sábado, 31 de octubre de 2026

CARTAGENA -MURCIA

Su patrimonio a pie de calle es rico y valioso, y además lo que se haya sepultado bajo tierra y sumergido. Porque la ciudad es una bahía a orillas del Mediterráneo por la que han pasado diferentes civilizaciones, desde púnicos y romanos hasta andalusíes.
Según los testimonios de la gente de la ciudad, existen numerosos pasadizos que conectan la ciudad por debajo del nivel del suelo. 
Cartagena es la ciudad más conocida de la región de Murcia, fundada por los cartagineses en el año 220 a. C. y que alcanzó su máximo esplendor durante el imperio romano.


PUERTO
En el año 241 a.C. Roma derrota a Cartago en la Primera Guerra Púnica. Después de la derrota cartaginesa Amilcar Barca, Comandante en Jefe de los Ejércitos de Cartago pone sus ojos en la península Ibérica.
Unos años después de desembarcar las primeras expediciones cartaginesas en Iberia, estos ponen sus ojos en una bahía tranquila con un puerto natural de gran calado y abrigado por montañas, esta ubicación privilegiada y fácilmente defendible además contaba con riquísimas minas de plata en la zona. Estaba claro que este era un lugar demasiado bueno como para simplemente estar de paso, de manera que en el año 227 a.C. Asdrubal el Bello, yerno de Amilcar, fundó la ciudad de Qart-Hadasth y construyó el recinto amurallado en torno a las cinco colinas de la península. Con el paso del tiempo la ciudad que fundó Asdrubal ha tenido multitud de nombres pero nosotros ahora la conocemos como la ciudad de Cartagena.


PALACIO DEL AYUNTAMIENTO
Año 210 a. C. Un joven romano, Publio Cornelio Escipión, “El Africano” ordenó montar el campamento y atacar a la ciudad. Pero la ciudad cartaginesa era considerada inexpugnable. Durante cinco días las legiones romanas lo intentaron sin éxito alguno. Todo apuntaba a fracaso, Pero aprovechando la noche Escipión ordenó a un grupo de legionarios que consiguieron avanzar sin ser vistos. Una vez allí, se abrieron paso hasta la puerta principal, la cual abrieron desde dentro para que miles de legionarios romanos pudieran entrar a la ciudad.
Escipión consigue conquistar dando un giro de 180º a la Segunda Guerra Púnica, también iniciando la que posiblemente es la mejor época de la historia de la ciudad de Cartagena, la Cartago Nova romana en 209 a.C.


TEATRO ROMANO 
Hacia 550 Cartagena fue conquistada por el emperador bizantino Justiniano I y con el nombre de Cartago Spartaria se convirtió en 615 en la capital de la provincia bizantina de Spania. Unas cuantas décadas más adelante el visigodo rey Suintila, tomó y, según cuenta san Isidoro destruyó por completo la ciudad, cosa que quizá no haya sido completamente así.
Con la invasión de las fuerzas musulmanas, llegaron a Cartagena alrededor del año 714 d. C., poco después de la invasión inicial de la península, comenzando un largo período de gobierno islámico que duró hasta la Reconquista cristiana a mediados del siglo XIII.
El rey Fernando III de Castilla, tomó la plaza en 1245 con la intervención una flota procedente de Santander. En 1250 mediante la bula “Spiritus Exultante”, el Papa Inocencio IV restaura la Diócesis de Cartagena, pocos años después de que las tierras de la actual Región de Murcia volvieran a manos cristianas después de siglos de dominación musulmana.


TERRITORIO BIZANTINO
En la campaña de Jaime II de Aragón, Cartagena fue tomada en 1296. Por intercambio negociado pasa a ser del reino de Castilla.
En 1464 el rey Enrique IV de Castilla concedió a Pedro Fajardo y Quesada el señorío de la ciudad de Cartagena con su castillo y los derechos de jurisdicción y cobro de tributos, situación que se mantuvo hasta los Reyes Católicos. En 1503, la reina Isabel ordenó la restitución de la ciudad de Cartagena con todos sus derechos a la Corona.
A partir de los reinados de Carlos I y Felipe II se potenciará notablemente el papel militar y defensivo de Cartagena. Como base de las galeras reales y como enclave militar se refuerzan las murallas y se construyen algunas fortificaciones costeras, como el Fuerte de Navidad.
El puerto de Cartagena se convirtió en principal base militar de la política mediterránea de los reyes de España con respecto a sus posesiones en Italia y de contención del poderío turco y berberisco.


