viernes, 14 de agosto de 2026
LA PAELLA
La primera receta de paella valenciana documentada: así se hacía en 1857.
Y si solo el pronunciar esas seis letras exige un mínimo de respeto, cuánto más cocinar una. Ni todo el arroz es paella ni toda la paella es la valenciana. En los ingredientes y en el modo de preparación encontrarás la diferencia de este plato que ha recorrido el globo terráqueo de cabo a rabo y que sin duda es uno de los emblemas gastronómicos patrio.
domingo, 9 de agosto de 2026
MADRID HISTORIA (Segunda parte)
A lo largo de los siglos XII y XIII se configuró la
extensión de la Comunidad de Villa y Tierra de Madrid.
De esta manera, Madrid tendrá bajo su jurisdicción las
tierras y montes de Madrid hasta parte
de la Sierra. En esta época se construye la segunda muralla de Madrid, conocida
como muralla cristiana.
Durante la primera mitad del siglo XIV aumenta la
importancia de la localidad por su estratégica situación en las vías pecuarias.
En las Cortes de Alcalá de 1348, Alfonso XI de Castilla fija en veinticuatro el
número de ciudades con derecho a estar representadas en las Cortes de Castilla,
y la villa de Madrid es una de ellas; cuando Juan II de Castilla reduce el
número a dieciocho, mantiene su derecho de representación. También en este
periodo, el arzobispo de Toledo y consejero privado del rey, Gil de Albornoz,
la convierte en cabeza de arciprestazgo. En la segunda mitad del siglo, los
monarcas de la dinastía Trastámara (Enrique III, Juan II y Enrique IV)
frecuentan la villa para practicar la caza. El último de ellos mantiene una
casa que se convierte durante su reinado en una de las residencias habituales
del rey de Castilla. Destaca el hecho de que las Cortes de Castilla se
reunieran hasta tres veces en la villa de Madrid durante este periodo, prueba
de la especial predilección de la dinastía Trastámara por la ciudad.
CORTES DE CASTILLA Durante el siglo XV, la villa sigue creciendo hasta alcanzar
unos 5000 habitantes a finales de la centuria. Los hitos más importantes de
esta época serán el reconocimiento de Madrid como ciudad con representación en
Cortes y la expulsión de los judíos en 1492.
En 1375, Armenia había sido conquistada por los mamelucos de
Egipto y su rey León V de Cilicia, trasladado como prisionero a Jerusalén y
posteriormente a El Cairo. Desde allí pidió socorro a diversos reyes europeos.
Obtuvo respuesta de Juan I de Castilla, que lo rescató y posteriormente lo
acogió otorgándole en 1383 el señorío de Madrid. El pueblo de Madrid no lo
acogió bien. En 1384, León V se traslada a París, pero se mantiene como titular
del señorío de Madrid hasta el fin de sus días en 1391.
Durante el año 1520, en las cortes convocadas primero en
Santiago de Compostela y luego en La Coruña, en Madrid se niegan a votar los
servicios que el rey reclama para financiar la coronación imperial en Alemania.
Finalmente, las Comunidades de Castilla se alzan en armas en varias ciudades.
Madrid se une también al movimiento junto a los capitanes comuneros Juan Bravo
(Segovia), Juan de Padilla (Toledo) y Francisco Maldonado (Salamanca). No
obstante, la sublevación finaliza en junio de 1521, cuando, tras la derrota de
las tropas comuneras en Villalar, el ejército real entra en la villa tras un
asedio.
Tras sofocar la revuelta comunera, Carlos I se muestra
generoso con Madrid y le concede los títulos de Coronada e Imperial,
comenzándose la transformación del viejo alcázar árabe. Cuando Francisco I de
Francia fue capturado en la batalla de Pavía, el lugar de su cautiverio será la
Torre de los Lujanes, en la plaza de la Villa. Y también en la villa está
fechado el Tratado de Madrid de 1526.
