Termina el Imperio Carolingio en el año 843.
Tras la muerte de Luis el Piadoso
en 840, hijo de Carlomagno, su vasto imperio quedó sin un heredero claro. Sus
hijos —Lotario, Luis el Germánico y Carlos el Calvo— lucharon por el poder,
desatando una guerra civil que amenazaba con fragmentar toda Europa occidental.
En 843, tras años de conflicto,
se firmó el Tratado de Verdún, que dividió el Imperio Carolingio en tres
reinos:
• Lotaringia para Lotario, el hijo mayor, que mantenía el título imperial.
• Francia Occidental para Carlos el Calvo, que sería la base de la futura Francia.
• Francia Oriental para Luis el Germánico, que daría origen al Sacro Imperio Romano Germánico y, siglos después, a Alemania.
Este acuerdo cambió el mapa político de Europa para siempre, estableciendo fronteras que, con el tiempo, influirían en los conflictos entre Francia y Alemania. También marcó el inicio del fin de la unidad carolingia, dando paso a un continente fragmentado y lleno de reinos en constante tensión.
• Lotaringia para Lotario, el hijo mayor, que mantenía el título imperial.
• Francia Occidental para Carlos el Calvo, que sería la base de la futura Francia.
• Francia Oriental para Luis el Germánico, que daría origen al Sacro Imperio Romano Germánico y, siglos después, a Alemania.
Este acuerdo cambió el mapa político de Europa para siempre, estableciendo fronteras que, con el tiempo, influirían en los conflictos entre Francia y Alemania. También marcó el inicio del fin de la unidad carolingia, dando paso a un continente fragmentado y lleno de reinos en constante tensión.
El Tratado de Verdún es un
ejemplo de cómo la dinámica familiar, la guerra y la diplomacia definieron la
geopolítica medieval, y cómo decisiones de unos pocos hombres pueden cambiar el
curso de la historia por siglos.
La Marca Hispánica
El profesor Josep María Salrach, de la Universidad de Barcelona, y que es uno de los grandes investigadores del proceso de formación nacional de Catalunya (siglos VIII-IX); explica que entre las oligarquías catalanas de principios de la centuria del 800, había una corriente partidaria de buscar una paz duradera con los árabes repantigados en el bajo Segre y en el Ebro. Esta corriente estaría formada, básicamente, por las oligarquías procedentes del exilio, (descendientes de los indígenas de la Tarraconense refugiados en el reino de los francos durante la invasión árabe, 714-723; que habían hecho el camino del retorno acompañador los ejércitos carolingios). Pero esta corriente, que priorizaba la paz con el objetivo de restaurar el aparato económico perdido con el exilio; chocó con los funcionarios francos, ávidos de aventuras militares y de botín, y partidarios de la guerra permanente. El primer conde de Barcelona fue Bera (801-820) personaje de origen franco-visigodo. Esta autoridad era favorable a la paz con los musulmanes, por lo que fue acusado de traición. Fue destituido y el gobierno pasó totalmente a manos de los francos. Se establecieron regiones administrativas, (los condados).
La disidencia de estos condados en el régimen carolingio no tuvo el mismo recorrido que la aragonesa.
La Marca Hispánica
El profesor Josep María Salrach, de la Universidad de Barcelona, y que es uno de los grandes investigadores del proceso de formación nacional de Catalunya (siglos VIII-IX); explica que entre las oligarquías catalanas de principios de la centuria del 800, había una corriente partidaria de buscar una paz duradera con los árabes repantigados en el bajo Segre y en el Ebro. Esta corriente estaría formada, básicamente, por las oligarquías procedentes del exilio, (descendientes de los indígenas de la Tarraconense refugiados en el reino de los francos durante la invasión árabe, 714-723; que habían hecho el camino del retorno acompañador los ejércitos carolingios). Pero esta corriente, que priorizaba la paz con el objetivo de restaurar el aparato económico perdido con el exilio; chocó con los funcionarios francos, ávidos de aventuras militares y de botín, y partidarios de la guerra permanente. El primer conde de Barcelona fue Bera (801-820) personaje de origen franco-visigodo. Esta autoridad era favorable a la paz con los musulmanes, por lo que fue acusado de traición. Fue destituido y el gobierno pasó totalmente a manos de los francos. Se establecieron regiones administrativas, (los condados).
La disidencia de estos condados en el régimen carolingio no tuvo el mismo recorrido que la aragonesa.