PALACIO CONSISTORIAL 
Aunque durante la guerra de Sucesión (1700-1713)  la ciudad se decanta por la causa de los Austrias, Cartagena experimentó una gran recuperación con el establecimiento de la casa de Borbón Felipe V. Cartagena se convierte en la capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo en 1726, que se subdividiría en 1748 en provincias marítimas.
Los franceses fracasaron el 23 de enero de 1812 en su intento de tomar la ciudad, quedando el puerto de Cartagena como una importante fuente de avituallamiento de las fuerzas anglo-españolas durante la Guerra de la Independencia.
La desamortización de Mendizabal  a mediados del XIX, provoca el cierre de la totalidad de los conventos existentes en Cartagena.
Con todo, el acontecimiento más importante del siglo XIX es la revolución cantonal que tuvo lugar entre julio de 1873 y enero de 1874 durante la Primera República Española.
En la España del siglo XIX había republicanos federalistas y republicanos centralistas, los cuales tienen distintas interpretaciones de cómo debería ser la I República Española. Tan grandes eran estas diferencias que los federalistas se acabaron levantando en armas contra la I república en lo que conocemos como la Revolución Cantonal.


FARO DE CABO DE PALOS

Resulta que el cantón más importante, poderoso y el que comenzó y terminó la revolución fue el de Cartagena. Debido a la base naval de la ciudad, este contaba con un poder militar que rivalizaba con el de la misma República Española.  La Revolución cantonal duró hasta el 12 de enero de 1874 día en el que se rinde el cantón de Cartagena. Aunque la revolución duró unos siete meses, fue un periodo muy intenso en Cartagena, que llegó a acuñar su propia moneda, bombardear Almería y Alicante e incluso pedir ayuda a los Estados Unidos. Al final el cantón acabó en desastre, con la ciudad siendo sitiada y bombardeada hasta los cimientos por la República.
La pérdida de las últimas colonias tras el desastre de 1898 para España  tuvo notable incidencia en Cartagena, tanto por la necesidad de reconstruir una pérdida flota marítima como por el resurgimiento de la minería en la sierra minera de Cartagena-La Unión que se dio a comienzos del siglo XX.


EDIFICIO DE LA ASAMBLEA DE MURCIA 
También la vida cultural de Cartagena vivió un notable desarrollo a comienzos del siglo XX hasta el estallido de la guerra civil española de 1936-1939.
En esos años Cartagena fue la única base naval que quedó bajo control de la República, y la última ciudad, junto con Alicante, en ser ocupada por el ejército sublevado, ya a finales de la guerra civil. 






viernes, 30 de octubre de 2026

EL AJEDREZ ACTUAL ES ESPAÑOL

El ajedrez con las reglas actuales nació a finales del siglo XV en España, muy probablemente en Valencia. La diferencia con el que trajeron los musulmanes es la incorporación de la dama, que da un gran dinamismo al juego porque es la pieza más potente, en homenaje a Isabel La Católica.


No parece descabellado sugerir que el ajedrez forme parte de la Marca España, pero por lo que Agustí Mezquida, director del documental “La Dama del Ajedrez”, ha sufrido durante ocho años hasta estrenarlo después de que los partidos políticos acordasen por unanimidad impulsar el ajedrez como asignatura. "En TVE prefieren comprar documentales de la BBC al por mayor, porque son más baratos, que uno español como el mío. También lo ofrecí a la Semana Internacional de Cine (Seminci), de Valladolid, pero lo rechazaron. Luego comprobé que todas las películas aceptadas versaban sobre hechos posteriores a la Guerra Civil. Y me pregunto si los organizadores consideran que lo anterior a la Guerra Civil es prehistoria", explicó Mezquida tras la proyección.
El menosprecio de los españoles hacia su propio y riquísimo patrimonio cultural e histórico es ya secular, y corre parejo al desdén por la ciencia. Un ejemplo que une ambas desgracias, y a través del ajedrez precisamente, es el de Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), uno de los inventores más importantes del mundo en la primera mitad del siglo XX, mucho más reconocido en los ambientes científicos británicos, alemanes o franceses que en España. Además del primer ordenador analógico que jugaba al ajedrez, sin restaurar se encuentra en la Universidad Politécnica de Madrid.

