En agosto de 1821 se consuma la Independencia de México mediante el Tratado de Córdoba. Pero tanto esta como otras independencias y luchas tuvieron un desencadenante importante.
Todo el proceso se desencadena a raíz del
"Pronunciamiento de Riego". Llamamos así en realidad a un acto de
desobediencia militar ante el reinado del felón Fernando VII. Un gobierno
absolutista que había traicionado a su pueblo derogando la Constitución liberal
de 1812. Realmente ese Pronunciamiento era la desobediencia para no realizar la
“Grande Expedición de Ultramar”. Fue realizado por el teniente coronel Rafael
del Riego. Detonante de la Revolución de 1820 y de la pérdida definitiva del Imperio
español en América, a causa de la disolución de la mayor flota y el más grande
ejército de Ultramar reunidos por España para sofocar la revolución
hispanoamericana. Estaba dispuesto un ejército de 22.000 hombres entre
infantería y marinos y 12 buques de guerra perfectamente armados.
El Pronunciamiento comenzó el 1 de enero Las Cabezas de San Juan, Sevilla, donde estaban acantonadas las tropas de la Gran Expedición de Ultramar.
Ya en años anteriores una expedición realizada por el general San Martín, desembarcaron en las costas del Perú, provenientes de Chile. El ejército realista abandonó Lima y se desplazó a Cuzco y San Martín proclamó la Independencia de Perú el 28 de julio de 1821. Se estableció el primer Congreso Constituyente del país.
Pero para los emancipadores era necesario un acuerdo entre los grandes generales, Bolívar y San Martín, cosa que se intentó en la entrevista de ambos en Guayaquil, actual Ecuador. No hay testimonio fehaciente de lo hablado entre ellos, pero lo cierto es que San Martín no convenció a Bolívar de sus ideas monárquicas que tenía, buscando una persona de la casa de Borbón. Ya pocos años antes, incluso el general Manuel Belgrano en Buenos Aires era defensor del “Carlotismo”, una idea que se centraba en la posibilidad de que Carlota de Borbón, infanta hermana del rey Fernando fuera la monarca de toda la América Hispana. Pero el tema aunque tuvo muchos partidarios se fue disolviendo con los años. No obstante, a partir de 1816, como consecuencia de la restauración absolutista en Europa, reaparecieron los proyectos monárquicos en las Provincias Unidas. Incluso el
El proyecto había fracasado principalmente por la injerencia británica. Gran Bretaña no deseaba que una princesa española en un hipotético reino rioplatense anulara las ventajas comerciales que ya disfrutaba.
San Martín sabía que una República no era la solución, ya que por entonces no se trataban de países distintos, sino de virreinatos y regiones muy diferentes. Los que piensen que todo el mundo quería una república están muy equivocados, ya que hay que entender que la idea de “república” era muy nueva en el mundo: solo se conocía el caso exitoso de la Independencia Estadounidense, y este tenía aún pocos años de vida
Por lo que debido a que Bolívar realmente tenía ideas imperialistas, la entrevista de Guayaquil fracasó y San Martín se retiró de todos sus cargos dejando a Bolívar que continuase su trabajo.
El Pronunciamiento comenzó el 1 de enero Las Cabezas de San Juan, Sevilla, donde estaban acantonadas las tropas de la Gran Expedición de Ultramar.
Ya en años anteriores una expedición realizada por el general San Martín, desembarcaron en las costas del Perú, provenientes de Chile. El ejército realista abandonó Lima y se desplazó a Cuzco y San Martín proclamó la Independencia de Perú el 28 de julio de 1821. Se estableció el primer Congreso Constituyente del país.
Pero para los emancipadores era necesario un acuerdo entre los grandes generales, Bolívar y San Martín, cosa que se intentó en la entrevista de ambos en Guayaquil, actual Ecuador. No hay testimonio fehaciente de lo hablado entre ellos, pero lo cierto es que San Martín no convenció a Bolívar de sus ideas monárquicas que tenía, buscando una persona de la casa de Borbón. Ya pocos años antes, incluso el general Manuel Belgrano en Buenos Aires era defensor del “Carlotismo”, una idea que se centraba en la posibilidad de que Carlota de Borbón, infanta hermana del rey Fernando fuera la monarca de toda la América Hispana. Pero el tema aunque tuvo muchos partidarios se fue disolviendo con los años. No obstante, a partir de 1816, como consecuencia de la restauración absolutista en Europa, reaparecieron los proyectos monárquicos en las Provincias Unidas. Incluso el
El proyecto había fracasado principalmente por la injerencia británica. Gran Bretaña no deseaba que una princesa española en un hipotético reino rioplatense anulara las ventajas comerciales que ya disfrutaba.
San Martín sabía que una República no era la solución, ya que por entonces no se trataban de países distintos, sino de virreinatos y regiones muy diferentes. Los que piensen que todo el mundo quería una república están muy equivocados, ya que hay que entender que la idea de “república” era muy nueva en el mundo: solo se conocía el caso exitoso de la Independencia Estadounidense, y este tenía aún pocos años de vida
Por lo que debido a que Bolívar realmente tenía ideas imperialistas, la entrevista de Guayaquil fracasó y San Martín se retiró de todos sus cargos dejando a Bolívar que continuase su trabajo.
El virrey del Perú era José de la Serna, un héroe militar, de
ideas liberales, pero fiel al rey. Los refuerzos esperados nunca llegaron,
consiguió retrasar la independencia tres años más. A principios de 1824 las
fuerzas de José de la Serna se dividieron a causa de una rebelión encabezada
por el general Pedro Olañeta, que generó en batallas mermando las fuerzas, cosa
que aprovechó Bolívar para llevar sus tropas a las puertas de Cuzco en el mes
de octubre, dejando al mando del final de la campaña a su lugarteniente José de
Sucre. En realidad el traidor de Olañeta había negociado con Bolívar y se
refugió en el alto Perú dejando a De la Serna solo frente al ejército
independentista.