Entre las
oligarquías indígenas de esos condados había, también, una fuerte corriente de
lealtad al régimen carolingio. Venía de una época no demasiado lejana (segunda
mitad del siglo VIII), cuando los reyes Pipino y Carlomagno habían protegido a
los exiliados pre-catalanes refugiados en territorio franco de la codicia
depredadora de algunos magnates locales. La estirpe indígena obtendrían el
monopolio del gobierno de los condados carolingios catalanes a partir de
Wifredo el Velloso (870-897).
El triunfo de los
"pacifistas" habría desbaratado, definitivamente, el proyecto
"Marca Hispánica"; pero el cese fulminante de Bera (coincidente con
la usurpación del "Malo" en Jaca, 820), lo impidió. A partir del 820,
con el gobierno del "belicista" Rampón, la situación en los condados
catalanes sería radicalmente opuesta a la de Aragón.
Tanto Pamplona como los primeros territorios de Aragón formaron partes de la Marca Hispánica la franja defensiva establecida por el Imperio Carolingio a finales del siglo VIII para proteger sus dominios frente al Emirato de Córdoba.
Tanto Pamplona como los primeros territorios de Aragón formaron partes de la Marca Hispánica la franja defensiva establecida por el Imperio Carolingio a finales del siglo VIII para proteger sus dominios frente al Emirato de Córdoba.
BATALLA DE RONCESVALLES
El nivel de influencia franca varió en ambos territorios- Por ejemplo en Pamplona, tras la famosa batalla de Roncesvalles (778), los francos ejercieron un control limitado. Los vascones de la zona se rebelaron y derrotaron al ejército carolingio en el año 824, lo que permitió a la dinastía Íñiga consolidar el Reino de Pamplona (germen de Navarra) y romper sus vínculos con los francos. Mientras que los condados pirenaicos del entorno del río Aragón (junto con Sobrarbe y Ribagorza) sí estuvieron más sujetos a la autoridad franca, pero a principios del siglo IX comenzaron a ser gobernados por condes locales, lo que inició su evolución hacia su independencia. Ambos territorios lograron transformarse en entidades políticas independientes. Más tarde, tras la expansión de sus fronteras hacia el sur, el Reino de Aragón y el Reino de Pamplona (que acabaría adoptando el nombre de Navarra) convergieron a través de la unión dinástica en 1076 bajo el rey Sancho Ramírez.
Los condes catalanes de los siglos IX y X mantuvieron y alimentaron el vínculo político con la cancillería carolingia y con las corrientes culturales que se proyectaban desde Aquisgrán y desde París. Y eso explicaría, también, la construcción de una cultura política propia que ha trascendido a través de los siglos.
El nivel de influencia franca varió en ambos territorios- Por ejemplo en Pamplona, tras la famosa batalla de Roncesvalles (778), los francos ejercieron un control limitado. Los vascones de la zona se rebelaron y derrotaron al ejército carolingio en el año 824, lo que permitió a la dinastía Íñiga consolidar el Reino de Pamplona (germen de Navarra) y romper sus vínculos con los francos. Mientras que los condados pirenaicos del entorno del río Aragón (junto con Sobrarbe y Ribagorza) sí estuvieron más sujetos a la autoridad franca, pero a principios del siglo IX comenzaron a ser gobernados por condes locales, lo que inició su evolución hacia su independencia. Ambos territorios lograron transformarse en entidades políticas independientes. Más tarde, tras la expansión de sus fronteras hacia el sur, el Reino de Aragón y el Reino de Pamplona (que acabaría adoptando el nombre de Navarra) convergieron a través de la unión dinástica en 1076 bajo el rey Sancho Ramírez.
Los condes catalanes de los siglos IX y X mantuvieron y alimentaron el vínculo político con la cancillería carolingia y con las corrientes culturales que se proyectaban desde Aquisgrán y desde París. Y eso explicaría, también, la construcción de una cultura política propia que ha trascendido a través de los siglos.
Nunca sabremos cuál habría sido
el papel de un Estado medieval surgido de ruptura de la periferia carolingia. Y
cuál habría sido su protagonismo durante los siglos siguientes. Un Estado sobre
las antiguas naciones nor-ibéricas y protovascas, emparentadas, que habría
contrapesado el núcleo mesetario castellano-leonés y el núcleo continental
francés.


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