CASTILLO DE COCA - SEGOVIA
Los mismos romanos construyeron obras
levantadas sobre el terreno por los ejércitos en campaña, hasta construcciones
permanentes en piedra.Los romanos establecieron para la seguridad de sus fronteras muchos puestos militares, campamentos permanentes y cuando no pudieron disponer de fuerzas suficientes para guarnicionarlos, por los continuos ataques de los bárbaros, necesitaron aumentar el valor defensivo de las obras, surgiendo los castillos fronterizos en puntos estratégicos para la custodia de campamentos, costas, caminos y poblaciones.
Un alto para explicar el origen de la palabra “Castillo”. “Castro” es la antigua denominación de “Castillo” en griego. El nombre en latín “Castrum” en realidad deriva del griego, una edificación en un promontorio. El latín se nutrió de antiguas voces griegas. Lo extraordinario es que el castellano se nutrió al principio directamente de voces ibéricas que están preexistentes en nuestro léxico. Son anteriores al latín y al griego y por ello derivan de otra raíz pre-helena distinta. El significado de un acrónimo ibérico es la suma de los lexemas que lo generan: KA STIL LA. Y si se dijo que Castilla quería decir “Tierra de Castillos”. Eso querrá decir porque los pueblos tienen memoria. Conservaron en este caso el ibérico oral y no el latín vulgar. Veamos; el nombre de Castilla es una frase ibérica que literalmente significa “Edificaciones en piedra”, así podemos asegurar que Castilla ciertamente significa “Tierra de Castillos”.
CASTILLO DE LOARRE - HUESCA
Nos han llegado hasta nosotros aquellos
castros, (castellum) que los invasores
iban devastando en su irrupción y solo nos han llegado el recuerdo de sus
cimentaciones. Torreón de planta cuadrada, recios muros elevados y rematados
por terraza superior almenada.Tras la breve dominación de los visigodos y los árabes, de mayor permanencia, tras las batallas medievales en España es cuando el castillo, como en Europa , consigue su apogeo. La necesidad de conservar las conquistas impusieron la construcción de abundantes fortificaciones, a tal punto que fueron escasos los pueblo que se dejaron sin castillo o fortificación cercada con fosos y muros o torres defensivas. Castillos señoriales, castillos-palacios, algunos imponentes más que la de la realeza, producto del feudalismo. Torres del homenaje, patios de armas cuartel para la tropa, cuadras, alojamientos, aljibes, prisiones.
En realidad eran un exceso de vanidad de una clase privilegiada y una constante amenaza al poder real, que la vio con recelo, y tomó medidas para desmantelar el lujo por lo militar. El descubrimiento y el uso cada vez más habitual de las armas de fuego cambió las estrategias de lucha por completo.
CASTILLO DE MOTA - VALLADOLID
Pero los románticos enamorados de lo retrospectivo,
de la historia y de la arquitectura con mayúsculas, no nos interesan estos
asuntos en sí mismos, sino las edificaciones, lo que encierran, las aventuras y
desventuras que inundan su vida, que es la de nuestro país. Son testimonio de
tiempos que no han de volver, pero que poseen un encanto, un misterio y embrujo
al que no son ajenos la literatura, el cine y la pintura.Hechos y personajes como la batalla de Las Navas de Tolosa, el Cid, los Reyes Católicos, Fernando el Santo, las órdenes religiosas-militares como Los Templarios, Los de Calatrava, la enorme cantidad de batallas y guerras habidas, la dinastía Borgoña, la de los Trastámara, etc. todo esto sigue viviendo en los libros de historia y debería ser bien conocido por las nuevas generaciones.
Seguro que sabríamos valorar lo que hemos tenido, lo heredado y lo que realizamos por el bien de este maravilloso y antiguo país, que se llamó Hispania, doscientos años antes de que naciera Jesucristo.
Si bien los primeros castillos datan del IX, su origen es más antiguo y tienen precedentes en la arquitectura militar de la Grecia clásica. En la Alta Edad Media, se utilizaba como cerco defensivo una mera empalizada de madera, pero la evolución del armamento y de las técnicas militares hicieron inservible este procedimiento; más adelante, se confió en la solidez de las construcciones en piedra y en la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.
