jueves, 20 de agosto de 2026

 El rey aragonés se decidió a realizar una campaña con un ejército formado por unos cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes. Contaba con sus más notables magnates: Gastón de Bearne, el obispo Esteban de Huesca, el obispo Ramón de Roda y el prelado de Zaragoza, Pedro de Librana y otros hombres destacados. Partieron de Zaragoza en septiembre del 1125.

ALFONSO I DE ARAGÓN
Se convirtió en una de las campañas más audaces de la Reconquista. Entre septiembre de 1125 y junio de lideró una expedición marcando un hito en la historia militar del Reino de Aragón. Este hecho histórico y militar se produjo 300 años antes de que Fernando rindiera el reino Nazarí de Granada en manos del sultán Boabdil.
El rey Alfonso I, conocido por su fervor religioso y espíritu guerrero, tomó la decisión de emprender esta campaña tras recibir una petición de ayuda de los mozárabes granadinos, cristianos sometidos al dominio almorávide. Estos últimos habían endurecido las condiciones de vida para los no musulmanes, provocando una situación insostenible para las comunidades mozárabes. Los líderes de esta comunidad, encabezados por Ibn al-Qalas, buscaron el apoyo del rey aragonés, prometiéndole abrir las puertas de Granada si acudía en su auxilio.
En un contexto de éxitos militares recientes, Alfonso I decidió responder al llamado mozárabe. La expedición se organizó con rapidez, reclutando entre 5.000 y 8.000 hombres, incluyendo caballeros e infantería. Según distintas fuentes, la historia comienza con el ejército partiendo desde Zaragoza a principios de septiembre de 1125, liderado por notables.
Avanzaron por Daroca, Monreal, Teruel y Segorbe, en dirección a Valencia. El contingente pasó cerca de esta en octubre, contra cuya guarnición sostuvo alguna escarmuza y avanzaron a Denia a la que atacaron y arrasaron los cultivos. Llegado a la costa, el ejército de Alfonso comenzó a atraer contingentes mozárabes, que se unieron a él. Llegaron a Murcia, Almanzora y Purchena. Descasaron y continuaron la marcha hasta Baza, intentó tomarla al asalto sin conseguirlo, de modo que reanudó la expedición hacia Guadix, ciudad que atacó en diciembre. Se estableció finalmente en Guadix, donde permanecieron y pasaron las navidades satisfecho del desarrollo de la expedición y sin problemas de abastecimiento. Los almorávides no atacaban y los mozárabes se les iban uniendo.

Estaban cerca de Granada y el gobernador Abul Tahir no se atrevió a reprimir la insurgencia mozárabe y la población cristiana fue acudiendo a unirse al Batallador. Abul Tahir, solicitó refuerzos a los gobernadores de Murcia y Valencia y a su hermano, el emir almorávide Ali ibn Yusuf, quien envió un importante ejército desde África.
Alfonso I se encaminó hasta Granada, y llegó en enero de 1126 con un contingente reforzado por los cristianos. Alfonso I permaneció acampado en la localidad de Nívar durante más de diez días esperando o bien sostener batalla campal o bien que la rebelión mozárabe le franqueara las puertas.
Debido a la espera le reprochó al responsable de los mozárabes de Granada, Ibn al-Qalas, no cumplir con lo pactado, a lo que este le reprobó haberse demorado en escaramuzas a lo largo de la ruta y haber desvelado su posición en Guadix. Los almorávides habían reforzado las defensas y recibido refuerzos para sostenerse en la ciudad, lo que llevó finalmente al aragonés a abandonar el intento. Se dedicó a asolar los campos de la Vega de Granada y el sur de Córdoba. Posteriormente se dirigió a Córdoba hacia el noroeste entrando por Luque, Baena y Espejo, para luego virar hacia el suroeste por Cabra y Lucena. Después volvió hacia Córdoba.

Abu Bakr, hijo del emir había salido con tropas de Sevilla al encuentro del Batallador, y lo alcanzó en la actual Anzur (hoy municipio de Puente Genil), cerca de Lucena. Allí se trabó batalla campal el 9 de marzo de 1126 con el resultado de victoria decisiva para los aragoneses, al tiempo que en Palencia su exmujer Urraca I moría y era sucedida por Alfonso VII de León.
Tras la victoria en la batalla de Arnisol, el Batallador se dirigió hacia el sur por las Alpujarras y llegó a la costa de Vélez-Málaga por Motril y Salobreña.
Llegan los refuerzos almorávides norteafricanos. Desde Vélez-Málaga, el contingente cristiano volvió hacia Granada y en Alhendín, rechazaron varios ataques almorávides. Llegaron a la Vega de Granada y se instalaron en La Zubia, a seis kilómetros de la capital, seguido de cerca por la caballería islámica en formación de combate.
En ese momento llegaron los refuerzos africanos. Hostigaron a Alfonso I, que se vio obligado a retirarse hacia el norte. En Guadix vencieron en una escaramuza al rey de Aragón donde murió uno de sus principales caballeros, lo que procuró al musulmán el gobierno de Granada. La milicia aragonesa siguió retirándose por Caravaca de la Cruz y Játiva, que fue asaltada y tomada por el Batallador. 



La presión del ejército norteafricano hacía que el regreso se hacía en condiciones penosas, teniendo que conducir un gran número de civiles, defendiéndose de los continuos ataques y obligados a abandonar mucha gente agotada y enferma por la duración y las penalidades. Sin descanso, el contingente dirigido por Alfonso llegó a Aragón en junio de 1126, diezmado por las enfermedades pero satisfecho de los logros y vencedor en la única batalla campal plena y de la numerosa población mozárabe que se les había unido.

miércoles, 19 de agosto de 2026

CAMINOS DEL CID

El Cid en 1088 fue desterrado por orden de su señor el rey Alfonso VI. Acompañado de su familia y de unos pocos caballeros leales, abandonó Castilla.


