lunes, 29 de junio de 2026

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA - (RAE)

“UNA ESTIRPE, UNA LENGUA Y UN DESTINO”.

Se cumplieron 313 años en la única institución del antiguo imperio español que conserva autoridad sobre los 22 países que lo formaron. Es la Real Academia Española.

En el siglo XIX, cuando los pueblos hispanoamericanos decidieron su independencia, los grandes lingüistas también allí estaban, pero el trabajo que se hacía en la Real Academia Española era tan riguroso que la Casa mantuvo el respeto de todos, funcionando desde 1713. Nació con el claro propósito de sacudir el polvo al idioma y construir un diccionario completo del español, que hace mucho concluyó, y desde entonces sigue al pie de la letra todos los movimientos de nuestro idioma. Con la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951, comienza a desarrollarse una política lingüística que implica la colaboración de las veintitrés academias de España, América y Filipinas, con el fin de fijar la norma común sobre léxico, gramática y ortografía para todos los hispanohablantes.

SEDE DE LA RAE EN MADRID 

La Real Academia Española “Es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”, según establece el artículo primero de sus actuales estatutos. Se hacía ciencia del lenguaje y solo ciencia del lenguaje, sin adherencias políticas.

La Asociación de Academias de la Lengua Española la componen veintidós academias correspondientes a sendos países donde se habla español. Se dedica a la regularización lingüística mediante la promulgación de normativas dirigidas a fomentar la unidad idiomática dentro y entre los diversos territorios; garantizar una norma común, en concordancia con sus estatutos fundacionales: “velar por que los cambios que experimente no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico.”

El idioma español no es propiedad de España. Pertenece a los pueblos que lo hablan como lengua materna y acoge a todos los que lo estudian. Las palabras, expresiones, locuciones y giros idiomáticos de los diferentes países son considerados por la Asociación de Academias de la Lengua. Algunas se incluyen en la generalidad y otras se aceptan para esa región.

Al servicio de los trabajos que la Academia desarrolla en Pleno o en Comisiones, funciona el Instituto de Lexicografía, integrado por filólogos y lexicógrafos que realizan las tareas de apoyo para la elaboración de los diccionarios académicos. En México en 1951 se reunieron las diferentes Academias americanas y se creó “La Asociación de Academias de la Lengua Española” (ASALE) que está integrada por las 22 academias de la lengua española existentes en el mundo. Su comisión permanente se encuentra en Madrid (España), ciudad en la que también se encuentran la sede de la Real Academia Española (RAE) y la sede central del Instituto Cervantes. El lema de la ASALE es «Una estirpe, una lengua y un destino». La ASALE funciona como el órgano de colaboración de todas ellas en la promoción de una política lingüística panhispánica. Esta política, plasmada en numerosos proyectos de trabajo conjunto, fue galardonada en el año 2000 con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, concedido a la Real Academia Española, junto con la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Algún medio de comunicación dio por buena la información y anunció que, desde ahora, “almóndiga”, “toballa” y “asín” formaban parte del diccionario.  No es cierto que la RAE haya admitido “recientemente” esos términos. Tal y como explica la propia Academia, esas tres palabras llevan en nuestro diccionario desde hace casi tres siglos. Así, para empezar, la noticia tiene poco de actual.  La variante “almóndiga” existía en español antiguo y está en el diccionario académico desde su primera edición en 1726, explican desde la institución. Además, “toballa” aparecía ya en el diccionario académico de 1739 y “asín” se registró en el diccionario académico de 1770.  La RAE se encuentra ante una cruzada, desmintiendo en redes sociales el reconocimiento de estas y otras palabras. No obstante, el error no está solo en la fecha de reconocimiento de esos términos, sino que el equívoco va mucho más allá. Tratan de aclarar desde la Academia, la clasificación de las palabras que hay en el diccionario es clave para saber hasta qué punto se permite o no su uso.



Si bien estas antiguas palabras permanecen en el diccionario, que (“pretende ser también válido para interpretar textos clásicos”), el hecho de que delante vaya indicado que se trata de un vulgarismo o que está en desuso es más que relevante. Así, se aconseja leer bien el diccionario antes de poner el grito en el cielo: “asín” aparece como un vulgarismo, mientras que “toballa” y “almóndiga” van marcados en el diccionario como términos en desuso. 
Son precisamente esos detalles los que hacen que, aunque estén en el diccionario, estas tres palabras no estén admitidas. Si no pertenecen al  lenguaje actual o si se consideran vulgarismos, la RAE insiste en que “no deben emplearse”.

El Diccionario de la lengua española pretende recoger el léxico general de la lengua hablada en España y en los países hispánicos. Sobre los requisitos que debe cumplir una palabra para ser sumadas al léxico "oficial" español, la RAE responde: "En cualquier caso es requisito fundamental para el mantenimiento y la inclusión de voces y acepciones que corresponden a las distintas áreas y países de habla hispánica, que su empleo actual, se excluyen, por tanto los arcaísmos dialectales, esté suficientemente documentado en textos, preferentemente de autores de reconocido prestigio".


Sobre el período de tiempo en el que deben ser usadas, se consignó: "Deben abarcar al menos seis o siete años, pues de otro modo, podrían reflejar un uso pasajero".

Esta selección será lo más completa en lo que se refiere al léxico de la lengua culta, mientras que en otros aspectos, dialectalismos españoles, americanos y filipinos, tecnicismos, vulgarismos y coloquialismos, arcaísmos, etc., se limitará a incorporar una representación de los usos más extendidos o característicos.

Al tratarse de un diccionario general de lengua, no puede registrar todo el léxico del español, sino que, por fuerza, debe contentarse con acoger una selección de nuestro código verbal.