Poco después se firmó la rendición. El ejército Real del Perú renunciaba a seguir combatiendo y se le permitía el licenciamiento o el regreso a España. Los rebeldes aceptaban que puerto Callao siguiera en poder español. La batalla costó la vida a unos 2.100 hombres de los cuales 1.800 eran del ejército realista. Al año siguiente Olañeta refugiado con sus fuerzas en el Alto Perú fue derrotado y muerto por Sucre.
Honrosa y heroica fue la defensa de la última guarnición española en el puerto del Callao. Hasta el 23 de enero de 1826 resistieron los españoles del brigadier José Ramón Rodil. Diez meses en la fortaleza Real Felipe, sabiendo que no llegarían refuerzos y hasta agotar los víveres y las municiones frente a una fuerzas muy superiores. Cuando tras la rendición se iba a fusilar a Rodil y sus supervivientes, unos 400 hombres de los 2.800 que habían integrado la plaza, Bolívar dio la orden de no ejecutarlos ya que “El heroísmo no es digno de castigo”.
Ese día se arrió la última bandera española en tierra firme americana. Del glorioso Imperio solo quedaban las islas de Cuba y Puerto Rico en América.
A su regreso a España los supervivientes de Ayacucho y Callao tuvieron que aguantar las maledicencias de algunos que pensaban en un supuesto acuerdo masónico contra el rey Fernando VII.
Los muertos en combate, las heridas del Virrey de la Serna y el heroísmo de los supervivientes del Callao son pruebas más que suficientes para acallar esa teoría de la conspiración. Más bien habría que preguntar que hicieron en la Metrópoli por ayudar a aquellos hombres que defendían la causa del rey.
El gobernador del campo de Gibraltar les preguntó con mala intención “Señores, ¿Con que aquello se perdió masónicamente?” . A lo que el brigadier Francisco de Mendizábal respondió lacónicamente “Señor, aquello se perdió como se pierden las batallas”.
El rey recompensó a de la Serna con el título de Conde de los Andes y a Rodil con el de Marqués de Rodil. Ellos y otros generales y oficiales veteranos desempeñarían puestos de importancia en la España Liberal ya muerto Fernando VII.
El ejército realista comandado por de la Serna contaba con
unos 8.000 hombres, unos 900 nacidos en la península y el resto nacidos en
América, eran americanos que deseaban un autogobierno sin romper con la
metrópoli. Bien mirado era una gran Guerra Civil, todos eran españoles. Por su parte el ejército de Sucre lo componían entre 7.000 u
8.000 hombres, todos americanos y un contingente de militares mercenarios
ingleses. Dado que había familiares en ambos bandos provocó la curiosa
circunstancia que muchos de ellos se abrazaran antes de entrar en combate.
Los realistas ocupaban una zona elevada pero no pudieron
resistir mucho por la falta de víveres. Por lo cual ante una embestida enemiga,
un flanco realista bajó atropelladamente por la colina y sin duda ahí se
decidió la batalla. Los oficiales realistas contenían el ataque y hasta pasaron
a la ofensiva. El Virrey se lanzó en persona y cayó herido y fue capturado. Sus
hombres fueron capturados y los jinetes huyeron.Poco después se firmó la rendición. El ejército Real del Perú renunciaba a seguir combatiendo y se le permitía el licenciamiento o el regreso a España. Los rebeldes aceptaban que puerto Callao siguiera en poder español. La batalla costó la vida a unos 2.100 hombres de los cuales 1.800 eran del ejército realista. Al año siguiente Olañeta refugiado con sus fuerzas en el Alto Perú fue derrotado y muerto por Sucre.
Honrosa y heroica fue la defensa de la última guarnición española en el puerto del Callao. Hasta el 23 de enero de 1826 resistieron los españoles del brigadier José Ramón Rodil. Diez meses en la fortaleza Real Felipe, sabiendo que no llegarían refuerzos y hasta agotar los víveres y las municiones frente a una fuerzas muy superiores. Cuando tras la rendición se iba a fusilar a Rodil y sus supervivientes, unos 400 hombres de los 2.800 que habían integrado la plaza, Bolívar dio la orden de no ejecutarlos ya que “El heroísmo no es digno de castigo”.
Ese día se arrió la última bandera española en tierra firme americana. Del glorioso Imperio solo quedaban las islas de Cuba y Puerto Rico en América.
A su regreso a España los supervivientes de Ayacucho y Callao tuvieron que aguantar las maledicencias de algunos que pensaban en un supuesto acuerdo masónico contra el rey Fernando VII.
Los muertos en combate, las heridas del Virrey de la Serna y el heroísmo de los supervivientes del Callao son pruebas más que suficientes para acallar esa teoría de la conspiración. Más bien habría que preguntar que hicieron en la Metrópoli por ayudar a aquellos hombres que defendían la causa del rey.
El gobernador del campo de Gibraltar les preguntó con mala intención “Señores, ¿Con que aquello se perdió masónicamente?” . A lo que el brigadier Francisco de Mendizábal respondió lacónicamente “Señor, aquello se perdió como se pierden las batallas”.
El rey recompensó a de la Serna con el título de Conde de los Andes y a Rodil con el de Marqués de Rodil. Ellos y otros generales y oficiales veteranos desempeñarían puestos de importancia en la España Liberal ya muerto Fernando VII.