Alrededor del siglo X se jugaba en la península ibérica uno de los predecesores del ajedrez, recibido de manos de los musulmanes quienes la habían invadido en el año 711. A medida que el ajedrez se extendía por el resto de Europa, España aportó la principal literatura sobre este juego de la época, culminando con el Libro de los juegos (1283), encargado por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, en una versión antigua en que todavía había piezas como la alferza y no existía un número fijo de filas de escaques.


Las primeras evidencias arqueológicas del ajedrez en suelo europeo son los Bolos de San Genadio, piezas datadas del siglo IX y originarias del monasterio de Santiago de Peñalba. Fueron traídas por anacoretas mozárabes, que las llevaron desde Al Ándalus al Reino de León. Se conservan un total de cuatro piezas talladas en cuerno de cabra: dos torres, una de ellas rota en dos pedazos, un caballo y un alfil.
Otra de las primeras evidencias del ajedrez en Europa son las piezas de Ager, hechas de cristal y datadas del siglo XI. 

PIEZAS DE AGER 
Siguiendo la interpretación coránica de no representar figuras vivas, estas piezas de ajedrez tuvieron un diseño abstracto. Pertenecieron a Hermesinda, condesa de Urgel, y las donó en su testamento a la iglesia de San Egidio en 1058. Han quedado solo 44 piezas de cristal con formas abstractas, con el Rey representado por un solo trono y la Alferza, predecesora de la Dama, con un trono ligeramente más pequeño. Hay también registros de otras piezas donadas por testamento a iglesias y monasterios en España y en el sur de Francia. También se encontraron piezas de cristal abstracto en las ciudades de Celanova y en San Millán de la Cogolla, en el norte del país, todas datadas entre los siglos X y XI.

AJEDREZ FATIMÍ
En la Catedral de Ourense se conserva, entre sus joyas, un singular ajedrez de cristal conocido como Ajedrez Fatimí, que pertenece al Tesoro de San Rosendo. Estas piezas de ajedrez debieron llegar al monasterio celanovés entre los años 938 o 977, en caso de que perteneciesen a San Rosendo. La producción de cristales de roca egipcios, entre ellos las piezas de ajedrez, indica el autor de la investigación, se ubica, siguiendo a K. Erdmann, en un abanico temporal que abarca desde el período pretuluní, es decir, antes del año 868 y el final del fatimí, 1171. Valdés refiere que las piezas de ajedrez de la catedral orensana pudieron haber sido propiedad del santo fundador de Celanova.

DIA DE TODOS LOS SANTOS- DE TODOS LOS MUERTOS

Se diga lo que se diga,
¡qué bonito es un entierro!
Con sus caballitos blancos
y sus caballitos negros,
con su cajita de pino,
y su muertecito dentro,
con su cochero borracho
y "to" el acompañamiento.
Trincando el de la manguilla,
trincando el Ayuntamiento,
trincando el sepulturero,
y esperando pá trincar
Hacienda a los herederos.
Se diga lo que se diga,
Qué bonito es un entierro.
 
Mariano Povedano (1913-1973)
Periodista de diario Pueblo, de Madrid, poeta en clave humorística, autor de teatro, dirigió el Club Pueblo de este periódico y participó activamente en Versos a medianoche en el Café Varela y en Alforjas para la Poesía. Amigo de Mingote, Rafael Azcona, Manuel Alcántara, Manolito el Pollero, Camilo José Cela, Eduardo Alonso, Adriano del Valle, José Antonio Medrano, y otros, con los que formó tertulia y veladas poéticas.


Cada fiesta tiene asociada su gastronomía y sus dulces, polvorones…
Cada fiesta religiosa tiene casi invariablemente su pastel asociado, a menudo con una simbología que acompaña a la tradición. Otoño y el Día de Todos los Santos, o Día de la Mochila, para los ceutíes que tiene los huesos de santo, y los buñuelos, aunque estos últimos se disfrutan más en otras regiones, pero ambos constituyen un ejemplo de lo expuesto.
Dulces con una historia y una simbología, que llegan... cuando llega la Mochila.


jueves, 29 de octubre de 2026

EXPOLIO FRANCÉS GUERRA DE INDEPENDENCIA

Hacia 1808, un enorme ejército francés que en apariencia se dirigía a ocupar Portugal que era aliada de Gran Bretaña. Nuestro país tenía la segunda marina más poderosa del mundo en aquel tiempo y el corso pensaba usarla para invadir Gran Bretaña. Hoy sabemos que España sería la tumba de Francia.
Es obvio e inevitable que el saqueo es algo implícito a la guerra. El expolio al que fue sometido nuestro país sería de proporciones colosales. España padeció las veleidades artísticas (léase pillaje), de los militares franceses  Murat, Soult, Sully, Lapereyre, D´Armagnac, Dupont, Mathieu de Faviers y José Bonaparte. Aquel ejército que pretendía exportar la ilustración había devenido en una horda más de bárbaros.

