“UNA ESTIRPE, UNA LENGUA Y UN DESTINO”.
Se
cumplieron 313 años en la única institución del antiguo imperio español que
conserva autoridad sobre los 22 países que lo formaron. Es la Real Academia
Española.
En el siglo XIX, cuando los pueblos hispanoamericanos decidieron su independencia, los grandes lingüistas también allí estaban, pero el trabajo que se hacía en la Real Academia Española era tan riguroso que la Casa mantuvo el respeto de todos, funcionando desde 1713. Nació con el claro propósito de sacudir el polvo al idioma y construir un diccionario completo del español, que hace mucho concluyó, y desde entonces sigue al pie de la letra todos los movimientos de nuestro idioma. Con la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951, comienza a desarrollarse una política lingüística que implica la colaboración de las veintitrés academias de España, América y Filipinas, con el fin de fijar la norma común sobre léxico, gramática y ortografía para todos los hispanohablantes.
La Real Academia Española “Es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”, según establece el artículo primero de sus actuales estatutos. Se hacía ciencia del lenguaje y solo ciencia del lenguaje, sin adherencias políticas.
La
Asociación de Academias de la Lengua Española la componen veintidós academias
correspondientes a sendos países donde se habla español. Se dedica a la
regularización lingüística mediante la promulgación de normativas dirigidas a
fomentar la unidad idiomática dentro y entre los diversos territorios;
garantizar una norma común, en concordancia con sus estatutos fundacionales:
“velar por que los cambios que experimente no quiebren la esencial unidad que
mantiene en todo el ámbito hispánico.”
El
idioma español no es propiedad de España. Pertenece a los pueblos que lo hablan
como lengua materna y acoge a todos los que lo estudian. Las palabras,
expresiones, locuciones y giros idiomáticos de los diferentes países son
considerados por la Asociación de Academias de la Lengua. Algunas se incluyen
en la generalidad y otras se aceptan para esa región.
Al
servicio de los trabajos que la Academia desarrolla en Pleno o en Comisiones,
funciona el Instituto de Lexicografía, integrado por filólogos y lexicógrafos
que realizan las tareas de apoyo para la elaboración de los diccionarios
académicos. En México en 1951 se reunieron las diferentes Academias americanas
y se creó “La Asociación de Academias de la Lengua Española” (ASALE) que está
integrada por las 22 academias de la lengua española existentes en el mundo. Su
comisión permanente se encuentra en Madrid (España), ciudad en la que también
se encuentran la sede de la Real Academia Española (RAE) y la sede central del
Instituto Cervantes. El lema de la ASALE es «Una estirpe, una lengua y un
destino». La ASALE funciona como el órgano de colaboración de todas ellas en la
promoción de una política lingüística panhispánica. Esta política, plasmada en
numerosos proyectos de trabajo conjunto, fue galardonada en el año 2000 con el
Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, concedido a la Real Academia
Española, junto con la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Algún medio de comunicación dio por buena la información y anunció que, desde ahora, “almóndiga”, “toballa” y “asín” formaban parte del diccionario. No es cierto que la RAE haya admitido “recientemente” esos términos. Tal y como explica la propia Academia, esas tres palabras llevan en nuestro diccionario desde hace casi tres siglos. Así, para empezar, la noticia tiene poco de actual. La variante “almóndiga” existía en español antiguo y está en el diccionario académico desde su primera edición en 1726, explican desde la institución. Además, “toballa” aparecía ya en el diccionario académico de 1739 y “asín” se registró en el diccionario académico de 1770. La RAE se encuentra ante una cruzada, desmintiendo en redes sociales el reconocimiento de estas y otras palabras. No obstante, el error no está solo en la fecha de reconocimiento de esos términos, sino que el equívoco va mucho más allá. Tratan de aclarar desde la Academia, la clasificación de las palabras que hay en el diccionario es clave para saber hasta qué punto se permite o no su uso.
El
Diccionario de la lengua española pretende recoger el léxico general de la
lengua hablada en España y en los países hispánicos. Sobre los requisitos que
debe cumplir una palabra para ser sumadas al léxico "oficial"
español, la RAE responde: "En cualquier caso es requisito fundamental para
el mantenimiento y la inclusión de voces y acepciones que corresponden a las
distintas áreas y países de habla hispánica, que su empleo actual, se excluyen,
por tanto los arcaísmos dialectales, esté suficientemente documentado en
textos, preferentemente de autores de reconocido prestigio".