En vista de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar por su cuenta, el organismo se encuentra cansado de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua. Javier Marías, catedrático de la Academia y se publicó en el periódico “El País” el 21 julio 2019.

La fuente documental que se ha recurrido sistemáticamente es el “Banco de datos académicos” y particularmente el “Corpus de referencia del español actual” (CREA),  que contiene más de 150 millones de registros del español europeo y americano posteriores a 1974.  

Tenemos diferentes publicaciones de la RAE con diferentes diccionarios.  La Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que canaliza las propuestas de léxico americano de las academias.

Las comisiones académicas elaboran las propuestas de adición, supresión o enmienda que posteriormente examinará el Pleno para decidir sobre su aprobación. El Instituto de Lexicografía prepara los materiales que se discuten en comisión y documenta las propuestas.

Una vez estudiadas por las comisiones y el Pleno, las propuestas pasan a consulta de las academias americanas que propondrán sus observaciones para que la modificación pueda ser aprobada definitivamente.

El Diccionario de la lengua española es la obra lexicográfica académica por excelencia.

El repertorio empieza en 1780, con la aparición, en un solo tomo para facilitar su consulta,  de una nueva versión, ya sin citas de autores, del primer diccionario de la institución, el llamado Diccionario de autoridades (1726-1739). El de 1780 fue, por tanto, el precedente de la serie de diccionarios usuales que llega hasta hoy.  Desde entonces, se han publicado veintitrés ediciones de la obra, convertida, a través del tiempo, en el diccionario de referencia y consulta del español. La más reciente, la 23.ª, ha salido de imprenta en octubre de 2014.

El Diccionario de la lengua española es el resultado de la colaboración de todas las academias, cuyo propósito es recoger el léxico general utilizado en España y en los países hispánicos. Se dirige, fundamentalmente, a hablantes cuya lengua materna es el español, quienes encontrarán en él recursos suficientes para descifrar textos escritos y orales. Desde su creación, en 1998, el Departamento de «Español al día» se encarga de resolver las dudas lingüísticas de los hispanohablantes.  La Ortografía de la lengua española (2010), última publicada y la más completa de las ortografías académicas, tiene como objetivo describir el sistema ortográfico de la lengua española y realizar una exposición pormenorizada de las normas que rigen hoy la correcta escritura del español.

RELACIÓN DE DICCIONARIOS

Diccionario de la lengua española (2001)

Diccionario esencial de la lengua española

Diccionario de americanismos

Diccionario de autoridades

Diccionario del español jurídico

Diccionario del estudiante

Diccionario histórico (1933-1936)

Diccionario histórico (1960-1996)

Diccionario panhispánico de dudas

Diccionario panhispánico del español jurídico

Libro de estilo de la lengua española

Diccionario práctico del estudiante

Diccionarios anteriores (1726-2006)

Glosario de términos gramaticales

Gramática

Gramática y ortografía básicas de la lengua española

La Nueva gramática de la lengua española (2009-2011)

Nueva gramática básica

Nueva gramática. Fonética y fonología

Nueva gramática. Morfología y sintaxis

Nuevo diccionario histórico del español

Nuevo tesoro lexicográfico

Ortografía 2010

Ortografía básica

Ortografía escolar

 

 

 

CARPETOVETÓNICO.

Según el diccionario de la RAE, este término tiene dos acepciones:

1.- De los carpetanos y los vetones, o relativo a estos pueblos prerromanos.

2.- Que se considera español a ultranza y se niega a cualquier influjo extranjero.

El término se utiliza también a quien defiende o representa a ultranza la idiosincrasia española, en contraposición a lo considerado foráneo. La España Carpetovetónica hace referencia a esa presunta idiosincrasia de lo que siglos más tarde será el nacionalismo a ultranza, lo rancio español, en alusión a unos pueblos de filiación Celta, reticentes a toda influencia foránea, que habitaban el centro de la Península Ibérica, anteriores a la Hispania Romana: los Carpetanos y los Vetones


 Y en realidad en estas dos definiciones está explicado todo. La palabra debe su origen a la Carpetania, que era una región hispánica anterior a la conquista romana y habitada por el pueblo celta de los carpetanos. Se situaban en pleno centro de la península, por la zona de Guadarrama, Toledo, el río Guadiana y la Sierra de Alcaraz. A su noroeste se encontraban los vacceos y los vetones, también pueblos celtas. Es decir, gran parte de lo que se llamó Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, actualmente Castilla-León, Castilla la Mancha y Madrid.

Pero no hay que confundir con que ese sea el origen de Castilla. A mediados del siglo IX, una zona fronteriza entre la actual provincia de Burgos, Cantabria y País Vasco conocida hasta aquel momento como Bardulia, por el pueblo de los Várdulos y situada en el límite entre el Reino de Asturias, el Emirato de Córdoba y las tribus vasconas que se desplazaban hacia el oeste, que el rey Alfonso I de Asturias, yerno de don Pelayo, fortificó con castillos, hasta el punto de ser llamada Castilla (literalmente, tierra de castillos). Fue en este lugar donde el contacto entre los dialectos vulgares del latín que hablaban las diferentes tribus y la influencia del vasco darían origen al idioma castellano. Pasó a ser un condado del reino de Asturias, que luego se fue ampliando y se convirtió en reino y en 1230 unido al reino de León, se forma la Corona de Castilla-León

VERACOS SEGURAMENTE DE LA ÉPOC DE LOS VETONES 

El término se utiliza también a quien defiende o representa a ultranza la idiosincrasia española, en contraposición a lo considerado foráneo. La España Carpetovetónica hace referencia a esa presunta idiosincrasia de lo que siglos más tarde será el nacionalismo a ultranza, lo rancio español, en alusión a unos pueblos de filiación Celta, reticentes a toda influencia foránea, que habitaban el centro de la Península Ibérica, anteriores a la Hispania Romana: los Carpetanos y los Vetones.

viernes, 26 de junio de 2026

PALACIO DE LIRIA - MADRID

El Palacio de Liria es una de las residencias aristocráticas más importantes de Madrid y la sede de la Casa de Alba. Se encuentra en el barrio de Universidad, cerca de la Plaza de España. Aunque fue gravemente dañado durante la Guerra Civil Española, posteriormente fue restaurado respetando su diseño original.