PRIMER TRAMO:
Esta parte de la ruta del Camino del Cid cubre el viaje que realizó el famoso caballero desde Burgos hasta Atienza (Guadalajara). Unos 340 kilómetros
Transcurre por las provincias de Burgos, Soria y Guadalajara.
Parte de donde nació, en Vivar del Cid. Burgos la ciudad donde hay que detenerse. En su Catedral, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, descansan los restos del Cid y de su esposa, doña Jimena.
Hay muchos más monumentos que ver en esta ciudad, la Iglesia de San Nicolás o el Monasterio de las Huelgas. Más adelante, no hay que perderse el Monasterio de San Pedro de Cardeña, el lugar donde el Cid dejó a su mujer y a sus hijas camino del destierro. 
Tras pasar por Covarrubias visitaremos el Monasterio de Santo Domingo de Silos, congregación a la que el Cid donó algunas heredades. El claustro es una auténtica joya del románico. Románicas también son las iglesias de Nuestra Señora de la Asunción en Castillejo de Robledo, con sus pinturas murales, y las de San Miguel y de Nuestra Señora del Rivero en San Esteban de Gormaz.
Antes de llegar a Gormaz, donde se encuentra el castillo califal del que fue alcaide el Cid. Una parada en El Burgo de Osma, para conocer su catedral gótica y su casco histórico. Berlanga de Duero es otra población destacada, a quien el rey Alfonso VI le concedió su señorío en 1089. Su castillo de planta renacentista o su iglesia colegiata son algunos de sus atractivos.
También es interesante ver Atienza. Calles están repletas de casas nobles y templos románicos y góticos. Desde el castillo se disfruta de unas fabulosas vistas.

DESDE BURGOS HASTA ATIENZA -GUADALAJARA 

SEGUNDO TRAMO:
La ruta prosigue por los puntos que delimitaban la frontera entre los dominios musulmanes y cristianos. Un territorio donde comenzó a forjar su leyenda guerrera. Comienza en Atienza (Guadalajara) y finaliza en Ateca (Zaragoza). 270 Km. sin contar con el ramal de la Algarada de Alvar Fáñez, que son 80 kilómetros más que van desde Villaseca de Henares hasta la ciudad de Guadalajara.
Vemos castillos de diversas épocas, pequeños pueblos con encanto y ejemplos de arte románico, mudéjar e islámico que coinciden en el mismo lugar por el carácter fronterizo que tuvo la zona.
El paisaje es asombroso. Desde la Sierra de Guadalajara pasaremos al Parque Natural del Barranco de Río Lobo o al aspecto lunar de la Vega del Jalón. En Jadraque hay casonas de los siglos XVII y XVIII, el castillo de los Mendoza, al que llaman del Cid (pero nunca estuvo en el) y su iglesia con una obra de Zurbarán y una talla de Pedro de Mena. También visitaremos Sigüenza, con una  fortaleza convertida actualmente en Parador Nacional. Además, hay que visitar su catedral, para contemplar el sepulcro del famoso Doncel de Sigüenza.
Al pasar por Anguita llama la atención su atalaya de origen islámico, conocida como la Torre de la Cigüeña.
Ya en la provincia de Soria no hay que perderse la visita a Medinaceli con restos de otra fortaleza, el único arco romano de España con triple arquería, muralla árabe y edificios históricos como el Palacio Ducal o la Colegiata de Nuestra Señora.
Santa María de Huerta y su monasterio cisterciense es otra parada obligada. Tiene distintos estilos arquitectónicos de su claustro o la bóveda de su refectorio. De camino a Ateca, el final de este segundo tramo de la ruta tenemos Alhama de Aragón, famosa por sus aguas termales. Aquí es posible hospedarse.  
Desde aquí merece la pena desviarse del trazado principal para conocer el Monasterio de Piedra, está situado a menos de 20 kilómetros, y es donde nació el chocolate como bebida española, y se puede  disfrutar además del monasterio de un paraje natural con múltiples cascadas. Ya estamos en la provincia de Calatayud.




TERCER TRAMO:
El Cid logró reunir un ejército numeroso y fuerte, que se movía libremente por la zona de las taifas (reinos árabes) de Toledo, Zaragoza y Albarracín. El tercer tramo discurre entre las localidades de Ateca (Zaragoza) y Cella (Teruel), por las poblaciones que antiguamente quedaban enmarcadas en esos territorios. Hay unos 320 km. 
Viajamos por las provincias de Zaragoza, Guadalajara y Teruel. Además, dentro de este itinerario hallarás otros dos recorridos circulares alternativos.
A lo largo del camino desde Ateca hasta Cella pasarás por el valle del Jiloca, la comarca del Alto Tajo, (es impresionante) y la sierra de Albarracín.
Calatayud es uno de los destinos que no debes perderte durante el viaje. Fundada en el siglo VIII, junto a los restos de la fortaleza árabe que se conservan, merece la pena ver su conjunto histórico mudéjar, donde sobresale especialmente la Colegiata de Santa María la Mayor. Más adelante, también hay que detenerse en Daroca, para admirar su imponente recinto amurallado y conocer sus palacios, iglesias y edificios de estilo románico y gótico.
Otra parada importante de este recorrido es Molina de Aragón, otra vez en Guadalajara. Podemos ver el castillo, su barrio medieval, los edificios religiosos, las casas señoriales.
Continuando el itinerario encontramos Albarracín. Además de sus murallas y su evocador casco antiguo, sorprende el acueducto romano que une la localidad con el final de este tercer tramo de la ruta del Cid, Cella. La construcción va bordeando la carretera e incluso se puede recorrer en alguno de sus tramos.

TERUEL - VALENCIA

CUARTO TRAMO:
Según el Cantar del Mío Cid, Cella fue el lugar elegido por el famoso caballero para reunir un ejército con el que conquistar la ciudad de Valencia. Este cuarto tramo del Camino del Cid recrea aquella aventura que comenzó en Cella (Teruel) y finalizó con la toma de Valencia. Unos 230 km. 
Existen otros dos itinerarios: los anillos del Maestrazgo y de Morella. El primero recorre la comarca del Maestrazgo, entre las localidades de Rubielos de Mora (Teruel) y Montanejos (Castellón); y el segundo nace en La Iglesuela del Cid y pasa por Morella.
Desde Cella se puede iniciar un recorrido que nos llevará por villas históricas. Imprescindible es Teruel, para ver su conjunto de arquitectura mudéjar, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, con sus bellas torres e iglesias. También hay que conocer el castillo y el casco histórico de Mora de Rubielos. La población vecina de Rubielos de Mora es otro punto de interés, sobre todo, por sus pintorescas casas solariegas y su arquitectura religiosa.
Más adelante, en Montanejos, disfrutar de sus aguas termales y su entorno natural; y en Jérica, una de las localidades levantinas conquistadas por El Cid. Todavía antes de llegar a Valencia, final de este tramo, quedan un par de paradas: Segorbe, con su catedral, sus murallas y su casco antiguo; y Sagunto, donde sobresalen el recinto del castillo y el teatro romano.

