jueves, 11 de junio de 2026

PANTEÓN DE LOS HOMBRES ILUSTRES

El claustro de la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, alberga el Panteón de Hombres Ilustres. Se encuentra emplazado en el solar de la citada antigua basílica y fue construido entre 1892 y 1899, en un estilo neomedieval muy característico que recuerda al arte bizantino.
En él reposan trece personajes ilustres de la historia política y militar de España como Sagasta, Cánovas del Castillo, Dato, Ríos Rosas, Canalejas o Gutiérrez de la Concha, etcétera. Destacan los sepulcros esculpidos por Mariano Benlliure y Agustín Querol.


La idea del panteón nacional es característica de los regímenes constitucionales europeos a partir de la Revolución Francesa y se desarrolla a partir del ejemplo inglés de Westminster. En España, pese a diferentes iniciativas a lo largo del siglo XIX, su realización definitiva está constituida por el Panteón de Hombres Ilustres que la Reina Regente María Cristina de Habsburgo ordenó que se crease en el claustro de la nueva Basílica de Atocha, aunque este templo, que hubiese servido de marco a las ceremonias religiosas oficiales no se llegó a levantar.
Continuaba así la tradición que en este sentido había adquirido el anterior templo como lugar de enterramiento de capitanes generales como Prim, Palafox y Castaños, aunque de ellos solo ha permanecido aquí el Marqués del Duero.

La construcción de este edificio responde a dos de las constantes de fines de siglo: la arquitectura historicista y la escultura funeraria
Dentro del Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, uno puede entrar para hacer una parada en su carrera diaria y maravillarse con los monumentos funerarios que alberga, obras de algunos de los mejores maestros de todos los tiempos.
La ubicación actual no era la prevista, ni previsible era el número de personajes relevantes que pretendían acoger entre sus muros. Debemos remontarnos al 6 de noviembre de 1837 para saber cómo se sembró esta semilla que posteriormente germinó hasta convertirse en lo que actualmente conoceEmos.

TUMBA DE PRÁXEDES MATEO SAGASTA

Ese día las Cortes Generales votaron a favor de que en la iglesia de San Francisco el Grande se iniciara el proyecto del Panteón Nacional de Políticos Ilustres; personas de renombre y considerados especiales en la historia de España, pasarían la eternidad juntos en un espacio para honrar su memoria. Cuatro años tuvieron que transcurrir para que se nombrara una comisión que encontrara los restos de una lista confeccionada por la Real Academia de la Historia. Si el tiempo para realizar la lista fue largo, no lo fue así el tiempo asignado para encontrar a dichos ilustres y la comisión integrada por Fernández de los Ríos, Salustiano Olózaga, Ruiz Aguilera, Silvela, Estanislao Figueras, Fermín Caballero, Hartzenbuch, Pere Borrel y Antonio Gisbert tuvieron apenas un mes cumplir con el cometido.
Si hace poco que se han encontrado los restos de Cervantes, imaginaros en aquella época y con el tiempo corriendo en su contra, la tarea fue imposible. Ojalá hubiera llegado a buen puerto la comisión y hoy en día pudiéramos contemplar dónde descansan el ya nombrado dramaturgo, Lope de Vega, Velázquez, Tirso de Molina, Luis Vives, Juan de Herrera y Antonio Pérez entre otros, pero no hallaron nada y esos restos se dieron por perdidos. También resultó infructuosa la búsqueda de los restos de El Cid, Don Pelayo, Guzmán el Bueno y Jovellanos, por nombrar algunos de ellos.
Llegado el plazo este panteón abrió sus puertas un 20 de junio de 1869 y aunque no tuvo la proyección deseada en cuanto a sus ilustres moradores, sí que acogió a poetas como Juan de Mena, Garcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla; escritores como Francisco de Quevedo y Calderón de la Barca, así como humanistas, políticos y los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva, por lo que sus inicios no fueron tan malos. Los restos de tan insignes personajes fueron depositados en una capilla, aunque años después serían devueltos a sus lugares de origen y el proyecto de tener un panteón con hombres ilustres se diluyó en el tiempo.
Hubo que esperar a después de la Guerra de la Independencia, (1814) cuando el convento de Nuestra Señora de Atocha quedó en un estado lamentable tras la ocupación de las tropas francesas.
Los dominicos que habían sido trasladados volvieron a ocuparlo hasta 1834, año en el que fueron exclaustrados y abandonaron el convento, que prácticamente era una ruina. Poco después el convento pasó a convertirse en el cuartel de Inválidos y varios de sus directores fueron enterrados entre sus muros; José de Palafox, Francisco Castaños, Juan Prim y Antonio de los Ríos Rosas entre otros. Por aquel entonces la reina regente María Cristina pensó que debido a estos enterramientos ya existente se podría construir una basílica en sustitución de la antigua y que ésta tuviera anexo un panteón de acogiera los restos de los ya enterrados y de otros más. Se convocó un concurso público saliendo ganador Fernando Arbós y Tremanti que se inspiró en la Plaza del Duomo de la ciudad de Pisa.

