La guerra por la Sucesión con Portugal por el trono de
Castilla fue inevitable, estalló y duró cinco años, de 1474 a 1479.
Los enemigos eran el reino de Portugal, y los enemigos de Aragón, Francia y los que habían sido partidarios del noble castellano contrario a Isabel con Juan de Pacheco a la cabeza. Un personaje importante que dominó la evolución política de Castilla durante el reinado de Enrique IV. Fue un gran intrigante en asuntos de gobierno y el que propagó la idea de que la niña Juana no era hija del rey Enrique IV, sino de Beltrán de la Cueva, y comenzó a llamarla “la Beltraneja”. Su única meta era la de ganar poder y riqueza para convertirse en grande del reino. Fue favorable al rey, luego le traicionó en “La Farsa de Ávila”, ridiculizándole y proclamando rey a Alfonso, hermano de Isabel, y luego seguramente asesinó a Alfonso.
Los enemigos eran el reino de Portugal, y los enemigos de Aragón, Francia y los que habían sido partidarios del noble castellano contrario a Isabel con Juan de Pacheco a la cabeza. Un personaje importante que dominó la evolución política de Castilla durante el reinado de Enrique IV. Fue un gran intrigante en asuntos de gobierno y el que propagó la idea de que la niña Juana no era hija del rey Enrique IV, sino de Beltrán de la Cueva, y comenzó a llamarla “la Beltraneja”. Su única meta era la de ganar poder y riqueza para convertirse en grande del reino. Fue favorable al rey, luego le traicionó en “La Farsa de Ávila”, ridiculizándole y proclamando rey a Alfonso, hermano de Isabel, y luego seguramente asesinó a Alfonso.
Con lo cual hubo un acuerdo importante el llamado “Tratado
de los Toros de Guisando”, entre Isabel y su hermano el rey Enrique IV, en el que Isabel quedaría como heredera de la corona
de Castilla. Pensemos que Isabel tan solo tenía 17 años pero sabía manejarse entre la nobleza y el rey en asuntos de política con inteligencia.
A pesar de las oposiciones y diferentes problemas Fernando e Isabel se casaron. La boda, celebrada en octubre de1469, de la que ya se consideraba como heredera de Castilla y de don Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con constituirse un bloque hegemónico en la Península. Al morir el rey el 12 de diciembre de 1474, Isabel se proclamó reina de Castilla y León en virtud de aquellos acuerdos de Guisando.
El importante cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo don Alfonso Carrillo, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva y muchos pueblos y ciudades, fundamentalmente de Asturias, cuna de la casa de Trastámara y llevan el honor de sentirse herederos de la monarquía visigoda, juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, (hijo del anterior Pacheco, que había fallecido), marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje.
Se trataba de resolver el problema que planteaba la presencia de Juana de Avis, la viuda del rey, que había tenido hijos bastardos pero se sabía que a pesar de haber sido la esposa del rey, Juana la Beltraneja no era hija de Enrique I. Además dar una solución airosa al futuro de su hija, los Reyes, de acuerdo con lo previsto en Guisando, exigían el regreso de la reina a Portugal y ofrecían un matrimonio adecuado para Juana, probablemente con Enrique Fortuna, hijo del infante de Aragón, don Enrique.
Los hechos se precipitan, en efecto, cuando el arzobispo Carrillo, convencido de su poder como hacedor de reyes y sospechando siempre maniobras para desposeerle, abandonaba la Corte despechado con Fernando.
A pesar de las oposiciones y diferentes problemas Fernando e Isabel se casaron. La boda, celebrada en octubre de1469, de la que ya se consideraba como heredera de Castilla y de don Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con constituirse un bloque hegemónico en la Península. Al morir el rey el 12 de diciembre de 1474, Isabel se proclamó reina de Castilla y León en virtud de aquellos acuerdos de Guisando.
El importante cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo don Alfonso Carrillo, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva y muchos pueblos y ciudades, fundamentalmente de Asturias, cuna de la casa de Trastámara y llevan el honor de sentirse herederos de la monarquía visigoda, juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, (hijo del anterior Pacheco, que había fallecido), marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje.