QUINTO TRAMO:
Nos muestra los castillos y fortalezas levantadas por el Cid para defender el territorio conquistado en Valencia de los ataques almorávides. Un recorrido que lleva de la ciudad de Valencia a Orihuela, el punto más al sur hasta donde se extendió la influencia del célebre caballero medieval. 260 Km
Transcurre por las provincias de Valencia y Alicante.
En Valencia, la ciudad que logró conquistar El Cid en 1094 tenemos la Catedral, el Miguelete, la Lonja de la Seda, el Mercado Central, etc. hay que sumarle la vanguardia de edificios como los de la Ciudad de las Artes y las Ciencias o el Puente de la Exposición. Continuando comino hay localidades como Alzira o Xàtiva, poseedoras de un interesante casco antiguo y un buen número de monumentos (palacios, iglesias, fuentes...).

CASTILLO DE LA ATALAYA O DE VILLENA 

Ontinyent y Bocairent también se encuentran en la lista de lugares en los que merece la pena detenerse. En el primero por ejemplo, el encantador Barrio de la Villa o el gran campanario de la Iglesia de Santa María. En el segundo, puedes dar un agradable paseo por su antiguo barrio medieval, cuyas calles todavía guardan reminiscencias islámicas.
En este viaje te sorprenderán las imponentes almenas de los castillos de Villena, Sax y Petrer. Otro punto señalado del recorrido es Elche, donde El Cid pasó el invierno de 1088. La Basílica de Santa María (donde se escenifica todos los años el Misterio de Elche), su Vila Murada y, por supuesto, el Palmeral de Elche, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, son sólo algunos de sus muchos atractivos.
Por último, en Orihuela, al final de la ruta, una villa monumental con edificios como la Catedral del Salvador o el Convento de Santo Domingo, y el lugar donde nació el poeta Miguel Hernández, visitando su casa-museo.

lunes, 17 de agosto de 2026

PRIMERA REPÚBLICA

Estamos en 1873. La Primera República nació después del fracaso y la marcha del reinado de Amadeo I, que estaba harto de no entenderse con los políticos, y que tampoco lo hacían entre ellos, y después de la revolución de 1868 y la abdicación de Isabel II.
La cuestión política y la gobernación del país era un caos.

Al llegar la República se acaba lo que se llamó el “Sexenio revolucionario”.
El partido republicano llegó al poder lastrado por sus divisiones internas entre unitarios y federales y a su vez entre intransigentes y moderados.
Por esas fechas en el pueblo español había un 60 por ciento de analfabetos. Nuestra querida España estaba sometida a generales, obispos y especuladores financieros, la política en manos de jefes de partidos sin programa, y las elecciones que eran una comedia. La educación pública no interesaba un carajo a la clase política. 6.000 pueblos carecían de escuela, y de los 12.000 maestros censados, la mitad se clasificaba oficialmente como de escasa instrucción. En cuanto a la industrialización que otros países europeos encaraban con eficacia y entusiasmo, en España se limitaba a Cataluña, el País Vasco y zonas periféricas como Málaga, Alcoy y Sevilla. Talleres y fábricas, a juicio de la clase dirigente española, eran peligroso territorio obrero. De ahí que el atraso industrial y la sujeción del pueblo al medio agrícola.

Y se proclamó la República, por 258 votos a favor y 38 en contra. Lo curioso es que sólo había 77 diputados republicanos
Sin haber aprobado una nueva Constitución, para unos la federación era un pacto nacional, para otros la autonomía regional, para otros una descentralización absoluta.
La discusión originó dos intentos de golpes de Estado. Realmente la República funcionaba aún con la Constitución monárquica de 1869.
Estanislao Figueras, un abogado catalán, progresista, primer presidente del poder Ejecutivo de la Nación, ya que la República no tenía aún un presidente, bajo su mandato se proclamó la nueva Constitución.
Pero crecía la anarquía por todas partes, por lo que Estanislao Figueras después de decir su famosa frase, “Señores, voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!” Y se marchó en secreto a Francia (¿Dónde si no?) Sin presentar la dimisión. ¡El primer gobierno duró quince días!
Le sucedió Pi y Margal. Gobernó 37 días. Luego vino Nicolás Salmerón, persona moral y federalista. Comenzó a poner sitio a Cartagena donde los cantoneses (insurrección cantonal) se habían apoderado de la escuadra.
Como no quiso firmar penas de muerte dimitió. Duró 51 días. Luego Emilio Castelar, uno de los pocos que nunca había cambiado de partido. Para evitar la inestabilidad del Parlamento lo suspendió hasta enero de 1874, gobernando por decreto.
Entretanto en Cuba había estallado la insurrección independentista.
Y los carlistas, viendo amenazados los valores cristianos y la cuestión foral, volvían a echarse al monte, empezando su tercera guerra.
El ejército era un descojone total, de forma que sólo había un general que no se había sublevado nunca, y al que los compañeros tachaban de maricón. Así que no es de extrañar que un montón de lugares empezaran a proclamarse federales e incluso independientes por su cuenta. Fue lo que se llamó insurrección cantonal.


