El origen de este edificio hay que situarlo en la alcazaba
musulmana fundada entre los años 850 y 856 y luego ya como fortaleza cristiana,
conocería momentos de esplendor en tiempos de los Trastámara.
El emir de Córdoba Muhammad ben Abd al-Raahman fundó entre
850 y 886 una fortificación en la musulmana Mayrit, en torno a la cual creció
la población, que acabó convirtiéndose en la villa cristiana de Madrid
Es la residencia oficial del Rey de España, pese a que nadie
reside en él. Actualmente es utilizado en la celebración de las ceremonias de
Estado
El emir Mohamed I edificó una alcazaba. Una fortaleza
defensiva que, tras la reconquista de Mayrit, por el rey Alfonso VI en el año
1083, sería utilizada por los reyes de Castilla, sobre la que años más tarde,
en el siglo XVI, se construyó el Real Alcázar, que resultaría destruido por un incendio
en la Nochebuena de 1734.
Felipe V fue el impulsor de las obras de construcción del
nuevo palacio. Ventura Rodríguez (la Capilla Real) o Francesco Sabatini (la
escalera principal), también participarían en la realización de tan magna obra.
Las obras se iniciaron en 1738, con la ceremonia de
colocación de la primera piedra.
Se comenzó prolongándose las obras hasta 1755, por lo que
Felipe V, que fallecería el 9 de julio de 1746. Carlos III, su hijo fue el
primer monarca español en establecer su residencia en el Palacio de Oriente en
1764.
Su arquitectura, de inspiración francesa, posee sin embargo
unas proporciones claramente italianas, de gran majestuosidad y belleza, que
hacen destacar aún más, si cabe, su privilegiada situación, sobre una colina
con vistas a poniente y los hermosos y cuidados jardines que lo rodean: los
Jardines de Sabatini y el Campo del Moro.
Destacan sus cuatro fachadas, inspiradas en los dibujos que
Bernini realizó para el Palacio del Louvre de París, en la que los balcones, la
última de ellas con una balaustrada realizada en piedra blanca, rematando la
cornisa donde debían colocarse las estatuas de los reyes de todas aquellas
monarquías españolas comenzando por el rey visigodo Ataúlfo.
En su decoración interior, se emplearon los mejores y más
ricos materiales disponibles: mármoles españoles, estucos, madera de caoba en
puertas y ventanas y sus distintas estancias se decoraron con obras de arte de
los mejores artistas del momento. Como es lógico, cada monarca redecoraba,
añadía y cambiaba elementos de acuerdo con su gusto y real capricho, por lo que
la decoración del Palacio Real, fue cambiando a lo largo de los años. Así, del
reinado de Carlos III, aún se conservan el Salón del Trono, la Cámara del Rey y
la Sala de Porcelanas, obra de la Real Fábrica del Buen Retiro. Carlos IV nos
dejó el Salón de Espejos y de la época Alfonso XII podemos ver el Comedor de
Gala.
Entre las más de 3.000 estancias con que cuenta el Palacio
Real, son especialmente representativas de la grandiosidad del edificio:
La Escalera Principal, con más de 70 peldaños, diseñada por Sabatini
El salón del Trono, con su magnífico techo pintado por
Tiépolo.
El Salón de Alabarderos,
Las Salas Gasparini, la Real Farmacia.
La Capilla Real, que posee una magnífica colección de
instrumentos de cuerda fabricada por Antonio Stradivari, el más famoso luthier
de Cremona.
Escalera principal
La escalera principal del Palacio Real es de tipo imperial,
con un gran descanso central , para a partir de ese punto, dividirse en dos
tramos, a ambos lados, que ascienden en sentido opuesto. Fue proyectada por
Francesco Sabatini y está construida en mármol blanco procedente de las
canteras de San Pablo (Toledo). Cada uno de los peldaños que la componen están
labrados en una sola pieza de cinco metros de longitud, con escasa altura de
contrahuella para facilitar el ascenso. La balaustrada de los dos tramos superiores su
arranque cuenta con dos leones, también de mármol, como principal elemento
decorativo.