El palacio alberga una de las colecciones privadas de arte más destacadas de Europa, con obras de artistas como Francisco de Goya, Diego Velázquez, El Greco y Peter Paul Rubens. También conserva una valiosa biblioteca y un importante archivo histórico con documentos relacionados con la historia de España.
En la actualidad, está abierto al público mediante visitas organizadas que permiten recorrer sus salones, admirar sus obras de arte y conocer la historia de la familia Alba. 


Su combinación de patrimonio histórico, arquitectura y colecciones artísticas lo convierte en un lugar cultural de los más interesantes de Madrid.
Fue construido entre 1767 y 1785, por orden del III duque de Berwick y de Liria, don Jacobo Fitz-James Stuart y Colón. Esta obra monumental se la debemos principalmente al reputado arquitecto Ventura Rodríguez (1717-1785), quien sustituye a Louis Guilbert, completando así un edificio de estilo neoclásico, de planta rectangular, alargada y compacta en su interior. El arquitecto inglés Sir. Edwin Lutyens (1869-1944) planteó varias reformas, encargadas por el XVII duque de Alba, don Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó.
A diferencia de otros palacios y mansiones madrileñas, el palacio de Liria no fue construido próximo al paseo del Prado, sino a las afueras de la ciudad, cerca de la puerta de San Joaquín, que marcaba el límite de Madrid por el noroeste y vecino al cuartel de la guardia de Corps, posteriormente denominado del Conde-Duque en honor al III duque de Berwick y XIV conde de Lemos, constructor del palacio de Liria. 



Otra diferencia es que su fachada en vez de estar orientada directamente a la calle se rodeó de jardines. La iniciativa corrió a cargo de Jacobo Fitz-James Stuart, III duque de Berwick, linaje cuya ascendencia se remontaba a la monarquía inglesa. Nieto del distinguido mariscal de Berwick, Jacobo Fitz-James, hijo natural del rey del Inglaterra, Escocia e Irlanda, Jacobo II Estuardo, y de Arabella Churchill, hermana del I duque de Marlborough, John Churchill.
El palacio de Liria fue incautado por el Partido Comunista durante la guerra para su protección. Pero en noviembre de 1936, resultó destruido casi por completo, mientras Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, el viudo XVII duque de Alba, residía con su única hija Cayetana en Londres; quedaron en pie tan solo las fachadas. 

III DUQUE DE ALBA 

El suceso se debió a varios proyectiles de aviones  que cayeron sobre el edificio y causaron un incendio imposible de atajar.  Por suerte, las pinturas y demás obras artísticas de mayor valor habían sido retiradas por orden del duque a otros edificios como el Banco de España o la embajada británica, y la documentación más importante se protegía en cajas metálicas, que se pudieron recuperar. También se salvaron numerosos muebles, tapices y armaduras, sacados al exterior por empleados de la casa y voluntarios republicanos. No tuvo igual suerte la enorme colección de libros y obras en papel, con unos 6000 grabados y dibujos; muchos se quemaron y otros resultaron dañados por la lluvia tras arrojarse al jardín. De aquel episodio dejó testimonio el poeta y ensayista Antonio Machado:
“Los museos son el recinto de la historia del espíritu, del pasado espiritual. El pueblo monta guardias en el Museo del Prado, en la Biblioteca Nacional, en el palacio del duque de Alba... [...] El amor que yo he visto en los milicianos guardando el palacio del duque de Alba sólo tiene comparación con el furor de los fascistas destruyendo”.

Tras el bombardeo se acordó el traslado de las obras de arte a Valencia, como se estaba realizando con los depósitos del Museo del Prado, pero el Comité Provincial del PC se negó a entregarlas a la Junta Delegada de Madrid de Protección del Patrimonio Artístico.
La reconstrucción del palacio (1948-56) tuvo que ser impulsada por la nueva duquesa Cayetana y su primer marido, pues el viejo duque falleció en 1953, cuando solo se habían efectuado los trabajos de cimentación. Ella conservó el palacio porque se lo había prometido a su padre. 


En las obras la duquesa invirtió una fortuna; según algunas fuentes, la mitad de todo lo que tenía. Durante este periodo los Alba exhibieron parte de su colección en un inmueble cercano, al que llamaron “el museíllo”. Su ordenación sería tenida en cuenta cuando los cuadros volvieron a colgarse en Liria.
La reconstrucción del palacio permitió crear nuevos salones con decoración y nombres de acuerdo a las colecciones artísticas: Salón Estuardo, Salón italiano, Salón del Gran Duque, Salón español, Salón Goya... El proyecto fue dirigido por el noble arquitecto Manuel Cabanyes Mata siguiendo planos elaborados años antes por el difunto Edwin Lutyens, viejo conocido de la familia. Los mayores cambios se introdujeron en el zaguán y en la escalera principal, de un solo brazo pero más ancho y que fue embellecida con columnas y balaustres.

LA DUQUESA DE ALBA - FRANCISCO DE GOYA 

También la capilla con lienzos de Josep Maria Sert se había desmoronado en parte; se reconstruyó y mantiene (si bien incompleta) su anterior decoración. En la planta baja la biblioteca se rehízo en madera, que posteriormente fue pintada de verde imitando los acabados originales de malaquita, perdidos en el incendio.