A este desatino, llamado República solo la reconoció EE UU y Suiza. Tal era la confianza que generaba. La Constitución que nunca entró en vigor, en la que se proclamaba una España federal de “diecisiete estados y cinco territorios”, pero una treintena de provincias y ciudades se proclamaron independientes unas de otras, llegaron a enfrentarse entre sí y hasta a hacer su propia política internacional, como Granada, que abrió hostilidades contra Jaén, o Cartagena, que declaró la guerra a Madrid y a Prusia, (con dos cojones). Eso se llamó “Insurrección Cantonal”. Se mezclaban federalismo, cantonalismo, socialismo, anarquismo, anticapitalismo y democracia. Un caos peligroso, lleno de quimeras y proyectos irrealizables. Julián Marías escribió acerca del Parlamento aquel, “Allí podía decirse cualquier cosa, con tal de que no tuviera sentido ni contacto con la realidad”.
Se legalizó el divorcio, se confirmó la libertad de culto, para cabreo de la Iglesia, y se suprimió la pena de muerte. Pero en lo administrativo era un desastre. Una España fragmentada e imposible todo eran fronteras interiores, milicias populares, banderas, demagogia y disparate, y los militares estaban mal vistos y además no los obedecía nadie.
La guerra cantonal se prolongó en Cartagena y en Andalucía durante cierto tiempo, hasta que el gobierno envió a los generales Martínez Campos y Pavía para liquidar el asunto por las bravas, cosa que hicieron a cañonazo limpio. Mientras tanto, como las Cortes no servían para nada, a los diputados, que ya ni iban a las sesiones, les dieron vacaciones desde septiembre de 1873 a enero de 1874. Y el 29 de diciembre de 1873, cuando se reunieron de nuevo, el general Pavía, respaldado por la derecha conservadora, sus tropas y la Guardia Civil, rodeó el edificio.
Los republicanos decidieron morir defendiendo a la patria y la República, y ¡bla bla blá!. Pero en cuanto oyeron el primer tiro al aire cambiaron su forma de pensar. Se marcharon sin saludar estos también, corriendo o arrojándose por las ventanas, (¡auténtico!). Y, cual comedia de Arniches, de esta forma grotesca y burda acabó lo que nunca fue Republica Española, sino un quilombo insensato, pero con muertos, hambre y caos. Todo el siglo XIX había sido un desastre. Repasando vemos que hemos tenido, un rey seguramente cornudo, que abdicó dos veces, otro traidor y corrupto, otro francés impuesto, otro italiano elegido por votación (Inusitado!), una guerra sangrienta guerra en la que el pueblo solito se levantó y luego mandó al carajo al mismísimo Napoleón. Luego una república que no llegó a dos años. La pérdida de Cuba y Filipinas y la isla de Guam en la guerra contra EE UU, y las emancipaciones de los territorios de América, tras años de luchas entre los pueblos de gente nacidas en América, españoles por tanto, contra el ejército del rey, que estaba compuesto en un alto porcentaje de nativos de América, descontentos de emanciparse por cojones de la burguesía criolla, que le lamían las botas a los ingleses.  


Todo el siglo XIX fue de los peores de nuestra historia. Y la gente del pueblo estaba hasta los escrotos. Se necesitaba ya estabilidad, seriedad, trabajo, normalidad, justicia y que hubiera sanidad, educación y dejarse de salvadores de todo tipo. Lo de siempre. Así que algunos políticos, tomando el pulso al ambiente, empezaron a plantearse la posibilidad de restaurar la monarquía y así, en diciembre de 1874, después del golpe de Pavía, el general Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, porque le pareció lo más apropiado. Es decir porque le salió de su naturaleza
Resumiendo, la I República funcionó desde el 11 de febrero de 1873 hasta el 29 de diciembre de 1874.
Sus presidentes fueron cinco en 23 meses:
-Estanislao Figueras y Moragas: Del 12 de febrero de 1873 al 11 de junio de 1873.
-Francisco Pi y Margall: Del 11 de junio de 1873 al 18 de julio de 1873.
-Nicolás Salmerón y Alonso: Del 18 de julio de 1873 al 7 de septiembre de 1873.
-Emilio Castelar y Ripoll: Del 7 de septiembre de 1873 al 3 de enero de 1874.
-Francisco Serrano y Domínguez: Del 3 de enero de 1874 al 29 de diciembre de 1874
 

domingo, 16 de agosto de 2026

BATALLA DE PAVÍA Y SACO DE ROMA

En 1524 a la vez que Carlos V luchaba en el conflicto de la Navarra, que consolidó la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla a principios de su reinado (especialmente entre 1521-1524), luchando contra los intentos de recuperación por parte de la casa de Albret y Francia, tras la conquista iniciada en 1512 por Fernando el Católico.
Las tropas imperiales sofocaron la resistencia, consolidando el territorio. aprovechando la ausencia de Carlos, tropas francesas de Francisco I de Francia atacaron Flandes, Borgoña y Luxemburgo. Y comenzó la guerra por Milán. El rey francés invade Lombardía a finales de 1524. Consigue también Milán. Los franceses sitian la plaza de Pavía, cerca de Milán, y el defensor Antonio Leyva, aguanta como puede durante cuatro meses hasta que llega la ayuda de las tropas imperiales. Entre el 23 y el 24 de febrero de 1525 tuvo lugar la famosa batalla de Pavía. 

BATALLA DE PAVIA -CUADRO DE FERRER DALMAU 
Todo comenzó con un ataque francés sobre las líneas españolas, pero los españoles lograron resistir gracias a su superioridad táctica y el uso de la artillería.  Los combates continuaron durante todo el día, con fuertes enfrentamientos en distintas partes del campo de batalla. Los españoles lograron mantener una formación compacta y resistieron los embates de la caballería francesa gracias a su disciplina y el uso de piqueros. La infantería española, liderada por el general italiano Fabrizio Colonna, se destacó por su valentía y determinación. Fueron derrotados los franceses, y el rey Francisco I había tenido la osadía, o el coraje, de luchar personalmente en la batalla.
Error que no se daba normalmente. En la refriega es herido su “escudero”, y tumbado su caballo, con lo cual el rey se halla acostado en tierra, aplastado en parte por su propio animal es presa de un soldado español 
Es de imaginar la cara del franchute cuando el soldado vasco le sujeta por el gañote con el cuchillo, y le dice, “o te rindes o te rebano ahora mismo”, a todo un rey de Francia.
Conocida la mala leche de los españoles, el francés no se lo pensó. Y fue hecho prisionero. Anotar los nombres de los que hicieron la hazaña. Juan de Urbieta, el que apresó físicamente al rey, natural de Hernani. Tuvo las narices Urbieta de levantarse la visera del almete (aquel casco más ligero que sustituyó al viejo yelmo) y le enseña una dentadura tan mellada que le dijo “Por esto me recordarás”.
Otro héroe, Alonso Pita da Veiga, noble ferrolano. Don Diego Dávila. Y Juan de Aldana, un catalán de Tortosa.
Francisco I fue trasladado y la entrada en Madrid del rey francés fue una cabalgata apoteósica. Las gentes, agolpadas, celebraban la victoria de Pavía sin creerse aún que contaban con tan regio cautivo. Fue alojado en la Torre de los Lujanes, el edificio más alto de Madrid. Si bien no hay datos contrastados, la tradición oral y algunos autores, afirman que el rey Francisco I de Francia residió alrededor de un año en la torre, mientras esperaba al acondicionamiento de algunas estancias en el Real Alcázar, durante su cautiverio tras ser capturado en la batalla de Pavía en 1525. Carlos tuvo entonces que trabajar la paz. 