Su bóveda está decorada con estucos blancos y dorados y en
ella podemos ver la pintura de Corrado Giaquinto titulada: España rindiendo
homenaje a la Religión y de la Iglesia.
El Salón del trono del Palacio Real, está presidido por dos
tronos copia exacta de los originales realizados durante el reinado de Carlos
III. A ambos lados del trono se sitúan cuatro leones de bronce dorado,
encargados por Velázquez para decorar el Salón de los Espejos del antiguo Real
Alcázar de Madrid antes del incendio que lo destruyo por completo.
Las paredes estás tapizadas en terciopelo rojo de Génova,
con orlas de estilo rococó de plata dorada realizadas en Nápoles, al igual que
el mobiliario de talla dorada.
La bóveda fue pintada al fresco por Tiepolo, que la terminó
en 1766, y representa la Alegoría de la Monarquía Española, con
personificaciones de los reinos que la integraban en el siglo XVIII. En cuanto
al resto de la suntuosa decoración, los espejos, son de la Real Fábrica de La
Granja, y las arañas de cristal de roca fueron adquiridas en Venecia.
Comedor de Gala posee catorce lámparas en bronce de la época
fernandina, con casi mil bombillas con tecnología LED, dan luz y esplendor. Nuevas
tecnologías aparte, se conserva tal y como era cuando en 1879, el rey Alfonso
XII unió las tres estancias de su madre, la reina Isabel II, tirando los
tabiques que las separaban, para crear un salón de baile y un comedor de gala.
Hasta el siglo XIX era habitual que los monarcas comieran en la antesala de sus
habitaciones. En cambio, en “le grand couvert” (el gran cubierto), que se
llevaba a cabo igualmente en los aposentos privados, el monarca se reunía con
su familia y algunas relevantes personalidades de la Corte. En España, se
continuó haciéndolo de este modo, hasta diciembre de 1879, fecha en que se
inauguró el Comedor de Gala, con motivo del segundo matrimonio del Rey Alfonso
XII con la Reina María Cristina de Habsburgo-Lorena
Las pinturas que lo decoran son de Antonio Rafael Mengs (La
Aurora en su carro) y de sus discípulos Antonio González-Velázquez (Cristóbal
Colón presentando el nuevo mundo a los Reyes Católicos) y Francisco Bayeu (La
rendición de Granada).
En este espectacular marco, que el marqués de Lozoya
calificó como “el comedor más bello de Europa”, tienen lugar en la actualidad,
los almuerzos y cenas que los reyes de España ofrecen a las visitas de Estado,
en torno a la soberbia “mesa imperial” con capacidad para un máximo de 140
personas.
Salas Gasparini: Son tres salas: saleta, antecámara y el
salón, que reciben su nombre del artista que las diseño, el italiano Matías
Gasparini. Se construyeron entre 1770 y 1775 en el estilo rococó imperante en
el momento, con influencias chinescas. En la actualidad, se utilizan como salón
de café y te durante las recepciones oficiales. Unas salas impactantes y de
gran belleza, en las que destacan los suelos de mármol granadino taraceado, las
paredes tapizadas en seda y plata y el mobiliario rococó, con un diván circular
del siglo XIX, regalo de la Emperatriz Eugenia de Montijo a Isabel II,
fabricado en los talleres de Thomire y Cía. Con tapicería de Aubussón.
En la bóveda del salón, pintada por Antonio Rafael Mengs,
podemos ver el fresco titulado La Apoteosis de Trajano, donde aparece el
emperador Trajano, sentado, con cetro y globo, en el momento de ser coronado
por la Gloria. Ante él emperador están representados Hércules en pie y Mercurio
volando sobre Pegaso.
