martes, 12 de mayo de 2026

BIZANTINOS EN HISPANIA – (555- 625)

Llamamos Imperio Bizantino a la parte oriental del Imperio Romano que existió durante toda la Edad Media llegando hasta el Renacimiento. Bizancio era el nombre antiguo de su capital, Constantinopla, actual Estambul. Spania era un territorio incluía una zona de la península ibérica arrebatada al reino visigodo, que había formado parte del desaparecido reino vándalo.
La población hispano-romanos de Spania rechazaban a los visigodos, y es que los visigodos eran herejes arrianos (una forma distinta del cristianismo romano), mientras que los hispano-romanos eran católicos como los romanos orientales o bizantinos.


Durante el reinado del visigodo Ágila (54-554) los pueblos hispano-romanos que habitaban en la Bética, (en el sur) se sublevaron. Fue cuando acudieron los Bizantinos en favor de los béticos bajo el mando de Liberio. Ágila se retiró y los propios visigodos reconocieron al visigodo Atanagildo (554-567), como soberano en 555 ya que había luchado contra Ágila.
El nuevo rey visigodo se vio obligado a aceptar a los bizantinos en una ancha franja costera que se extendía desde el Júcar al Guadalquivir. Y que incluía a las ciudades de Cartagena, Almería, Granada, Málaga y Cádiz.
Eran las tierras más romanizadas y más ricas del territorio español.
El emperador romano de Oriente, Justiniano, abordó una posible conquista de toda la península ibérica. Crearon en el sur  de Hispania habían conservado un impronta  romana, y que la población era recelosa con los visigodo, incluso las más cultivados de los hispano-romanos acogieron de buen grado a quienes les retornaban a su pasado romano.
Ya Leovigildo (568 a 586), rey de los visigodos  había dado varios pasos a favor de un acercamiento entre los arrianos y los católicos.
Pero los visigodos tuvieron un rey que supo ser más inteligente y ver el futuro, con lo cual se dio cuenta de las ventajas que le reportaría la conversión al catolicismo de toda la élite visigoda: Recaredo I, hijo de Leovigildo, fue mucho más allá que su padre: convocó un Concilio en Toledo, logrando que en él los arrianos visigodos de la casta dirigente se convirtieran al catolicismo, lo que llevó a la unificación religiosa entre visigodos e hispanorromanos. Año 589.
El cristianismo levantó de las cenizas a las ciudades creando una nueva forma de vida, donde el circo, el baño público, etc. ya no tendrían cabida. Los templos paganos que podían albergar mucha gente se habían convertido en iglesias.

PINTURA DEL CONCILIO DE TOLEDO - MUSEO DEL PRADO 
El Concilio de Toledo del 589 no propugna una unión de las iglesias. Se trata de la conversión del alto mando y elite militar y gobernante visigoda que se bautizan como cristianos católicos abandonando el arrianismo (por supuesto seguidos de todo el resto del pueblo godo, como marca la buena costumbre y usanza medieval), en lo que es a la vez un acto profundo de humildad y un acto político que le dará el apoyo de gran parte de la población romana, que vio así una nueva oportunidad de integrarse a la administración visigoda en buenos términos. De este hecho surge que la presencia bizantina ya no tenía la gran importancia del principio, estaban perdiendo algunos territorios y ahora perdían un excelente motivo de su permanencia en Spania, el religioso.
Pocos fueron los años de permanencia de Bizancio en España. Fueron años de intercambio cultural, y también los últimos años del imperio romano en España, donde por un siglo más perduraría el reino visigodo hasta su caída en muy poco tiempo ante los árabes.
Sin embargo la civilización de las ciudades, la cultura romana, la forma de vivir de los ciudadanos tiene una larga persistencia, hay una continuidad evidente que no se quiebra ni con la caída de Roma, ni con la llegada de los vándalos, ni con el primer tímido gobierno visigodo, que se fomenta y engrandece con la llegada de los bizantinos.

Desde el 565, los visigodos Atanagildo y luego sus sucesores, Liuva I y Leovigildo, fueron acosando con sucesivas campañas al poder bizantino, que se vio finalmente relegado a las ciudades del litoral.
Los bizantinos seguían en Spania, con lo cual Suintila se ocupó de ellos. Estaban en las costas mediterráneas desde Valencia hasta Cádiz. Aquí los derrotó y expulsó. Y así completó la unidad del territorio de la península ibérica, que había sido el sueño de todos los reyes visigodos anteriores y sigue siéndolo en muchas gentes.
El unificador de Iberia fue el rey visigodo Suintila (621–631). Era hijo de Recaredo I. Suintila consolidó las instituciones eclesiásticas, apoyándose para ello en los hispano-romanos católicos. 

REY SUINTILA (EL UNIFICADOR DE HISPANIA) 

No existen demasiadas fuentes que nos acerquen luz a todos los acontecimientos ocurridos en Spania durante estos setenta años. Sin embargo la civilización de las ciudades, la cultura romana, la forma de vivir de los ciudadanos tiene una larga persistencia, hay una continuidad evidente que no se quiebra ni con la caída de Roma.
Suintila acabó mal. Declaró el carácter hereditario de la corona, designando heredero a su hijo. Esto provocó el principio del fin de Suintila y en el año 631, el gobernador de la Narbonense, (Septimania, en la actual Francia), Sisenando, organizó una rebelión con apoyos extranjeros y del propio hermano del rey. Finalmente Suintila fue depuesto y en el Concilio de Toledo del 633 fue excomulgado y confiscados todos sus bienes.

ESTATUA EN MADRID DEL REY SUINTILA 
El Imperio bizantino, (o romano de Oriente), heredero de Roma tras su caída en el año 476 vivió su esplendor durante el siglo VI, pero desde el XI atravesó un declive que desembocaría en la toma de Constantinopla el 29 de mayo de 1453 por el Imperio otomano.
Después de siglos de declive, la caída de Constantinopla supuso el fin del Imperio bizantino. La ciudad, renombrada como Estambul, se convirtió en la nueva capital del poderoso dominio otomano.

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