FRANCISCO I ES CAPTURADO 
Francisco resistió, pero el encierro, terminó acatando el Tratado de Madrid, firmado en enero de 1526, por el que además se casaba con Leonor de Austria, hermana del monarca, podía regresar a Francia dejando sus hijos como rehenes.
Estaba obligado a ratificar el acuerdo en cuatro meses, pero ni devolvió Borgoña ni renunció a Italia. Y preparó una coalición de enemigos de Carlos, Sforza de Milán, el papa Clemente VII y otros señores italianos de Venecia y Florencia descontentos con Carlos, por su poder. Se sumó más tarde Enrique VIII de Inglaterra. Era la “Liga de Cognac” o Liga Clementina.
Estaba alarmado el papa Clemente VII tras la victoria del emperador Carlos V en Italia sobre los franceses en la Guerra italiana de 1521-1526, y aprovechando el cabreo del rey francés, trabajó para formar liga anti-imperial, contrarrestando el poder del emperador. La guerra comenzó casi de inmediato. La liga entró en la localidad italiana de Lodi. Y las imperiales fueron a Lombardía y tomaron Milán en julio de 1526. Carlos V reunió un ejército a las órdenes de Carlos de Borbón, y avanzaron hacia Roma.
Después de la batalla de Pavía, Carlos V se hizo dueño de casi todo el norte de Italia convirtiendo a los Sforza de Milán en sus vasallos. El temor de Clemente de verse rodeado por una gran potencia, le llevó a organizar en 1526 la Liga de Cognac para restablecer el equilibrio de poderes; aliándose con Francia, Venecia, Florencia y Milán contra Carlos y la república de Génova. Enfrentado a semejante coalición el emperador reunió en sus posesiones alemanas un gran ejército de 14.000 mercenarios, a los que se añadieron los 6.000 españoles e italianos del reino de Nápoles en una lucha sin cuartel por el control de la península. 

CASTILLO DE SANT ÁNGELO

El ejército imperial ganó una batalla tras otra, expulsando a los Sforza de Milán y derrotando al ejército papal de Giovanni de Medici en Toscana. Pero estas victorias no aportaron gran beneficio a los mercenarios imperiales, quienes sin haber recibido su paga exigieron en mayo de 1527 marchar sobre Roma y saquear la ciudad como compensación, motín al que su comandante Carlos III de Borbón, el general al mando, no pudo o quiso negarse. Pero la defensa que quedaba era apenas la guardia suiza del papa y una bala perdida mató al general Borbón, sin embargo no desanimó a los asaltantes, que pronto superaron a los 5.000 defensores y entraron en tromba en la ciudad sumiéndola en “una indescriptible escena de tumulto y conflagración” en la que “las casas fueron saqueadas y las mujeres y los niños ultrajados”.
Los lansquenetes alemanes destacaron especialmente en esta vorágine, al ser la mayoría de ellos protestantes para quienes la destrucción de Roma tenía todo el carácter de una cruzada religiosa, por lo que tan buen punto entraron en Roma se dirigieron al Vaticano con la intención de asesinar a Clemente y saquear los tesoros de la Iglesia.
El papa, quien había permanecido en su palacio confiado en que el ejército imperial no se atrevería a entrar en la ciudad, debió huir a toda prisa al Castillo de Sant’Angelo por un corredor amurallado, mientras la Guardia Suiza contenía a los alemanes en la Basílica de San Pedro para darle tiempo.
El ejército del papa no pudo hacerles frente, y la indisciplina de los soldados imperiales cabreados por la falta de las pagas estaban decididos a todo, aunque el papa intercedió para evitar el ataque, éste comenzó pocos días después. Rendida la ciudad fue saqueada durante una semana. El llamado “Saco de Roma” (saqueo). Sus habitantes tuvieron que pagar un rescate, incluso el pontífice, cardenales y diplomáticos fueron retenidos en el castillo de Sant ´Angelo.  Aprovechando la prisión del papa, los florentinos expulsaron a los Medici y restauraron la república. 

El papa, Clemente VII, podríamos deducir que se trataba de un conspirador, traidor, tacaño y además mujeriego, y sobre todo un falso con España. Había dado apoyo  a Francia para liberar al Papado de lo que muchos consideraban la “dominación imperial” del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero en esos días de 1527 un ejército de españoles, alemanes, flamencos  e italianos tomaron Roma. Tras la ejecución de unos mil defensores comenzó el pillaje. Se destruyeron y despojaron de todo objeto precioso iglesias y monasterios (excepto las iglesias españolas), además de palacios de prelados y cardenales. Carlos V declaró que no tenía nada que ver con el saqueo de Roma, pero hizo retener al papa como garantía del rescate exigido. Pero el papa escapó y más adelante concretó con el emperador un acuerdo de paz.
Mientras tanto, Francisco I había tomado al asalto la ciudad de Pavía y fue saqueada. Atravesó Italia y llegó a las puertas de Nápoles. Pero por la muerte de su capitán y la peste tuvo que rendirse en septiembre de 1528. También sufrió otra derrota en la batalla de Landriano. Estas derrotas, el cambio de postura del papa y el abandono de la causa por Venecia, obligaron a Francisco I a negociar.
Un sacrifico conmemorado actualmente cada 6 de mayo, día en el que los nuevos reclutas de la guardia pontifica juran la bandera.
Tras el "Saco de Roma" de 1525 los embajadores consiguen la reconciliación con el Papado, organizan la importante visita de Carlos V a Roma y logran el apoyo de los Estados Pontificios a las guerras de religión del Emperador. Los embajadores españoles se albergaban en palacios alquilados hasta que en 1647 el Conde de Oñate, embajador del Rey Felipe IV, adquiere el actual edificio, el Palacio de España o Palacio Monaldeschi, situado en la Plaza de España de Roma, actualmente es la embajada de España ante la Santa Sede, que sustituye a la anterior que Fernando el católico creó en 1480, siendo la primera legación diplomática del mundo.

sábado, 15 de agosto de 2026

JUAN DE GARAY - FUNDADOR DE BUENOS AIRES

Nació Orduña (Vizcaya) o Villalba de Losa (Burgos), en 1528 y falleció en ek Río de la Plata (Argentina), en 1583.
Fue un hidalgo, explorador, conquistador y gobernante colonial español que tuvo un importante papel en la organización de la parte atlántica de Sudamérica.
Destacó por su actuación en la gobernación del Río de la Plata y del Paraguay. Fundador de la ciudad de Santa Fe en 1573 en su primera ubicación, y fundaría por segunda vez siendo gobernador desde 1578, a la ciudad de Buenos Aires en el año 1580.
Partió hacia Perú  los 14 años en1543. Perú estaba afectado por una turbulenta situación política por el enfrentamiento álgido entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Esta circunstancia hizo que optara por seguir la carrera de las armas. Hasta entonces vivió en Lima con Pedro Ortiz de Zárate y su familia.