La Sala de Porcelanas, presenta una decoración en la que se
unen elementos neoclásicos, con motivos en relieve sobre fondo blanco,
realzados por el oro y las distintas tonalidades verdes empleadas. Su techo
forma un enrejado representa a Dionisos comiendo uvas.
Salón de Alabarderos, fue concebido por Sachetti como salón
de baile o comedor de gala, pero Carlos III lo convirtió en salón de la guardia
de alabarderos que custodiaba el recinto.
Destacan en esta sala los frescos que adornan sus muros,
realizados por Tiepolo con temas de carácter mitológico: Eneas conducido al
templo de la Inmortalidad por sus virtudes y victorias y Venus encomendando a
Vulcano que forje las armas para Eneas. Está decorado con tapices de Bruselas
del siglo XVI, tibores de porcelana china del siglo XVIII y piezas de porcelana
de Sèvres.
El Salón de Columnas, recibe su nombre de la serie de
pilastras lisas a base de columnas adosadas de fuste estriado, coronadas con la
representación del Toisón de Oro que lo decoran.
La bóveda fue decorada por Sabatini en 1761, usando parejas
de sátiros que sostienen medallones representativos de los cuatro elementos.
Como curiosidades relativas a esta estancia, hay que
destacar que, en este salón tuvo lugar el velatorio de la doña María de las
Mercedes de Orleans y Borbón, primera esposa de Alfonso XII. También en este
salón era donde se celebraba, cada Jueves Santo, el ceremonial del Lavatorio y
Comida de Pobres, durante el cual el rey y la reina, ante los Grandes de
España, ministros, cuerpo diplomático y jerarquía eclesiástica, daban de comer
y lavaban los pies a veinticinco pobres.
Fue también utilizado para instalar la capilla ardiente del
general Franco tras su fallecimiento, e igualmente fue en este Salón de
Columnas donde, el 12 de junio de 1985 se llevó a cabo la firma del Acta de
Adhesión de España a las Comunidades Europeas, en 1991 se celebró la
Conferencia de Paz de Madrid y en 1997 la Cumbre de la OTAN. También es en este
salón donde suelen celebrarse los conciertos con los Stradivarius Palatinos de
las Colecciones Reales.
La Capilla Real fue construida entre 1749 y 1757, por orden
de Fernando VI, que encargó la obra al arquitecto Ventura Rodríguez, en
detrimento del proyecto inicial presentado por Sachetti.
La planta del templo es elíptica. Los ángeles del tambor
fueron realizados por Felipe de Castro. Sobre el altar mayor un cuadro de
Bayeu, San Miguel triunfando sobre los demonios y en el altar del evangelio, La
Anunciación. El órgano de la capilla, fabricado en 1778, es obra de Jorge Bosch
Bernatveri, una pieza única en su género por su gran perfección y adelantos
técnicos para la época.
Real Biblioteca, en su día de uso privado de los reyes de
España y su familia, como la actual Biblioteca Nacional, se deben al impulso
creador de Felipe V. La biblioteca privada se fue organizando poco a poco en el
piso principal. Al principio con los volúmenes aportados por el propio rey,
unos 6 seis mil traídos de Francia, que se sumaron a los existentes y la colección
se fue ampliando durante los sucesivos reinados, hasta llegar a la actualidad,
en que se custodian unas 300.000 piezas, sobresaliendo entre sus fondos 263
incunables y 119.000 impresos de los siglos XVI al XIX. Además, entre sus
fondos hay 4.755 manuscritos, 4.169 obras musicales, 1.027 piezas de fotografía
histórica, 4.330 publicaciones periódicas, unas 7.000 piezas de cartografía y
10.000 del fondo de Grabado y Dibujo.
La Real Farmacia que existe en la actualidad fue fundada
como Museo de Farmacia en 1964. Las salas de destilaciones y las dos salas
adyacentes a la farmacia fueron reconstruidas tal y como eran durante los
reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII.
