Llamado "el Bravo", era hijo del matrimonio de Fernando I de León y Sancha, fue rey de León entre 1065
y 1072 en un primer reinado y entre 1072 y 1109 en un segundo, de Galicia entre
1071 y 1072 y también entre 1072 y 1109, y de Castilla entre 1072 y 1109
EL REY ALFONSO VI
La herencia recibida
trajo serios conflictos entre los hermanos. Sancho y Alfonso querían unir los
reinos y acordaron repartirse Galicia. Atacaron a García y tuvo que huir del
reino que fue repartido por los hermanos.Pero Sancho era muy ambicioso y con la ayuda del Cid, Sancho II de Castilla en 1072 atacó a su hermano, Alfonso VI de León y fue vencido en Llantada, una lucha personal en el que el vencedor se quedaría con el reino del vencido. En el 1072 en la batalla de Golpejera, en Palencia, Sancho salió victorioso y Alfonso fue hecho prisionero. Con la intervención de la hermana de ambos, Urraca, le puso en libertad. Y huyó a Toledo donde reinaba su amigo Al-Mamun. Sancho puso sitio a Zamora, la ciudad de Urraca, pero fue engañado por un zamorano y le mató. Sancho no dejó descendencia.
Se hizo con todo el territorio de su padre, gobernó como rey de León, Castilla y Galicia entre 1072-1109, manteniendo la unión de los reinos de León y Castilla. Aquí es donde dice la leyenda de que el Cid obligó a Alfonso VI a jurar que no había participado en la muerte de su hermano, (la jura de Santa Gadea) pero sólo es una leyenda. Sin embargo, siguieron existiendo dos reinos diferenciados en administración, lenguas romances y leyes.
ESTATUA DEL CID EN BURGOS
Tras la muerte de Sancho IV de
Navarra en 1076, pasaron a formar parte del reino de Castilla, entonces unido
al reino de León bajo el reinado de Alfonso VI, territorios anteriormente
pertenecientes al reino de Navarra: La Rioja, Álava, Vizcaya y parte de
Guipúzcoa; parte de estos territorios fueron recuperados por Sancho VI de
Navarra en la segunda mitad del siglo XII y no retornaron a dominio castellano
hasta su conquista definitiva por Alfonso VIII a finales del siglo, que se
intituló “Imperatus totius Hispanae” en 1077.El rey Alfonso había recibido con todo honora al Cid, como vasallo y lo conservó a su lado. Para Alfonso VI Rodrigo no era un súbdito más. A Rodrigo no dejaban de salirle enemigos envidiosos.
El rey le envía a Sevilla con la misión de cobrar las parias. En aquella urbe residiría varios meses. Cuando al-Motamid, rey de Sevilla, y el Cid están tramitando su pago, les llegan noticias de que tropas del moro rey de la Taifa de Granada, junto con tropas cristianas encabezadas por García-Ordoñez, conde de Nájera y amigo personal del Alfonso VI, marchan hacia Sevilla. Ambos reinos taifas gozaban de la protección de Alfonso VI precisamente a cambio de las parias. El Campeador defendió con su contingente a al-Motamid, y venció a Abdalá en la batalla de Cabra.
EL CID VENCE EN LA BATALLA DE CABRA
Y se enfrenta con el ejército
granadino, apresando al conde García Ordóñez y a los nobles navarros que le
acompañaban, les mantiene tres días como prisioneros y los despojó de sus
pertenencias como legítimo botín de guerra y les permitió marchar libres sin
rescate, mientras él victorioso regresaba a Sevilla. De este episodio, nacería
una perdurable enemistad entre el Campeador y García Ordóñez, que no dejaría de
acusarlo ante el Rey de haberse quedado con parte de los regalos del Rey de la
Taifa de Sevilla. Dos años después, en 1081, el rey Alfonso VI sale en campaña
hacia Toledo y los musulmanes atacaron en Gormaz obteniendo un importante
botín. Rodrigo reacciona y sale a perseguir a los atacantes, penetra en el
reino toledano y vence. Esta acción fue un exceso de Rodrigo Díaz que le llevó,
en su persecución, a adentrarse en el reino de taifa toledano que estaba bajo
el amparo del rey Alfonso VI.De regreso a la corte, el Cid
cometió otro error garrafal: pernoctó una noche en el castillo de Luna, donde
estaba confinado por orden del rey Alfonso su hermano menor, García, que era su
enemigo ya que había heredado Galicia, arrebatada por Sancho, y a su muerte se quedó Alfonso VI con dicho reino.
De todo esto se aprovechó el conde de Nájera para acusar al Cid de apropiarse de parte de las parias de Sevilla y de confabularse con García para derrocar al rey. Alfonso VI hizo caso de su amigo y desterró a Rodrigo en el año 1081.
