viernes, 5 de junio de 2026

LOS CASTILLOS EN LA EDAD MEDIA

El origen de los castillos se remonta al siglo IX.
Los precursores de los castillos son del final del Imperio Romano, cuando las fortificaciones se utilizaban para defender territorios contra las invasiones bárbaras. Sin embargo, la forma clásica del castillo medieval comenzó a tomar forma significativamente en el siglo IX y X.
Durante el siglo XII y XIII, en respuesta a los avances en las técnicas de asedio, como el uso de catapultas y trabucos, los castillos se fortalecieron  aún más. Se desarrollaron elementos como murallas más gruesas y altas, torres redondas que ofrecían menos ángulos muertos para los atacantes, y una serie de otras innovaciones defensivas como las almenas, fosos y puentes levadizos.
La arquitectura del castillo variaba significativamente de una región a otra, influenciada por factores geográficos, climáticos, políticos y culturales.
En España, los castillos incorporaban elementos tanto defensivos como estéticos, reflejando la influencia de la antigua arquitectura romana y morisca. Por ejemplo la Reconquista llevó a la construcción de castillos que mezclaban elementos funcionales con decorativos, como los adornos islámicos en el Alcázar de Segovia. Además, el clima más cálido y seco permitía diseños que abrían sus patios interiores, favoreciendo la ventilación y la luz natural.

ALCÁZAR DE SEGOVIA EN LA ACTUALIDAD
Inicialmente eran estructuras simples, principalmente de madera, construidas en lugares estratégicos como colinas o enclaves naturales, facilitando la defensa y la visibilidad a grandes distancias. Con el tiempo, y como respuesta a las demandas de una mejor defensa y mayor durabilidad, la madera fue sustituida por la piedra, material que además de ofrecer mayor resistencia, simbolizaba la fortaleza y perdurabilidad del linaje que habitaba el castillo. Era importante la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.
Estas construcciones no solo servían como defensa contra ataques externos, sino que también funcionaban como sedes administrativas desde donde se gestionaban vastas extensiones de tierras. Cada castillo era el centro neurálgico de la actividad económica, judicial y política de la región. Desde sus muros se administraba justicia, se cobraban impuestos y se dictaban las normas que regían la vida de las poblaciones aledañas. Este nivel de control era vital en una época donde la ley y el orden eran mantenidos en gran medida por las autoridades locales.
Además de sus funciones económicas y culturales, eran sitios donde se fomentaba el aprendizaje y la religiosidad, aspectos cruciales de la vida medieval. En muchos castillos, se establecían capillas, y en ocasiones, pequeñas escuelas destinadas a la educación de los jóvenes nobles. Estos lugares no solo proporcionaban instrucción en lectura, escritura y aritmética, sino también en materias como teología, filosofía y estrategias militares, preparando a la próxima generación de líderes feudales.
La presencia de una capilla dentro del castillo subraya la importancia de la religión durante la Edad Media. Estos espacios sagrados servían como centros de actividad religiosa para la familia noble y sus sirvientes, consolidando la influencia de la Iglesia en la vida cotidiana y en la gobernanza de los territorios.
Cada castillo, con sus particularidades a través de su arquitectura, ubicación y las historias que albergan, los castillos nos cuentan cómo era vivir en una época donde la guerra y la paz, la fe era lo importante.
La mayor parte de un castillo estaba formada por espacios relativamente abiertos, planos y cerrados llamados patios o murallas. En los primeros castillos, estos se delimitaban por fortificaciones de tierra y defensas de madera; en versiones posteriores, estas fueron sustituidas por piedra.  Los patios tenían múltiples funciones, tanto militares (protegían partes clave del castillo, como la torre del homenaje ) como domésticas (ofrecían espacio para que sus habitantes vivieran y trabajaran). Muchos patios albergaban varios edificios, mientras que otros parecen haber permanecido completamente abiertos, quizás para albergar asambleas de soldados y sus monturas cuando era necesario.