Los albarelos (tarros de porcelana que usaban los boticarios
para almacenar ingredientes y preparaciones) son anteriores y fueron realizados
en las fábricas de La Granja y del Buen Retiro, existiendo también otros
enseres fabricados en loza de Talavera en el siglo XVII.La Real Armería del Palacio Real está considerada como una
de las colecciones más importantes de su género. Conserva armas y armaduras
pertenecientes a los reyes de España y a otros miembros de la familia real,
desde el siglo XIII, en una gran y única sala, donde se exhibe una gran
colección de armaduras tanto personales, como de bardas de caballos de los
reyes de España, destacando las pertenecientes a los monarcas de la Casa de
Austria, principalmente de Carlos V y de Felipe II.
Una de estas armaduras es la que utilizó el emperador Carlos
V en la batalla de Mulhberg, de la cual quedó fiel reflejo en el cuadro de
Tiziano expuesto en el Museo del Prado. También se exponen piezas del Sultanato
Nazarí de Granada, algunas de las cuales pertenecieron al último rey de Granada,
Boabdil el Chico.
Entre numerosos tesoros, conserva uno especialmente
singular. Se trata de una espada hoy sin empuñadura, de brillante hoja, con dos
filos, con 92,4 centímetros de longitud y 4,8 centímetros de anchura. Según
Gaspar de Graci, autor del inventario de bienes regios, tal arma no es otra que
la Colada, la otra espada de Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid Campeador”, y
compañera inseparable de la Tizona.
La Galería de Pintura, situada en antiguos salones oficiales.
En estas salas (9 en total) pueden verse instrumentos musicales, pintura
flamenca y pintura española de los siglos XV al XX. Obras de Velázquez , como
su Caballo blanco o el Retrato del Conde Duque de Olivares son algunas de las
pinturas protagonistas de la selección de pintura española del siglo XVII en
donde también están presentes Francisco Rizzi y Antonio de Pereda.
Mientras La Virgen con el Niño de Luis Morales y Retrato de
Isabel la Católica de Juan de Flandes, son dos de las obras más destacadas de
la sala dedicada a pintura flamenca. Goya, Mengs y Giaquinto son algunos de los
artistas presentes en las salas dedicadas a pintores españoles de los siglos
XVIII y XIX.
La segunda mitad del siglo XIX y los inicios del siglo XX está
representada por obras como el Retrato del Príncipe de Asturias de Joaquín
Sorolla, varios paisajes de Santiago Rusiñol y los Retratos de la infanta Luisa
Fernanda realizados por Federico Madrazo.
Y un Caravaggio sobre el que ya he escrito en una entrada
anterior: Salomé con la cabeza del Bautista.
La primera piedra está colocada a 11 metros por debajo de la
puerta principal. En un principio, el arquitecto Juvara, proyectó un palacio de
enormes proporciones, que requería un espacio muchó mayor que el del antiguo
Alcázar. Un proyecto desmesurado descartado rápidamente por Felipe V y su
esposa Isabel de Farnesio, ante el excesivo coste de este.
El palacio consta de 50.000 m2, con 870 ventanas, 240
balcones y 44 escaleras. La Escalera de Embajadores diseñada por Sabatini,
tiene 3 rampas paralelas de 5 metros de anchura cada una.
