lunes, 17 de agosto de 2026

PRIMERA REPÚBLICA

Estamos en 1873. La Primera República nació después del fracaso y la marcha del reinado de Amadeo I, que estaba harto de no entenderse con los políticos, y que tampoco lo hacían entre ellos, y después de la revolución de 1868 y la abdicación de Isabel II.
La cuestión política y la gobernación del país era un caos.

Al llegar la República se acaba lo que se llamó el “Sexenio revolucionario”.
El partido republicano llegó al poder lastrado por sus divisiones internas entre unitarios y federales y a su vez entre intransigentes y moderados.
Por esas fechas en el pueblo español había un 60 por ciento de analfabetos. Nuestra querida España estaba sometida a generales, obispos y especuladores financieros, la política en manos de jefes de partidos sin programa, y las elecciones que eran una comedia. La educación pública no interesaba un carajo a la clase política. 6.000 pueblos carecían de escuela, y de los 12.000 maestros censados, la mitad se clasificaba oficialmente como de escasa instrucción. En cuanto a la industrialización que otros países europeos encaraban con eficacia y entusiasmo, en España se limitaba a Cataluña, el País Vasco y zonas periféricas como Málaga, Alcoy y Sevilla. Talleres y fábricas, a juicio de la clase dirigente española, eran peligroso territorio obrero. De ahí que el atraso industrial y la sujeción del pueblo al medio agrícola.

Y se proclamó la República, por 258 votos a favor y 38 en contra. Lo curioso es que sólo había 77 diputados republicanos
Sin haber aprobado una nueva Constitución, para unos la federación era un pacto nacional, para otros la autonomía regional, para otros una descentralización absoluta.
La discusión originó dos intentos de golpes de Estado. Realmente la República funcionaba aún con la Constitución monárquica de 1869.
Estanislao Figueras, un abogado catalán, progresista, primer presidente del poder Ejecutivo de la Nación, ya que la República no tenía aún un presidente, bajo su mandato se proclamó la nueva Constitución.
Pero crecía la anarquía por todas partes, por lo que Estanislao Figueras después de decir su famosa frase, “Señores, voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!” Y se marchó en secreto a Francia (¿Dónde si no?) Sin presentar la dimisión. ¡El primer gobierno duró quince días!
Le sucedió Pi y Margal. Gobernó 37 días. Luego vino Nicolás Salmerón, persona moral y federalista. Comenzó a poner sitio a Cartagena donde los cantoneses (insurrección cantonal) se habían apoderado de la escuadra.
Como no quiso firmar penas de muerte dimitió. Duró 51 días. Luego Emilio Castelar, uno de los pocos que nunca había cambiado de partido. Para evitar la inestabilidad del Parlamento lo suspendió hasta enero de 1874, gobernando por decreto.
Entretanto en Cuba había estallado la insurrección independentista.
Y los carlistas, viendo amenazados los valores cristianos y la cuestión foral, volvían a echarse al monte, empezando su tercera guerra.
El ejército era un descojone total, de forma que sólo había un general que no se había sublevado nunca, y al que los compañeros tachaban de maricón. Así que no es de extrañar que un montón de lugares empezaran a proclamarse federales e incluso independientes por su cuenta. Fue lo que se llamó insurrección cantonal.


A este desatino, llamado República solo la reconoció EE UU y Suiza. Tal era la confianza que generaba. La Constitución que nunca entró en vigor, en la que se proclamaba una España federal de “diecisiete estados y cinco territorios”, pero una treintena de provincias y ciudades se proclamaron independientes unas de otras, llegaron a enfrentarse entre sí y hasta a hacer su propia política internacional, como Granada, que abrió hostilidades contra Jaén, o Cartagena, que declaró la guerra a Madrid y a Prusia, (con dos cojones). Eso se llamó “Insurrección Cantonal”. Se mezclaban federalismo, cantonalismo, socialismo, anarquismo, anticapitalismo y democracia. Un caos peligroso, lleno de quimeras y proyectos irrealizables. Julián Marías escribió acerca del Parlamento aquel, “Allí podía decirse cualquier cosa, con tal de que no tuviera sentido ni contacto con la realidad”.
Se legalizó el divorcio, se confirmó la libertad de culto, para cabreo de la Iglesia, y se suprimió la pena de muerte. Pero en lo administrativo era un desastre. Una España fragmentada e imposible todo eran fronteras interiores, milicias populares, banderas, demagogia y disparate, y los militares estaban mal vistos y además no los obedecía nadie.
La guerra cantonal se prolongó en Cartagena y en Andalucía durante cierto tiempo, hasta que el gobierno envió a los generales Martínez Campos y Pavía para liquidar el asunto por las bravas, cosa que hicieron a cañonazo limpio. Mientras tanto, como las Cortes no servían para nada, a los diputados, que ya ni iban a las sesiones, les dieron vacaciones desde septiembre de 1873 a enero de 1874. Y el 29 de diciembre de 1873, cuando se reunieron de nuevo, el general Pavía, respaldado por la derecha conservadora, sus tropas y la Guardia Civil, rodeó el edificio.
Los republicanos decidieron morir defendiendo a la patria y la República, y ¡bla bla blá!. Pero en cuanto oyeron el primer tiro al aire cambiaron su forma de pensar. Se marcharon sin saludar estos también, corriendo o arrojándose por las ventanas, (¡auténtico!). Y, cual comedia de Arniches, de esta forma grotesca y burda acabó lo que nunca fue Republica Española, sino un quilombo insensato, pero con muertos, hambre y caos. Todo el siglo XIX había sido un desastre. Repasando vemos que hemos tenido, un rey seguramente cornudo, que abdicó dos veces, otro traidor y corrupto, otro francés impuesto, otro italiano elegido por votación (Inusitado!), una guerra sangrienta guerra en la que el pueblo solito se levantó y luego mandó al carajo al mismísimo Napoleón. Luego una república que no llegó a dos años. La pérdida de Cuba y Filipinas y la isla de Guam en la guerra contra EE UU, y las emancipaciones de los territorios de América, tras años de luchas entre los pueblos de gente nacidas en América, españoles por tanto, contra el ejército del rey, que estaba compuesto en un alto porcentaje de nativos de América, descontentos de emanciparse por cojones de la burguesía criolla, que le lamían las botas a los ingleses.  


Todo el siglo XIX fue de los peores de nuestra historia. Y la gente del pueblo estaba hasta los escrotos. Se necesitaba ya estabilidad, seriedad, trabajo, normalidad, justicia y que hubiera sanidad, educación y dejarse de salvadores de todo tipo. Lo de siempre. Así que algunos políticos, tomando el pulso al ambiente, empezaron a plantearse la posibilidad de restaurar la monarquía y así, en diciembre de 1874, después del golpe de Pavía, el general Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, porque le pareció lo más apropiado. Es decir porque le salió de su naturaleza
Resumiendo, la I República funcionó desde el 11 de febrero de 1873 hasta el 29 de diciembre de 1874.
Sus presidentes fueron cinco en 23 meses:
-Estanislao Figueras y Moragas: Del 12 de febrero de 1873 al 11 de junio de 1873.
-Francisco Pi y Margall: Del 11 de junio de 1873 al 18 de julio de 1873.
-Nicolás Salmerón y Alonso: Del 18 de julio de 1873 al 7 de septiembre de 1873.
-Emilio Castelar y Ripoll: Del 7 de septiembre de 1873 al 3 de enero de 1874.
-Francisco Serrano y Domínguez: Del 3 de enero de 1874 al 29 de diciembre de 1874
 

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