MURALLA DE ÁVILA 

MURALLAS
Las murallas eran la primera línea de defensa de cualquier castillo y servían como un formidable obstáculo físico contra los invasores. Construidas comúnmente de piedra, estas estructuras macizas rodeaban todo el perímetro del castillo, con un grosor y altura diseñados para resistir asaltos y proteger a los ocupantes de armas de asedio. Las murallas también estaban equipadas con almenas, pequeñas aberturas que permitían a los arqueros y defensores disparar flechas mientras se mantenían protegidos. Los caminos de ronda, adarves, situados en la parte superior de las murallas, permitían la rápida movilización de defensores a lo largo del castillo y facilitaban la vigilancia continua del entorno.
MUROS
Leran ya de piedra y la preocupación de la construcción era evitar que fueran minadas, y evitar el lanzamiento de proyectiles. Para lo primero se construía una base ancha y profunda. Para evitar la eficacia de los proyectiles, se pensó en el talud del muro, de forma que el proyectil “resbalara” sobre la superficie, perdiendo potencia.

MURALLA-CORTINA
Eran las murallas que encerraban un patio. Dejaba un espacio abierto de 1,5 m aproximadamente Tenían que ser lo suficientemente altas como para hacer escalar las paredes con escaleras difíciles de construir y lo suficiente para soportar el bombardeo de máquinas de asedio.

TORRE DEL HOMENAJE CASTILLO BELALCÁZAR 
La torre del homenaje, era típicamente la estructura más segura y prominente dentro de un castillo, sirviendo como el último refugio en caso de un asedio, también tenía un propósito simbólico, representando el poder y la autoridad del señor del castillo, albergaba las residencias principales, incluidos los salones y las habitaciones privadas de la familia noble. La posición elevada de la torre no solo ofrecía ventajas defensivas, sino que también proporcionaba vistas estratégicas de los alrededores, crucial para la anticipación de ataques.
PUERTAS DE ACCESO
Eran puntos críticos en la defensa de cualquier castillo. Solían estar fortificadas con torres a ambos lados y protegidas por un puente levadizo y un foso. Los portones eran robustos y a menudo reforzados con hierro para resistir intentos de irrupción. Adicionalmente, las puertas contaban con un rastrillo, una reja metálica que podía bajarse rápidamente para bloquear el acceso incluso si los portones eran destruidos.

FOSO
Zanja ancha llena de agua o seca, rodeaba el castillo, añadiendo una capa adicional de defensa. Su función era doble: impedir el avance directo de las tropas enemigas y dificultar el uso de máquinas de asedio como torres de asalto. En algunos casos, los fosos eran también usados como sistemas de drenaje y, en situaciones extremas, podían ser utilizados para almacenar provisiones de agua en tiempos de asedio. Cada componente del castillo tenía un propósito específico que, en conjunto, creaba una entidad formidable capaz de soportar prolongados períodos de asedio mientras se mantenía la vida cotidiana dentro de sus muros.

ALMENAS
Las almenas son quizás uno de los rasgos más icónicos de los castillos medievales. Se componen de merlones (los segmentos elevados) y las crenas (los espacios entre los merlones), diseñados para proteger a los defensores mientras atacan a los asaltantes. Los merlones proporcionaban cobertura contra proyectiles enemigos, mientras que las crenas permitían a los arqueros y ballesteros disparar flechas y otros proyectiles hacia las fuerzas enemigas con cierto grado de protección. Esta combinación de protección y capacidad ofensiva hacía de las almenas una característica esencial en las murallas y torres de los castillos.

TRONERAS
Las troneras son pequeñas aberturas en las murallas o en las estructuras de las torres que permitían el uso de armas de fuego o ballestas con un campo de visión amplio y protección. Originalmente diseñadas durante la introducción de las armas de pólvora en la guerra medieval, estas aberturas estrechas y anguladas permitían a los defensores disparar hacia el exterior sin exponerse demasiado al fuego enemigo. La evolución de la tronera refleja la adaptación de las fortificaciones medievales a los cambios en la tecnología militar.


ASPILLERAS
Las aspilleras son similares a las troneras pero se utilizan principalmente para arcos y ballestas. Estas ranuras verticales o diagonales en las murallas permitían a los arqueros disparar con un amplio rango de ángulos mientras permanecían resguardados detrás de la gruesa piedra de las murallas. El diseño de las aspilleras variaba en tamaño y forma.

TORRES DE FLANQUEO
Las torres de flanqueo son torres situadas en los puntos más vulnerables del castillo, como las esquinas y los lugares donde las murallas cambian de dirección. Estas torres permitían a los defensores atacar a los asaltantes desde varios ángulos, especialmente a aquellos que intentaban acercarse a las murallas. Al estar proyectadas fuera del contorno de la muralla principal eran cruciales para eliminar los puntos ciegos.