El palacio es el mayor Palacio Real de toda Europa
Occidental, ocupando una extensión de 135.000 m2.Tiene tres plantas y cuatro
entreplantas, debajo y encima de cada una de las principales. Las fachadas del
palacio miden 130 metros de lado por 33 de alto. Las 870 ventanas y 240
balcones se abren a fachadas y patio. En total el palacio posee unas 2.800
habitaciones. La mesa del comedor de gala tiene capacidad para 145 comensales
La leyenda de los fantasmas del Palacio nos vamos al siglo
IX, a la conquista de Mayrit o Magerit por el califa Muhammad I, quien tras
conquistar la plaza, que en realidad no era más que una antigua atalaya
defensiva, ordena construir una fortaleza sobre una colina cercana al
Manzanares. Una edificación que le permitiría vigilar los pasos de la sierra de
Guadarrama. Los terrenos situados entre la Cuesta de San Vicente y San
Francisco el Grande estaban habitados por brujas y fantasmas que se aparecían a
todo aquel que se adentrara por estos parajes, de modo que eran muy pocos los
habitantes de Mayrit que se atrevían a acercarse por el lugar tras caer la
noche.
En 1085, Alfonso VI de Castilla, la reconquista para la
cristiandad, mandando construir sobre la fortaleza musulmana el Alcázar y es a
partir de ese momento cuando los fenómenos, empiezan a tener lugar de forma
frecuente: obreros, artesanos y ciudadanos muertos en extrañas circunstancias,
apariciones de seres fantasmagóricos, misteriosas desapariciones de obreros y
materiales… Y la leyenda de los fantasmas y los duendes cobra cada día más
fuerza, afirmándose entre los habitantes de Mayrit, que, al verse expulsados de
sus territorios, los espíritus, se habían conjurado para reclamar su justa
venganza.
Y de este modo, llegamos hasta el pavoroso incendio que se
inició en la Nochebuena de 1734 y que durante 3 días redujo el Alcazar a
cenizas. Las leyendas y crónicas afirman que, durante el incendio, se
escuchaban algunas voces lastimeras y otras de gozo, cuando no había nadie
dentro del palacio. Tras la total destrucción del Alcazar, en abril de 1738
comenzaron las obras de construcción del nuevo Palacio Real, y con las obras,
llegaron de nuevo los fenómenos extraños. El capataz de las obras, juraba y perjuraba
haber visto escalando la muralla a dos seres, mitad fantasmas, mitad demonios
envueltos en sábanas. Poco a poco todos los obreros empezaron tener las mismas
visiones, hasta que uno de los trabajadores cayó al vacío. Felipe V, decide
entonces realizar un exorcismo, en el que el sacerdote oficiante, baño a todos
los obreros en agua bendita. Sin embargo los sucesos fuera de lo normal, no
cesaron, los obreros se marchaban víctimas de auténtico terror.
Las estatuas de reyes que se pueden ver alrededor de la
plaza de Oriente y en el paseo de las Estatuas del Retiro, estaban pensadas, en
un principio, para decorar la cornisa superior del Palacio Real. En el proyecto
original dicha cornisa iba a estar decorada por 108 esculturas de gran tamaño,
representando a los monarcas de los diferentes reinos relacionados con la
monarquía española: América, Portugal, Castilla, Aragón, Asturias, Galicia y
Navarra, así como los reyes de España desde Isabel y Fernando, los Reyes
Católicos. Comenzando por el rey visiodo Ataúlfo. 1.600 años de monarquía en España.
Hoy no está clara la razón por la que, finalmente, no se
colocaron en la ubicación prevista inicialmente. Se dice que, tal vez, el
enorme peso de todas ellas habría podido afectar la estructura del edificio.
De este modo, las estatuas nunca se colocaron, ni sobre la
cornisa, ni en ningún otro emplazamiento, quedando almacenadas en los sótanos
de palacio hasta que Isabel II, decidió repartirlas, no solo por Madrid, sino
por toda la geografía Española. Algunas de ellas podemos verlas en la plaza de
Oriente, frente al Palacio Real, otras en los Jardines de Sabatini, algunas más
en el paseo de las Estatuas del Retiro y las más viajeras, llegaron hasta
Vitoria o Pamplona o El Ferrol.
