sábado, 11 de julio de 2026

DECRETOS DE NAPOLEÓN PARA ESPAÑA

Firmados por Napoleón Bonaparte el 4 de diciembre de 1808.
Ese año había comenzado la Guerra de Independencia en el mes de mayo y en julio se produjo la batalla de Bailén con derrota de las fuerzas francesas el 19 de julio de 1808.

RENDICIÓN DEL EJÉRCITO NAPOLEÓNICO EN BAILÉN
La derrota francesa tuvo numerosas consecuencias, primero originó un enorme entusiasmo en la sociedad española. Este entusiasmo se propagó por Europa. Fue la primera derrota en campo abierto de un ejército napoleónico. Y la pérdida de 20.000 soldados imperiales.
A todo esto, el rey José I, huyó de Madrid tras la derrota de las tropas francesas en Bailén.
Napoleón estaba decidido a vengar la afrenta y se puso al frente de su Grand Armeé. Viene a España y se instala en Vitoria organizando la campaña. Luego se dirigió a Burgos, ciudad que fue objeto de un cruel saqueo, y asaltó Somosierra llegando a las puertas de Madrid. Tras un continuo cañoneo la Junta de Defensa de la ciudad aceptó la rendición y Napoleón entró en la ciudad el 4 de diciembre de 1808.
Antes de  entrar en la ciudad dictó cuatro decretos por lo que abolía los derechos feudales, suprimía la Inquisición, reducía el número de conventos nacionalizando sus bienes y trasladaba las aduanas interiores, que sería provechoso para los comerciantes.

Son los llamados “Decretos de Chamartín”. Denominados así por la localidad donde fueron sancionados por Napoleón, Chamartín de la Rosa, firmados el 4 de  diciembre de 1808. Estos decretos corresponden a una mentalidad de la Ilustración, pero no consiguieron aumentar los adeptos a el rey, su hermano José I, ya que se consideró una injerencia extranjera en asuntos nacionales. José I nuevamente pudo establecerse en Madrid, no sin un ejército importante.
Al haber conseguido la rendición de Madrid, abolía el Antiguo Régimen en España. Los decretos sólo tuvieron vigencia en la España "afrancesada", la que estaba bajo la autoridad de José I. Pero no se aplicaron en la España "patriota" en la que las Cortes de Cádiz detentaban el poder en nombre de Fernando VII, cautivo en Francia, único rey al que reconocían. 

Los españoles "patriotas" no reconocían las Abdicaciones de Bayona donde Carlos IV abdica en Fernando VII y éste en José I.
Pero los decretos planteaban un problema jurídico, porque iban firmados por Napoleón no por el rey José I, que había surgido de las abdicaciones de Bayona. La interpretación que hacen los historiadores Emilio La Parra y María Ángeles Casado, es que en el momento de la firma su hermano no estaba todavía en Madrid ocupando el trono. Si bien el corso enseguida dio los pasos oportunos para restablecer a su hermano. Los decretos fueron publicados en la Gazeta de Madrid el 11 de diciembre, el periódico destinado a transmitir a la población las decisiones oficiales, y una vez restablecido en el trono, José I no los derogó.
Por lo tanto Napoleón decidió amparado en el derecho de conquista, y su hermano lo asumió y convirtió en norma aplicable en su reino, como "ley del Estado", tal como se decía en el decreto de abolición de la Inquisición.
En el decreto de abolición de la Inquisición, se decía que el Tribunal quedaba suprimido “Como atentatorio a la soberanía y a la autoridad civil” y se ordenaba que sus bienes pasaran a la Corona de España para servir de garantía a los vales y cualesquiera otros efectos de la Deuda de la Monarquía. Este cambio de actitud de Napoleón respecto de la Inquisición se presentaba ante los franceses y ante toda Europa como el libertador de los pueblos oprimidos por el fanatismo religioso.

JOSÉ I (BONAPARTE)
La reacción de los madrileños a los "Decretos de Chamartín", fue de agrado respecto de la supresión de los derechos feudales y de las aduanas interiores e incluso la del Consejo de Castilla, pero la abolición de la Inquisición sólo fue bien acogida por la minoría de ilustrados, los "afrancesados", y con indiferencia por el pueblo. 
Según el hispanista francés Joseph Pérez, “esas medidas tan radicales cogen desprevenidas a las minorías españolas, que nunca pensaron que se llegaría tan lejos”.
En 1813 apareció en París, la obra fundamental sobre la Inquisición que tendría una enorme repercusión: “Histoire critique de l'Inquisition d'Espagne”. Se decía que “toda religión intolerante es una religión falsa”.
En la “España Patriota”, los liberales, no se abolió pero era testimonial.  Una vez aprobada la Constitución de 1812, en la que se había proclamado al catolicismo “única religión verdadera”. Se inició una cuidadosa documentación. La propuesta de la Comisión fue que la Inquisición debía ser abolida y sustituida por unos “Tribunales Protectores de la Fe” dependientes de los obispos. 

APROBACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812

La votación final sobre el Dictamen de la Comisión se resumió en la propuesta «El Tribunal de la Inquisición es incompatible con la Constitución», que quedó aprobada el 22 de enero de 1813.
 

 

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