El palacio fue redecorado a la antigua: techos con molduras y casetones, suelos de parqué, paredes enteladas, chimeneas de mármol, grandes lámparas de araña, muebles de estilo rococó... La ambientación fue tan historicista que apenas se percibe que es una recreación moderna. El recibidor está pavimentado con mármoles y teselas con el año 1953, fecha que alude al fallecido duque de Alba y no a la conclusión de las obras, que fue tres años después. El friso de la escalera muestra un lema de Cicerón en latín; alude a conservar el legado de los antepasados.
La inauguración de Liria ya reconstruido tuvo lugar el 13 de junio de 1956.
En 1959, la duquesa Cayetana y el alcalde conde de Mayalde del Ayuntamiento de Madrid, colocaron una placa conmemorativa.


El palacio recobró su protagonismo en la vida social de Madrid rápidamente, y ya en 1959 albergó con fines benéficos un desfile de modelos con la nueva colección de Christian Dior, al que acudió el nuevo diseñador de dicha firma francesa: Yves Saint Laurent. Se vendieron 2000 entradas a 500 pesetas, precio muy elevado para la época.


El palacio de Liria sigue perteneciendo a la casa de Alba y es residencia oficial de su jefe, como poseedor del título de duque de Liria y Jérica. Al igual que otras propiedades históricas de la familia, es gestionado por la Fundación Casa de Alba. En 1974 fue declarado bien de interés cultural.
En 2019 fue abierto por primera vez a visitas turísticas.

jueves, 25 de junio de 2026

CABALLEROS ESPAÑOLES EN LAS CRUZADAS

El adjetivo gentilicio español aparece escrito en documentos alrededor del año 1100, aparecido como "espaignol". En las crónicas medievales se utilizaban para referirse a los habitantes de la antigua Hispania los términos "Hispani, Christiani y Gothi"​. Los peregrinos franceses del Camino de Santiago llamaban "Españols" (espanhols) a los habitantes cristianos de la Península que, como escribe Gonzalo de Berceo, (1196-1264), venían a rendir culto al "Padrón de españoles".
Manuel de Arias y Broto, en su libro sobre la Corona de Aragón, nos dice que en el año 1096 parten hacia Siria para servir a Godofredo de Bouillón los nobles hispanos al servicio del Reino de Aragón: Guillermo de Jordan —conde de Cerdaña e hijo de Guillermo Ramón y de Sancha de Barcelona, rebautizado así al cruzar el Río Jordán durante este viaje precisamente— Gerardo conde de Rosellón y Guillermo de Canet además de otros barones catalanes. Y aunque la mayor parte de los caballeros que acudieron fueron de Navarra, Aragón y Cataluña, los territorios más cercanos a los dominios francos, los castellanos también son mencionados en las crónicas alfonsinas.

A finales del siglo XIII, los “Estados latinos de Oriente” estaban en un momento crítico de su historia. La presión de las fuerzas musulmanas, lideradas por sultanes como Khalil, era cada vez mayor. La captura de Acre en 1291 marcó el fin de la presencia cristiana en Tierra Santa y el final de los Estados Cruzados.
Los Estados latinos de Oriente eran una serie de estados que se habían establecido en Oriente Medio tras la Primera Cruzada en 1099. El principal estado era el Reino de Jerusalén, pero también existían otros, como el Principado de Antioquía, el Condado de Trípoli y el Reino de Chipre. Estos estados estaban gobernados por nobles latinos y eran administrados bajo leyes latinas.
A finales del siglo XIII, los Estados latinos de Oriente llevan años en franca decadencia, sufriendo cada poco los envites de las tropas sarracenas. El sultán Baibars –que había alcanzado el poder en 1260– y sus sucesores, han ido conquistando una a una las distintas plazas cristianas. El primer enclave en caer fue el principado de Antioquía, en 1268, y tres años después en la apariencia inexpugnable fortaleza hospitalaria del Crac de los Caballeros.

GODOFREDO DE BUOLILLÓN
En abril de 1289 parece haberle llegado el turno a Trípoli. La ciudad cruzada, que ha permanecido durante 180 años en manos cristianas, lleva más de un mes sitiada por las tropas sarracenas del sultán Qalawun. Las fuerzas de la ciudad, en manos de Lucía de Trípoli, habían sido advertidas del peligro por Guillermo de Beaujeu, Maestre del Temple, pero su aviso fue ignorado. Ahora es demasiado tarde. A pesar de las tropas hospitalarias, templarias, francesas y chipriotas que han llegado en auxilio, dos de las torres principales han caído ya y una multitud intenta huir antes de probar el temible filo sarraceno.
Doña Lucía, los mariscales del Temple y del Hospital, así como el Senescal de Jerusalén –Sir John de Grailly–, logran escapar, mientras el resto de la población espera con terror su inminente final. Aunque la mayor parte de los defensores ha huido, unos pocos valientes intentan resistir los ataques de los infieles. Entre ellos destacan dos caballeros vestidos de blanco y con una cruz roja sobre su hombro izquierdo. Su nombre: Pedro de Moncada y Guillermo de Cardona. El primero de ellos había ocupado el puesto de Maestre provincial de Aragón entre 1279 y 1282. Los dos hermanos de orden pelean con fiereza, lanzando una y otra vez tajos con sus espadas, pero las brechas en las murallas son ya incontrolables y los templarios sucumben sin remedio ante la hueste sarracena.

