judíos, tras la matanza de 1391. Después existió una revuelta que terminó siendo una masacre de judíos en 1392, levantamiento popular en Sevilla. Saqueos, incendios, matanzas y conversiones forzadas en las juderías. También en diferentes puntos de las reinos de Castilla, Aragón, Navarra, siendo las más graves en Córdoba, Toledo y Sevilla.

BANQUERO CONVERSO- SEVILLA 
Las causas hay que buscarlas en las crisis de ese siglo con sus efectos sociales y económicos en la Corona de Castilla con la llegada al trono de los Trastámara, el segundo rey de esta dinastía, Enrique III de 11 años de edad, que no podía detener el rechazo del pueblo sobre la comunidad judía a la que culpaba de sus males, dado que era una etnia diferente, con su religión, sus costumbres y no solían mezclarse con el resto del pueblo, además de dedicarse al préstamo de dinero, cosa prohibida para un cristiano.
Debido a que se sabía que existían falsos conversos, esto fue perseguido y desde el siglo XIII en diversos lugares de Europa existía la Inquisición, y aplicaba la tortura para conseguir la confesión. No hay que olvidar que el tormento en la época medieval se utilizaba en los tribunales civiles. Pero en la Inquisición, si el acusado confesaba y arrepentía, se salvaba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil. Con la Inquisición las torturas eran terribles sufrimientos, pero en ello no estaba permitida la mutilación. Hubo sentenciados a muerte y se estiman en un 3,5% de 140.000 procesos en 350 años.
Nuestros reyes consideraban que la unidad religiosa era un factor clave para la unidad territorial. La conversión de moriscos y hebreos era por tanto una cuestión fundamental.
Ya a finales del siglo XIV había habido revueltas populares contra las comunidades judías, que provocaron conversiones. La desconfianza de las conversiones llevó a los reyes a solicitar del papa Sixto IV, en 1478, la autorización para poner en marcha una nueva Inquisición que persiguiera la herejía, es decir la práctica de los ritos judíos por parte de los falsos conversos. Se restableció y asentó la Inquisición. En el año 1483, oficialmente al menos, la Inquisición quedó establecida en los dominios aragoneses, con la extensión dada en 17 de octubre de dicho año a los poderes del Inquisidor Torquemada. Aunque no estuvieron exentos de episodios de violencia religiosa, los judíos españoles habían vivido con menos sobresaltos en la Edad Media que en otros lugares de Europa. En la corte de Castilla, no así en la de Aragón, los judíos ocupaban puestos administrativos y financieros importantes. Algunos se bautizaron con sentimiento, pero otros no, y siguieron profesando en secreto su religión, por lo que fueron perseguidos por la Inquisición “El Santo Oficio”, que tal era su nombre aplicaba la pena de muerte a los herejes que rechazaban de plano el arrepentimiento. El resto de los delitos se pagaban con la excomunión, juntamente con la confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas penitenciales. Las sentencias se leían se ejecutaban en público, los llamados “Autos de Fe”.

FRAY TOMÁS DE TORQUEMADA
El famoso Fray Tomás de Torquemada fue inquisidor general desde 1483 hasta 1496. Fue nombrado por el papa para Castilla y Aragón. Publicó al año siguiente un manual con las normas para garantizar el buen funcionamiento de la institución. Y entre ellas las hay que previenen de abusos y arbitrariedades. El impulso que logró fue enorme y se extendió rápidamente y aunque no era sanguinario, como la leyenda ha propalado, si es cierto que desarrollo una actividad persecutoria constante y tropezó con algunas instituciones en la Corona de Aragón que las consideraban normas severas. Las Cortes reunidas en Tarazona, se opusieron a la implantación del tribunal. Hubo incluso un levantamiento en Teruel y la implantación se demoró. En 1485 fue asesinado en Zaragoza en la catedral, el inquisidor general de Aragón. Esto provocó una oleada de protestas y represiva contra los conversos, algunas de cuyas familias, parece ser, habían instigado el crimen. El pueblo logró desenmascarar a los asesinos a los que mataron y descuartizaron y la introducción del tribunal inquisitorio en Aragón ya no halló más obstáculos.
A partir de 1480 en Sevilla la Inquisición se excedió y murieron unas 2.000 personas. La protesta ante la reina no surtió efecto y las quejas llegaron a Roma, lo que hizo intervenir a Sixto IV en 1482 mediante una bula. Se impuso una reorganización y una tregua de un año. Pero los conversos volvían a sus antiguas prácticas. Por lo tanto había que expulsar a los judíos del país.
A su vez se había comenzado la guerra contra el reino nazarí de Granada, lo que hizo sospechar de los judíos pensando que del mismo modo en que ayudaron a los moros a la invasión, podían volver a ayudar y colaborar con los árabes. Así pues en 1483 se hizo pregonar un decreto de la Inquisición en el que se expulsaba a los judíos de Sevilla, Córdoba y Cádiz. En Zaragoza afectó a los judíos de la diócesis de Albarracín. Comenzó la violencia y los judíos respondieron también con violencia.
Pero la epulsión de los judíos se tratará en otra ocasión 
 

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