jueves, 20 de agosto de 2026

 El rey aragonés se decidió a realizar una campaña con un ejército formado por unos cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes. Contaba con sus más notables magnates: Gastón de Bearne, el obispo Esteban de Huesca, el obispo Ramón de Roda y el prelado de Zaragoza, Pedro de Librana y otros hombres destacados. Partieron de Zaragoza en septiembre del 1125.

ALFONSO I DE ARAGÓN
Se convirtió en una de las campañas más audaces de la Reconquista. Entre septiembre de 1125 y junio de lideró una expedición marcando un hito en la historia militar del Reino de Aragón. Este hecho histórico y militar se produjo 300 años antes de que Fernando rindiera el reino Nazarí de Granada en manos del sultán Boabdil.
El rey Alfonso I, conocido por su fervor religioso y espíritu guerrero, tomó la decisión de emprender esta campaña tras recibir una petición de ayuda de los mozárabes granadinos, cristianos sometidos al dominio almorávide. Estos últimos habían endurecido las condiciones de vida para los no musulmanes, provocando una situación insostenible para las comunidades mozárabes. Los líderes de esta comunidad, encabezados por Ibn al-Qalas, buscaron el apoyo del rey aragonés, prometiéndole abrir las puertas de Granada si acudía en su auxilio.
En un contexto de éxitos militares recientes, Alfonso I decidió responder al llamado mozárabe. La expedición se organizó con rapidez, reclutando entre 5.000 y 8.000 hombres, incluyendo caballeros e infantería. Según distintas fuentes, la historia comienza con el ejército partiendo desde Zaragoza a principios de septiembre de 1125, liderado por notables.
Avanzaron por Daroca, Monreal, Teruel y Segorbe, en dirección a Valencia. El contingente pasó cerca de esta en octubre, contra cuya guarnición sostuvo alguna escarmuza y avanzaron a Denia a la que atacaron y arrasaron los cultivos. Llegado a la costa, el ejército de Alfonso comenzó a atraer contingentes mozárabes, que se unieron a él. Llegaron a Murcia, Almanzora y Purchena. Descasaron y continuaron la marcha hasta Baza, intentó tomarla al asalto sin conseguirlo, de modo que reanudó la expedición hacia Guadix, ciudad que atacó en diciembre. Se estableció finalmente en Guadix, donde permanecieron y pasaron las navidades satisfecho del desarrollo de la expedición y sin problemas de abastecimiento. Los almorávides no atacaban y los mozárabes se les iban uniendo.

Estaban cerca de Granada y el gobernador Abul Tahir no se atrevió a reprimir la insurgencia mozárabe y la población cristiana fue acudiendo a unirse al Batallador. Abul Tahir, solicitó refuerzos a los gobernadores de Murcia y Valencia y a su hermano, el emir almorávide Ali ibn Yusuf, quien envió un importante ejército desde África.
Alfonso I se encaminó hasta Granada, y llegó en enero de 1126 con un contingente reforzado por los cristianos. Alfonso I permaneció acampado en la localidad de Nívar durante más de diez días esperando o bien sostener batalla campal o bien que la rebelión mozárabe le franqueara las puertas.
Debido a la espera le reprochó al responsable de los mozárabes de Granada, Ibn al-Qalas, no cumplir con lo pactado, a lo que este le reprobó haberse demorado en escaramuzas a lo largo de la ruta y haber desvelado su posición en Guadix. Los almorávides habían reforzado las defensas y recibido refuerzos para sostenerse en la ciudad, lo que llevó finalmente al aragonés a abandonar el intento. Se dedicó a asolar los campos de la Vega de Granada y el sur de Córdoba. Posteriormente se dirigió a Córdoba hacia el noroeste entrando por Luque, Baena y Espejo, para luego virar hacia el suroeste por Cabra y Lucena. Después volvió hacia Córdoba.

Abu Bakr, hijo del emir había salido con tropas de Sevilla al encuentro del Batallador, y lo alcanzó en la actual Anzur (hoy municipio de Puente Genil), cerca de Lucena. Allí se trabó batalla campal el 9 de marzo de 1126 con el resultado de victoria decisiva para los aragoneses, al tiempo que en Palencia su exmujer Urraca I moría y era sucedida por Alfonso VII de León.
Tras la victoria en la batalla de Arnisol, el Batallador se dirigió hacia el sur por las Alpujarras y llegó a la costa de Vélez-Málaga por Motril y Salobreña.
Llegan los refuerzos almorávides norteafricanos. Desde Vélez-Málaga, el contingente cristiano volvió hacia Granada y en Alhendín, rechazaron varios ataques almorávides. Llegaron a la Vega de Granada y se instalaron en La Zubia, a seis kilómetros de la capital, seguido de cerca por la caballería islámica en formación de combate.
En ese momento llegaron los refuerzos africanos. Hostigaron a Alfonso I, que se vio obligado a retirarse hacia el norte. En Guadix vencieron en una escaramuza al rey de Aragón donde murió uno de sus principales caballeros, lo que procuró al musulmán el gobierno de Granada. La milicia aragonesa siguió retirándose por Caravaca de la Cruz y Játiva, que fue asaltada y tomada por el Batallador. 



La presión del ejército norteafricano hacía que el regreso se hacía en condiciones penosas, teniendo que conducir un gran número de civiles, defendiéndose de los continuos ataques y obligados a abandonar mucha gente agotada y enferma por la duración y las penalidades. Sin descanso, el contingente dirigido por Alfonso llegó a Aragón en junio de 1126, diezmado por las enfermedades pero satisfecho de los logros y vencedor en la única batalla campal plena y de la numerosa población mozárabe que se les había unido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  El rey aragonés se decidió a realizar una campaña con un ejército formado por unos cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes. Conta...