Se trataba de resolver el problema que planteaba la presencia de Juana de Avis, la viuda del rey, que había tenido hijos bastardos pero se sabía que a pesar de haber sido la esposa del rey, Juana la Beltraneja no era hija de Enrique I. Además dar una solución airosa al futuro de su hija, los Reyes, de acuerdo con lo previsto en Guisando, exigían el regreso de la reina a Portugal y ofrecían un matrimonio adecuado para Juana, probablemente con Enrique Fortuna, hijo del infante de Aragón, don Enrique.
Los hechos se precipitan, en efecto, cuando el arzobispo Carrillo, convencido de su poder como hacedor de reyes y sospechando siempre maniobras para desposeerle, abandonaba la Corte despechado con Fernando.
ACUERDO DE LOS TOROS DE GUISANDO
Por parte de Alfonso V de Portugal tenía proyectos de tomar
la defensa de Juana desde el mismo mes de diciembre de 1474, aunque existían
opiniones contrarias a una guerra. Antes de decidirse a la intervención el
monarca portugués quería garantías de contar con apoyos suficientes en el
interior de Castilla y también con el compromiso de Luis XI de Francia,
enfrentado a Aragón por la cuestión de Rosellón y Cerdaña. El pretexto de defender la posición y la
voluntad de Juana la Beltraneja no es convincente, ya que esta era una niña de
12 años y el rey portugués tenía 44 años, lo que indica que el motivo era
hacerse rey de Castilla y León que conjuntamente con Portugal, lo harían el rey
más importante de la península y uno de los más influyentes de Europa. En Portugal, Juana, aunque también se
proclama reina de Castilla, está manipulada por su marido, el rey y por los
nobles castellanos que en su día eran opositores a Isabel. Este es el motivo
real del conflicto.En el mes de abril, Alfonso V de Portugal enviaba una
embajada a Valladolid para anunciar sus propósitos y ordenaba la concentración
de su ejército. Era el comienzo de la guerra, aunque las primeras
hostilidades se producen con el levantamiento de Alcaraz, una de las villas que
deseaban retornar al realengo. Las operaciones en torno a Alcaraz constituyeron
la primera victoria de la guerra para los isabelinos.
ALFONSO V DE PORTUGAL
Portugal había de actuar en la guerra contando con la alianza de Francia, aunque procurando no dañar sus relaciones con Inglaterra; Castilla y Aragón se incorporan a la alianza anti-francesa de Inglaterra, Borgoña y Nápoles.En juego estaba el desenlace de la vieja pugna entre la nobleza y la monarquía, la delimitación del ámbito castellano y portugués de navegación en el Atlántico meridional, y el diseño de bloques de alianzas de las potencias europeas: la unión de intereses de Castilla y Aragón, vieja aliada de Francia la primera, habitual enemiga la segunda, hacían trascendental esta definición.
Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana. Los nobles castellanos hostiles a doña Isabel entran en rebeldía. La guerra de Sucesión Castellana tiene, pues, un carácter doble de guerra civil y de guerra internacional. Por su situación geográfica y su empuje económico, Castilla constituye el eje de la Península. La victoria de uno u otro bando significaría un desplazamiento del peso político de la nueva monarquía hacia el oeste y el Atlántico o hacia el este y el ámbito mediterráneo; lo que está en juego es la formación de un bloque Portugal-Castilla, que vendría a deshacer el bloque Castilla-Aragón en vías de constitución. A Francia también le preocupa la unión Castilla-Aragón; por eso decide aliarse con Portugal.
En los primeros meses de la campaña, los portugueses se apoderan de parte de Extremadura y de Galicia, ocupan Toro y, durante algunos días, Zamora. Cuentan con una invasión francesa por el norte para obligar a los Reyes Católicos a capitular. La reorganización del ejército castellano y la ayuda de Aragón permiten una contraofensiva de don Fernando por tierras de Burgos y, sobre todo, en Zamora. A principios de marzo de 1476, en Toro, las tropas castellanas derrotan a las portuguesas. Alfonso V de Portugal espera restablecer la situación a su favor con la alianza de Francia; pero la renuncia momentánea de Aragón a sus derechos sobre el Rosellón incita a Luis XI, rey de Francia, a retirarse del conflicto. Los reyes de Castilla afianzan su poder, reuniendo Cortes en Madrigal (abril de 1476) y repartiéndose las tareas: don Fernando pacifica la tierra de Zamora, mientras doña Isabel se dirige a Andalucía. En febrero de 1479, don Fernando, que desde hace algunas semanas es ya rey de Aragón por muerte de su padre, derrota a los últimos partidarios de doña Juana en las inmediaciones de Mérida (batalla de Albuera).