ADARVE
Son los caminos de ronda, pasajes estrechos situados en la parte superior de las murallas que permitían a los defensores desplazarse rápidamente a lo largo del perímetro del castillo. Estos caminos facilitaban la coordinación y el movimiento de tropas y equipamiento defensivo y ofrecían posiciones estratégicas desde las cuales se podían lanzar proyectiles o aceite hirviendo sobre los atacantes que se acercaban a las murallas.



PATIO DE ARMAS
Espacio central abierto, sin cubrir en el interior de un recinto fortificado. Está rodeado de diversas dependencias: almacenes, cuerpo de guardia, cuadras.

BARBACANA
Obra defensiva avanzada para proteger la puerta principal, diseñada para proteger los puntos más vulnerables como puertas de acceso o puentes. Consistía en una torre o recinto fortificado exterior, a menudo conectado por un pasadizo a la muralla principal, sirviendo de primera línea de defensa.

MATACANES
Es una obra sólida que se ubica en la parte alta de una muralla o muro, que sobresale por su parte exterior. Era una plataforma con orificios, a través de los cuales, piedras, materiales ardientes y otros tipos de proyectiles pueden ser lanzados sobre los atacantes que se hallen debajo, al pie de la fortificación defendida; en la cual se apoya un muro avanzado que sirve de protección y que tiene por fachada, en el que puede haber aspilleras o almenas.

SAETERAS
Aberturas estrechas en los muros para permitir a arqueros y ballesteros disparar flechas o saetas desde el interior con protección, popularizadas a partir del siglo XI. Se caracterizan por su forma abocinada hacia el interior, lo que ofrece un amplio ángulo de visión y disparo externo mientras minimiza el blanco para el enemigo.

jueves, 4 de junio de 2026

GUERRA DE SUCESIÓN CASTELLANA 1474-1479

La guerra por la Sucesión con Portugal por el trono de Castilla fue inevitable, estalló y duró cinco años, de 1474 a 1479.
Los enemigos eran el reino de Portugal, y los enemigos de Aragón, Francia y los que habían sido partidarios del noble castellano contrario a Isabel  con Juan de Pacheco a la cabeza. Un personaje importante que dominó la evolución política de Castilla durante el reinado de Enrique IV. Fue un gran intrigante en asuntos de gobierno y el que propagó la idea de que la niña Juana no era hija del rey Enrique IV, sino de Beltrán de la Cueva, y comenzó a llamarla “la Beltraneja”. Su única meta era la de ganar poder y riqueza para convertirse en grande del reino. Fue favorable al rey, luego le traicionó en “La Farsa de Ávila”, ridiculizándole y proclamando rey a Alfonso, hermano de Isabel, y luego seguramente asesinó a Alfonso. 

Con lo cual hubo un acuerdo importante el llamado “Tratado de los Toros de Guisando”, entre Isabel y su hermano el rey Enrique IV, en el que Isabel quedaría como heredera de la corona de Castilla. Pensemos que Isabel tan solo tenía 17 años pero sabía manejarse entre la nobleza y el rey en asuntos de política con inteligencia.
A pesar de las oposiciones y diferentes problemas Fernando e Isabel se casaron. La boda, celebrada en octubre de1469, de la que ya se consideraba como heredera de Castilla y de don Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con constituirse un bloque hegemónico en la Península. Al morir el rey el 12 de diciembre de 1474, Isabel se proclamó reina de Castilla y León en virtud de aquellos acuerdos de Guisando. 
El importante cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo don Alfonso Carrillo, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva y muchos pueblos y ciudades, fundamentalmente de Asturias, cuna de la casa de Trastámara y llevan el honor de sentirse herederos de la monarquía visigoda,  juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, (hijo del anterior Pacheco, que había fallecido), marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje.
Se trataba de resolver el problema que planteaba la presencia de Juana de Avis, la viuda del rey, que había tenido hijos bastardos pero se sabía que a pesar de haber sido la esposa del rey, Juana la Beltraneja no era hija de Enrique I.  Además dar una solución airosa al futuro de su hija, los Reyes, de acuerdo con lo previsto en Guisando, exigían el regreso de la reina a Portugal y ofrecían un matrimonio adecuado para Juana, probablemente con Enrique Fortuna, hijo del infante de Aragón, don Enrique.
Los hechos se precipitan, en efecto, cuando el arzobispo Carrillo, convencido de su poder como hacedor de reyes y sospechando siempre maniobras para desposeerle, abandonaba la Corte despechado con Fernando.

