jueves, 9 de julio de 2026

SAN IGNACIO DE LOYOLA -JESUÍTAS

(Guipúzcoa 1491- Roma 1556), fue un soldado y sacerdote español cofundador de la Compañía de Jesús, de la que fue el primer general. En esta orden se profesan los votos habituales de pobreza, castidad y obediencia además de otro especial de obediencia al papa. La Compañía de Jesús tuvo un importante papel durante la Contrarreforma.

SAN IGNACIO DE LOYOLA

El papa Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de 1622 junto con Francisco Javier, Felipe Neri, Teresa de Jesús e Isidro Labrador. El metodista Jesse Lyman Hurlbut consideró a Ignacio de Loyola como una de las personalidades más notables e influyentes del siglo XVI.
En mayo de 1521, cuando era gentilhombre del virrey de Navarra, cayó herido en combate en la batalla de Pamplona frente a un contingente de navarros y franceses que apoyaba el reinado de Enrique II de Navarra. Este hecho sería determinante en su vida, pues la lectura durante su convalecencia de libros religiosos lo llevaría a profundizar en la fe católica y a la imitación de los santos.
Así que ya estando sano se propuso peregrinar a Jerusalén, para lo cual necesitaba llegar antes a Roma. En su trayecto se detuvo en Montserrat y Manresa, donde comenzó a desarrollar sus ejercicios espirituales, base de la espiritualidad ignaciana.

SANTUARIO DE LOYOLA EN GUIPÚZCOA 

A su vuelta de Tierra Santa, comenzó sus estudios y a dedicarse a la predicación, basándose en el método de sus ejercicios espirituales. Fue procesado en Alcalá de Henares y en Salamanca, y se le prohibió predicar hasta que hubiera estudiado cuatro años. En París estudió humanidades, filosofía y teología. En París decidieron seguirle Pedro Fabro y Francisco Javier, entre otros. Ignacio y sus compañeros acabaron haciendo en Montmartre un voto para vivir en la pobreza, ayudar al prójimo y peregrinar a Jerusalén o, de no ser posible, ponerse a disposición del papa. Debido a la guerra contra los otomanos fue imposible embarcar a Tierra Santa. Ignacio partió a Roma junto a Pedro Fabro y Diego Laínez, experimentando durante todo el viaje multitud de sentimientos espirituales. Pronto sufrió las críticas de personalidades influyentes que difundieron rumores en su contra, acusándolo de ser un fugitivo de la Inquisición. Para impedir que las acusaciones prosperasen Ignacio quiso que se abriese un proceso formal para así ser declarado públicamente inocente. Este proceso se resolvió a su favor. En noviembre de 1538 Ignacio y sus compañeros se pusieron a disposición del papa. En 1541 se procedió a designar al primer general de la Compañía de Jesús, resultando Ignacio elegido unánimemente por sus compañeros. Sin embargo, rechazó la designación y pidió que la votación se repitiese tras madurarlo más profundamente. Volvió a ser elegido en segunda votación y, tras reflexionar y confesar sus pecados, finalmente aceptó. Estuvo quince años al frente de la Compañía de Jesús como general, permaneciendo en Roma. La misma prosperó al punto que contaba con más de mil miembros en más de cien casas repartidas en doce provincias. Sus ejercicios espirituales, publicados en 1548, ejercieron una influencia proverbial en la espiritualidad posterior. Murió el 31 de julio de 1556.

EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS 

Sin embargo en España se ordenó la expulsión de los jesuitas en 1767 fue ordenada por el rey Carlos III, siguiendo los ejemplos recientes portugués de 1759 y francés de 1762, bajo la acusación de haber sido los instigadores de los motines populares del año anterior, conocidos con el nombre de Motín de Esquilache. Seis años después el monarca español consiguió que el papa Clemente XIV suprimiera la orden de los jesuitas. Sería restablecida por Pío VII en 1814 y el rey Fernando VII les permitió el regreso a España el 15 de mayo de 1815. Los jesuitas serían expulsados de España tres veces más: en 1820, durante el Trienio Liberal; en 1835, durante la Regencia de María Cristina de Borbón; y en 1932, bajo la Segunda República.
La difusión del jansenismo —doctrina y movimiento de una fuerte carga antijesuítica— y de la Ilustración a lo largo del siglo XVIII dejó desfasados ciertos aspectos del ideario jesuítico, especialmente, sus métodos educativos, y en general, su concepto de la autoridad y del Estado. Una monarquía cada vez más laicizada y más absoluta empezó a considerar a los jesuitas no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos.

TRABAJOS EN UNA MISIÓN

También fueron expulsados de los virreinatos de América, donde realizaban una gran labor con los indígenas, a los que se les enseñaba a leer y escribir, a construir y nociones de agricultura y ganadería, incluso a la venta de los productos sobrantes y lo obtenido era de la comunidad de los indígenas, una especie de cooperativa.
Todo esto y mucho más no gustó a los nobles portugueses y españoles, que conjuntamente con los personajes de la ilustración, coincidieron en que la expulsión de España era una solución, porque se estaban haciendo con cierto poder en la sociedad.

IGLESIA DE LA MISIÓN JESUÍTICA EN BOLIVIA, QUE SE CONSERVA 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NO LO OLVIDAREMOS NUNCA

El jueves 10 de julio de 1997, Miguel Ángel Blanco fue secuestrado por tres miembros de la banda terrorista ETA, que exigieron a cambio el a...