La viruela fue usada como el primer arma biológica. El uso
de mantas infectadas como arma biológica fue perpetrado por el ejército
británico en América. Ocurrió durante la Rebelión de Pontiac en 1763 (antes de
la independencia estadounidense) en el Fort Pitt. El comandante del fuerte
entregó mantas y un pañuelo de la enfermería del hospital a líderes nativos con
la intención de propagar la viruela. Existe correspondencia donde el general
británico Jeffrey Amherst aprueba esta táctica como un medio para eliminar a
las poblaciones indígenas locales.
COMERCIANDO CON LOS INDIOS
General británico Jeffrey Amherst
La correspondencia que mantuvo con su subalterno, pone de manifiesto que sugirió el uso de la guerra bacteriológica contra los amerindios, al sugerir el reparto de mantas contaminadas con el virus de la viruela a los Delaware que asediaban el fuerte de Fort Pitt (Pittsburgh). Al reparto de las mantas le siguió efectivamente una epidemia de viruela que afectó enormemente a los amerindios, que carecían de anticuerpos para resistir la enfermedad.
RUTAS DE LA EXPEDICIÓN BALMIS
LA CORBETA CON LA EXPEDICIÓN ZARPA DE LA CORUÑA
La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasó un mes vacunando, y salió de Canarias el 6 de enero de 1804, llegando a Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. La misión consiguió llevar la vacuna hasta Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Virreinato de Nueva España, las Filipinas y China.
El barco llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de la Sarthe, para ser distribuido por las comisiones de vacunación que se fundaran.
Realmente no era una vacuna en el sentido que hoy tenemos de ello y se administraba también de una forma muy diferente a las vacunas modernas. Jenner extraía pus de las pústulas de viruela de una persona enferma, (al principio fue de una vaca directamente), y la aplicaba en unas pequeñas incisiones que hacía en el brazo de personas sanas (normalmente niños o jóvenes), que contraían la enfermedad, pero de una forma bastante más atenuada y sin síntomas graves, quedando inmunizados contra la enfermedad.
La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasó un mes vacunando, y salió de Canarias el 6 de enero de 1804, llegando a Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. La misión consiguió llevar la vacuna hasta Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Virreinato de Nueva España, las Filipinas y China.
El barco llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de la Sarthe, para ser distribuido por las comisiones de vacunación que se fundaran.
Realmente no era una vacuna en el sentido que hoy tenemos de ello y se administraba también de una forma muy diferente a las vacunas modernas. Jenner extraía pus de las pústulas de viruela de una persona enferma, (al principio fue de una vaca directamente), y la aplicaba en unas pequeñas incisiones que hacía en el brazo de personas sanas (normalmente niños o jóvenes), que contraían la enfermedad, pero de una forma bastante más atenuada y sin síntomas graves, quedando inmunizados contra la enfermedad.
BUSTO DEL DOCTOR BALMIS EN ALICANTE
ESTATUA DEL REY CARLOS IV EN CIUDAD DE MÉXICO
Se podría considerar a I. Zendal, cuyo nombre lleva el último hospital construido en Madrid, como la primera enfermera de la historia “en misión internacional”.
Balmis reclutó posteriormente a un nuevo contingente de huérfanos para proseguir su viaje hasta Filipinas,
consiguiendo llevar hasta la misma China esta primera vacuna tan particular.
A principios del mes de marzo del 2020, el Ministerio de Defensa puso en marcha la llamada “Operación Balmis”, para luchar contra la propagación acelerada de la covid-19, sobre todo en las residencias de ancianos, desplegando militares por algunas ciudades españolas. Y el Gobierno de la Comunidad de Madrid construyó un hospital para pandemias y el nombre es "Isabel Zendal".
ESTATUA DE ISABEL ZENDAL EN LA CORUÑA
El nombre de la operación se le había puesto como homenaje al médico militar Francisco Javier de Balmis, que fue el responsable de la expedición.






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