MONUMENTO A JUAN DE GARAY EN BUENOS AIRES
Por estas fechas se condujo Garay por Charcas y Potosí y tomó parte activa en la revuelta contra el levantamiento de Francisco Hernández Girón.
En 1556, Martín de Robles fue mandado ahorcar por el nuevo virrey Andrés Hurtado de Mendoza, pero para entonces existen noticias de que Garay formaba parte como capitán de la compañía de Núñez de Prado y Garay participó en la expedición que capitaneó Núñez de Prado en Tucumán, desarrollada durante el virreinato de Antonio Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete.
Juan Ortiz de Zárate nombró capitán a Juan de Garay, quien llegó a Puerto de Reyes y luego a Asunción el 11 de diciembre de 1568 y fue nombrado alguacil mayor de las provincias del Plata, cargo que ostentó hasta que en 1573 el teniente de gobernador Suárez de Toledo le encomendó fundar una ciudad a orillas del río Paraná. El 15 de noviembre fundó legalmente la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y ejerció el cargo de gobernador interino.
En 1574 colaboró en la fundación de la ciudad de San Salvador en el río Uruguay y fue nombrado teniente de gobernador y capitán general de todas las provincias del Río de la Plata.
Torres de Vera y Aragón en 1578 confirmó a Garay como teniente de gobernador, capitán general y justicia mayor del Río de la Plata, Asunción y Nueva Vizcaya (nombre dado inicialmente al Río de la Plata), ordenándole situarse cuanto antes en la Asunción para organizar la nueva gobernación.
Juan de Torres de Vera y Aragón le encomendó “poblar en el Puerto de Buenos Aires una ciudad”, sin embargo, Garay no pudo dedicarse de inmediato a esta misión dado que hubo de “sosegar” a los indios rebeldes del Alto Paraguay y sólo pudo dedicarse a tal objetivo ya en enero de 1580. En esta fecha comenzó a reunir hombres para volver a fundar la ciudad de Buenos Aires. Pero ya en 1579 había fundado dos nuevos núcleos de población: las ciudades Villa Rica del Espíritu Santo y Santiago de Jerez.
La primera ciudad de Buenos Aires había sido fundada en 1536 por el primer adelantado del Río de la Plata, Pedro de Mendoza. Pero tras cinco años de luchas y hostilidades varias, la ciudad quedó destruida.
En enero de 1580 Francisco de Garay realizó la fundación de “la segunda ciudad” de Buenos Aires y lo hizo en un terreno algo alejado del primitivo núcleo. La expedición fundadora estuvo formada por diez españoles y cincuenta y seis criollos. El acta de fundación de la ciudad se redactó el 11 de junio de 1580 y, aunque no se ha precisado el lugar exacto, se estima que debió de realizarse muy cerca de la actual plaza de Mayo.
Garay dejó constituido el Cabildo, hizo la ceremonia de tomar posesión de la tierra e indicó los lugares en los que debía construirse el Cabildo, el fuerte, la catedral y los conventos de los dominicos y franciscanos.
Después de repartir encomiendas y tierras a los nuevos pobladores, se dirigió a Santa Fe. Luego marchó por la costa hasta la actual ciudad de Mar del Plata y en 1582 estaba de nuevo en Buenos Aires.
El 9 de marzo de 1583 escribió su última carta a Felipe II y partió guiando la expedición del gobernador de Chile Alonso de Sotomayor, que había desembarcado en Buenos Aires, para ir por tierra hasta su gobernación.
Éste fue el último viaje de Juan de Garay, puesto que, a cuarenta leguas de Buenos Aires, cayó en una emboscada de los indios guaraníes muriendo junto a doce de sus hombres cerca de las ruinas de Sancti Spíritu, el antiguo fuerte de Caboto.


Actualmente en Buenos Aires (Argentina) existe un monumento conmemorativo con su estatua que recuerda su intervención fundadora.
u hijo llevó su mismo nombre con el apelativo de "el mozo", soy hijo de Juan de Garay y de una princesa guaraní.
Se dice hoy, con ligereza, que en aquellos tiempos un hombre de origen mestizo, estaba destinado a las sombras o a la exclusión Nada más lejos de la realidad. Quienes difunden esas ideas olvidan cómo se tejía verdaderamente la sociedad del Imperio español. La vida de “el mozo, su familia y su labor en el Cabildo fueron la prueba de que el sistema, el valor de un hombre se medía por su servicio a la Corona y su honra, no por simplificaciones raciales modernas.
Tuvo el orgullo de servir en la administración pública, ocupando cargos que solo se otorgaban a quienes poseían la calidad y la vecindad necesaria para regir los destinos de aquella joven Buenos Aires.
No permitamos que el indigenismo posmoderno reescriba nuestro pasado. Los hijos de aquella tierra, construyeron con lealtad y mérito. Aquella historia merece ser contada sin distorsiones ideológicas.
En marzo de 1582, Juan de Garay "el mozo" recibió una encomienda de indios de parte de su padre, en el repartimiento frente al Escribano Pedro Fernández: “…Otrosí dijo, que ponía en cabeza de Juan de Garay, hijo natural del dicho señor General al cacique Quengipen, que por otro nombre se llama Tubichamini, de nación Meguay, con todos los indios sugetos al dicho cacique”

viernes, 14 de agosto de 2026

HISTORIA DE MADRID (Última parte)

En 1700, estalla la guerra de Sucesión española, en la que Madrid apoya desde el principio a Felipe de Anjou como Felipe V.


