Después de la famosa Batalla de las Navas de Tolosa contra
los Almohades en 1.212 se puede decir que comienza el declive musulmán en la
península. Luego, entre 1265-66, el rey de Castilla, Fernando III y el de
Aragón, Jaime I, se pusieron de acuerdo uno se hizo con Murcia y el valle del
Guadalquivir y el otro se hizo con Valencia y Mallorca. Jaime entregó Murcia a
Fernando y así es como allí hoy se habla castellano y no valenciano. Teníamos
ya lo que Menéndez Pelayo llamó “La España de los cinco reinos”, Castilla,
Aragón, Navarra y Portugal, y el pequeño emirato nazarí de Granada.
Y por eso digo que los musulmanes no dominaron ni gobernaron 800 años como se suele decir. Realmente nunca dejaron de luchar y estaban resistiendo con pago de impuestos a los cristianos. Además de estar divididos entre ellos (los reinos de Taifas).
Y por eso digo que los musulmanes no dominaron ni gobernaron 800 años como se suele decir. Realmente nunca dejaron de luchar y estaban resistiendo con pago de impuestos a los cristianos. Además de estar divididos entre ellos (los reinos de Taifas).
LOS REYES ISABEL Y FERNANDO
(SERIE ISABEL)
Del 711 en que comenzó la invasión hasta que se deshizo el Califato de Córdoba en 1031, van 320 años. Y fue cuando se crearon los Reino de Taifas, donde se encuentran divididos y poco a poco van siendo vencidos y terminan siendo vasallos del reino cristiano vencedor que les ha tocado. Pero no se les expulsó. El trabajo de agricultura, ganadería, pesca, y minería era necesario, y la península estaba con poca población en aquellos años. Por eso convino a los reyes cristianos cobrarles una "paira" para asegurar la paz, evitar ataques o comprar protección. De ahí que durase tanto la Reconquista, eran rentables si obedecían.
Alfonso IX de León conquista Cáceres, en 1227. Jaime I el conquistador se hace con Valencia, Murcia, Mallorca, Ibiza y Formentera. El rey de Castilla, Fernando III reconquistó Córdoba, Jaén y Sevilla. Alfonso X realizó la repoblación del antiguo reino de Sevilla, que permitió consolidar las conquistas de Fernando III. Se procedió al reparto de las casas de su casco urbano y de las tierras de alrededor entre los soldados de las huestes reales y nobiliarias, así como entre gentes procedentes de todos los rincones de la Corona de Castilla. Este modelo de repoblación, que vació de musulmanes aquellas localidades que habían sido tomadas por fuerza o que capitularon tras un sitio (caso de las principales ciudades del valle del Guadalquivir), convivió con el mantenimiento de la población autóctona en diferentes zonas. Muchas localidades serranas de Jaén y Córdoba, y otras de las campiñas y llanuras, se rindieron a los castellanos mediante capitulación, por la cual estos se hacían cargo de sus fortalezas y del cobro de impuestos, mientras que los mudéjares (musulmanes que permanecieron en la península ibérica durante la Reconquista, conservando su religión, costumbres y estatus jurídico a cambio de pagar un tributo a los reyes cristianos) conservaban cierta autonomía política y religiosa.
(SERIE ISABEL)
Del 711 en que comenzó la invasión hasta que se deshizo el Califato de Córdoba en 1031, van 320 años. Y fue cuando se crearon los Reino de Taifas, donde se encuentran divididos y poco a poco van siendo vencidos y terminan siendo vasallos del reino cristiano vencedor que les ha tocado. Pero no se les expulsó. El trabajo de agricultura, ganadería, pesca, y minería era necesario, y la península estaba con poca población en aquellos años. Por eso convino a los reyes cristianos cobrarles una "paira" para asegurar la paz, evitar ataques o comprar protección. De ahí que durase tanto la Reconquista, eran rentables si obedecían.
Alfonso IX de León conquista Cáceres, en 1227. Jaime I el conquistador se hace con Valencia, Murcia, Mallorca, Ibiza y Formentera. El rey de Castilla, Fernando III reconquistó Córdoba, Jaén y Sevilla. Alfonso X realizó la repoblación del antiguo reino de Sevilla, que permitió consolidar las conquistas de Fernando III. Se procedió al reparto de las casas de su casco urbano y de las tierras de alrededor entre los soldados de las huestes reales y nobiliarias, así como entre gentes procedentes de todos los rincones de la Corona de Castilla. Este modelo de repoblación, que vació de musulmanes aquellas localidades que habían sido tomadas por fuerza o que capitularon tras un sitio (caso de las principales ciudades del valle del Guadalquivir), convivió con el mantenimiento de la población autóctona en diferentes zonas. Muchas localidades serranas de Jaén y Córdoba, y otras de las campiñas y llanuras, se rindieron a los castellanos mediante capitulación, por la cual estos se hacían cargo de sus fortalezas y del cobro de impuestos, mientras que los mudéjares (musulmanes que permanecieron en la península ibérica durante la Reconquista, conservando su religión, costumbres y estatus jurídico a cambio de pagar un tributo a los reyes cristianos) conservaban cierta autonomía política y religiosa.
