martes, 16 de junio de 2026

JUANA I DE CASTILLA Y FELIPE I "EL HERMOSO "

Juana de Aragón nació en1480, hija de los reyes Isabel I de Castilla  y Fernando II de Aragón. Era infanta, no princesa heredera al trono, cuando, a los 17 años se trasladó a los Países Bajos para contraer matrimonio con el archiduque de Austria, Felipe el Hermoso, heredero de las casas de Borgoña y Habsburgo. Felipe, nacido el 22 de julio de 1478 en Flandes, era el hijo de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña. Por su carisma le ganaron el apodo de "el Hermoso", pero también era conocido por su ambición desmedida. Como miembro de la dinastía de los Austria, Felipe estaba destinado a jugar un papel crucial en la política europea. Su matrimonio con Juana no solo unió dos importantes casas reales, sino que también le otorgó una posición estratégica en la corte castellana.


Los Reyes Católicos habían ideado una estrategia de alianzas matrimoniales en Europa. Pese a ello, y también a pesar de diferencias de carácter que dieron lugar a numerosas riñas, entre Juana y Felipe surgió un afecto intenso que acabó dando a luz a seis niños.
En octubre de 1497 murió el hermano mayor de Juana, el heredero Juan, a los 19 años. Un año después falleció la otra hermana mayor de Juana, Isabel, casada con Manuel I de Portugal. Su hijo recién nacido, Miguel, quedaba como heredero de España y Portugal, pero murió antes de su segundo cumpleaños. De este modo, en 1500 Juana se convirtió en la única heredera de las coronas de Castilla y Aragón, por lo que su madre, Isabel, le imploró que regresara urgentemente de Flandes a España.
Por entonces nadie cuestionaba la capacidad de Juana para reinar. Sus arranques temperamentales eran del dominio público, pero se los consideraba un rasgo heredado de imponente madre, muy religiosa, y de su abuela que después de la muerte de su marido Juan II de Castilla, había quedado en una profunda depresión. Los dones de Juana solían recibir exaltados elogios. En 1501, el obispo de Córdoba, embajador a Flandes, informaba de que era "habida por muy cuerda y por muy asentada" y que "en persona de tan poca edad no creo que se haya visto tanta cordura". En cuanto Juana y Felipe llegaron a España, la reina Isabel lo dispuso todo para que las Cortes de Castilla reconocieran a su hija como heredera legítima al trono. El archiduque Felipe, relegado ignominiosamente al rango de consorte, abandonó España seis meses más tarde, dejando a su mujer embarazada de su cuarto hijo, a quien se impuso el nombre de Fernando. La intención de Isabel era que Juana la sucediese en Castilla como reina propietaria, con o sin el apoyo del archiduque.

FELIPE I DE CASTILLA 

Las Cortes de Toledo reunidas en mayo de 1502 marcaron un punto de inflexión en la vida pública de Juana, pues fue entonces cuando empezó a ponerse en cuestión su idoneidad para gobernar.
Isabel se encontraba realmente mal y todos esperaban el fatal desenlace. Felipe acudió desde Zaragoza a Madrid a la espera de convertirse en rey de Castilla. Juana le acompañó con su padre.
Pero Juana, que estaba embarazada de su hijo Fernando, quería ir con su esposo que se había marchado a Flandes, lo que se consideró improcedente. Esta separación fue el desencadenante de una de las peores crisis de Juana, que llegó a insultar gravemente a su madre en junio de 1503. Las enormes diferencias de costumbres, mucho más liberales en la corte borgoñona que en la castellana, mucho más austera y religiosa, conjuntamente con la obsesión de Juana por Felipe vino a agravar la situación. Estos contrastes tan amplios, el desprecio en la corte flamenca por lo español, considerándolo beato y tosco, era a su vez respondida desde España ya que consideraban a ellos, como libertinos e informales. Juana agravó su comportamiento con su madre, incluso con los criados, sirvientes y cortesanos. Veía hasta en los funcionarios enemigos aliados con la reina para apartarla de Felipe. Se negaba a comer y contrajo manías. Todo esto se le ocultó a Isabel en la medida de lo posible, ya que su salud era más frágil cada día.