La Guerra de la Independencia española, como todas las guerras, supuso la pérdida de vidas humanas (que en realidad es lo más importante), pero también desperdigó y destruyó gran parte del arte de nuestro país. No solo las colecciones reales sufrieron el paso y saqueo de los franceses, sino también el importante patrimonio artístico que se encontraba distribuido por las instituciones religiosas y en manos privadas.

DEFENSA DEL PÚLPITO EN ZARAGOZA 
Primero fueron expoliadas por Napoleón Bélgica y Holanda (1794), después Italia (1796), luego Egipto (1798) y más tarde Austria y Prusia (1806).
Cuando las tropas napoleónicas entraron en España en 1808, llevaban más de una década saqueando el patrimonio artístico de los territorios que habían conquistado.
A estas destrucciones se sumó el pillaje de obras de arte ordenado por Napoleón en su intento de crear en París el Museo Napoleónico. Este albergaría todas las obras de arte saqueadas durante sus campañas por Europa. Cegado por los ideales de la Ilustración, Napoleón Bonaparte dijo en su discurso ante el Directorio: “La República Francesa, por su fuerza, la superioridad de su luz y de sus artistas, es el único país del mundo que puede proporcionar un asilo inviolable a estas obras maestras”.
De nuestros artistas, en esa época, Murillo era uno de los más apreciados en el extranjero y, por supuesto, sus obras fueron de las más codiciadas.


DEFENSA EN ZARAGOZA 

El mariscal Nicolas de Dieu, realizó una “limpieza” de los templos sevillanos llevándose obras de un valor incalculable. El caso más famoso quizás sea el de La Inmaculada de los Venerables, el mariscal se llevó a su casa de París hasta que, cuando falleció, los herederos se lo vendieron al Louvre multiplicando por cien su fortuna. Luego, la Francia de Vichy la devolvió con algunos otros cuadros a la España de Franco y hoy está a salvo en el Prado.
Sevilla fue una de las ciudades españolas que más expolio sufrió. El nuevo monarca, José Bonaparte, publicó el 20 de diciembre de 1809 en "La Gaceta" de Madrid un decreto en el que se ordenaba la fundación de un museo de pintura "que contendría una colección de cuadros de las diversas escuelas de los pintores españoles". Este oficio le fue entregado a los gobiernos locales para comenzar la incautación de las obras. En Sevilla, se mandó reunirlas en los salones del Real Alcázar para hacer inventario antes de su partida. Hubo conventos, hermandades y algunas parroquias que, a sabiendas del futuro de las pinturas, se llevaron algunas de sus obras de arte lejos de las manos de los franceses. 

EL MARISCAL SOULT 

La incautación de obras continuaba por cada iglesia y convento sevillano. Se nombró para ello una comisión ejecutiva con miembros de la Academia de Bellas Artes para escoger las obras que había que llevarse y entregárselas al gobernador del Alcázar. Los franceses depositaron en el Alcázar un total de 999 cuadros en 39 salas, desde el propio Murillo a Zurbarán pasando por Herrera, Alonso Cano, Valdés Leal o Rubens.
Yendo hacia Burgos un destacamento enviado por el general Quilliet había desmontado íntegramente un retablo de la capilla de un pequeño convento en el que unas desoladas monjitas hacían dulces para su supervivencia. Pero quiso esta vez que el Señor estuviera atento. El Altísimo envió una partida de cuatrocientos guerrilleros para detener a los descarriados franceses.
Los dos reyes españoles, padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII estaban a la greña, y Napoleón aprovechó la situación (realmente él mismo la había creado) en Bayona para poner orden. Pero la tragedia no acababa ahí, en 1808 Carlos IV cedió sus derechos a reinar a Napoleón por una módica suma en las Abdicaciones de Bayona.
Un primo postizo de Napoleón, el Mariscal Soult, bajo su emperifollado uniforme escondía carta blanca para hacerse con los recursos artísticos de nuestra nación. Pero no fue el único. Los generales no se conformaron con los regalos de José Bonaparte y algunos usaron el “Diccionario Histórico de las Bellas Artes en España” de Juan Agustín Ceán para ir a monasterios o iglesias, seleccionar los cuadros más valiosos, recortar los lienzos con una navaja y llevárselos. Usaron la extorsión y el chantaje para obtener arte, oro, plata y piedras preciosas. Un artillero francés, Manière, relata que cierto Maréchal, tras no poder llevarse un Velázquez de la catedral de Toledo, exigió el pago de “un millón en quàdruples ou en onces d'or” en dos horas o volaría el puente romano. Manière, indignado, exclamaba “Que de fortunes acquises dans ce genre!” (¡Cuantas fortunas se han adquirido así!).