FERNANDO III EL SANTO
Luego desde 1272 a 1302 se consolida el reino nazarí de Granada, que comprendía las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga, más el peñón de Gibraltar. Finalmente en la batalla del Salado (1340) frenó el último gran intento de invasión en la península. Estuvo ligado al Peñón de Gibraltar, que fue ganada por los Benimerines. Pero el rey castellano Alfonso XI acudió al rescate de Tarifa, reforzado por las tropas de su suegro Alfonso IV de Portugal y auxilios aragoneses, cerca del río Salado (en la actual provincia de Cádiz). Las fuerzas combinadas cristianas lograron una victoria aplastante contra el ejército musulmán. Esta victoria supuso un punto de inflexión en la Conquista del Estrecho. Debilitó fatalmente el poder benimerín y dejó al debilitado reino nazarí de Granada aislado, allanando el camino para la fase final de la Reconquista.
El resto hasta 1492 cae Granada en que solo estaba ese reino nazarí.
En Granada, los reyes de Castilla, cobraban un tributo a sus homólogos nazaríes ya que estos era vasallos de Castilla-León. Un tributo en oro, porque Granada, que se beneficiaba de sus privilegiadas relaciones de sangre con el norte de África, era la puerta del oro africano. Lo cierto es que Granada era un reino próspero, muy poblado y de refinadas costumbres. Ahí tenemos el palacio de la Alhambra. Pero las cosas no son para siempre. El oro comenzó a escasear, y además, los jóvenes cristianos que se habían casado tenían las ideas muy claritas, Fernando e Isabel; reunir bajo sus reinos los antiguos dominios de los Godos, es decir, todos los territorios que habían sido cristianos.
Pero el gobernador moro de Ronda, Mohamed al Zagrí, se apoderó de la plaza de Zahara en 1481. Realmente calculó mal. Isabel y Fernando que ya habían vencido al rey de Portugal, se decidieron a terminar con el reino nazarí. Pidieron al papa que la guerra la declarase como "Cruzada", lo que significaba además, dinero.
Luego desde 1272 a 1302 se consolida el reino nazarí de Granada, que comprendía las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga, más el peñón de Gibraltar. Finalmente en la batalla del Salado (1340) frenó el último gran intento de invasión en la península. Estuvo ligado al Peñón de Gibraltar, que fue ganada por los Benimerines. Pero el rey castellano Alfonso XI acudió al rescate de Tarifa, reforzado por las tropas de su suegro Alfonso IV de Portugal y auxilios aragoneses, cerca del río Salado (en la actual provincia de Cádiz). Las fuerzas combinadas cristianas lograron una victoria aplastante contra el ejército musulmán. Esta victoria supuso un punto de inflexión en la Conquista del Estrecho. Debilitó fatalmente el poder benimerín y dejó al debilitado reino nazarí de Granada aislado, allanando el camino para la fase final de la Reconquista.
El resto hasta 1492 cae Granada en que solo estaba ese reino nazarí.
En Granada, los reyes de Castilla, cobraban un tributo a sus homólogos nazaríes ya que estos era vasallos de Castilla-León. Un tributo en oro, porque Granada, que se beneficiaba de sus privilegiadas relaciones de sangre con el norte de África, era la puerta del oro africano. Lo cierto es que Granada era un reino próspero, muy poblado y de refinadas costumbres. Ahí tenemos el palacio de la Alhambra. Pero las cosas no son para siempre. El oro comenzó a escasear, y además, los jóvenes cristianos que se habían casado tenían las ideas muy claritas, Fernando e Isabel; reunir bajo sus reinos los antiguos dominios de los Godos, es decir, todos los territorios que habían sido cristianos.
Pero el gobernador moro de Ronda, Mohamed al Zagrí, se apoderó de la plaza de Zahara en 1481. Realmente calculó mal. Isabel y Fernando que ya habían vencido al rey de Portugal, se decidieron a terminar con el reino nazarí. Pidieron al papa que la guerra la declarase como "Cruzada", lo que significaba además, dinero.
