En octubre nació la primera hija de Fernando e Isabel a la que llamaron Isabel.
El rey Enrique IV lizó La Ceremonia de la Val de Lozoya, que fue el acto que se celebró en octubre de 1470 en el que se declaró heredera al trono del Reino de Castilla a Juana la Beltraneja anulando los acuerdos de los Toros de Guisando donde se había declarado heredera a Isabel.
El rey Enrique IV lizó La Ceremonia de la Val de Lozoya, que fue el acto que se celebró en octubre de 1470 en el que se declaró heredera al trono del Reino de Castilla a Juana la Beltraneja anulando los acuerdos de los Toros de Guisando donde se había declarado heredera a Isabel.
Se dio
lectura a una carta del rey mediante la cual “visto el poco acatamiento y menos
obediencia que mostró en casarse por su propia autoridad, san acuerdo y ninguna
licencia, desheredaba a Isabel”
Enrique ordenó todo sus súbditos de que en adelante tuvieran a Juana como sucesora y heredera y se concluyó en el acto de desposorio entre el conde francés de Guyena y a niña Juana, acto realizado por poder con un enviado francés, aunque este acuerdo nunca se confirmó.
Las decisiones tomadas en Val de Lozoya fueron un fracaso, produjo más desvío que adhesiones.
Enrique ordenó todo sus súbditos de que en adelante tuvieran a Juana como sucesora y heredera y se concluyó en el acto de desposorio entre el conde francés de Guyena y a niña Juana, acto realizado por poder con un enviado francés, aunque este acuerdo nunca se confirmó.
Las decisiones tomadas en Val de Lozoya fueron un fracaso, produjo más desvío que adhesiones.
Fernando iba tomando decisiones importantes, se supone con
el visto bueno de Isabel. Tenían ambos en la cabeza y desmontando poco a poco
las influencias que nobles y prelados tenían sobre la monarquía. Por entonces,
época feudal, las fuerzas e intereses de gentes de poder eran tan grandes que
sometían muchas veces a los reyes a su voluntad.
Pero a Fernando e Isabel que eran jóvenes, cultos y ambiciosos, no les faltaban energías para poner las cosas en sus territorios de acuerdo con los tiempos, que además iban cambiando y se terminaba la Edad Media y lentamente aparece el Renacimiento con la Edad Moderna.
Fernando se desprendió del arzobispo Carrillo, lo que parecía una locura, pero con eso demostró que las cosas cambiarían, nada de validos ni consejeros directos, sino realizar Consejos, y secretarios que ejecutaran las decisiones. Digamos, con prudencia, más democrático. El reino se iba desintegrando porque Enrique IV se estaba quedando con el culo al aire. Tenía el poder, pero no el favor del pueblo. Para los intereses de Roma la cuestión política no primaba. Era la salud de la Iglesia. Y los nuevos príncipes ofrecían la misma o mayor garantía y además un futuro continuado en este asunto.
A todo esto llega el futuro papa Alejandro VI, el entonces cardenal Borja, en 1471 y gracias a la mediación del legado papal y cardenal Rodrigo Borgia, se firmó un pacto en 1471. Se le concedió el señorío y título de duque de Gandía al hijo de Borgia, Pedro Luis, a cambio de la emisión de la bula que legitimaba de forma definitiva el enlace de Isabel y Fernando.
El 1 de noviembre de 1471 llega la “Bula de Simancas” que es un documento papal emitido por el papa Sixto IV para validar y dispensar el matrimonio confirmando la legitimidad de la boda de Fernando e Isabel.
Desde Valencia comunicó Fernando la buena nueva a Isabel, que se hallaba en Torrelaguna. Y hemos de recordar aquí que esa localidad fue la cuna de un hombre fundamental para los posteriores Reyes Católicos, se llamaba Gonzalo Jiménez de Cisneros, el famoso Cardenal. Poco a poco la aceptación del reino parecía asegurada, cada vez recibían más adhesiones y no sólo de la nobleza. Pacheco, por otro lado, ya no era el mismo, su salud se iba minando.
En 1473 el cardenal Borja, con la promesa de grandes mercedes del partido aragonés en Roma es enviado a Castilla quien será el próximo cardenal de la iglesia, si Alfonso Carrillo o Pedro Mendoza. El cardenal aconsejó al papa y Sixto IV nombró cardenal a Pedro Gozález de Mendoza ya que recibió secretamente el apoyo de Fernando, que aunque todavía no eran reyes, estaba claro que representaban el futuro de Castilla. El rey lo tituló “Cardenal de España”, también a finales de aquel mismo año.
EL INCUNABLE- BULA DE SIMANCAS
Desde entonces los Mendoza permanecieron al lado de Isabel,
es decir, de la persona que a su criterio estaba mejor situada y más capacitada
para ejercer el poder real del que dependía la prosperidad del clan.En su guerra con Francia Juan II de Aragón aunque recuperó el Rosellón, quedó cercado en Perpiñán. Luis XI de Francia ordenó el ataque y el aragonés pidió ayuda. Isabel escribió a los “Consellers” de Barcelona, que salía Fernando con cuatrocientas lanzas, que era de lo que podía disponer. Les escribió para decir eso y para decirles, subliminalmente, que los consideraba como sus súbitos. Aquél fue el primer servicio que, tras el matrimonio, Castilla pudo prestar a Cataluña, pero no el único.
Fernando estaría en Rosellón un año luchando. La presencia de Fernando con tropas suyas, castellanas le presentaba como uno de los protagonistas del conflicto. Inglaterra, Borgoña, Nápoles y el papa le consideraban el futuro rey.
Hemos de tomar conciencia de que Fernando fue un gran rey, un hombre muy hábil en la guerra, gran negociados y diplomático cuando convenía y muy astuto.
Portugal guardaba silencio. Mientras Pacheco, fiel a sí mismo, urdía un plan funesto para los príncipes. Se haría con el tesoro real, con Segovia e influiría en los pueblos en contra de los judíos y conversos de forma que se pusieran a su favor como protector y a la vez en contra de Isabel.
Envió sus hombres a tomar Valladolid, y otros pueblos y pequeñas ciudades, confiriendo un propaganda de recazo a los judíos.
Enterada de esto, Isabel movió sus hilos con nobles y señores para hacer ver que ella era la mejor garantía de hacer cumplir las leyes de Castilla, con lo cual protegía a los judíos en esos momentos. En esos días, Isabel fue una defensora de los judíos. Aviso a navegantes. Con la ayuda de Cabrera (Judío converso), y su mujer, Beatriz de Bobadilla, que pudieron habar con el rey y explicarle que en caso de que Pacheco se hiciera con los mandos de Segovia, la infanta Juana quedaba sin protección. Era importante casarla con alguien apropiado y abandonar la idea de la sucesión.
ANDRÉS DE CABRERA - JUDÍO CONVERSO
Isabel, disfrazada y con una pequeña escolta llegó y entró
en Segovia, donde estaba Enrique, y además en esos días llegó Fernando. Ante el
rey se inclinó y besó sus manos en señal de respeto y éste la abrazó. La
reconciliación se había realizado, en los momentos más apremiantes.El 1 de enero de 1974 se conocieron Fernando de Aragón y Enrique IV de Castilla en el Alcázar. Pasearon a caballo los tres por Segovia con el respeto y el aplauso de las gentes segovianas. A partir de aquí los príncipes actuaban como sucesores de la corona sin problema alguno y con la consideración de todos.


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