CABALLERO DE LA ORDEN DE CALATRAVA 
Durante los casi doscientos años de existencia de la Orden, otros muchos templarios nacidos en la península Ibérica empuñaron sus armas para enfrentarse a los musulmanes, ya fuera en suelo peninsular –la mayor parte de las veces– o en territorios de Tierra Santa –las menos–. En todo caso, los freires del Temple procuraron siempre hacer honor a la fama que se habían forjado. No en vano, la mayor parte de los cronistas de su época coincidían al señalar que los templarios “eran los primeros en atacar y los últimos en retirarse”.
El caso de Moncada y Cardona es buen ejemplo de ello. Abandonados a su suerte, y seguros como estaban de que la resistencia era imposible, aquellos caballeros decidieron mantener su posición hasta el final. Experiencia no les faltaba, acostumbrados como estaban a luchar contra el “infiel” en las escaramuzas y batallas que se prodigaban en la Península. El propio Pedro de Moncada, algunos años atrás, había tenido oportunidad de vivir una experiencia similar, aunque entonces la aventura terminó con mejor fortuna.

CABALLEROS TEMPLARIOS 
Corría el mes de junio de 1276 y, aunque ya hacía muchos años que el rey Jaime I había conquistado Valencia, la población mudéjar protagonizaba de vez en cuando rebeliones alimentadas desde el reino de Granada. En aquella época, un grupo de rebeldes mudéjares, formado por más de mil hombres a caballo, alzaron las armas contra el monarca aragonés, tomando el control de varias localidades. El rey, ya anciano, se encontraba enfermo, y fueron las tropas de Don García Ortiz de Azagra y otros caballeros –entre los que se contaban el maestre templario Pedro de Moncada y su hermano Guillén Ramón– quienes acudieron a sofocar la revuelta. En total la hueste cristiana, según las crónicas, estaba compuesta por unos doscientos caballeros y más de quinientos soldados. Una cifra que, a la vista del resultado, resultó insuficiente.

CAÍDA DE ACRE 
Entre los días 16 y 28 de ese mes de junio, las tropas cristianas lucharon con valor ante las fuerzas musulmanas, compuestas por “más de seiscientos caballeros y muchos peones”, en la llamada Batalla de Luchente. Armados con su impedimenta habitual –cota de malla, grandes espadas, lanzas y otros utensilios de guerra–, los cristianos, agotados por el calor y la sed, fueron derrotados sin remedio por sus enemigos. Las bajas cristianas fueron tan grandes que, durante años, aquella derrota fue recordada con el nombre de “Martes de desgracia”. Durante la batalla perdieron la vida Don García Ortiz y muchos caballeros templarios, mientras que el maestre, Pedro de Moncada, fue apresado junto a otros hombres y encerrado en el castillo de Briar. Por suerte para Moncada y sus hermanos templarios, el moro que los vigilaba resultó ser un traidor, facilitándoles la huida y escapando con ellos hasta la plaza cristiana más cercana. Moncada había burlado a la muerte, le permitió seguir empuñando su espada durante trece años, hasta que murió en la plaza de Trípoli, a miles de kilómetros de su hogar.

lunes, 22 de junio de 2026

MUSULMANES EN LA PENÍNSULA

Después de la famosa Batalla de las Navas de Tolosa contra los Almohades en 1.212 se puede decir que comienza el declive musulmán en la península. Luego, entre 1265-66, el rey de Castilla, Fernando III y el de Aragón, Jaime I, se pusieron de acuerdo uno se hizo con Murcia y el valle del Guadalquivir y el otro se hizo con Valencia y Mallorca. Jaime entregó Murcia a Fernando y así es como allí hoy se habla castellano y no valenciano. Teníamos ya lo que Menéndez Pelayo llamó “La España de los cinco reinos”, Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, y el pequeño emirato nazarí de Granada.
Y por eso digo que los musulmanes no dominaron ni gobernaron 800 años como se suele decir. Realmente nunca dejaron de luchar y estaban resistiendo con pago de impuestos a los cristianos. Además de estar divididos entre ellos (los reinos de Taifas).

LOS REYES ISABEL Y FERNANDO
(SERIE ISABEL) 

Del 711 en que comenzó la invasión hasta que se deshizo el Califato de Córdoba en 1031, van 320 años. Y fue cuando se crearon los Reino de Taifas, donde se encuentran divididos y poco a poco van siendo vencidos y terminan siendo vasallos del reino cristiano vencedor que les ha tocado. Pero no se les expulsó. El trabajo de agricultura, ganadería, pesca, y minería era necesario, y la península estaba con poca población en aquellos años. Por eso convino a los reyes cristianos cobrarles una "paira" para asegurar la paz, evitar ataques o comprar protección. De ahí que durase tanto la Reconquista, eran rentables si obedecían.
Alfonso IX de León conquista Cáceres, en 1227. Jaime I el conquistador se hace con Valencia, Murcia, Mallorca, Ibiza y Formentera. El rey de Castilla, Fernando III reconquistó Córdoba, Jaén y Sevilla. Alfonso X realizó la repoblación del antiguo reino de Sevilla, que permitió consolidar las conquistas de Fernando III. Se procedió al reparto de las casas de su casco urbano y de las tierras de alrededor entre los soldados de las huestes reales y nobiliarias, así como entre gentes procedentes de todos los rincones de la Corona de Castilla. Este modelo de repoblación, que vació de musulmanes aquellas localidades que habían sido tomadas por fuerza o que capitularon tras un sitio (caso de las principales ciudades del valle del Guadalquivir), convivió con el mantenimiento de la población autóctona en diferentes zonas. Muchas localidades serranas de Jaén y Córdoba, y otras de las campiñas y llanuras, se rindieron a los castellanos mediante capitulación, por la cual estos se hacían cargo de sus fortalezas y del cobro de impuestos, mientras que los mudéjares (musulmanes que permanecieron en la península ibérica durante la Reconquista, conservando su religión, costumbres y estatus jurídico a cambio de pagar un tributo a los reyes cristianos)  conservaban cierta autonomía política y religiosa.