JAIME I EL CONQUISTADOR
Fernando era sagaz y astuto y buen militar, se lo pensó muy bien. Se acuarteló en Córdoba. Organizó un ejército regular con sus distintos cuerpos, con su Estado Mayor. Las campañas se harían en los meses calurosos, y las desarrollarían con su estudio previo. Podemos pensar que con él había nacido la guerra moderna. Los musulmanes se pensaban superiores a los cristianos, y no iban a tolerar que un cristiano les diera lecciones de guerra. Realmente la crisis dentro del emirato estaba servida. En las luchas los moros iban siendo derrotados plaza por plaza. En el Palacio crecieron las intrigas. Para colmo el rey Muley Hacén, algo viejo ya, se encaprichó con una concubina cristiana mucho más joven que él llamada Soraya. Su esposa Aixa, muy resentida por perder la condición de favorita, se conchabó en secreto con su hijo, Boabdil, para que le destronase y diese cumplida venganza a la traición. Boabdil, se dejó enredar. El rey moro salió a la lucha por recuperar Alhama y su hijo Boabdil aprovechó la ausencia de su progenitor para dar un golpe de mano con la ayuda del poderoso clan de los Abencerrajes, una familia aristocrática que resultó traicionera. Fernando de Trastámara, se enteró de la cuestión e influyó para incrementar las rencillas del palacio moro.
Fernando era sagaz y astuto y buen militar, se lo pensó muy bien. Se acuarteló en Córdoba. Organizó un ejército regular con sus distintos cuerpos, con su Estado Mayor. Las campañas se harían en los meses calurosos, y las desarrollarían con su estudio previo. Podemos pensar que con él había nacido la guerra moderna. Los musulmanes se pensaban superiores a los cristianos, y no iban a tolerar que un cristiano les diera lecciones de guerra. Realmente la crisis dentro del emirato estaba servida. En las luchas los moros iban siendo derrotados plaza por plaza. En el Palacio crecieron las intrigas. Para colmo el rey Muley Hacén, algo viejo ya, se encaprichó con una concubina cristiana mucho más joven que él llamada Soraya. Su esposa Aixa, muy resentida por perder la condición de favorita, se conchabó en secreto con su hijo, Boabdil, para que le destronase y diese cumplida venganza a la traición. Boabdil, se dejó enredar. El rey moro salió a la lucha por recuperar Alhama y su hijo Boabdil aprovechó la ausencia de su progenitor para dar un golpe de mano con la ayuda del poderoso clan de los Abencerrajes, una familia aristocrática que resultó traicionera. Fernando de Trastámara, se enteró de la cuestión e influyó para incrementar las rencillas del palacio moro.
JINETES NAZARÍES INSPECCIONANDO EL CERRO MULHACEN
El rey Muley Hacén, se refugió en el castillo de Mondújar.
Boabdil condujo entonces un ejército hasta los territorios cristianos, donde
los castellanos salieron a su encuentro, le derrotaron en Lucena y se lo
enviaron a Fernando cargado de cadenas. Todos los cristianos pedían la cabeza
de Boabdil, pero a Fernando eso le parecía un desperdicio. Le dejó marchar a
cambio de que, en secreto, fuese su aliado y pagase una indemnización, porque
la guerra estaba saliendo carísima. En prenda se quedó con sus dos hijos. Con
el emirato partido en dos bandos, que se la tenían jurada, Fernando se dispuso a
ir troceando con paciencia los dominios del enemigo. Ronda y Marbella cayeron
en 1485, Loja en 1486 y Málaga en 1487, tras un sonado asedio. Málaga era muy
importante y justificaba el dispendio. Los reyes reclamaron soldados de todos
sus reinos, y hasta allí llegaron enfervorecidas huestes de vizcaínos,
guipuzcoanos, asturianos y valencianos. La flota castellana bloqueó el puerto
para evitar que la ciudad recibiese refuerzos y provisiones de Marruecos. A
finales de agosto se rindió. Tanto había costado doblegarla que Fernando fue
extremadamente cruel con los supervivientes. Ordenó que todos fuesen
esclavizados.Lo que quedaba del emirato estaba dividido entre Boabdil, que controlaba Granada, y su tío el Zagal, que tenía en su poder Almería y Guadix. Muley Hacén había muerto dos años antes, abandonado por todos. Se cuenta que, al morir, los pocos partidarios que le quedaban llevaron su cadáver hasta lo más alto de Sierra Nevada, donde le dieron sepultura. El pico pasaría a llamarse como él: Mulhacén, que es, además, con sus casi 3.500 metros, el más alto de la Península.