Finalmente, tras la restauración del edificio, iniciada en
1970, algunas de estas estatuas se colocaron en el lugar para el que en
principio fueron proyectadasBajo la plaza de Oriente se descubrieron durante las obras
de remodelación de la plaza una serie de túneles que conectaban el Palacio Real
con el Monasterio de la Encarnación, construido en 1612. Arrancaba en las
cocinas del Alcázar y permitía a los miembros de la Familia real acudir a los
actos religiosos, sin necesidad de pisar la calle. Una leyenda asegura que una
parte de estas galerías permanecía inundada por el agua y servía para que,
embarcado en una góndola, Felipe IV se desplazara por ella para acudir a sus
encuentros amorosos. Pero no es el único pasadizo que partía del Palacio Real.
Hubo otro que enlazaba con el Teatro Español, construido sobre los terrenos que
había ocupado el Monasterio de Santa Ana, derribado por orden de José I
Bonaparte. Los sótanos del teatro conservaban la cripta funeraria del convento,
y a través del bar del nuevo edificio, se podía acceder a su antecámara por
tres pasillos, de los que, uno tenía acceso al palco normalmente utilizado por
el rey y los otros dos a edificios religiosos del Barrio de las Letras. Todavía
existe parte de un tramo de este túnel que unía el Palacio Real con la plaza de
la Paja y en la calle Segovia y bajo el Palacio de Anglona existe otro tramo
muy ancho, lo que permite suponer que circulaban coches de caballos.
También en las inmediaciones del Palacio Real adquirieron
fama los túneles por los que, el rey Alfonso XII salía de incógnito a visitar
la ciudad. “Quién será ese buen mozo quién será, con la capa de seda… no es el
número uno ni es el número dos, es el número doce por la gracia de Dios”, decía
la coplilla. Una de las bocas de esta serie de tuneles y pasadizos secretos iba
a dar a lo que más tarde sería un restaurante-cava, en la calle del Factor.
Un túnel, hoy cegado y sepultado a causa de las obres de
soterramiento de la M-30 fue empleado por José I Bonaparte para acceder al
palacete de los Vargas, junto a la puerta del Rey de la Casa de Campo. Puede
que este túnel, fuera el mismo que utilizó el rey Alfonso XIII, cuando se
proclamó la II República, para salir de palacio, llegando hasta la Casa de
Campo.
En la plaza de la Armería, los primeros miércoles de cada
mes, excepto los meses de verano y salvo imprevistos debidos al clima o la
celebración algún acto oficial, tiene lugar el Relevo Solemne de la Guardia del
Palacio Real, una ceremonia que se lleva a cabo, tal y como se hacía a diario
en tiempos de Alfonso XII y Alfonso XIII, los dos últimos monarcas que vivieron
en el palacio. Para disfrutar de este auténtico espectáculo, se habilitan gradas
para ver desfilar lanceros y alabarderos y diversas piezas de artillería.
Un
total de más de 400 personas y 100 caballos que escenifican el relevo de la
guardia mientras la Unidad de Música de la Guardia Real interpreta música
militar.
Visita guiada: es la mejor forma de conocer el edificio en
profundidad y con todo lujo de detalles, y más que recomendable si deseas
recorrer los Salones Oficiales del palacio. Dura aproximadamente 45 minutos y
una vez finalizada, nada os impedirá continuar con la visita por vuestra
cuenta.
La Real Armería, la Real Farmacia y la Galería de Pinturas:
No debéis dejar de visitar estas dependencias del Palacio Real, cuyas entradas
se compran aparte, son muy recomendables, en especial la Real Armería, donde se
halla expuesta la colección más importante del mundo (junto a la de Viena) de
armaduras medievales.
Los jardines: Si tienes la suerte de disfrutar de uno de
esos días de cielos azules y limpios que con frecuencia nos regala Madrid, no
dejéis de pasear por los jardines que rodean el palacio, los Jardines Sabatini
y los del Campo del Moro, dos auténticos oasis de verdor y tranquilidad, a tan
solo unos pasos del bullicio de esta gran ciudad que es Madrid.