Sobre
el período de tiempo en el que deben ser usadas, se consignó: "Deben
abarcar al menos seis o siete años, pues de otro modo, podrían reflejar un uso
pasajero".
Esta
selección será lo más completa en lo que se refiere al léxico de la lengua
culta, mientras que en otros aspectos, dialectalismos españoles, americanos y
filipinos, tecnicismos, vulgarismos y coloquialismos, arcaísmos, etc., se
limitará a incorporar una representación de los usos más extendidos o
característicos.
Al
tratarse de un diccionario general de lengua, no puede registrar todo el léxico
del español, sino que, por fuerza, debe contentarse con acoger una selección de
nuestro código verbal.
En vista de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar por su cuenta, el organismo se encuentra cansado de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua. Javier Marías, catedrático de la Academia y se publicó en el periódico “El País” el 21 julio 2019.
La fuente documental que se ha recurrido sistemáticamente es el “Banco de datos académicos” y particularmente el “Corpus de referencia del español actual” (CREA), que contiene más de 150 millones de registros del español europeo y americano posteriores a 1974.
Tenemos diferentes publicaciones de la RAE con diferentes diccionarios. La Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que canaliza las propuestas de léxico americano de las academias.
Las
comisiones académicas elaboran las propuestas de adición, supresión o enmienda
que posteriormente examinará el Pleno para decidir sobre su aprobación. El
Instituto de Lexicografía prepara los materiales que se discuten en comisión y
documenta las propuestas.
Una
vez estudiadas por las comisiones y el Pleno, las propuestas pasan a consulta
de las academias americanas que propondrán sus observaciones para que la
modificación pueda ser aprobada definitivamente.
El
Diccionario de la lengua española es la obra lexicográfica académica por
excelencia.
El repertorio empieza en 1780, con la aparición, en un solo tomo para facilitar su consulta, de una nueva versión, ya sin citas de autores, del primer diccionario de la institución, el llamado Diccionario de autoridades (1726-1739). El de 1780 fue, por tanto, el precedente de la serie de diccionarios usuales que llega hasta hoy. Desde entonces, se han publicado veintitrés ediciones de la obra, convertida, a través del tiempo, en el diccionario de referencia y consulta del español. La más reciente, la 23.ª, ha salido de imprenta en octubre de 2014.
El Diccionario de la lengua española es el resultado de la colaboración de todas las academias, cuyo propósito es recoger el léxico general utilizado en España y en los países hispánicos. Se dirige, fundamentalmente, a hablantes cuya lengua materna es el español, quienes encontrarán en él recursos suficientes para descifrar textos escritos y orales. Desde su creación, en 1998, el Departamento de «Español al día» se encarga de resolver las dudas lingüísticas de los hispanohablantes. La Ortografía de la lengua española (2010), última publicada y la más completa de las ortografías académicas, tiene como objetivo describir el sistema ortográfico de la lengua española y realizar una exposición pormenorizada de las normas que rigen hoy la correcta escritura del español.
RELACIÓN
DE DICCIONARIOS
Diccionario
de la lengua española (2001)
Diccionario
esencial de la lengua española
Diccionario
de americanismos
Diccionario
de autoridades
Diccionario
del español jurídico
Diccionario
del estudiante
Diccionario
histórico (1933-1936)
Diccionario
histórico (1960-1996)
Diccionario
panhispánico de dudas
Diccionario
panhispánico del español jurídico
Libro
de estilo de la lengua española
Diccionario
práctico del estudiante
Diccionarios
anteriores (1726-2006)
Glosario
de términos gramaticales
Gramática
Gramática
y ortografía básicas de la lengua española
La
Nueva gramática de la lengua española (2009-2011)
Nueva
gramática básica
Nueva
gramática. Fonética y fonología
Nueva
gramática. Morfología y sintaxis
Nuevo
diccionario histórico del español
Nuevo
tesoro lexicográfico
Ortografía
2010
Ortografía
básica
Ortografía
escolar

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