FERNANDO III EL SANTO 

Luego desde 1272 a 1302 se consolida el reino nazarí de Granada, que comprendía las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga, más el peñón de Gibraltar. Finalmente en la batalla del Salado (1340) frenó el último gran intento de invasión en la península. Estuvo ligado al Peñón de Gibraltar, que fue ganada por los Benimerines. Pero el rey castellano Alfonso XI acudió al rescate de Tarifa, reforzado por las tropas de su suegro Alfonso IV de Portugal y auxilios aragoneses, cerca del río Salado (en la actual provincia de Cádiz). Las fuerzas combinadas cristianas lograron una victoria aplastante contra el ejército musulmán. Esta victoria supuso un punto de inflexión en la Conquista del Estrecho. Debilitó fatalmente el poder benimerín y dejó al debilitado reino nazarí de Granada aislado, allanando el camino para la fase final de la Reconquista.
El resto hasta 1492 cae Granada en que solo estaba ese reino nazarí.
En Granada, los reyes de Castilla, cobraban un tributo a sus homólogos nazaríes ya que estos era vasallos de Castilla-León. Un tributo en oro, porque Granada, que se beneficiaba de sus privilegiadas relaciones de sangre con el norte de África, era la puerta del oro africano. Lo cierto es que Granada era un reino próspero, muy poblado y de refinadas costumbres. Ahí tenemos el palacio de la Alhambra. Pero las cosas no son para siempre. El oro comenzó a escasear, y además, los jóvenes cristianos que se habían casado tenían las ideas muy claritas, Fernando e Isabel; reunir bajo sus reinos los antiguos dominios de los Godos, es decir, todos los territorios que habían sido cristianos.
Pero el gobernador moro de Ronda, Mohamed al Zagrí, se apoderó de la plaza de Zahara en 1481. Realmente calculó mal. Isabel y Fernando que ya habían vencido al rey de Portugal, se decidieron a terminar con el reino nazarí. Pidieron al papa que la guerra la declarase como "Cruzada", lo que significaba además, dinero.

JAIME I EL CONQUISTADOR 

Fernando era sagaz y astuto y buen militar, se lo pensó muy bien. Se acuarteló en Córdoba. Organizó un ejército regular con sus distintos cuerpos, con su Estado Mayor. Las campañas se harían en los meses calurosos, y las desarrollarían con su estudio previo. Podemos pensar que con él había nacido la guerra moderna. Los musulmanes se pensaban superiores a los cristianos, y no iban a tolerar que un cristiano les diera lecciones de guerra. Realmente la crisis dentro del emirato estaba servida. En las luchas los moros iban siendo derrotados plaza por plaza. En el Palacio crecieron las intrigas. Para colmo el rey Muley Hacén, algo viejo ya, se encaprichó con una concubina cristiana mucho más joven que él llamada Soraya. Su esposa Aixa, muy resentida por perder la condición de favorita, se conchabó en secreto con su hijo, Boabdil, para que le destronase y diese cumplida venganza a la traición. Boabdil, se dejó enredar. El rey moro salió a la lucha por recuperar Alhama y su hijo Boabdil aprovechó la ausencia de su progenitor para dar un golpe de mano con la ayuda del poderoso clan de los Abencerrajes, una familia aristocrática que resultó traicionera. Fernando de Trastámara, se enteró de la cuestión e influyó para incrementar las rencillas del palacio moro.

JINETES NAZARÍES INSPECCIONANDO EL CERRO MULHACEN 
El rey Muley Hacén, se refugió en el castillo de Mondújar. Boabdil condujo entonces un ejército hasta los territorios cristianos, donde los castellanos salieron a su encuentro, le derrotaron en Lucena y se lo enviaron a Fernando cargado de cadenas. Todos los cristianos pedían la cabeza de Boabdil, pero a Fernando eso le parecía un desperdicio. Le dejó marchar a cambio de que, en secreto, fuese su aliado y pagase una indemnización, porque la guerra estaba saliendo carísima. En prenda se quedó con sus dos hijos. Con el emirato partido en dos bandos, que se la tenían jurada, Fernando se dispuso a ir troceando con paciencia los dominios del enemigo. Ronda y Marbella cayeron en 1485, Loja en 1486 y Málaga en 1487, tras un sonado asedio. Málaga era muy importante y justificaba el dispendio. Los reyes reclamaron soldados de todos sus reinos, y hasta allí llegaron enfervorecidas huestes de vizcaínos, guipuzcoanos, asturianos y valencianos. La flota castellana bloqueó el puerto para evitar que la ciudad recibiese refuerzos y provisiones de Marruecos. A finales de agosto se rindió. Tanto había costado doblegarla que Fernando fue extremadamente cruel con los supervivientes. Ordenó que todos fuesen esclavizados.
Lo que quedaba del emirato estaba dividido entre Boabdil, que controlaba Granada, y su tío el Zagal, que tenía en su poder Almería y Guadix. Muley Hacén había muerto dos años antes, abandonado por todos. Se cuenta que, al morir, los pocos partidarios que le quedaban llevaron su cadáver hasta lo más alto de Sierra Nevada, donde le dieron sepultura. El pico pasaría a llamarse como él: Mulhacén, que es, además, con sus casi 3.500 metros, el más alto de la Península. 

BOABDIL Y SU ESPOSA MORAYMA (DE LA SERIE ISABEL)
Fernando antes dar el remate al timorato Boabdil, que se escondía en el Albaicín detrás de las faldas de su madre, siguió a lo suyo, los castellanos conquistaron Baza, y envió un emisario al Zagal (Hermano del rey Muley Hacén)
para pedir su rendición. Lo entendió enseguida. Entregó Almería y se largó al norte de África. Granada, la capital, en 1490, era lo que quedaba. Fernando sabía que entrar a saco hubiera sido una carnicería por ambos bandos, y con resultado incierto. De modo en lugar de tratar de tomarla al asalto, la sitió. Mandó construir una ciudad junto a Granada, a la que llamó Santa Fe. Caso insólito éste: edificar una ciudad para sitiar otra. No se volvería a ver cosa igual. Granada resistía, Isabel envió un emisario negociador. Ofreció a Boabdil un señorío en la Alpujarra, rentas y el compromiso de respetar la religión y las costumbres de los granadinos. El acuerdo en la desesperada situación en que se encontraba, no estaba mal por lo que el emir aceptó. 