ACUERDO DE LOS TOROS DE GUISANDO 
Por parte de Alfonso V de Portugal tenía proyectos de tomar la defensa de Juana desde el mismo mes de diciembre de 1474, aunque existían opiniones contrarias a una guerra. Antes de decidirse a la intervención el monarca portugués quería garantías de contar con apoyos suficientes en el interior de Castilla y también con el compromiso de Luis XI de Francia, enfrentado a Aragón por la cuestión de Rosellón y Cerdaña. El pretexto de defender la posición y la voluntad de Juana la Beltraneja no es convincente, ya que esta era una niña de 12 años y el rey portugués tenía 44 años, lo que indica que el motivo era hacerse rey de Castilla y León que conjuntamente con Portugal, lo harían el rey más importante de la península y uno de los más influyentes de Europa. En Portugal, Juana, aunque también se proclama reina de Castilla, está manipulada por su marido, el rey y por los nobles castellanos que en su día eran opositores a Isabel. Este es el motivo real del conflicto.
En el mes de abril, Alfonso V de Portugal enviaba una embajada a Valladolid para anunciar sus propósitos y ordenaba la concentración de su ejército. Era el comienzo de la guerra, aunque las primeras hostilidades se producen con el levantamiento de Alcaraz, una de las villas que deseaban retornar al realengo. Las operaciones en torno a Alcaraz constituyeron la primera victoria de la guerra para los isabelinos.

ALFONSO V DE PORTUGAL 
Portugal había de actuar en la guerra contando con la alianza de Francia, aunque procurando no dañar sus relaciones con Inglaterra; Castilla y Aragón se incorporan a la alianza anti-francesa de Inglaterra, Borgoña y Nápoles.
En juego estaba el desenlace de la vieja pugna entre la nobleza y la monarquía, la delimitación del ámbito castellano y portugués de navegación en el Atlántico meridional, y el diseño de bloques de alianzas de las potencias europeas: la unión de intereses de Castilla y Aragón, vieja aliada de Francia la primera, habitual enemiga la segunda, hacían trascendental esta definición. 
Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana. Los nobles castellanos hostiles a doña Isabel entran en rebeldía. La guerra de Sucesión Castellana tiene, pues, un carácter doble de guerra civil y de guerra internacional. Por su situación geográfica y su empuje económico, Castilla constituye el eje de la Península. La victoria de uno u otro bando significaría un desplazamiento del peso político de la nueva monarquía hacia el oeste y el Atlántico o hacia el este y el ámbito mediterráneo; lo que está en juego es la formación de un bloque Portugal-Castilla, que vendría a deshacer el bloque Castilla-Aragón en vías de constitución. A Francia también le preocupa la unión Castilla-Aragón; por eso decide aliarse con Portugal.
En los primeros meses de la campaña, los portugueses se apoderan de parte de Extremadura y de Galicia, ocupan Toro y, durante algunos días, Zamora. Cuentan con una invasión francesa por el norte para obligar a los Reyes Católicos a capitular. La reorganización del ejército castellano y la ayuda de Aragón permiten una contraofensiva de don Fernando por tierras de Burgos y, sobre todo, en Zamora. A principios de marzo de 1476, en Toro, las tropas castellanas derrotan a las portuguesas. Alfonso V de Portugal espera restablecer la situación a su favor con la alianza de Francia; pero la renuncia momentánea de Aragón a sus derechos sobre el Rosellón incita a Luis XI, rey de Francia, a retirarse del conflicto. Los reyes de Castilla afianzan su poder, reuniendo Cortes en Madrigal (abril de 1476) y repartiéndose las tareas: don Fernando pacifica la tierra de Zamora, mientras doña Isabel se dirige a Andalucía. En febrero de 1479, don Fernando, que desde hace algunas semanas es ya rey de Aragón por muerte de su padre, derrota a los últimos partidarios de doña Juana en las inmediaciones de Mérida (batalla de Albuera).
La escasa fuerza militar portuguesa y las consecuencias de la batalla de Toro, marzo de 1476, consiguió que la unión de los partidarios de Juana se fuera disolviendo. La famosa batalla realmente tuvo un resultado incierto, ya que Fernando al frente de sus tropas tuvo una victoria, huyendo el rey portugués, pero luego fue derrotado sin consecuencias graves, con lo cual ambos bandos se consideraron vencedores. Pero mientras que Portugal se reorganizaba militarmente, Fernando, siempre hábil en todos los campos, envió cartas a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. El portugués se vio forzado a regresar a su reino. Francia se retiró del conflicto y la guerra se convirtió en batallas navales, donde los portugueses se impusieron y se libró la batalla decisiva en Guinea. 