MAUSOLEO DE RIOS ROSAS 

Comenzaron las obras, se alzó el panteón y el campanile, pero los costes fueron muy elevados y hubo que dar por concluido el proyecto en 1899. Dos años después comenzaron a llegar los primeros ocupantes: Palafox, Castaños, Prim y Ríos Rosas, aunque posteriormente los restos de Palafox, Castaños y Prim fueron devueltos, como en casos anteriores, a sus lugares de origen.
Tampoco fueron fáciles los años siguientes, aunque llegaron restos de algunos personajes relevantes para la historia de España como Cánovas del Castillo, Mateo Sagasta y Canalejas entre otros el Panteón de los Hombres Ilustres casi desaparece entre los años treinta y ochenta debido al abandono. A partir finales de los ochenta fue cuando Patrimonio Nacional a quien hoy en día pertenece este majestuoso edificio procedió a la restauración y dio acceso al público.
Gracias a eso podemos visitar y contemplar los magníficos mausoleos que atesora en su interior.

Práxedes Mateo Sagasta
El sepulcro de este político e ingeniero riojano es obra del gran maestro Mariano Benlliure. Sobre un sobrio túmulo yace la escultura de Sagasta, este se encuentra vestido con levita y el Toisón de Oro, uno de los símbolos más prestigiosos y antiguos de Europa.
En la cabecera y sentada se puede observar una mujer que representa a la Historia, sostiene un libo que cierra simbolizando el fin de la vida de Sagasta. A sus pies se encuentra un joven representando al pueblo; este se apoya sobre su mano izquierda y en su brazo descansan los evangelios, emblema de la Verdad. La mano derecha sustenta una espada en cuya empuñadura se encuentra grabada la Justicia, mientras en la hoja una rama de Olivo simbolizando la Paz cubre todo el filo.
Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, Marqués del Duero
El panteón de este militar y político nacido en la actual Argentina es impresionante. Su forma de retablo se cobija bajo un repujado arco de medio punto en el que se encuentra una imponente escultura del genio de la guerra. Esta obra de Elías Martín sostiene en la mano un medallón con el busto del militar. El resto del sepulcro es obra del arquitecto Arturo Mélida y Alinari, en él se puede apreciar algunos símbolos funerarios como el león, guardián que recuerda el valor y la determinación de las almas que custodian.


Antonio Cánovas del Castillo
El monumento a este político malagueño es uno de los más suntuosos, obra del maestro Agustín Querol por encargo de los sobrinos del fallecido. En este gran retablo se encuentra representado en suave relieve “Cristo Resucitado” rodeado de plañideras. A sus pies, un magnífica urna funeraria, de forma rectangular sobre la que yace la estatua que representa al político; a su alrededor seis hornacinas con arco de medio punto albergan en alto relieve las efigies de las virtudes: Sabiduría, Templanza, Justicia, Elocuencia, Prudencia y Constancia.

José Canalejas
El encargado de realizar el monumento funerario a este político asesinado en un atentado terrorista es obra de nuevo de Mariano Benlliure. Sobre basamento de mármol blanco sobrecoge ver como dos jóvenes ayudados por una mujer sostienen el cuerpo inerte de este político y literato mientras lo guían hacia el interior de la cripta funeraria. Sobre el dintel un Cristo Redentor abre sus brazos para acogerlo bajo su seno.
Antonio de los Ríos y Rosas
Magnífica obra del artista catalán Pedro Estany. El monumento funerario para este político y orador malagueño se compone por un sepulcro monumental tipo retablo. Sobre el basamento de mármol se erige el sarcófago del fallecido, con unas decoraciones de damasquinados en oro exquisitas. Un joven alado flota sobre una nube y brinda una rama de laurel al busto tallado en mármol de Ríos y Rosas. Una desconsolada mujer se apoya sobre el sarcófago en señal de duelo.

Eduardo Dato e Iradier
Otra magnífica obra del maestro Benlliure. El monumento de este político coruñés se compone por un alto basamento rectangular, sobre éste se eleva el sepulcro del fallecido. Sobre ella yace la escultura en mármol del político, que se encuentra envuelto en un sudario y con las manos descansando sobre el pecho.
En la cabecera una estilizada y elegante mujer de luto eleva una cruz en alto y a sus pies dos pequeños amorcillos guardan el escudo de España.
En el pequeño jardín que se encuentra en el exterior se ubica el mausoleo conjunto. De arquitectura sencilla dentro descansan algunas personalidades destacadas como Federico Aparici, Ponciano Ponzano y Sabino Medina; esta edificación es denominada Monumento de la Libertad.

En la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha se celebran  las bodas reales desde el siglo XX y acuden las las reinas y princesas de Asturias a la Basílica a presentar a los príncipes e infantes ante la Virgen, unos cuarenta días después del parto

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