miércoles, 16 de septiembre de 2026

BENEDICTO XIII – (EL ANTIPAPA)

De nombre secular Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, (Illueca, 25 de noviembre de 1328-Peñíscola, 23 de mayo de 1423), también conocido como el papa Luna, fue papa en la obediencia de Aviñón y cardenal desde diciembre de 1375.
Nacido cerca de Calatayud (ciudad luego objeto constante de su protección artística y docente) fallecido su padre Juan Martínez II en 1352, y después de unos años de primeros estudios allí o en Zaragoza, Pedro se dirigió, como al parecer hiciera Albornoz años antes, a Montpellier. Esta ciudad, que fuera cuna y patrimonio materno de Jaime I, había pasado recientemente, en 1349, al dominio de la Corona francesa. Allí, el antiguo estudio elevado a Universidad en el siglo anterior era frecuentado en gran número por los estudiantes de la Corona aragonesa.

BENEDICTO XIII
Propuesto para el obispado de Valencia (1369) —sede que ocuparía Jaime de Aragón, primo del Rey— alcanzada la licenciatura en 1370 y el grado de doctor, Pedro enseñó con aplauso en Montpellier. Su docencia se prolongó hasta su promoción al cardenalato por Gregorio XI en 1375, como cardenal diácono de Santa María in Cosmedin.
Era un joven cardenal de treinta y tres años, lo cual no debe sorprender si se tiene en cuenta que el propio papa Gregorio que lo creó lo había sido sobre los diecinueve y aquel a quien sucedería después en Aviñón, Clemente VII, a los veintinueve. Fallecido en 1362 el cardenal de Aragón Nicolás Rosell O. P., Pedro IV llevaba tiempo insistiendo sin éxito en favor del arzobispo de Zaragoza Fernández de Luna junto con otros candidatos; pero, aparte de posibles dificultades por parte de la curia, Gregorio no quería nombrar a prelados que tuviesen que abandonar su diócesis. Es entonces cuando al demandar el papa otros nombres, surge la propuesta en segundo lugar del joven Pedro de Luna, insistiendo Pedro IV en los grandes servicios prestados a la Corona por su linaje. Además, había muerto el año anterior el cardenal por Castilla Pedro Gómez de Albornoz, por lo que no había en aquel momento en Aviñón cardenal peninsular alguno. El joven Luna, buen amigo de Enrique II, era el candidato ideal, en aquel año en que se había firmado la paz de Almazán entre los reinos de Aragón y Castilla, estando presente por cierto en su negociación el arzobispo de Zaragoza Fernández de Luna, ya entonces canciller del Reino.
Pedro de Luna abandonó su cátedra y entró en la Curia Pontificia como juez comisario en diversas causas. Gregorio XI había enviado al agustino Alfonso Fernández Pecha a conseguir de Santa Catalina de Siena su intercesión para la paz con Florencia. Una y otra religiosa habían insistido en sus revelaciones y escritos sobre el necesario regreso a Roma de la Sede Pontificia. Catalina acudió a Aviñón, donde además de ser recibida por el papa, tuvo una larga entrevista con el cardenal de Luna.
El 2 de octubre de 1376 partía Gregorio hacia Roma, acompañado de Luna y doce de sus cardenales, desde el puerto de Marsella. Después de un azaroso viaje, el 17 de enero de 1377 el papa hizo su solemne entrada en Roma. Llevaba el estandarte pontificio Juan Fernández de Heredia, almirante de la flota, que partió en expedición al Epiro. Prisionero de los albaneses y liberado luego, pasaría a Rodas, para volver en 1382 a la Corte Pontificia de Aviñón, donde le encontraría la muerte junto a Benedicto XIII en 1396.