En junio de 1561, la villa ya contaba con 20 000 habitantes,
Felipe II trasladó la corte de Toledo a Madrid, instalándola en el antiguo
alcázar. El microclima madrileño, más suave que el toledano, su situación
geográfica y su magnífico entorno natural, hicieron de la villa muy apropiada. Madrid
se convierte en centro político de la monarquía.
FELIPE II RETRATO DE TIZIANO - MUSEO DEL PRADO Como fruto de la llegada de la corte se levantan edificios
nobiliarios, iglesias y conventos. Se derriba la vieja muralla y, en 1566, se
levanta una nueva, la tercera de su historia. A la capital llegan gentes para
cubrir las necesidades de la corte, aventureros y pícaros, que fueron
reflejados en la literatura del Siglo de Oro. El rey declara que, por falta de
espacios habitacionales adecuados para sus nobles y consejeros, quedan
expropiadas las segundas plantas de las casas, que serán de posesión real. Esta
normativa causa que todas las nuevas construcciones tiendan a tener una sola
planta, con patio y rejería, con una segunda escondida a la vista de los
viandantes y regidores del municipio. En 1562, Felipe II adquirió los campos y
huertas de lo que luego será la Casa de Campo para coto de caza.
En 1601, Felipe III, siguiendo los consejos de su valido el
duque de Lerma, ordena el traslado de la corte a Valladolid, donde permanece
cinco años, con lo que en 1606 vuelve a Madrid. Tras este regreso, Felipe III
toma algunas decisiones que serían significativas en el aspecto futuro de la
ciudad: en 1616 ordena la construcción de la Plaza Mayor y en 1618 adquiere y
amplia con jardines y fuentes los terrenos que actualmente conforman los
Jardines del Retiro.
Su hijo y sucesor, Felipe IV, manda construir, en 1625, la
cuarta muralla de Madrid, que se mantendrá hasta mediados del siglo XIX.
Durante su reinado, la villa vivió un excepcional período de esplendor
cultural, con la presencia de genios de la talla de Cervantes, Quevedo,
Góngora, Velázquez, Lope de Vega o Calderón de la Barca.
CERVANTES, LOPE DE VEGA, QUEVEDO Y CALDERÓN DE LA BARCADurante la dinastía de los Habsburgo, Madrid sufre una
transformación fundamental. El núcleo medieval, alrededor de la calle de
Segovia, es trasladado hacia las cercanías del renovado Alcázar y son
construidos todos los edificios necesarios para la administración de la
Monarquía Hispánicos. También se levantan iglesias parroquiales y capillas,
como la iglesia de San Cayetano, la ermita de San Isidro o la iglesia de San
Ginés.
Además los conventos de la Encarnación y las Descalzas
Reales, se amplía el monasterio de los Jerónimos y fijan sede en la ciudad la
mayor parte de las órdenes religiosas de mayor implantación, como los dominicos
(basílica de Nuestra Señora de Atocha), los franciscanos (actual capilla del
Hospital de la Orden Tercera de San Francisco), los jesuitas (basílica de San
Isidro, Colegio Imperial), convento de las Trinitarias —actual sede del
Arzobispado General Castrense—). También se establecen las órdenes militares
(monasterio de las Comendadoras de Santiago, monasterio de las Calatravas,
etc.). Por último, se dota al municipio de una nueva sede, con la construcción
del Casa de la Villa (antigua sede del Ayuntamiento) en la actual plaza de la
Villa, y diversas dependencias para los gremios en lo que se convertiría en la
plaza Mayor.
A la muerte de Carlos II, estalla la guerra de Sucesión
española, en la que Madrid apoya desde el principio a Felipe de Anjou como
Felipe V. Si bien la ciudad es ocupada en 1706 por los ejércitos anglo-portugueses,
que proclamaron rey al archiduque Carlos de Austria con el nombre de Carlos III,
pero gran parte de Castilla y por supuesto Madrid se mantuvo fiel a Felipe V.
sábado, 8 de agosto de 2026
MADRID HISTORIA - (Primera parte)
Madrid tiene una rica y extensa historia. Por sus tierras
han pasado múltiples civilizaciones, lo cual hace que la Capital tenga una gran
riqueza cultural e histórica.