ENTREGA DE GRANADA A LOS REYES DE CASTILLA
Se fijó el 2 de enero para hacer efectiva la entrega de la ciudad. Para evitar machadas de última hora, Fernando ordenó a Gutierre de Cárdenas que entrase con un pequeño contingente por la noche y ocupase la Alhambra. Al amanecer, los reyes esperaron a Boabdil a orillas del Genil. El moro se acercó derrotado; hizo ademán de besar las manos de Fernando, cosa que éste rechazó, y entregó las llaves al rey, que, a su vez, se las dio a Isabel. Era su regalo, el más preciado que una reina de Castilla pudo soñar jamás. Gutierre de Cárdenas hizo entonces ondear el pendón de Castilla en lo más alto de la Alhambra, en la torre de la Vela. El cardenal Pedro de Mendoza, que estaba con él, puso una cruz junto al estandarte. Cuando se produjo la rendición, la esposa de Boabdil, Morayma pensó que le serían devueltos sus hijos, después de diez años. Pero ante la posibilidad de un levantamiento, los monarcas cristianos no entregaron a los príncipes cautivos. El alcalde de Benarix intercedió ante los monarcas suplicando la entrega de los infantes. Los reyes tardaron un año en conceder lo suplicado. Cuando el menor de los hijos, Ahmed, vio a su madre, enferma y postrada, ni la reconoció. Boabdil trató de calmar a su esposa explicándole que había sido educados en la fe católica y ese mismo desdén lo había tenido con él. Pero la pena aumentó al saber que su hijo mayor había muerto años atrás. Terminaría muriendo también.
La Reconquista había terminado. La noticia recorrió Europa. El Papa hizo repicar al unísono todas las campanas de Roma. Los reyes de Europa, incluido el de Francia, celebraron la conquista y ordenaron misas en gratitud por la victoria. Mientras tanto, un vencido Boabdil salía camino del exilio en compañía de su madre, la vengativa Aixa. Al coronar uno de los cerros que anticipan la sierra, Boabdil descendió del caballo, se giró y, mientras contemplaba compungido el perfil de Granada al atardecer, con sus palacios y torres reflejando la delicada luz dorada que baña la ciudad los días de invierno, se echó a llorar. Es entonces cuando dicen las lenguas de doble filo que Aixa pronunció: "Llora, llora como mujer lo que no supiste defender como hombre". 

PUERTO DE SUSPIRO DEL MORO
Pero esto último no es cierto. La frase la escribió por primera vez, tres siglos después, el padre Echevarría en una obra titulada “Los paseos de Granada”. De ser cierta, sería una gran injusticia. Boabdil luchó por Granada, no fue un buen guerrero, no fue hábil negociador, pero se dejó llevar por los consejos de su madre, pues fue ella quien hizo que su hijo traicionara a su padre y se aliara con los poderosos y pérfidos clan de los Abencerrajes. De ahí que sea conocido como Boabdil el Desdichado. Sus lágrimas siguen hoy inspirando a poetas, y el lugar donde las derramó se llama desde entonces "Puerto del Suspiro del Moro".

domingo, 21 de junio de 2026

Alfonso VI (1040-1109)

Llamado "el Bravo", era hijo del matrimonio de Fernando I de León y Sancha, fue rey de León entre 1065 y 1072 en un primer reinado y entre 1072 y 1109 en un segundo, de Galicia entre 1071 y 1072 y también entre 1072 y 1109, y de Castilla entre 1072 y 1109

EL REY ALFONSO VI 
La herencia recibida trajo serios conflictos entre los hermanos. Sancho y Alfonso querían unir los reinos y acordaron repartirse Galicia. Atacaron a García y tuvo que huir del reino que fue repartido por los hermanos.
Pero Sancho era muy ambicioso y con la ayuda del Cid, Sancho II de Castilla en 1072 atacó a su hermano, Alfonso VI de León y fue vencido en Llantada, una lucha personal en el que el vencedor se quedaría con el reino del vencido. En el 1072 en la batalla de  Golpejera, en Palencia, Sancho salió victorioso y Alfonso fue  hecho prisionero. Con la intervención de la hermana de ambos, Urraca, le puso en libertad. Y huyó a Toledo donde reinaba su  amigo Al-Mamun. Sancho puso sitio a Zamora, la ciudad de Urraca, pero fue engañado por un zamorano y le mató. Sancho no dejó descendencia.
Se hizo con todo el territorio de su padre, gobernó como rey de León, Castilla y Galicia entre 1072-1109, manteniendo la unión de los reinos de León y Castilla. Aquí es donde dice la leyenda de que el Cid obligó a Alfonso VI a jurar que no había participado en la muerte de su hermano, (la jura de Santa Gadea) pero sólo es una leyenda. Sin embargo, siguieron existiendo dos reinos diferenciados en administración, lenguas romances y leyes.