EL AGUADOR DE SEVILLA - VELÁZQUEZ

En Zaragoza se llevaron la imagen de plata que el Colegio Médico solía sacar en procesión para la festividad de San Cosme y San Damián. En 1809, la procesión de San Miguel Arcángel tampoco se pudo realizar, ya que la imagen de plata que tenía la ciudad fue robada. La rica cama de plata del Cristo Yacente desapareció. Una buena parte del tesoro del Pilar también desapareció, aunque piezas importantes pudieron ser ocultadas. Esto solo son algunos ejemplos en una única ciudad, Zaragoza. Se han estudiado también los casos de Navarra, Calahorra, o Guipúzcoa.
En Palencia y Galicia se cebarían con el románico temprano y el tardío, en el museo Josefino precursor del Prado, arrasaron y estuvieron a punto de desmontar la Alhambra, que, si no es por Dupont, que era algo más cuerdo, no le hace entrar en razón. 


LA VENUS DEL ESPEJO VELÁZQUEZ


Durante su estancia de cerca de dos años en la capital hispalense, la increíble colección Soult crecía y crecía. Años después, tras ser subastada ya fenecido, multiplicaría por cien su fortuna para gozo de sus herederos. De 1809 a 1812 envió diez carruajes cargados de cajas con pinturas a París. Una vez llegados a su apartamento en rue de l’Université, su esposa, Louise Berg, clasificaba los bienes saqueados, restauraba lo que fuese necesario y colgaba los cuadros en sus paredes, donde pudieron ser admirados durante muchos años.
A la muerte de Soult la colección, que había conseguido una fama considerable, fue subastada. Casas reales y museos de todo el mundo de apresuraron a pujar, por lo que los cuadros de la colección quedaron repartidos por los cuatro continentes.

FELIPE IV - VELÁZQUEZ
Pero los franceses eran unos angelitos al lado de los anglosajones.
Cuando José Bonaparte decidió abandonar Madrid y dirigirse a Francia por la situación de derrota militar, se llevó una caravana de carros, el famoso “Equipaje del rey José”, al que Benito Pérez Galdós dedicó uno de sus Episodios Nacionales. Veamos:
El 21 de junio de 1813 se libró la batalla de Vitoria entre las tropas francesas que escoltaban a José Bonaparte en su huida a Francia y un conglomerado de tropas británicas, portuguesas y españolas al mando de Arthur Wellesley, el futuro duque de Wellington. Las fuerzas francesas sufrieron una derrota aplastante.
Bonaparte tuvo que huir a caballo y dejar todo su equipaje atrás. Después de la batalla, los soldados de Wellington encontraron en el coche de José entre el abundante material capturado, más de doscientas pinturas sobre lienzo, junto con dibujos y grabados. Estas obras venían del despojo de la casa de Godoy y el real palacio.
La tropa, de los que más de la mitad eran británicos, asaltó con avaricia los carros y se olvidó de perseguir a José Bonaparte, lo que enfadó a Wellington pero al menos pudo salvar el carro en el que Bonaparte había guardado los cuadros: unas 200 obras de Juan de Flandes, Brueghel, Van Dyck, Tiziano, Rubens, Teniers, Guido Reni, Ribera, Correggio, Murillo, Velázquez, todas sin marco y enrolladas para ocupar menos espacio. Wellington envió 300 obras recuperadas a su hermano a Inglaterra.