Ocno Bianor es el nombre de un héroe mitológico, supuesto
fundador legendario de la ciudad de Madrid en un sueño, Apolo le indicó que
debía peregrinar hacia dónde muere el sol, indicándole que en ese preciso lugar
fundara una ciudad, debía poblarla y ofrecerla a los dioses. Al despertar,
contempló un lugar luminoso y bello, con agua abundante y rico en encinas y
madroños. Vio pequeñas chozas habitadas por pastores y supo que eran
carpetanos, “los sin ciudad”. Les avisó de los deseos de Apolo y se dispusieron
a fundar la ciudad, la Mantua Carpetanorum, a la que dedicaron a la diosa
Cibeles.
DIOSA CIBELES Mantua primero y después Madrid, serían las ciudades
europeas más antiguas, incluso antes de la fundación de la propia Roma. También
caló en la intelectualidad, llevando el nombre de Mantua Carpetanorum en
inscripciones y documentos como así lo atestigua el Plano de Madrid de Pedro
Teixeira de 1656, que lleva la inscripción: “Mantua Carpetanorum sive Matritum
Urbs Regia”.
No hay dato fiables de que existiera ningún poblamiento de
entidad durante las épocas romana y visigoda. El poblamiento romano
identificado hasta ahora apunta a varias villae o casas de campo señoriales más
o menos próximas al río Manzanares, en puntos como Ciudad Universitaria, puente
de los Franceses y de Segovia, Puerta del Ángel y Camino del Robledal.
Conocidas de antiguo son las villae de Villaverde Bajo y la llamada
"Quinta de los Carabancheles", ambas con mosaicos (los de la segunda
en el Museo Municipal de San Isidro).
En época visigoda se atribuyen los primeros restos de una
basílica del periodo hispano-visigodo en el entorno de la actual catedral de la
Almudena y que podría demostrar la evidencia de un asentamiento urbano en ese
periodo. Otras muestras arqueológicas son los restos de dos necrópolis
visigodas.
Es con la llegada de los musulmanes cuando la zona de lo que
hoy es Madrid comienza a tener un asentamiento permanente, apareciendo una
construcción defensiva junto al río Manzanares alrededor del siglo IX. Tenía el
objetivo de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y proteger Toledo de
las razzias de los reinos cristianos. El emir independiente de al-Ándalus entre los años 852-886,
Muhammad I, hijo y sucesor de Abderramán II, miembro de la dinastía Omeya que fue el fundador de la ciudad de Madrid. Los antecedentes árabes de la ciudad se limitarían a la
fortaleza militar mandada construir por el emir cerca de los altos
de Rebeque. La historia de Madrid comienza en la época musulmana, cuando
el emir Mohamed I construyó una fortaleza en el siglo IX llamada Mayrit (que
significa “lugar de abundante agua”). Este enclave estratégico servía como
defensa contra los reinos cristianos del norte. Esta construcción meramente práctica terminó siendo el punto
de partida de la fundación de Madrid.
El significado de Mayrit no está claro, aunque parece ser el
híbrido de dos topónimos: uno mozárabe, matrice, que significa
"fuente", y otro árabe, majrà, que significa "cauce" o
"lecho de un río". Ambos aluden a la abundancia de arroyos y aguas
subterráneas del lugar.
En el año 1031 se desintegra el Califato de Córdoba y se
instituyen los Reinos de Taifas, pequeños reinos donde cada noble musulmán era
el gobernante del territorio.