PALACIO PAPAL DE AVIÑÓN 
Luna se estableció en Roma manteniendo relación con la colonia hispana.Había además monjes españoles benedictinos en Subiaco, y la guarnición del castillo de Sant Angelo se sabe que era en parte española.
El cardenal de Luna era el promotor en la Curia de los intereses de Aragón. Pero el momento decisivo en la vida de Pedro de Luna iba a tener lugar al año siguiente de 1378, cuando, fallecido Gregorio XI el 27 de marzo, se reunió el cónclave el 8 de abril para elegirle sucesor.
Cerca de doce años permanecería Luna en la Península realizando pacientemente una importante labor tras el proceso informativo de Medina del Campo desde la cercana ascensión al trono de la Casa de Trastámara.
El rey Fernando I muere en 1383 y la derrota castellana en Aljubarrota en 1385 a pesar de las tres penetraciones anteriores del cardenal en tierras lusitanas. La primera de ellas acompañado por San Vicente Ferrer, y la segunda y tercera para consolidar la obediencia fluctuante del monarca y concertar la boda de su hija Beatriz con Juan I de Castilla.
Entreveradas con estas negociaciones hay que recordar también por este tiempo una actividad cultural, intervenir en la fundación de la Universidad de Perpiñán en 1379, el otorgamiento de unas primeras constituciones, hoy perdidas, a la Universidad de Salamanca (1381), con la creación de las luego célebres cátedras de Teología.
Constituciones que serían recogidas en parte más tarde en las segundas otorgadas por él mismo, ya pontífice, desde Peñíscola en 1411. En el archivo universitario se conservan además diversas bulas de Benedicto XIII, cuyo emblema heráldico figura sobre la puerta del actual Paraninfo y en la fachada oriental.
Conseguida, pues, la obediencia de Castilla, Aragón y Navarra, el 15 de diciembre de 1390 entraría, festivamente recibido, en Aviñón. Desde allí sería enviado de nuevo en 1393 como legado a Francia, Flandes e Inglaterra. En París, entró en contacto con la universidad, donde se hallaba estudiando Teología el converso Pablo de Santa María, bautizado en Burgos en 1390, al que después de tenerle consigo, ya papa, en Aviñón, nombraría obispo de Cartagena en 1403 y de Burgos en 1415. La universidad se manifestó ya desde un principio partidaria de la vía de cesión y la elección de un nuevo papa por los cardenales, por compromiso arbitral o por un Concilio, vía que propugnaría siempre con preferencia en adelante hasta los tiempos de Constanza. Por todo ello, acabó no contentando ni a Clemente VII, al que disgustaba ya la propuesta universitaria, ni a la universidad. Luna regresó a Aviñón el 1 de septiembre de 1394, pensando retirarse a su canonjía tarraconense de Reus. Pero poco después, el papa fallecía de apoplejía el día 16.
Doce días después, el 28, el cardenal de Luna era elegido papa por unanimidad, tomando el nombre de Benedicto XIII. Pronto llamaría allá a Vicente Ferrer como su confesor.

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 
Pedro de Luna fue elegido pontífice por 20 votos de 21 y tomó el nombre de Benedicto XIII. Francia se opuso a este nuevo papa de Aviñón que había mostrado no ser tan manejable como sus antecesores. En 1398 Francia terminó por retirar su apoyo político y financiero a la sede papal de Aviñón y se presionó a Benedicto XIII para que renunciara, a lo que Benedicto XIII se negó alegando un daño irreparable a la Iglesia.
Tras un bloqueo militar de los franceses sobre su palacio papal en Aviñón, Benedicto XIII logró huir de la ciudad en 1403, buscando refugio junto a Luis II de Nápoles. Portugal y Navarra dejaran de reconocerlo como papa y 17 cardenales abandonaban la obediencia a Aviñón, quedando solo cinco cardenales leales a Benedicto XIII. Su papado era reconocido ahora solamente por los reinos de Castilla, Aragón, Sicilia.
Aunque en un momento dado hubo tres papas simultáneamente (Juan XXIII, Gregorio XII y él), Benedicto siempre adujo que su papado era el válido dado que él era el único papa que había sido elegido cardenal antes de que se produjese el Cisma de Occidente y, por tanto, el único realmente legítimo. En 1406 Benedicto XIII inició conversaciones con Gregorio XII para renunciar de manera conjunta y unificar la sede papal, pero esta posibilidad fracasó al insistir Benedicto XIII en su exclusiva legitimidad.
Finalmente Benedicto XIII fue condenado en el concilio de Constanza de 1415 como hereje y antipapa, y depuesto. El Concilio designó a Martín V como pontífice único.

ESCULTURA DEL PAPA -CASTILLO DE PEÑÍSCOLA
Benedicto XIII era una amenaza para la iglesia. En 1418, en su castillo de Peñíscola, el papa Luna fue envenenado con rejalgar, una combinación de arsénico y azufre. El intento de asesinato habría sido organizado por un cardenal al servicio del papa Martín V. Un médico hebreo trató a Benedicto y lo salvó y en otras dos ocasiones más.
Gozó aún de la protección de Alfonso V de Aragón por cuestiones políticas.  Pese a ello, su vida en Peñíscola se prolongaría todavía mucho más de tres años, rodeado de su importante biblioteca privada y de un pequeño círculo de familiares, entre ellos el caballero hospitalario Rodrigo, jefe de la guarnición; Álvaro, comendador de Cantavieja, había marchado enfermo a Calatayud en 1416. Estaban también allí sus compaisanos aragoneses Julián de Loba (o Lobera) y Jimeno Dahé, camarero y penitenciario pontificios respectivamente, elevados al cardenalato con los franceses Domingo de Bonnefoi y Juan Carrier, el 27 de noviembre de 1422, poco antes de su muerte. No existe certeza absoluta sobre la fecha de ésta, pero el cotejo de los dos documentos contradictorios sobre la misma, la Crónica de Alpartil que indica su muerte el 23 de mayo de 1423 , a los 94 años, en el Castillo de Peñíscola, antigua fortaleza de la Orden del Temple.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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De nombre secular Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, (Illueca, 25 de noviembre de 1328-Pe ñí scola, 23 de mayo de 1423), tambi é n con...