PALACIO REAL 

El rey Borbón comenzará una reforma incipiente del urbanismo de la capital. Se levantan el puente de Toledo y se planifica la orilla izquierda del Manzanares, donde se levanta la iglesia de la Virgen del Puerto. Se inicia la construcción del Palacio Real, cuyas obras comienzan en 1738 en el solar del antiguo alcázar, destruido por un incendio en 1734. La construcción del palacio se prolongó hasta 1764, ya en el reinado de Carlos III. Tras las reformas de Fernando VI, que mandó construir el convento de las Salesas Reales. Accede al trono Carlos III, que sería conocido como el mejor alcalde de Madrid. Se propuso hacer de Madrid una capital digna con la construcción de paseos sistemas de alcantarillado e iluminación pública, el pavimentado de calles y la ornamentación de la ciudad con distintos monumentos. Se inicia también la construcción de cementerios en las afueras de la ciudad.


MUSEO DEL PRADO 
Del reinado de Carlos III datan la basílica de San Francisco el Grande; la Casa de Correos, la Casa Real de la Aduana, la Puerta de Alcalá o el Palacio de Buenavista (1777). Otros hitos de esta etapa fueron la apertura al público del parque del Buen Retiro (1761); el inicio de las obras del Salón del Prado (1775, posteriormente Paseo del Prado, con las fuentes de Neptuno, Apolo y Cibeles) y el Museo del Prado (1785), cuyo edificio principal fue concebido en principio como sede del Real Gabinete de Historia Natural. También la reconstrucción del Hospital General (1776, en la actualidad Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o la creación del Jardín Botánico (1781), sustituyendo al anterior.
Le sigue en el trono su hijo, Carlos IV, que no es muy significativo para Madrid. El único hecho de mención es el comienzo de la remodelación definitiva de la plaza Mayor (1790). En 1787 se realiza el primer censo oficial de Madrid, que da fe de la existencia de 156.000 habitantes en la ciudad. Sin embargo, la ciudad, encorsetada por la cerca de 1625, no crece. Esto hizo subir los precios de las viviendas. La población más desfavorecida ni siquiera podía aspirar a un mísero cuartucho.
El 27 de octubre de 1807, Carlos IV y Napoleón firman el tratado de Fontainebleau, por el que se permitía el paso de tropas francesas por territorio español para unirse a tropas españolas e invadir Portugal.
En el motín de Aranjuez 17 de marzo de 1808 el príncipe heredero, Fernando VII, aparta a su padre del trono y ocupa su puesto. Napoleón, aprovechando la debilidad de los Borbones españoles, obliga a ambos a reunirse con él en Francia. El 2 de mayo, la multitud comenzó a concentrarse ante el Palacio Real. Se desata una manifestación que es sofocada y comenzará la guerra de la Independencia.
Solo el parque de Artillería sito en el Palacio de Monteleón se alza finalmente en armas. La represión es cruel.
José Bonaparte se convierte en José I, rey de España. Es coronado y marcha hacia Madrid, donde llega el día 20. Apenas diez días después abandona la ciudad, tras la derrota francesa en la batalla de Bailén. Sin embargo, tras la derrota española en la batalla de Somosierra (30 de noviembre de 1808), las tropas francesas entran de nuevo en Madrid.
José I Bonaparte (1808-1813) aplica un programa reformista, con ayuda de los “afrancesados”. Ordena el derribo de conventos, iglesias y zonas congestionadas de  Madrid para transformarlas en plazas y vías públicas. Así es como surgen las plazas de Santa Ana, Cortes, Mostenses, San Martín o Ramales, ocupando los solares de conventos derribados. Se crea una gran plaza junto a la fachada oriental del Palacio Real, a costa del derribo de gran número de casas y de algún que otro edificio singular (Casa del Tesoro y Convento de San Gil). Es lo que ahora conocemos como plaza de Oriente.
La liberación de la ciudad se salda con la destrucción de valiosos recintos, como el Palacio del Buen Retiro. Del antiguo palacio solo quedaron en pie el Salón de Reinos (actual Museo del Ejército) y el Salón de Baile (actual Casón del Buen Retiro).
Madrid experimenta a medidos del siglo XIX, transformaciones y se llena de teatros, cafés y periódicos. En 1836 se crea la Universidad Central, nacida como resultado del traslado definitivo de la antigua Universidad de Alcalá a la capital. 


CONGRESO DE LOS DIPUTADOS 

En 1850 se inaugura el palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados y el 9 de febrero de 1851 el ferrocarril Madrid-Aranjuez, el segundo tramo de la península. Hacia 1858 el suministro de agua de la capital se racionaliza, construyéndose el Canal de Isabel II, el cual trae el agua del Lozoya a Madrid.
La Estación de Atocha, o «del Mediodía», se creó en 1851. Fue durante generaciones el punto de entrada de los inmigrantes a Madrid,
A mediados del siglo XIX se demolieron conventos y se abrieron nuevas calles y plazas a raíz de la desamortización de Mendizábal (1834-1855).
El primer crecimiento significativo de la ciudad se produjo hacia 1860, cuando la burguesía consiguió demoler la cerca del siglo XVII, y se aprobó el plan de ensanche. Este plan triplicaba la superficie de Madrid. Afectó a los arrabales del norte, Chamberí, y en el sur, Peñuelas; y permitió la creación del barrio de Salamanca al este de la ciudad por el empresario José de Salamanca.
También surgieron los barrios de Argüelles y de los Jerónimos.
En la década de 1870 Madrid superó los 400 000 habitantes. Como consecuencia de la expansión de la ciudad, empezaron a crearse los primeros medios de transporte público. En 1871 se abren las primeras líneas de tranvía.