Firma del Tratado de Paz de Alcácovas,
Finalmente la guerra terminó con un Tratado de Paz de Alcácovas, reconociendo Portugal a Isabel y Fernando como reyes de Castilla y a quedando en manos portuguesas la hegemonía del Atlántico, salvo las Islas Canarias.
El tratado de Alcáçobas (4 de septiembre de 1479) pone fin a la guerra: doña Isabel y don Fernando quedan reconocidos como reyes de Castilla; doña Juana, la Beltraneja, renuncia a sus supuestos derechos y se la obliga a pasar el resto de su vida en un convento de Coimbra (allí muere en 1530); se arreglan los desposorios del infante don Alfonso, hijo del príncipe heredero de Portugal, con la infanta Isabel, primogénita de los Reyes Católicos; por fin, Castilla acepta la expansión portuguesa en África.
IL hija de los reyes, Isabel de Aragón nació en octubre de 1470, y su madre, Isabel, por su parte convocó a Cortes en 1476 en Madrigal y allí su hija Isabel fue proclamada heredera a la corona de Castilla al ser ella la primogénita de los reyes de Castilla y al no tener sus padres descendencia masculina.
El matrimonio de la hija de los reyes de Castilla, Isabel con el infante Alfonso de Portugal, que tenía en 1480 solo cinco años, vivía con su abuela, y al año siguiente llegó Isabel de Aragón que tenía unos diez años. La boda se celebró por poderes en 1490. Pero Alfonso de Portugal murió en julio de 1491, al año siguiente de su boda, dejando viuda a Isabel, la hija de los reyes de Castilla. 

miércoles, 3 de junio de 2026

PREHISTORIA E ÍBEROS

El Paleolítico inferior es la etapa inicial de la Edad de Piedra. 
Comenzó hace unos 2,5 millones de años, cuando están datadas las primeras herramientas conocidas, y duró hasta hace unos 125.000 años. En la península ibérica tenemos reproducidos pinturas y grabados que han permitido atestiguar la presencia humana en nuestro suelo.
Pero del Paleolítico superior, que va desde 40.000 a 10.000 años a.C., sabemos que en la península es en las cuevas de Altamira donde encontramos el ejemplo más representativo, con las pinturas rupestres, que asegura la existencia de grupos. Podemos asegurar que las cuevas fueron utilizadas desde hace unos 35.000 años hasta que fue sellada por un derrumbe hace unos 13.000 años.