Fernando antes dar el remate al timorato Boabdil, que se
escondía en el Albaicín detrás de las faldas de su madre, siguió a lo suyo, los
castellanos conquistaron Baza, y envió un emisario al Zagal (Hermano del rey Muley Hacén)
para pedir su rendición. Lo entendió enseguida. Entregó Almería y se largó al norte de África. Granada, la capital, en 1490, era lo que quedaba. Fernando sabía que entrar a saco hubiera sido una carnicería por ambos bandos, y con resultado incierto. De modo en lugar de tratar de tomarla al asalto, la sitió. Mandó construir una ciudad junto a Granada, a la que llamó Santa Fe. Caso insólito éste: edificar una ciudad para sitiar otra. No se volvería a ver cosa igual. Granada resistía, Isabel envió un emisario negociador. Ofreció a Boabdil un señorío en la Alpujarra, rentas y el compromiso de respetar la religión y las costumbres de los granadinos. El acuerdo en la desesperada situación en que se encontraba, no estaba mal por lo que el emir aceptó.
para pedir su rendición. Lo entendió enseguida. Entregó Almería y se largó al norte de África. Granada, la capital, en 1490, era lo que quedaba. Fernando sabía que entrar a saco hubiera sido una carnicería por ambos bandos, y con resultado incierto. De modo en lugar de tratar de tomarla al asalto, la sitió. Mandó construir una ciudad junto a Granada, a la que llamó Santa Fe. Caso insólito éste: edificar una ciudad para sitiar otra. No se volvería a ver cosa igual. Granada resistía, Isabel envió un emisario negociador. Ofreció a Boabdil un señorío en la Alpujarra, rentas y el compromiso de respetar la religión y las costumbres de los granadinos. El acuerdo en la desesperada situación en que se encontraba, no estaba mal por lo que el emir aceptó.
Se fijó el 2 de enero para
hacer efectiva la entrega de la ciudad. Para evitar machadas de última hora,
Fernando ordenó a Gutierre de Cárdenas que entrase con un pequeño contingente
por la noche y ocupase la Alhambra. Al amanecer, los reyes esperaron a Boabdil
a orillas del Genil. El moro se acercó derrotado; hizo ademán de besar las
manos de Fernando, cosa que éste rechazó, y entregó las llaves al rey, que, a
su vez, se las dio a Isabel. Era su regalo, el más preciado que una reina de
Castilla pudo soñar jamás. Gutierre de Cárdenas hizo entonces ondear el pendón
de Castilla en lo más alto de la Alhambra, en la torre de la Vela. El cardenal
Pedro de Mendoza, que estaba con él, puso una cruz junto al estandarte. Cuando
se produjo la rendición, la esposa de Boabdil, Morayma pensó que le serían
devueltos sus hijos, después de diez años. Pero ante la posibilidad de un levantamiento,
los monarcas cristianos no entregaron a los príncipes cautivos. El alcalde de
Benarix intercedió ante los monarcas suplicando la entrega de los infantes. Los
reyes tardaron un año en conceder lo suplicado. Cuando el menor de los hijos,
Ahmed, vio a su madre, enferma y postrada, ni la reconoció. Boabdil trató de
calmar a su esposa explicándole que había sido educados en la fe católica y ese
mismo desdén lo había tenido con él. Pero la pena aumentó al saber que su hijo
mayor había muerto años atrás. Terminaría muriendo también.
La Reconquista había terminado. La noticia recorrió Europa.
El Papa hizo repicar al unísono todas las campanas de Roma. Los reyes de
Europa, incluido el de Francia, celebraron la conquista y ordenaron misas en
gratitud por la victoria. Mientras tanto, un vencido Boabdil salía camino del
exilio en compañía de su madre, la vengativa Aixa. Al coronar uno de los cerros
que anticipan la sierra, Boabdil descendió del caballo, se giró y, mientras
contemplaba compungido el perfil de Granada al atardecer, con sus palacios y
torres reflejando la delicada luz dorada que baña la ciudad los días de
invierno, se echó a llorar. Es entonces cuando dicen las lenguas de doble filo
que Aixa pronunció: "Llora, llora como mujer lo que no supiste defender
como hombre".
Pero esto último no es cierto. La frase la escribió por
primera vez, tres siglos después, el padre Echevarría en una obra titulada “Los
paseos de Granada”. De ser cierta, sería una gran injusticia. Boabdil luchó por
Granada, no fue un buen guerrero, no fue hábil negociador, pero se dejó llevar
por los consejos de su madre, pues fue ella quien hizo que su hijo traicionara
a su padre y se aliara con los poderosos y pérfidos clan de los Abencerrajes.
De ahí que sea conocido como Boabdil el Desdichado. Sus lágrimas siguen hoy
inspirando a poetas, y el lugar donde las derramó se llama desde entonces "Puerto del Suspiro del Moro".






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