viernes, 6 de febrero de 2026

ESTACIÓN - TREN – HOTEL DE CANFRANC

La estación de tren más bonita de España es como hacer un viaje a la Belle Époque: parece el palacio de una emperatriz, es Bien de Interés Cultural y una de las más grandes de Europa.




A pocos kilómetros de la frontera con Francia se levanta majestuosa la Estación de Canfranc. Cuando se inauguró, el 18 de julio de 1928, era la segunda más grande de Europa.Se la conoce como el Titanic de los Pirineos y aunque ya no está operativa, hoy es un hotel de lujo que tiene hasta restaurante con Estrella Michelin.
Un majestuoso edificio de planta horizontal, arquitectura decimonónica y detalles Art Decó. De fondo, un imponente paisaje montañoso que en invierno se cubre por completo de nieve. Es la carta de presentación de la estación de tren más bonita de España, esa que durante el siglo XX, además, llegó a ser la segunda más grande de Europa.
Está a los pies de los Pirineos, en la provincia de Huesca, y su existencia fue una pieza clave en la conexión entre España y Francia vía ferrocarril. Un proyecto que se puso sobre la mesa por primera vez en 1853, con la intención inicial de unir Madrid con París.

De una elegancia sorprendente, fue inaugurada por Alfonso XIII en 1928 y constituye un bellísimo ejemplo de la arquitectura industrial de la época. En la actualidad se conserva el esplendor y las apasionantes historias que se vivieron entre sus muros durante la II Guerra Mundial.
A pocos kilómetros de la frontera con Francia se levanta majestuosa la Estación de Canfranc.
Su historia se remonta a 1853, cuando un grupo de aragoneses vinculados a la Real Sociedad Económica de Amigos del País solicitó la construcción del ferrocarril a Francia vía Canfranc. El ingeniero alicantino Fernando Ramírez Dampierre diseñó el espectacular edificio modernista de 241 metros de longitud, con 150 puertas de acceso y cerca de 350 ventanas.
El elegante edificio, ubicado entre las imponentes montañas pirenaicas, recibía a los viajeros que llegaban a España con hotel, casino, aduana… Fue escenario decisivo durante la II Guerra Mundial, como punto de paso de oro, obras de arte robadas y de judíos huidos.


Tras el cierre de la línea en Francia en 1970, vinieron décadas de abandono, pero se derivó a una actividad de recuperación gracias a las visitas guiadas, organizadas desde la oficina de turismo de Canfranc. Pero ahora es un lujoso hotel de cinco estrellas, con 104 habitaciones. Diseñado como un edificio de las década de los años 20 y con elementos propios de la cultura popular aragonés. También se ha aprovechado el vestíbulo de la antigua estación para hacer la recepción del hotel. Piscina, biblioteca, dos restaurantes, salones, etc. Dos vagones de tren habilitados con estilo de los “fabulosos años 20”.

Sin embargo, no vio la luz hasta 1928, con una línea férrea que finalmente conectaba Zaragoza con la ciudad francesa de Pau (mucho menos ambiciosa que la del plan inicial) a través del túnel fronterizo de Somport.
Los mismos vagones que en la Segunda Guerra Mundial transportaban wolframio, hoy acogen un restaurante con Estrella Michelin.
Lo que sí llegó a superar todas las expectativas fue su posición clave en la Segunda Guerra Mundial. Uno de los episodios más conocidos es el que tiene que ver con el tráfico de wolframio gallego (se usaba para fabricar munición) con destino final la Alemania nazi de Hitler.
Los vagones iban cargados de este mineral, enviado directamente por Franco en contraprestación a la ayuda que Hitler prestó a España durante la Guerra Civil. Después, esos mismos vagones regresaban, atravesando la frontera con Francia repletos de toneladas oro.




Además de preciosa, esta estación fue clave durante la Segunda Guerra Mundial. Lo curioso es que tras la guerra, la estación de Canfranc jamás volvería a recuperar esa época gloriosa. De hecho, entró en un periodo de declive que culminó con el cierre de la estación tras el descarrilamiento de un tren y el derrumbe del puente de L’Estanguet en 1970.
El carácter con el que se construyó la estación de Canfranc era claramente internacional, condición que explica el monumental tamaño del edificio: son 241 metros de largo y 12 de ancho. Una estructura larga y estrecha que recuerda más a un barco, como el Titanic, o incluso a un palacio digno de una emperatriz, que a una estación de tren.


Con 241 metros de largo y 365 ventanas, una por cada día del año.
Además, cuenta con 365 ventanas, se dice que una por cada día del año y 75 puertas a cada lado de la entrada principal a la estación, levantada según el gusto francés del momento.
De hecho, recuerda mucho a edificios icónicos como el Museo de Orsay de París, con su característico tejado de pizarra, buhardillas en la planta superior, pináculos de estilo Art-Decó y hasta una gran cúpula central.
La construcción longitudinal de la estación de Canfranc no es casual: se hizo así para atender las necesidades de los dos tipos de viajeros que debían pasar por ella: de un lado franceses y del otro, españoles.
Se construyó así precisamente por su carácter internacional, y porque en aquel momento las vías del tren de los dos países no tenían los mismos anchos. Una condición que obligaba sí o sí a cambiar de tren (tanto pasajeros como mercancías) al llegar a Canfranc si se quería continuar el trayecto.
Hoy es un majestuoso hotel cinco estrellas Gran Lujo. El New York Times dice que este lugar de España es uno de los destinos más increíbles del mundo: con una estación de tren icónica y un restaurante con estrella Michelin dentro de un vagón. Es el Expreso de Canfranc: una forma de descubrir el Pirineo sobre raíles. Tren Patrimonio Histórico, atraviesa el corazón del Pirineo Aragonés. La duración del trayecto a bordo del Expreso de Canfranc es de aproximadamente treinta minutos, en el caso de realizarse de forma completa, es decir, desde Jaca hasta Canfranc, o a la inversa.


Eso hizo que Canfranc se construyera de manera totalmente simétrica, como el reflejo de un espejo, ofreciendo los mismos servicios a ambos lados de la entrada principal: taquillas, aduanas, comisaría, oficina de cambio de moneda, oficina de correos y hasta hotel.
Curiosamente, eso es lo que es hoy este edificio colosal, convertido en el gran Canfranc Estación, A Royal Hideaway Hotel, un establecimiento de categoría cinco estrellas Gran Lujo de la compañía Barceló.

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