SITIO ARQUEOLÓGICO DE ATAAUERCA - BURGOS 
Posteriormente, en el Mesolítico, con un clima más templado se producen cambios en las últimas culturas del paleolítico. Sabemos de las herramientas para la caza y la pesca, abrigos, cavernas y dominio del fuego. Hay sedentarismo y también migraciones debido a la necesidad de cazar y pescar.
Después, en el Neolítico, 6.000 años antes de Cristo ya encontramos una economía basada en la agricultura y la cría de animales para el consumo. Se cambia de una subsistencia depredadora a otra de tipo productivo. Esto desarrollará las primeras aldeas y una incipiente estructura social. En Atapuerca se han descubierto un antepasado común de los neandertales europeos y del hombre de hoy. Estamos hablando del Homo Sapiens Sapiens. (¡O sea, que era español!) Los Homo sapiens de Atapuerca tenían afinidades genéticas con Oriente Próximo y Alemania. Son restos fósiles encontrados en este yacimiento, que datan de hace 4.500 años.
La Edad de los Metales se inicia con el Cobre. Abarca todo el III milenio a.C. existieron yacimientos sobre todo en Andalucía. Hacia el 3500 a.C. Algún listo mezcla el estaño y el cobre, y obtiene el bronce, un metal de dureza muy superior a la de cualquier piedra utilizada. La edad del Bronce va desde el siglo XX al V a.C. Estos metales sustituyeron paulatinamente al hueso y a la piedra. Como el estaño comenzó a escasear en Oriente Medio obligó a esos pueblos a la búsqueda del metal. Aquí es cuando comienzan a llegar los extranjeros a la península por primera vez, ¡por suerte! Llegaron a la península y se fabricaban armas y otros utensilios. Hicieron posible la aparición de culturas nuevas y el inicio del megalitismo, otro punto importante es la construcción de megalitos, construcciones arquitectónicas para tumbas, hechas con grandes bloques de piedra escasamente desbastados. Se inicia a partir de finales del Neolítico y dura hasta la Edad del Bronce. La cultura del vaso campaniforme es un enigma hoy en día. Hay quien lo considera de procedencia ibérica y de mediados del III milenio a.C. y que se fue extendiendo por Europa. Esto tiene importancia para la conservación de excedentes y para la comercialización. Se trata de vasijas (si las ponemos boca abajo parecen una campana).


Hoy sabemos con seguridad que los íberos fueron los descendientes de las anteriores culturas que se desarrollaron en el sur y el este de la península. Es decir que los íberos eran el mismo pueblo que los de la Edad del Bronce y Hierro antiguos, pero con otro marco de relaciones. Digamos que en un momento dado gracias a sus contactos con Tartessos y griegos salieron del anonimato. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas situadas más al este. Se extienden desde el Norte de Cataluña hasta la desembocadura del Guadalquivir. Economía agrícola, explotación de minas y uso de la metalurgia y la orfebrería. También a la artesanía y gracias al comercio acuñaron sus propias monedas. Algunos pueblos íberos desarrollan la escritura. Habitan en poblados amurallados y su organización social se basa en la tribu donde destaca una aristocracia guerrera. Entre otros, turdetanos, layetanos, edetanos. Alcanzaron su máximo nivel cultural entre los siglos V y III a. C. A los íberos se les nombró de este modo básicamente porque hablaban una lengua común, en contraposición de los que vivían en el centro o noreste de la península, y según los griegos, porque habitaban a los márgenes del Ebro. Establecemos el principio de los Íberos en la península Ibérica en el 2.600 a. C cuando podemos empezar hablar de asentamientos íberos. Poseían una lengua común y junto a una abundante cerámica, una rica tradición artística (Damas de Elche y Baza). Parece que es la lengua el criterio fundamental que los identificaba como íberos desde el punto de vista de los griegos. El íbero aparece en inscripciones desde el sur del Languedoc occidental, el Rosellón, Cataluña, parte de Aragón, Valencia, Alicante, Murcia Albacete, Ciudad Real y Andalucía. Hasta Alicante, es decir sigue las márgenes del río Ebro. O sea, que por aquella parte de Cataluña, Valencia, Aragón etc. fueron los primeros “españoles”.

DAMA DE ELCHE - ESCULTURA ÍBERA DATADA EN LOS SIGLOS V Y IV A.C.
Desde los siglos XII al III a.C., se desarrollan en la península hechos de gran trascendencia. Entran pueblos indoeuropeos y luego comenzará la romanización del territorio. Esos mil años los estudiosos lo dividen en dos partes según su expansión. Llega el hierro, que comenzó a extenderse desde el 1200 a.C. comenzando por el noroeste y está directamente relacionado con las migraciones de origen indoeuropeo. Esto produjo la relación interna entre los pueblos que habitaban la península. El estudio de textos antiguos, Herodoto y Estrabón, y hallazgos arqueológicos da constancia de una civilización, seguramente la primera como tal, desde el valle alto del río Guadalquivir y Extremadura hacia el sur. Tartessos, que fue el resultado de las influencias orientales sobre la población nativa.
Del s. X al V a. C. fue una civilización de los valles del suroeste, muy rica en la edad del cobre, gracias a los yacimientos de la zona: plata y cobre. Evidencia de comercio con pueblos del Mediterráneo y de Gran Bretaña. Posiblemente, desaparecido por dos factores: la aparición del hierro y la expansión por el Mediterráneo de los fenicios-cartagineses.

martes, 2 de junio de 2026

ALMANZOR

ALMANZOR
(La cólera de Alá). Abī ‘Āmir al Ma‘āfirī, al-Mansūr bi-llāh. 
Almanzor, siguiendo los pasos de su padre, salió muy joven de su casa solariega y se encaminó a Córdoba a fin de hacer sus estudios. En la capital aprendió tradiciones proféticas y jurisprudencia con Abū Bakr Muammad b. Mu‘āwiya al-Qurašī, y lengua árabe y literatura con dos prestigiosos maestros.

