No
se sabe con exactitud quién fue su diseñador, pero sí que hacia finales del
siglo XIX ya se venía usando en diversos círculos republicanos. En 1904 el
pintor catalán Antonio Estruch la plasmó en un óleo titulado “Manifestación por
la República”.
Unos días después de la
instauración de la Segunda República, el nuevo gobierno establecía la bandera
tricolor como oficial de España en su Decreto del 27 de abril de 1931.
El
texto oficial argumentaba así el cambio de bandera: “Hoy se pliega la
bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX.
De ella se conservan
los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por
insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el
emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de
una gran España”. Además, las tres franjas pasaban a ser iguales, perdiendo así
la bandera española su singularidad.
ESCUDO DE LA II REPUBLICA
El Real Decreto de 28 de mayo de 1785 con el
que Carlos III estableció el nuevo pabellón naval español hablaba de
“Bandera nacional”, no de “Bandera real”.
De igual forma, en el Real Decreto
de 13 de octubre de 1843 que convirtió ese pabellón naval en bandera
oficial de España en todos los ámbitos, se la cita también como “bandera
nacional”. Lo que representaba a la monarquía era, en todo caso, el escudo, o
más particularmente la corona que lo timbraba.
Por otra parte, cuando el gobierno republicano se refería a la “insignia de una región ilustre” estaba haciendo alusión al pendón de Castilla.
Por otra parte, cuando el gobierno republicano se refería a la “insignia de una región ilustre” estaba haciendo alusión al pendón de Castilla.
Es probable que
el deterioro de las banderas con el paso del tiempo pudo llevar a la confusión
de que el pendón castellano era morado. También es posible que el carmesí,
verdadero color del pendón de Castilla, que se confundiera con morado, cuando es en
realidad una variante del color rojo, tirando hacia el granate.
El actual
guion del Rey Felipe VI es carmesí precisamente recogiendo esa tradición
castellana. Carmesí, no morado.
Al error cometido con la bandera hay que añadir los errores cometidos con el escudo. El citado Decreto del 27 de abril de 1931, paradójicamente, hablaba de “escudo de España” para referirse al formado por las armas de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada, con las columnas de Hércules y el lema de “Plus Ultra”.
Al error cometido con la bandera hay que añadir los errores cometidos con el escudo. El citado Decreto del 27 de abril de 1931, paradójicamente, hablaba de “escudo de España” para referirse al formado por las armas de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada, con las columnas de Hércules y el lema de “Plus Ultra”.
Lo curioso es que todos esos elementos habían sido
introducidos por la monarquía, igual que la bandera bicolor: ¿por qué
conservarlos y al mismo tiempo cambiar la bandera? Hay que recordar, de hecho,
que las distintas partes de ese escudo se corresponden a otros tantos reinos
medievales.
Si la República no tenía inconveniente en reconocer esos reinos
como precedente, ¿por qué cambiar la bandera?
BANDERA DE LA II REPÚBLICA
En la antigua Grecia se usaba
como corona de la diosa Tyche, que personificaba la prosperidad de una ciudad.
En Roma se otorgaba al primer soldado que conseguía situar la enseña militar
sobre las murallas de una ciudad enemiga.
En Italia, Portugal y Rumanía esa
corona se usa para timbrar exclusivamente escudos de ciudades.
Su primer
uso en un emblema nacional tuvo lugar en España en 1869, cuando el gobierno
provisional establecido tras la Revolución que derrocó a Isabel II
acuñó monedas con el mismo escudo que luego usaría la Segunda República.
El
objetivo, claro, era no dejar sin corona un escudo que por la tradición la
había tenido, aunque para ello se cometiese un claro error heráldico.
Sólo
hay otro caso en que se haya usado esa corona mural en un emblema
nacional: tras la caída del Imperio Austrohúngaro, la nueva República de
Austria cambió la corona imperial que coronaba la antigua águila bicéfala por
una corona mural coronando un águila de una sola cabeza.
Todas las demás
repúblicas prescinden del uso de coronas, con algunas salvedades, como Polonia,
cuyo águila blanca conserva la corona real, señal de que en esa República no
tienen reparos en asumir su historia sin aspavientos.


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