La llegada de las taifas lo cambió todo. Mayrit quedó
integrada en la taifa de Tulaytula (Toledo). Toledo se vio forzado a pagar
parias a Alfonso VI, lo que significaba que por vez primera cambiaba la
situación de fuerza. El rey al-Mamun entregaba anualmente una cantidad en
monedas de oro con el compromiso de no ser atacado por los leoneses y ser
auxiliado por ellos ante un tercero. El caso es que Toledo era codiciado por
todos sus vecinos, algo que fue aún más evidente a la muerte de al-Mamun. Le
sucedió su nieto al-Qadir, que le sobró tiempo para dejar clara su pésima
gestión y aislamiento. Solo entre los suyos, nada más tenía el apoyo de Alfonso
VI, un cristiano. Débil, al-Qadir pedía ayuda constante a Alfonso, que ya en
1077 sabemos que había adoptado el título de “Imperator totius Hispaniae”. En
una de ellas, el rey leonés cercó Toledo para expulsar al rey taifa de Badajoz
al-Mutawakil que había tomado la ciudad en 1081, jaleado por rebeldes
toledanos. El reyezuelo retornó, pero el monarca cristiano siempre conseguía a
cambio más territorios del reino taifa, liquidado en la práctica.
TAIFA DE TOLEDO Al-Qadir, incapaz de controlar Toledo ofreció el reino a
Alfonso a cambio de Valencia. Desde el palacio de al-Mamun, el rey castellano
leones dirigió el asedio en el otoño de 1984, pero la ciudad no cayó hasta el 6
de mayo de 1085.
No hay fuentes de la época que den cuenta de la conquista de
Madrid. Ni siquiera sabemos con certeza si cayó por las armas o capituló. Este
vacío alimentó siglos después las leyendas e historias novelescas no carentes
de humor. Como la de aquel soldado que trepó cual gato a la muralla árabe y
liberó la ciudad de los infieles, a quienes luego la historia tachó de
extranjeros.
Sea como fuere bien Madrid pudo ser conquistada en 1083
camino de la toma de Toledo o en 1085, una vez rendida la capital con su reino.
De hecho, en la región de Madrid, las crónicas si dan cuenta de la resistencia
de Qal’at’Abd al-Salam (Alcalá de Henares), pero no hay referencias a Madrid,
lo que insta a pensar a que los cristianos establecieron su hegemonía aquí sin
derramamiento de sangre.
Cuando los musulmanes abandonaron Madrid, esta fortaleza fue
ocupada temporalmente en el año 932 por Ramiro II y, posteriormente, Alfonso VI
la incluyó entre los territorios ganados a al-Ándalus.
A partir de entonces, Madrid pasó a manos cristianas sin que
existan evidencias sólidas de que retornara en algún momento a Dar al Islam
(tierra del Islam). Y eso que la llegada de los almorávides no solo frenó el
avance de los castellanoleoneses sino que les hizo retroceder e incluso perder
plazas.
Durante el siguiente siglo Madrid sigue recibiendo embates
de los nuevos poderes musulmanes de la península, los almorávides, que
incendian la ciudad en 1109 y los almohades, que la someten a sitio en 1197. La
victoria cristiana de Las Navas de Tolosa en 1212 aleja definitivamente la influencia musulmana
del centro de la península.
La ciudad se repuebla con cristianos del norte, sin que ello
conlleve la expulsión de la población judía y musulmana (si bien algunos
edificios religiosos musulmanes son requisados; de esta forma, la mezquita
mayor se transforma en iglesia bajo la advocación de Santa María). De esta
época temprana de dominación cristiana datan los cultos a los patrones de
Madrid: la Virgen de la Almudena, de la que según la tradición se encontró una
imagen en la muralla exterior el 9 de noviembre de 1085, y san Isidro Labrador,
nacido hacia el año 1082 y muerto el 30 de noviembre de 1172, santo patrón de
la villa.
MURALLA ÁRABE ACTUALMENTE JUNTO A LA CATEDRALEn torno al antiguo recinto fortificado debió crecer la
villa de Madrid, favorecida por las medidas repobladoras de los monarcas, entre
las que destaca la concesión del fuero en 1202.
A lo largo de los siglos XII y XIII se configuró la
extensión de la Comunidad de Villa y Tierra de Madrid.
viernes, 7 de agosto de 2026
BANDERA Y ESCUDO DE LA SEGUNDA REPUBLICA ESPAÑOLA
No
se sabe con exactitud quién fue su diseñador, pero sí que hacia finales del
siglo XIX ya se venía usando en diversos círculos republicanos. En 1904 el
pintor catalán Antonio Estruch la plasmó en un óleo titulado “Manifestación por
la República”.