JUANA I DE CASTILLA 

En 1503, Juana, presa de una gran agitación y empeñada en ir a Flandes a reunirse con su esposo Isabel decidió acompañarla a Fuenterrabía tratando de dilatar el viaje. Ese era el plan de Isabel, pero en el viaje hubo de detenerse en Segovia, por la fiebre alta que contrajo. Habló con el obispo Fonseca, para que obstaculizara el viaje de Juana, que se encontraba en Medina del Campo. Pero Juana se había escapado y en uno de sus brotes psicóticos se dedicó a vagar toda una noche, apenas vestida, por los campos en pleno invierno del mes de noviembre. Consiguieron llevarla a casa y en la cocina con la servidumbre permaneció varios días sin querer vestirse ni comer. Advertida la reina, pese a la fiebre, se dirigió a Medina. Cuando llegó Juana la recibió con insultos. Forzada fue llevada a la cama,  llegó la tregua con Francia, y se le permitió atravesar el país para ir a Flandes (marzo de 1504).
Cuando la reina Isabel redactó un último testamento poco antes morir el 26 de noviembre de 1504, existían serias dudas en torno a la salud mental de Juana. Aunque Isabel la confirmó como heredera de sus reinos, en el documento codicilo añadía que si la reina Juana, "estando en ellos, no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos", sería Fernando quien ejercería la regencia.
Existen innumerables pruebas que sugieren que Juana de Castilla era efectivamente demasiado inestable para confiarle el gobierno. Numerosas pruebas sugieren que era demasiado problemática y no le interesaban los asuntos de gobierno.

SEPULCRO DE FELIPE Y JUANA EN LA CAPILLA REAL DE GRANADA
En junio de 1506 su esposo y ella habían vuelto a España en abril, dieciséis meses después del fallecimiento de Isabel la Católica. Felipe le comunicó a su esposa que había firmado con su padre la concordia de Villafáfila, en la que se estipulaba que si la nueva reina no quería o no estaba en condiciones de gobernar, Felipe asumiría total autoridad y hasta continuaría siendo rey a la muerte de su esposa. Fernando se comprometió a retirarse a Aragón. En un principio a Juana le habían indignado estas negociaciones, pero luego pareció no prestarles atención.
Desde la perspectiva del siglo XVI, es irrelevante que definamos su dolencia como locura o como una forma severa de depresión posparto. Juana se había revelado incapaz de cualquier pensamiento estratégico. Su mente ya no podía ir más allá de las circunstancias inmediatas.
Al comenzar Felipe I su reinado su preocupación fue encerrar a su esposa en un castillo e incapacitarla a pesar de estar embazada.
Pero ese mismo mes de septiembre de 1506 moría Felipe I el hermoso en Burgos, acompañado de su esposa, que mostró aplomo.
Parece que murió después de comer con exceso y luego jugar a la pelota y beber mucha agua fría. Por supuesto que hubo rumores para todos los gustos, pero hoy se considera que murió por la peste, agravada por septicemia. Seguramente el rey se habría contagiado en algunos de los prostíbulos que frecuentaba.
Juana hizo desenterrar el cadáver de su esposo que estaba en la Cartuja de Miraflores intentó llevarlo a Granda y mandar su corazón a Bruselas como había sido el deseo del difunto.
Viajaron por Castilla  durante ocho meses, incluso por las noches. Seguramente en esa peregrinación nació su hija Catalina.
Según el humanista y cronista Pedro Mártir de Anglería, Juana se empeñó en reabrir el féretro del esposo, mientras lo trasladaba de un pueblo a otro de Castilla, a fin de examinar sus restos, quizá para evitar que se extraviaran o fueran robados. Por el contrario, es importante concentrarse en los aspectos políticos de su reacción frente a la muerte del archiduque en Burgos. Al día siguiente, cuando el presidente del Consejo de Castilla fue a ver a la reina, la soberana en persona le abrió la puerta del palacio donde se alojaba, la llamada casa del Cordón, y le dijo que volviera más tarde. Cuando los miembros del Consejo se presentaron de nuevo tuvieron que perseguir a Juana por toda la casa y, finalmente, despachar a través de una reja que comunicaba la capilla con sus aposentos. Al negarse a tratar los asuntos urgentes, ya fuera por falta de interés o por enfermedad, Juana había demostrado una vez más su incapacidad para el gobierno.

"JUANA LA LOCA" PINTURA DE FCO. PADILLA 1878 - MUSEO DEL PRADO 
De este modo, Fernando el Católico volvió de Italia y se hizo con las riendas pero dejó al cardenal Cisneros como gobernante de Castilla. Para los que opinan que Fernando la encerró en Tordesillas, hay que tener en cuenta que eso ocurrió tres años después de la muerte de Felipe, cuando Juana ya estaba realmente enferma, y Juana podía ser presa de las ambiciones de los nobles castellanos, en su ausencia o en el futuro si él mismo ya faltara, como así ocurrió en la Guerra de los Comuneros de Castilla.
Cuando llegó a Tordesillas, Juana estaba acompañada de su hija menor, la joven infanta Catalina, y no se hallaba lejos del cadáver de su marido, depositado provisionalmente en el vecino monasterio de Santa Clara.
Su primer guardián se ponía cada vez más nervioso cuando ella se negaba a colaborar, y en 1516 el cardenal Cisneros lo destituyó por maltrato.

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