 LA GRAN VIA

Los años 1920, con el fin de descongestionar el casco antiguo, se crea la “Gran Vía” y el proyecto de urbanismo moderno del ingeniero Arturo Soria. Y se inaugura la extensión del ferrocarril metropolitano, cuyo primer tramo (Sol-Cuatro Caminos) se había inaugurado en 1919.  También las obras de canalización del cauce del Manzanares a la altura de la ciudad.
La Constitución de la República en 1931, fue la primera que legisló sobre la capitalidad del Estado, estableciéndola en Madrid.
La Casa de Campo pasa a la jurisdicción municipal en 1931. Durante el periodo republicano se siguió llevando a cabo la construcción de la Ciudad Universitaria, cuyas obras habían comenzado en 1928.
También se dio inicio al proyecto de enlaces ferroviarios de Madrid y a la construcción de un conjunto en el paseo de la Castellana, para albergar los Ministerios de Obras Públicas y de Gobernación de la República, los “Nuevos Ministerios”.
En la guerra civil. La ciudad de Madrid fue de los últimos focos de resistencia republicana que quedaban hacia 1939. La capital de la República española se había mudado a Valencia y posteriormente a Barcelona. La contienda dañó gravemente la ciudad, especialmente la zona noroeste: el barrio de Argüelles y la Ciudad Universitaria, escenarios de la batalla de Madrid en noviembre de 1936.
Durante los años cuarenta y cincuenta, Madrid fue anexionándose hasta trece municipios limítrofes El Plan de Ordenación del área metropolitana, como Alcorcón, Alcobendas, Coslada, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, San Sebastián de los Reyes o San Fernando de Henares. También se reformaron las iglesias, conventos y estructuras civiles y militares destruidas durante la guerra.
A partir de los años 1960 se produce el llamado milagro económico español (1959-1973). De esta época son los edificios de plaza de España: la Torre Madrid y el edificio España. También se aprobó el proyecto de construcción de la zona de AZCA, en 1964, que albergaría posteriormente los mayores rascacielos de la ciudad. Se construyeron nuevos barrios de viviendas de protección oficial en la periferia.


VÍA DE CIRCUNVALACION M-30

La Constitución de 1978 confirma a Madrid de nuevo como capital de España. La elección democrática de alcaldes trae definitivamente grandes beneficios a la ciudad. Se inicia así la construcción de bibliotecas, instalaciones deportivas y centros de salud; la eliminación de los núcleos chabolistas; la limpieza del río Manzanares; la mejora del viario; el cierre de la M-30 por el norte y su posterior soterramiento en la zona del Manzanares; la construcción de nuevas vías de circunvalación (M-40, M-45, M-50), a la vez las carreteras convertidas en autovías o duplicadas con autopista de peaje); o la regulación de aparcamiento en el interior de la ciudad.

LA PAELLA

La primera receta de paella valenciana documentada: así se hacía en 1857.
Cada 20 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Paella, y aunque es uno de los platos bandera del país, la primera receta no fue como nos la imaginamos. Algunos se empeñan en llamar "paella" platos que no lo son. He aquí algunas de las mayores aberraciones jamás cometidas bajo este nombre. La 'mejor paella del mundo' se hace en Madrid
Hablar de paella exige hablar con propiedad si no quieres hacer enfadar a algún que otro valenciano.


Y si solo el pronunciar esas seis letras exige un mínimo de respeto, cuánto más cocinar una.  Ni todo el arroz es paella ni toda la paella es la valenciana. En los ingredientes y en el modo de preparación encontrarás la diferencia de este plato que ha recorrido el globo terráqueo de cabo a rabo y que sin duda es uno de los emblemas gastronómicos patrio.
La paella es a la gastronomía lo que la “Copla y el Flamenco” a la música del país, que no hay rincón del mundo donde no haya llegado. Ya sea dentro o fuera de las fronteras de nuestro país, no se puede hablar de comida española sin hacerlo de paella, y es que este plato a base de arroz con origen valenciano ha conquistado las más exquisitas cocinas del mundo.
Eso sí, en ningún sitio se prepara como en su tierra.
A pesar de ser la comida de los domingos por excelencia, día de la paella -oficial- solo hay uno. Cada 20 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Paella, una oportunidad perfecta para salir a comer paella, preparar una en casa o para comerte en el trabajo ese túper que sobró del domingo.
Conocemos el dónde pero no el cuándo. Aunque la primera receta de paella valenciana escrita data de 1857, las primera referencias periodísticas de este plato las encontramos el 2 de abril de 1843 en el periódico satírico “La Risa”: enciclopedia de extravagancias, según explica el diario Levante. En un texto sobre los guisos provinciales de España aparece por primera vez la paella valenciana, aunque ya hay quienes en la época aseguran que añadirle el apellido "valenciana" es demasiado redundante, ya que la paella es de esta tierra.
Fueron los dos cocineros que dejaron escrita por primera vez la receta de la paella valenciana. Fue en 1857, en un recetario con el nombre Sartén a la valenciana (paella). Sin llevarnos las manos a la cabeza, la receta de aquella primera paella llevaba, como es lógico, agua, aceite, sal, pollo, tomate, azafrán, judías verdes y arroz. Hasta ahí todo en orden. Aunque también añadía otros ingredientes que hoy en día nos cuesta imaginarnos en una paella.
Lomo de cerdo, salchichas, ajo, pimiento encarnado, perejil, guisantes, anguila o caracoles en una paella. Una auténtica aberración, ¿verdad? Pues son algunos de los ingredientes extraños que nos encontramos en aquella primera receta de mediados del siglo XIX.


PAELLA CON GARROFÓ
Vale que la paella valenciana tiene que llevar garrofó, (una variedad de haba, judía o alubia grande) o  que por mucho que algunos se empeñen no lleva guisantes y que se debe preparar en un recipiente llamado paella, pero de estos pequeños detalles que podemos pasar por alto hasta llegar a algunos auténticos crímenes gastronómicos, hay un trecho.
La paella valenciana solo debe tener arroz, una pizca de pimentón, azafrán, conejo, pollo y, en la parte verde, bajoqueta (una judía verde plana), tomate y garrofó. Amén de sal y una pizca de aceite, claro.
Por mucho que el cocinero británico Jamie Oliver se quiera empeñar, no, la paella valenciana no lleva chorizo. Y buen rapapolvo le cayó en redes sociales a uno de los chefs más televisivos de Reino Unido por compartir en sus redes sociales su particular "paella valenciana".
Pero aunque la más sonada fuese la de Jamie Oliver, cada día nos encontramos intentos de paella que son poco menos que un insulto a este plato emblema. Tanto es así que las redes ya se han hecho eco de las aberraciones culinarias que andan sueltas y han creado el CNG (Cuerpo Nacional Gastronómico).


PAELLA MARINERA (Con mariscos)
Ojo, la paella con mariscos es la “Paella marinera”.
La paella normal es la que se hace con esos ingredientes de la huerta valenciana.

  El rey aragonés se decidió a realizar una campaña con un ejército formado por unos cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes. Conta...