El alcaide del castillo de Rueda en Zaragoza ofreció la entrega de la fortaleza a Alfonso VI; este acudió a tomar posesión de Rueda en enero de 1083, pero cayeron en una celada en la que murieron nobles y caballeros, llegando a peligrar la propia vida del Rey. Rodrigo, que se encontraba en la región de Tudela, al tener noticia del desastre acude rápidamente en auxilio de su Rey, que lo recibe con los brazos abiertos y lo invita a regresar con él a Castilla; el Campeador pasada la emoción del encuentro observa ciertas reticencias, que le decidieron regresar a Zaragoza.
En el año 1085 los Almorávides conquistan Tanger y Ceuta y cruzan el estrecho y en el camino se encuentras con las tropas de Alfonso V y Sancho Ramírez I de Aragón. Las tropas cristianas fueron vencidas en la batalla de Zalaca (Sagraras), y el rey Alfonso herido de un puñalada en una pierna. Se retiraron a Toledo y no fueron perseguidos. El emir hubo de marchar a África y hubo unas tres décadas de defensa de los almorávides.
Alfonso VI claudica en su empeño de someter al Cid, retira su destierro y le ofrece la posibilidad de regresar a Castilla; un nuevo perdón que Rodrigo Díaz de Vivar rechaza, pero queda un pacto amistoso. Lo cierto es que los almorávides no aceptaban que musulmanes y cristianos se pudieran ayudar a favor de uno u otro. El Cid no participó en la batalla de Zalaca.
De todo esto se aprovechó el conde de Nájera para acusar al Cid de apropiarse de parte de las parias de Sevilla y de confabularse con García para derrocar al rey. Alfonso VI hizo caso de su amigo y desterró a Rodrigo en el año 1081.
El alcaide del castillo de Rueda en Zaragoza ofreció la entrega de la fortaleza a Alfonso VI; este acudió a tomar posesión de Rueda en enero de 1083, pero cayeron en una celada en la que murieron nobles y caballeros, llegando a peligrar la propia vida del Rey. Rodrigo, que se encontraba en la región de Tudela, al tener noticia del desastre acude rápidamente en auxilio de su Rey, que lo recibe con los brazos abiertos y lo invita a regresar con él a Castilla; el Campeador pasada la emoción del encuentro observa ciertas reticencias, que le decidieron regresar a Zaragoza.
En el año 1085 los Almorávides conquistan Tanger y Ceuta y cruzan el estrecho y en el camino se encuentras con las tropas de Alfonso V y Sancho Ramírez I de Aragón. Las tropas cristianas fueron vencidas en la batalla de Zalaca (Sagraras), y el rey Alfonso herido de un puñalada en una pierna. Se retiraron a Toledo y no fueron perseguidos. El emir hubo de marchar a África y hubo unas tres décadas de defensa de los almorávides.
Alfonso VI claudica en su empeño de someter al Cid, retira su destierro y le ofrece la posibilidad de regresar a Castilla; un nuevo perdón que Rodrigo Díaz de Vivar rechaza, pero queda un pacto amistoso. Lo cierto es que los almorávides no aceptaban que musulmanes y cristianos se pudieran ayudar a favor de uno u otro. El Cid no participó en la batalla de Zalaca.
ALMORÁVIDES EN LA BATALLA DE ZALACA
En 1087 Alfonso VI tuvo que hacer
frente a una rebelión en Galicia. Aunque los musulmanes recibieron ayuda de
África, por las desavenencias entre las Taifas desistieron y se volvieron a
África. El rey había pedido ayuda al Cid, pero éste se dirigió a Murcia, pero
nunca llegó a encontrarse, y esta es la causa de su segundo destierro.Tras la conquista de Toledo en (1085), al-Qádir se fue a Cuenca y después a Valencia. Uclés y los dominios quedaron bajo la protección de Alfonso VI, quien estableció en Uclés una guarnición propia, en representación teórica de al-Qádir.
En el año 1090 el Cid se hizo con todo el Levante, incluyendo Valencia. Al-Cadir pagaba los impuestos al Cid, aunque era dinero de Alfonso VI.
Sufrió el Cid fue la muerte de su hijo en 1097, en la batalla de Consuegra. Había ido en ayuda del rey Alfonso VI a la batalla, tenía solo 20 años.
En 1108 fue librada la batalla de Uclés entre las tropas cristianas de Alfonso VI de León y las almorávides de Alí ibn Yúsuf, y se saldó con la derrota cristiana.
Tres meses después de la batalla de Uclés, viejo ya, eligió heredera a su hija Urraca, por entonces viuda. Y opta por casarla con el famoso guerrero Alfonso I de Aragón el Batallador, (1105-1157). Alfonso VI falleció en julio de 1109 en Toledo.

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