Almanzor desempeñó un papel de la máxima importancia: por un lado, se encargó de neutralizar al aspirante a califa y acabar con sus veleidades, asegurándose el apoyo de Şub, al-Sayyida al-Kubrà, “la gran princesa” que le ayudaría monetariamente y le procuraría el apoyo de las tropas merced a su influencia; por otro lado, su vinculación con el visir al-Muṣḥafī dio nuevos vuelos a su ambición, ya que a partir de ahí ocuparía los más altos puestos del Estado. No le salió gratis. Debió ocuparse, contra su voluntad, de asesinar a al-Mugīra, hermano menor de al-akam II, al que la guardia esclavona quería elevar al califato. Tras el asesinato de su candidato, los esclavones se adhirieron a la causa de los dos hombres fuertes del régimen.
Poco después comenzaron las célebres campañas de Almanzor, cincuenta y dos en total perfectamente datadas (cincuenta y seis según otra fuente) contra los cristianos del norte peninsular, primero como caíd y después como ḥāŷib, lo cual daría a al-Andalus el momento de mayor seguridad militar de toda su historia y al ḥāŷib fama de invencible. Efectivamente en el año 366/977 Ibn Abī ‘Āmir fue a contener un ataque cristiano y conquistó los arrabales de al-Ḥamma (baños de Ledesma, provincia de Salamanca). La expedición no tuvo apenas importancia, pero el asunto hábilmente explotado le sirvió para aumentar su prestigio y ganarse las simpatías del ejército, sobre todo las del comandante en jefe 
Teníamos una estatua de Almanzor en Algeciras, colocada en el año 2002, que conmemoraba los mil años de su fallecimiento, cosa el menos peculiar, porque el despiadado personaje murió en Medinaceli, provincia de Soria, que en aquella época fue frontera divisoria entre cristianos y musulmanes. Se fue a esa localidad a morir Almanzor en su retirada de la batalla de Calatañazor, donde dicen las lenguas de doble filo, que perdió el tambor. Si es que existió la batalla, porque parece ser que ni siquiera hubo combate, ya que cuando llego el rey  cristiano (aquí hay distintas versiones de que rey fue, ya que el rey de León solo tenía ocho años en esas fechas), Almanzor ya había puesto los pies en polvorosa. Pero hay grupos políticos que piden que se restaure la estatua, cual prócer de la hispanidad se tratase.