JOSÉ BONAPARTE
Wellington decidió por su cuenta devolver los cuadros, por lo que su hermano, Henry, en ese momento embajador en Madrid, envió en 1814 una misiva a Fernando VII, informándole de que estaba en posesión del tesoro artístico. Y deseaba devolverlo. No tuvo respuesta y lo intentó de nuevo en septiembre de 1816 en una carta al embajador español en Londres. Recibió la contestación oficial de que el rey había decidido que se quedara con las obras agradeciendo sus servicios. Wellington, que los colgó en su casa, Apsley House, que se ha convertido en un museo perteneciente al English Heritage, donde se puede ver hoy en día “The Spanish gift” (El regalo español)

INMACULADA CONCEPCIÓN - MURILLO

Muchas de las mejores pinturas que se exhiben en Londres, pertenecieron en su día a la colección real española. Entre ellas se encuentran la Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Católica o una Sagrada Familia, de Giulio Romano, antaño atribuida a Rafael.
El hermano  de Wellington, William Wellesley, Conde de Mornington, cataloga el impresionante tesoro, y siendo el primer en tener conciencia del valor y la envergadura real del tesoro expoliado que tenían entre manos.
Lo asombroso es que en un gesto absolutamente incomprensible hoy que Fernando VII le regale  íntegramente todo el patrimonio español robado al líder militar inglés que, según dicen las fuentes, Fernando afirmó que "habían venido a su posesión por medios tan justos como honorables". La clase política e institucional española, toleró y alentó esta situación. Wellington había luchado en la Guerra al lado de los españoles contra las fuerzas de Napoleón, muchos de los liberales que habían promulgado la Constitución de 1812, que el rey derogó.

LA VIRGEN DEL ROSARIO -MURILLO 

Según muchos investigadores, las tropas francesas bajo el mandato de José I Bonaparte saquearon las joyas del Palacio Real y el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, robando un tesoro español por valor de 18 millones de francos y 22 millones de reales de la época, expoliando, entre otros, algunas míticas joyas de la corona española, tal y como la perla "peregrina"
En 1816, una vez derrotado Napoleón, la liga de los vencedores obligarían a Francia a devolver lo expropiado. En el museo del Louvre se hizo inventario con más de 5.000 obras de arte robadas en todos los territorios de Europa, de las cuales el comisionado español a tal efecto, el general Álava, solo podría recuperar algo más de cuatrocientas de ellas.
En el Congreso de Viena se condenó a Francia a devolver a España el entero patrimonio incautado, algo imposible a todas luces pues solo estaba inventariada una parte ínfima en el “Diccionario histórico de las Bellas Artes en España” del ilustre Agustín Ceán Bermúdez; y es por ello por lo que se haría imposible el rastreo de estas. Pero París no devolvió ninguna obra. Es aquí donde cobra protagonismo la figura de Miguel Ricardo de Álava, embajador en París en aquella época.

ÁLAVA ENTRA EN EL LOURVE Y RESCATA ALGUNAS OBRAS
Organizó un destacamento armado y asaltó el Museo del Louvre. Por la fuerza entraron en el museo y reclamaron todas las pieza españolas saqueadas durante la guerra. El capitán y ayudante de Álava, Nicolás Miniussir, junto con el pintor Francisco Lacoma, reunieron un contingente de 200 infantes armados con fusiles y bayonetas. El por aquel entonces director del museo, Vivant Denon, se negó a que los cuadros salieran de allí. El capitán Miniussir sólo consiguió sacar doce obras y le remitió a Miguel Ricardo una carta donde exponía que al día siguiente volvería de nuevo. Y, en efecto, a la mañana siguiente temprano lograría rescatar doscientos ochenta y cuatro cuadros y cinco objetos más. Aunque se quedaron cuadros de Velázquez, Murillo, Ribera, Tiziano… todos los que conforman la sala española del Louvre.

EL CARRO DE JOSÉ BONAPARTE

Álava envió los cuadros al puerto de Bruselas y posteriormente a Amberes. Acabada la guerra de Independencia contra Napoleón en 1814 dos años después llegarían a la Academia de Bellas Artes de San Fernando y finalmente serían depositados en el Museo del Prado.
Después con la ocupación de los nazis en Francia, se apropiaron de una ingente cantidad de obras. Los franceses clamaron al cielo, pero ya era tarde, una nube de Stukas y Messerschmitt imponían su ley.
La guerra dejó un millón de muertos en total. La economía española destrozada, expolios de obras de arte, profanación de tumbas para robo de joyas, y una situación desoladora dejaron al país exhausto.
Tendría que pasar mucho tiempo para reparar los destrozos materiales causados en los seis largos años que duró la confrontación.

ISABEL Y FERNANDO – (Parte 6) - GUERRA DE GRANADA

En el comienzo, además de que en Granada dejaron de pagar el tributo anual en oro correspondiente a Castilla, el gobernador de Ronda se apod...