ESTATUA DEL CID EN BURGOS 
Tras la muerte de Sancho IV de Navarra en 1076, pasaron a formar parte del reino de Castilla, entonces unido al reino de León bajo el reinado de Alfonso VI, territorios anteriormente pertenecientes al reino de Navarra: La Rioja, Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa; parte de estos territorios fueron recuperados por Sancho VI de Navarra en la segunda mitad del siglo XII y no retornaron a dominio castellano hasta su conquista definitiva por Alfonso VIII a finales del siglo, que se intituló “Imperatus totius Hispanae” en 1077.
El rey Alfonso había recibido con todo honora al Cid, como vasallo y lo conservó a su lado. Para Alfonso VI Rodrigo no era un súbdito más. A Rodrigo no dejaban de salirle enemigos envidiosos.
El rey le envía a Sevilla con la misión de cobrar las parias. En aquella urbe residiría varios meses. Cuando al-Motamid, rey de Sevilla, y el Cid están tramitando su pago, les llegan noticias de que tropas del moro rey de la Taifa de Granada, junto con tropas cristianas encabezadas por García-Ordoñez, conde de Nájera y amigo personal del Alfonso VI, marchan hacia Sevilla. Ambos reinos taifas gozaban de la protección de Alfonso VI precisamente a cambio de las parias. El Campeador defendió con su contingente a al-Motamid, y venció a Abdalá en la batalla de Cabra.

EL CID VENCE EN LA BATALLA DE CABRA 
Y se enfrenta con el ejército granadino, apresando al conde García Ordóñez y a los nobles navarros que le acompañaban, les mantiene tres días como prisioneros y los despojó de sus pertenencias como legítimo botín de guerra y les permitió marchar libres sin rescate, mientras él victorioso regresaba a Sevilla. De este episodio, nacería una perdurable enemistad entre el Campeador y García Ordóñez, que no dejaría de acusarlo ante el Rey de haberse quedado con parte de los regalos del Rey de la Taifa de Sevilla. Dos años después, en 1081, el rey Alfonso VI sale en campaña hacia Toledo y los musulmanes atacaron en Gormaz obteniendo un importante botín. Rodrigo reacciona y sale a perseguir a los atacantes, penetra en el reino toledano y vence. Esta acción fue un exceso de Rodrigo Díaz que le llevó, en su persecución, a adentrarse en el reino de taifa toledano que estaba bajo el amparo del rey Alfonso VI.
De regreso a la corte, el Cid cometió otro error garrafal: pernoctó una noche en el castillo de Luna, donde estaba confinado por orden del rey Alfonso su hermano menor, García, que era su enemigo ya que había heredado Galicia, arrebatada por Sancho, y a su  muerte se quedó Alfonso VI con dicho reino.
De todo esto se aprovechó el conde de Nájera para acusar al Cid de apropiarse de parte de las parias de Sevilla y de confabularse con García para derrocar al rey. Alfonso VI hizo caso de su amigo y desterró a Rodrigo en el año 1081.
El alcaide del castillo de Rueda en Zaragoza ofreció la entrega de la fortaleza a Alfonso VI; este acudió a tomar posesión de Rueda en enero de 1083, pero cayeron en una celada en la que murieron nobles y caballeros, llegando a peligrar la propia vida del Rey. Rodrigo, que se encontraba en la región de Tudela, al tener noticia del desastre acude rápidamente en auxilio de su Rey, que lo recibe con los brazos abiertos y lo invita a regresar con él a Castilla; el Campeador pasada la emoción del encuentro observa ciertas reticencias, que le decidieron regresar a Zaragoza.
En el año 1085 los Almorávides conquistan Tanger y Ceuta y cruzan el estrecho y en el camino se encuentras con las tropas de Alfonso V y Sancho Ramírez I de Aragón. Las tropas cristianas fueron vencidas en la batalla de Zalaca (Sagraras),  y el rey Alfonso herido de un puñalada en una pierna. Se retiraron a Toledo y no fueron perseguidos. El emir hubo de marchar a África y hubo unas tres décadas de defensa de los almorávides.
Alfonso VI claudica en su empeño de someter al Cid, retira su destierro y le ofrece la posibilidad de regresar a Castilla; un nuevo perdón que Rodrigo Díaz de Vivar rechaza, pero queda un pacto amistoso. Lo cierto es que los almorávides no aceptaban que musulmanes y cristianos se pudieran ayudar a favor de uno u otro. El Cid no participó en la batalla de Zalaca.

ALMORÁVIDES EN LA BATALLA DE ZALACA 
En 1087 Alfonso VI tuvo que hacer frente a una rebelión en Galicia. Aunque los musulmanes recibieron ayuda de África, por las desavenencias entre las Taifas desistieron y se volvieron a África. El rey había pedido ayuda al Cid, pero éste se dirigió a Murcia, pero nunca llegó a encontrarse, y esta es la causa de su segundo destierro.
Tras la conquista de Toledo en (1085), al-Qádir se fue a Cuenca y después a Valencia. Uclés y los dominios quedaron bajo la protección de Alfonso VI, quien estableció en Uclés una guarnición propia, en representación teórica de al-Qádir.
En el año 1090 el Cid se hizo con todo el Levante, incluyendo Valencia. Al-Cadir pagaba los impuestos al Cid, aunque era dinero de Alfonso VI.
Sufrió el Cid fue la muerte de su hijo en 1097, en la batalla de Consuegra. Había ido en ayuda del rey Alfonso VI a la batalla, tenía solo 20 años.
En 1108 fue librada la batalla de Uclés entre las tropas cristianas de Alfonso VI de León y las almorávides de Alí ibn Yúsuf, y se saldó con la derrota cristiana.
Tres meses después de la batalla de Uclés, viejo ya, eligió heredera a su hija Urraca, por entonces viuda. Y opta por casarla con el famoso guerrero Alfonso I de Aragón el Batallador, (1105-1157). Alfonso VI falleció en julio de 1109 en Toledo.

LA SUCESIÓN DE LA CORONA EN ESPAÑA

LAS SIETE PARTIDAS.   Alfonso X el sabio redacta para la Corona de Castilla un cuerpo de normas para conseguir una cierta uniformidad jurídi...