Durante el califato de Alhakén II ocupó importantes cargos administrativos. La muerte de este califa en el 976 marcó el comienzo de la época donde destacó el desgraciadamente recordado Almanzor. Ejerció un poder extraordinario en el Estado andalusí, en toda la península ibérica y en parte del Magreb, mientras el califa quedaba relegado por Almanzor.
Para los que piensan que Al-Andalus era un lugar de la península donde musulmanes y cristianos leían versos y recitaban poemas a la luz de los candiles, mientras los judíos contemplaban la escena maravillados, las “tres culturas en tolerancia”, deberían seguir leyendo un poco más.
“Ciertamente devastó ciudades y castillos y despobló toda la tierra hasta que llegó a las zonas marítimas de la España Occidental y destruyó la ciudad de Galicia”. Con estas tristes palabras explicaba el obispo del siglo XI Sampiro las barbaridades perpetradas por uno de los mayores enemigos del cristianismo en la Península Ibérica: Almanzor. Su fallecimiento dejó tras de sí una estela de crueldad cuyo final celebró así la Crónica Sielense: “Murió Almanzor y fue sepultado en el infierno”. Protagonizó entre 977 y 1002 cincuenta y seis campañas militares, en su mayoría, contra los reinos cristianos del norte peninsular. El culmen de su barbarie llegó en el 997, cuando arrasó y saqueó Santiago de Compostela. “Destruyó iglesias, monasterios y palacios y los quemó con fuego”, desvelaba el propio Sampiro. Sus huestes solo respetaron el sepulcro del apóstol, nunca sabremos porqué, quizá miedo.Cabezas cortadas y 99.000 mujeres capturadas: el mito de las 56 razzias de Almanzor contra los reinos cristianos.  Las crónicas de la época señalaban que «"os cristianos llegaron a temerle como a la muerte"
España estaba en una terrible Edad Media baja, en la que cada pueblo o ciudad era frontera y tenía que defenderse de las posibles racias musulmanas buscando cautivos y esclavos (y esclavas), con la que financiar su ejército obteniendo botín que repartir. Ello provocó una población lista para su autodefensa o para realizar ataques de castigo además de un espacio baldío entre el Duero y la cornisa Cántabra para evitar las incursiones. La esclavitud y los cautivos fueron segmentos de población corriente en los dos bandos, unos para negociar rescates y los otros como botín a repartir.
Todo empieza con los primeros reinos cristianos del Norte de España a los cuales los califas de Córdoba consideraban viveros de esclavas o cautivos que pudieran pagar rescate, las esclavas eran muy demandadas en Córdoba e incluso se impusieron tributos a los reyes cristianos de entregar doncellas periódicamente.
Al- Manur o Almanzor (939-1002), durante su época de caudillo musulmán hizo no menos de cincuenta aceifas o incursiones en los reinos cristianos en busca de esclavas que vender en Córdoba y cautivos por los que pedir rescate, llegó a arrasar Zamora, León, Pamplona, Barcelona y Santiago de Compostela, entre otras muchas poblaciones cristianas, hasta hacer más de 200.000 prisioneros entre esclavas, niños o cautivos para pedir rescate o intercambiar por cautivos musulmanes y con ello poder financiar sus campañas. Almanzor utilizó el terror como arma de guerra, en Barcelona lanzaba cabezas de cristianos contra las murallas y pasó a cuchillo a todos los soldados, en Santiago incendió la ciudad y traslado las campanas a Córdoba llevadas a mano  por los cautivos y esclavos. En Córdoba se montó un mercado de esclavos que cubrió los deseos más lascivos y los más bajos instintos de la corte califal, de lo que se aprovechó Almanzor para gobernar sin ser califa, proporcionando fondos a los para las siguientes aceifas. Entre las esclavas más apreciadas estaban las vasconas que fueron las madres del califato y en segundo término las doncellas gallegas, los infantes y jóvenes eran sodomizados.
Por ejemplo, durante el año 982, Almanzor ya era  famoso por su sadismo tras haber conquistado Zamora y después de una gran matanza contra sus habitantes. “Dicen que Almanzor entró en Córdoba precedido de más de nueve mil cautivos que iban en cuerdas de a cincuenta hombres, y que el Walí de Toledo, Abdalá ben Abdelaziz, llevó a aquella ciudad cuatro mil, después de haber hecho cortar en el camino igual número de cabezas cristianas”, según se afirma en una publicación de 1852 hecha por un historiador. Tan solo tres años después, el caudillo volvió a dejar claro que su máxima era usar el terror para doblegar a sus enemigos bombardeando Barcelona con cabezas cristianas, arrasando la ciudad después de acceder a ella, y haciendo decenas de miles de prisioneros tras quemar sus viviendas.  
Como reacción los reyes cristianos hicieron incursiones para tener cautivos que cambiar por cristianos presos. Las posteriores invasiones de almohades, almorávides o benimerines siguieron las mismas pautas de obtener esclavas y cautivos como botín de guerra en sus incursiones en los reinos cristianos.
Según fuentes como el historiador hispano-musulmán del siglo XI, Ibn Hayyan, “jamás dejó durante toda su vida de atacar a los cristianos, asolar su país y saquear sus bienes”. Así lo corrobora María Isabel Pérez de Tudela, profesora titular del Departamento de Historia Medieval.
Después de la muerte de este despreciable carnicero, el Califato de Córdoba duró veintinueve años más, creándose después los reinos de Taifas. Muchos de ellos vasallos de los reinos cristianos.

LOS CASTILLOS EN LA EDAD MEDIA

El origen de los castillos se remonta al siglo IX. Los precursores de los castillos son del final del Imperio Romano, cuando las fortificaci...