REINA CONSORTE DE CASTILLA, JUANA DE AVIS
No es cierto que Isabel enseguida haya querido proclamarse reina a la muerte de su hermano. Si es cierto que tenía partidarios de Isabel y contrarios a su hermano Enrique. Pero ella debía instalarse en una postura de legitimidad de origen, que en Castilla dependía del nacimiento y de la aceptación por parte del reino. Había dos argumentos extremos, obediencia a Enrique y rechazar el posible derecho de la hija, Juana. Por lo cual, esgrimiendo aquel documento que entre otros Fonseca había redactado en nombre del papa, y era ley, no se reconocía a Juana heredera, sino Alfonso, y muerto éste, sería Isabel la heredera. Además, Isabel ya entonces calculó que si Juana reinaba, podría casarse con algún heredero de Portugal, ya que su madre era nieta del rey de Portugal, y la corona de Castilla pasaría a manos portuguesas.
Pero en Castilla las mujeres tenían derecho a reinar cuando faltaban varones en la línea de sucesión. El inteligente rey Juan II de Aragón se apresuró a tratar de conseguir que Isabel se casara con su hijo Fernando, ambos de edad similar, de la misma casa Trastámara y juntos fortalecerían la unidad de la península contra los musulmanes. Fernando aceptó firmando un documento en Cervera que le redactó su padre. Isabel no se pronunció al respecto. Ni una palabra, con lo cual queda claro que la iniciativa partía de la corona de Aragón, principal interesada.
Isabel estaba decidida a sentarse en el trono, eso era evidente. Pero no quería hacerlo por las bravas, sino haciendo valer aquellos documentos que se habían firmado, primero por orden del papa y aquel otro, en que le obligó a arzobispo Carrillo a aceptar que se casase con la persona que ella misma decidiera. Escribió a Carrillo asegurando su fidelidad al rey, su hermano y a su vez le reclamaba de él que la reconociera como sucesora siendo así jurada por las cortes como Princesa de Asturias.
JUANA DE CASTILLA. HIJA DE JUANA DE AVIS
La legitimidad de Enrique era indiscutible. Pero no así la de Juana su hija. Con lo cual el matrimonio de Enrique habría que anularlo, quedando en el legado papal la última palabra. Primero dependía de la voluntad del rey a negociar. Pacheco quien fue clave para llegar a los acontecimientos de la explanada de Guisando y fue el gran defensor de Isabel con tal de fastidiar al rey Enrique. ¿Curioso, verdad? La jugada oculta estaba en el intrigante marqués Juan Pacheco. Una de las condiciones era que Isabel se casaría con un candidato propuesto por el rey Enrique. Se confirmaban las sospechas de Isabel, lo que urdía Pacheco eran los enlaces concertados de Isabel con el rey Alfonso V de Portugal. El hijo de éste, Juan, con la niña Juana (la Beltraneja), reconociendo sus derechos. De este modo reinarían primero Alfonso de Portugal y luego su hijo Juan de Portugal. Para ello Pacheco entregaría al rey todo su poder y sujetaría a Isabel políticamente. Pacheco tenía grandes intereses, tanto en Castilla como en Portugal.
LA REINA ESPOSA QUEDA EMPARAZADA DE PEDRO DE CASTILLA
Enrique viendo la situación tan delicada, y que todo se basa en la legalidad de su matrimonio y la paternidad por tanto de su hija, manda a su mujer a volver a la corte. En agosto de ese año Juana de Avis estaba en avanzado estado de gestación. No olvidemos que había sido sacada de la corte y enviada bajo la custodia del obispo de Ávila, Alonso de Fonseca al castillo de Alaejos. Ella era una mujer muy hermosa y tenía un amante, Pedro de Castilla con quien tuvo hijos gemelos, y abrumada, decidió huir descolgándose en un cesto por los adarves de la muralla, con su amante, y fue a refugiarse en Cuéllar, señorío de Beltrán de la Cueva, precisamente la peor opción.
El deshonor de Enrique era evidente y motivo de murmullo y chanzas. Para Enrique IV es un golpe enorme que equivale a no poder demostrar la fidelidad de la reina y por consecuencia la sospecha de la bastardía de su hija Juana. Aunque el adulterio no tiene nada que ver con la situación jurídica de la niña. A esto se sumaba que la boda entre Enrique y Juana, que eran primos segundos, no tenía el necesario consentimiento papal.
Pero al final todo esto contribuyó a derrumbar la resistencia que ofrecía el rey a negociar



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