lunes, 19 de enero de 2026

REINA CONSORTE ISABEL DE BRAGANZA

Los tres hitos que marcaron la vida de María Isabel de Braganza (Queluz, 1797 – Aranjuez, 1818), el exilio a Brasil, la pérdida de sus dos hijas y la adquisición de obras de arte.
Fue infanta de Portugal y reina consorte de España tras el matrimonio concertado con Fernando VII.
En 1807 escapó a Brasil pero terminaría regresando a la península. Lo hizo tras el acuerdo entre la casa de Borbón y la casa de Braganza, que buscaba estrechar lazos y recuperar el terreno perdido.


Se concertaron dos bodas: Isabel y su hermana María Francisca con sus tíos, el rey Fernando VII y su hermano el infante Carlos María Isidro. Una estrategia habitual en la época. En su caso, Fernando VII era viudo y no había logrado descendencia con su primera esposa. El objetivo era dar sucesión a la Corona Española. En Madrid corría un dicho, "fea, pobre y portuguesa, ¡chúpate esa!"
María Isabel de Braganza tuvo dos hijas. La primera murió a los pocos meses de vida. Se volvió a quedar embarazada, pero su segunda hija nació muerta y el parto se complicó hasta tal punto que provocó la muerte de la madre, cuyos restos descansan en el panteón de infantes del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Sin pretenderlo, Braganza utilizó su influencia como reina consorte y destinó parte de su patrimonio personal a la adquisición y colección de las obras que formarían el núcleo inicial del Real Museo de Pinturas y Esculturas, el germen de lo que después se convirtió en el Museo del Prado, la pinacoteca más visitada de nuestro país.
Al final, la mujer que huyó a Brasil junto a su familia por la invasión napoleónica de Portugal, terminó por convertirse en una figura clave en la historia cultural.
La reina había sido una apasionada del arte y a ello utilizó su influencia y destinó parte de su patrimonio personal a la adquisición y colección de las obras del Museo Real de Pintura y Escultura, el germen de lo que después se terminaría convirtiendo en el Museo del Prado
Pero María Isabel no pudo ver el resultado final. Murió un año antes de su apertura, que se produjo finalmente en 1819. Y ese recinto terminaría por convertirse en la pinacoteca más importante del país.


Ahora, el Museo del Prado le rinde homenaje inaugurando un espacio dedicado, la sala 54, que exhibe dos retratos significativos: uno pintado anterior a su boda con Fernando VII en 1816 y otro póstumo, realizado en 1827 como matrona romana.

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