De lo que no cabe duda es de que España, que siempre fue
próvida en marinos extraordinariamente competentes, en el XVIII produjo una
cosecha tan copiosa que rayó en la prodigalidad. Y don Luis de Córdova fue un
marino destacado y hoy casi olvidado. Si don Luis hubiera nacido en Inglaterra,
Francia o Alemania, sus hazañas estarían hoy en los libros de Historia de los
escolares.
Año de1780. En España reina Carlos III y estamos en guerra contra Inglaterra. Los abusos y desmanes de la Corona británica provocan la sublevación de sus colonias de Norteamérica. Para fastidiar a Inglaterra, España y Francia las apoyan dado el Tercer Pacto de Familia entre Borbones. El pacto permitió una "revancha" exitosa contra Gran Bretaña durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), recuperando Florida y Menorca.
El gobernador de La Luisiana, don Bernardo de Gálvez y Madrid, les presta un apoyo material, naval y terrestre, gracias al cual los rebeldes alcanzarán la victoria y fundarán los Estados Unidos de Norteamérica que tan mal pago nos daría un siglo después.
Los espías españoles en el Reino Unido averiguan que un convoy de más de medio centenar de mercantes armados y su correspondiente escolta de barcos de guerra, partirá hacia Norteamérica cargado de tropas, pertrechos, material militar y dineros, para aplastar la revuelta en las trece colonias insurgentes.
Luis de Córdoba
La flota británica transportaba un arsenal extraordinario: más de 300 cañones, 80.000 mosquetes, toneladas de pólvora y municiones, además de muchísimo dinero. Estos recursos eran cruciales para sostener el esfuerzo bélico británico contra los independentistas norteamericanos.
Los 55 barcos ingleses, con un botín extraordinario, se entregaron sin disparar un solo tiro. Fue la mayor flota británica que nunca se ha perdido por parte de Inglaterra"
Luis de Córdoba, nacido en Sevilla en 1706 y máximo responsable de la Armada española, diseñó una táctica tan simple como efectiva. Al avistar el convoy británico durante la noche, ordenó encender faroles en sus barcos de forma estratégica. Los capitanes ingleses, confiados, creyeron que aquellas luces correspondían a su propia flota de escolta que debía protegerlos en su travesía hacia América y las Indias.
Cuando los navíos británicos se acercaron para unirse a lo que pensaban que era su escolta, la flota española ejecutó un movimiento envolvente que rodeó completamente al convoy enemigo. Los ingleses, sorprendidos y superados tácticamente, se rindieron sin oponer resistencia.
Las consecuencias de esta derrota fueron devastadoras para Gran Bretaña. La Bolsa de Londres se hundió. El propio rey Jorge, que había invertido dinero de su propio pecunio en esa empresa, tuvo una lipotimia cuando se enteró.
La pérdida de estos suministros críticos obligó a Inglaterra a replegar sus fuerzas del continente americano y, finalmente, a firmar la paz con España. Sin los cañones, fusiles y municiones capturados por Córdoba, las tropas británicas no pudieron sostener su campaña militar.
Con esos cañones, esa munición y esos 80.000 fusiles, Inglaterra hubiera podido aguantar la guerra de la independencia. Esos suministros no llegaron a las costas de Norteamérica"
La victoria de Luis de Córdoba fue determinante para que las trece colonias americanas lograran su independencia en 1783. España y Francia, aliadas contra Gran Bretaña, proporcionaron ayuda fundamental a los revolucionarios estadounidenses, aunque este papel histórico ha quedado relegado en la narrativa oficial. Inglaterra ha ocultado sus tremendas derrotas, que han sido muchas, y en cambio ha exaltado sus victorias. Por eso parece que en el siglo XVIII la marina británica venció más veces a la española, y no es verdad. Las victorias españolas fueron mayores y más contundentes.
Escuadra británica frente a Santa Lucía. Marzo de
1780.
Luis de Córdoba, quien llegaría a capitán general de la Armada —el cargo más alto de la marina española—, realizó numerosas acciones destacadas durante su carrera militar. Esta hazaña del 9 de agosto de 1780 representa una de las victorias navales más brillantes jamás ejecutadas, comparable en astucia a las grandes batallas de la historia militar universal.
Había ascendido a teniente general y en 1778, mandó una fuerte escuadra combinada, hispano-francesa, compuesta de sesenta y ocho navíos.
Con ella penetró triunfante por el canal de la Mancha haciendo retirarse a las fuerzas navales británicas al abrigo de sus puertos, apresando al navío “Ardent” de 64 cañones, que quedó rezagado.
En esta campaña del Canal de 1778, los buques españoles empezaron a usar los barómetros marinos, cuando aún no los tenían los aliados franceses. El general francés, conde de Guichen, se admiraba de que Córdova tomase ciertas precauciones de mal tiempo cuando aún lo hacía bueno y por el contrario que mandase suspenderlas cuando aún se estaba en lo que eran finales de un temporal y a ellos les parecía plena fuerza de él. Preguntó el almirante francés a Mazarredo de dónde provenía semejante previsión y el mayor general el enseño los barómetros, que le maravillaron.
Por esta campaña meritoria, si bien de poca efectividad, recibió Córdova como obsequio del rey de Francia una caja de oro ricamente guarnecida de brillantes con la expresiva dedicatoria: "Luis a Luis".
Por su parte el rey de España le concedió la gran cruz de Carlos III, por aquella época la más valiosa distinción, que lo que fue en tiempos posteriores. Los frutos de esta campaña no fueron sin embargo muy copiosos.
Gran Cruz de Carlos III
En Gibraltar se defendía valerosamente el general británico Elliot. La plaza llegó a estar en gran necesidad y le fue enviado un convoy con aprovisionamientos, escoltado por una escuadra de treinta navíos.
Le salió al encuentro Córdova con sus fuerzas, pero las enemigas, con su convoy, aprovecharon un temporal deshecho y pasaron los tan esperados recursos para la plaza. Se perdió el navío español “San Miguel”, arrojado por la tempestad bajo los mismos muros de Gibraltar. Cuando lord Howe volvía al Atlántico, Córdova le salió de nuevo al paso y se trabó un combate, el veinte de octubre de 1782, frente al cabo Espartel.
El combate duró cinco horas. Los buques enemigos de más andar, rehuyeron continuarlo. El coloso español, el navío “Santísima Trinidad”, sólo pudo hacer una descarga completa, de toda sus baterías.
Se firmó la paz con la Gran Bretaña el treinta de enero de 1783, por la que se restituía a España la isla de Menorca y La Florida.
El rey premió los servicios de Córdova nombrándole director general de la Armada el siete de febrero de 1783 y poco después capitán general. Permaneció con tan alto grado hasta su muerte, sucedida el San Fernando el veintinueve de septiembre de 1796.