La escasa fuerza militar portuguesa y las consecuencias de la batalla de Toro, marzo de 1476, consiguió que la unión de los partidarios de Juana se fuera disolviendo. La famosa batalla realmente tuvo un resultado incierto, ya que Fernando al frente de sus tropas tuvo una victoria, huyendo el rey portugués, pero luego fue derrotado sin consecuencias graves, con lo cual ambos bandos se consideraron vencedores. Pero mientras que Portugal se reorganizaba militarmente, Fernando, siempre hábil en todos los campos, envió cartas a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. El portugués se vio forzado a regresar a su reino. Francia se retiró del conflicto y la guerra se convirtió en batallas navales, donde los portugueses se impusieron y se libró la batalla decisiva en Guinea.
Finalmente la guerra terminó con un Tratado de Paz de Alcácovas, reconociendo Portugal a Isabel y Fernando como
reyes de Castilla y a quedando en manos portuguesas la hegemonía del Atlántico,
salvo las Islas Canarias.
El tratado de Alcáçobas (4 de septiembre de 1479) pone fin a la guerra: doña Isabel y don Fernando quedan reconocidos como reyes de Castilla; doña Juana, la Beltraneja, renuncia a sus supuestos derechos y se la obliga a pasar el resto de su vida en un convento de Coimbra (allí muere en 1530); se arreglan los desposorios del infante don Alfonso, hijo del príncipe heredero de Portugal, con la infanta Isabel, primogénita de los Reyes Católicos; por fin, Castilla acepta la expansión portuguesa en África.
IL hija de los reyes, Isabel de Aragón nació en octubre de 1470, y su madre, Isabel, por su parte convocó a Cortes en 1476 en Madrigal y allí su hija Isabel fue proclamada heredera a la corona de Castilla al ser ella la primogénita de los reyes de Castilla y al no tener sus padres descendencia masculina.
El matrimonio de la hija de los reyes de Castilla, Isabel con el infante Alfonso de Portugal, que tenía en 1480 solo cinco años, vivía con su abuela, y al año siguiente llegó Isabel de Aragón que tenía unos diez años. La boda se celebró por poderes en 1490. Pero Alfonso de Portugal murió en julio de 1491, al año siguiente de su boda, dejando viuda a Isabel, la hija de los reyes de Castilla.
El tratado de Alcáçobas (4 de septiembre de 1479) pone fin a la guerra: doña Isabel y don Fernando quedan reconocidos como reyes de Castilla; doña Juana, la Beltraneja, renuncia a sus supuestos derechos y se la obliga a pasar el resto de su vida en un convento de Coimbra (allí muere en 1530); se arreglan los desposorios del infante don Alfonso, hijo del príncipe heredero de Portugal, con la infanta Isabel, primogénita de los Reyes Católicos; por fin, Castilla acepta la expansión portuguesa en África.
IL hija de los reyes, Isabel de Aragón nació en octubre de 1470, y su madre, Isabel, por su parte convocó a Cortes en 1476 en Madrigal y allí su hija Isabel fue proclamada heredera a la corona de Castilla al ser ella la primogénita de los reyes de Castilla y al no tener sus padres descendencia masculina.
El matrimonio de la hija de los reyes de Castilla, Isabel con el infante Alfonso de Portugal, que tenía en 1480 solo cinco años, vivía con su abuela, y al año siguiente llegó Isabel de Aragón que tenía unos diez años. La boda se celebró por poderes en 1490. Pero Alfonso de Portugal murió en julio de 1491, al año siguiente de su boda, dejando viuda a Isabel, la hija de los reyes de Castilla.




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