DE MANZANARES EL REAL - MADRID
No han llegado hasta nosotros aquellos
castros o “castellum” que los invasores fueron devastando y solo nos llega el
recuerdo de sus cimentaciones.Luego, tras la dominación de los visigodos, que no fue larga, no dejó apenas rastro de su importancia militar. En la lucha contra los árabes, de mayor permanencia, tras la batallas de la Reconquista, es cuando los castillos en España consigue su apogeo. La necesidad de conservar las conquistas realizadas por los reyes cristianos, tan sacrificadas, laboriosas y sangrientas, como costosamente conseguidas, impusieron la necesidad de realizar las fortificaciones al punto de ser escasos los pueblos que se quedaron sin castillo. O cuando menos sin murallas con foso y almenas. Pero esta profusión de fortalezas, finalmente vino a ser exceso de poderío de una ambiciosa clase noble, que el poder real llegó a verla como una amenaza, y la atacó por sus cimiento, con estrategias políticas desmantelando por peligrosos los que no se acomodaran a la sumisión del rey. Cambian de forma borrándose el aspecto señorial por el de puramente militar.
Los más antiguos, siglos IX a XI eran de piedra toscamente labrada. Y posteriormente se instalaron con vivienda señorial, al principio sencilla y a partir del siglo XIV más amplios y decorados. Los primeros eran incómodos, promiscuos y de malas condiciones para el personal, y luego con el apogeo de las residencias castellanas, son el fastuoso dominio de la nobleza se incrementaron que la Corona llegó a prohibirlos, y hasta mandó demolerlos. La llegada de la pólvora usada en la artillería determinó un cambio total, quedando muchos de ellos prácticamente sin uso militar.
CASTILLO-PALACIO DE OLITE - NAVARRA
Hoy son esqueletos de su pasado, recuerdo
de hechos épicos y también sueños de vanidad, orgullo y alardes de conquistas y
raza. Las antiguas luchas entre nobles motivaron la desaparición de las
fortalezas desde fines del XIV y las ordenes de derribo por las casas reales.
Castillos guerreros, señoriales, monásticos y de distinto origen aparecen hoy
igualados en su fin: la ruina, el abandono y el expolio. Sólo algunos mimados
por la suerte perduran, bien cuidados por sus propietarios, pero los más, el
recuerdo de su épicas acciones, hechos políticos de trascendencia y románticas
leyendas, amenazan perecer, con estos monumentos a la historia de la nación,
que en su día enseñoreo al mundo y como la hiedra trepadora de sus muros,
descarna finalmente, llevando consigo la memoria de un pasado que debemos
defender, como quien defiende a su propia familia.Por suerte unos pocos se han convertido en Paradores Nacionales, bien conservados y que es un gusto pasar en ellos unos días, como hoteles de primera que son. Los castillos son parte importante de nuestra historia, porque al fin y al cabo, de aquellas gentes venimos, y para bien o para mal, están también allí, nuestras raíces. En total, se cree que hay unos 20.000, aunque no todas han logrado conservarse en perfecto estado. En la Asociación Española de Amigos de los Castillos hay 10.352 contabilizados.
La mayor parte de los castillos españoles están concentrados en Castilla, de ahí a su nombre. Sus extensos campos están salpicados de torres construidas en terrenos elevados difíciles de acceder desde donde controlar el territorio.
JADRAQUE - GUADALAJARA
La mayor concentración por provincias
está en Jaén, ya que es considerada el lugar de España con mayor número de
torres, atalayas, fortalezas y castillos por kilómetro cuadrado debido a su
ubicación estratégica en las diferentes batallas entre musulmanes y cristianos
en su conquista de al-Ándalus. Si bien toda Andalucía era pertenecía a la
corona de Castilla-León. En el año 800, primer momento en que aparece en la
historia la denominación de Castilla, las tierras que algo más de un siglo
después se unificarían en el condado de ese nombre estaban salpicadas de
castillos para la defensa del Reino de León en su frontera con el Islam. La
frontera se fue desplazando hacia el sur, y el Reino de Aragón se unió a la Reconquista por lo que se fue
creando un frente de fortificaciones, torres y atalayas.






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