Unos días después de la
instauración de la Segunda República, el nuevo gobierno establecía la bandera
tricolor como oficial de España en su Decreto del 27 de abril de 1931.
El
texto oficial argumentaba así el cambio de bandera: “Hoy se pliega la
bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX.
De ella se conservan
los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por
insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el
emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de
una gran España”. Además, las tres franjas pasaban a ser iguales, perdiendo así
la bandera española su singularidad.
ESCUDO DE LA II REPUBLICA
El Real Decreto de 28 de mayo de 1785 con el
que Carlos III estableció el nuevo pabellón naval español hablaba de
“Bandera nacional”, no de “Bandera real”.
De igual forma, en el Real Decreto
de 13 de octubre de 1843 que convirtió ese pabellón naval en bandera
oficial de España en todos los ámbitos, se la cita también como “bandera
nacional”. Lo que representaba a la monarquía era, en todo caso, el escudo, o
más particularmente la corona que lo timbraba.
Por otra parte, cuando el gobierno republicano se refería a la “insignia de una región ilustre” estaba haciendo alusión al pendón de Castilla.
Por otra parte, cuando el gobierno republicano se refería a la “insignia de una región ilustre” estaba haciendo alusión al pendón de Castilla.
Es probable que
el deterioro de las banderas con el paso del tiempo pudo llevar a la confusión
de que el pendón castellano era morado. También es posible que el carmesí,
verdadero color del pendón de Castilla, que se confundiera con morado, cuando es en
realidad una variante del color rojo, tirando hacia el granate.
El actual
guion del Rey Felipe VI es carmesí precisamente recogiendo esa tradición
castellana. Carmesí, no morado.
Al error cometido con la bandera hay que añadir los errores cometidos con el escudo. El citado Decreto del 27 de abril de 1931, paradójicamente, hablaba de “escudo de España” para referirse al formado por las armas de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada, con las columnas de Hércules y el lema de “Plus Ultra”.
Al error cometido con la bandera hay que añadir los errores cometidos con el escudo. El citado Decreto del 27 de abril de 1931, paradójicamente, hablaba de “escudo de España” para referirse al formado por las armas de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada, con las columnas de Hércules y el lema de “Plus Ultra”.
Lo curioso es que todos esos elementos habían sido
introducidos por la monarquía, igual que la bandera bicolor: ¿por qué
conservarlos y al mismo tiempo cambiar la bandera? Hay que recordar, de hecho,
que las distintas partes de ese escudo se corresponden a otros tantos reinos
medievales.
Si la República no tenía inconveniente en reconocer esos reinos
como precedente, ¿por qué cambiar la bandera?
BANDERA DE LA II REPÚBLICA
En la antigua Grecia se usaba
como corona de la diosa Tyche, que personificaba la prosperidad de una ciudad.
En Roma se otorgaba al primer soldado que conseguía situar la enseña militar
sobre las murallas de una ciudad enemiga.
En Italia, Portugal y Rumanía esa
corona se usa para timbrar exclusivamente escudos de ciudades.
Su primer
uso en un emblema nacional tuvo lugar en España en 1869, cuando el gobierno
provisional establecido tras la Revolución que derrocó a Isabel II
acuñó monedas con el mismo escudo que luego usaría la Segunda República.
El
objetivo, claro, era no dejar sin corona un escudo que por la tradición la
había tenido, aunque para ello se cometiese un claro error heráldico.
Sólo
hay otro caso en que se haya usado esa corona mural en un emblema
nacional: tras la caída del Imperio Austrohúngaro, la nueva República de
Austria cambió la corona imperial que coronaba la antigua águila bicéfala por
una corona mural coronando un águila de una sola cabeza.
Todas las demás
repúblicas prescinden del uso de coronas, con algunas salvedades, como Polonia,
cuyo águila blanca conserva la corona real, señal de que en esa República no
tienen reparos en asumir su historia sin aspavientos.
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