Retomando
la historia unos siglos antes de la terminación del capítulo anterior debemos
decir que en el siglo IV ante el empuje de los hunos, procedentes de la estepa
euroasiática determinó la división de pueblos que acabó por desbordar las
fronteras romanas, precisamente en un momento en que Roma estaba instalado en
un momento de crisis social, política y económica, pero nada hacía anunciar su
declive.
Los
pueblos germánicos, como dijimos, se habían instalado en las fronteras e
incluso dentro, forzados por su huida y por los cambios climáticos en
Escandinavia hacia el 500 a.C. Su continuo movimiento entre unos pueblos y
otros, durante siglos habían mantenido muy viva una tradición guerrera.
Los
godos eran un pueblo indoeuropeo, nórdico. Su lengua, el gótico, hasta donde se
sabe de ella, entronca con el germano antiguo y posiblemente tuviera la misma
raíz.
Desde
allí, se desplazaron hacia el sur y el este y en el siglo II d.C. se establecen
en las estepas de lo que hoy es Ucrania. Allí se dividieron, por un lado los
godos del este en gran parte se quedaron en estas regiones y a partir de
entonces se les conocerá con el nombre de ostrogodos.
Por otra los godos del
oeste se les llamaron visigodos. Éstos se desplazaron hacia las llanuras de
Rumanía y Hungría. Al igual que los romanos en esta época, eran cristianos,
pero practicaban el arrianismo, doctrina creada por Arrio, un sacerdote de la
ciudad de Alejandría. Eran seminómadas.
Roma
desde el siglo I, en pleno apogeo, había desistido de la conquista de Germania,
pueblos belicosos e incontrolables que habitaban en un país muy frío, boscoso y
ofrecía dificultades para extender la cultura romana. Hubo batallas y triunfos
no obstante, pero Roma optó por replegarse y construyó una línea defensiva.
Pero a finales del siglo III hubo muchas incursiones germanas en territorios
romanos y los militares romanos ya no tenían la disciplina que siempre les
caracterizó.
Con el tiempo incluso fueron adoptando hombres germanos entre las
tropas romanas. Luego hasta llegaron a puestos de mando importantes. Los
germanos llegaron a romanizarse plenamente.
REFORMA DE DIOCLECIANO
Finalmente
en el 298 después de Cristo, Diocleciano hace una nueva división administrativa
con 5 provincias en la Península Ibérica y más adelante una sexta incluida en
Hispania que comprendía parte del norte de Africa, ya que los romanos también
habían conquistado todas las costas del Mediterráneo ("Mare
Nostrum").
La
situación parecía haber llegado a un equilibrio o al menos a una coexistencia y
entre Roma y los germanos, nada hacía presagiar la catástrofe que se avecinaba.
Al llegar el siglo V ya eran evidentes las dificultades económicas del Imperio,
también había problemas sociales por las
diferencias con las desigualdades.
Y
para colmo los hunos, un pueblo nómada que recorría la estepa euroasiática, que
fueron desalojados por los chinos y se
desplazaron al Oeste, arrollando a los pueblos que iban encontrando. Hacia el
370 franquearon el Don y encontraron a los ostrogodos a los que desplazaron y
eso hizo que a sus hermanos, los visigodos establecidos al otro lado del
Dniéster, parcialmente cristianizados e influidos por Roma, ante el empuje de
los Hunos pidieron ayuda al emperador Valente. El emperador no consideraba
peligrosos a los visigodos y les permitió atravesar el río Danubio para escapar
de los hunos. Se calcula que entrarían unos 200.000. Una vez en los Balcanes
marcharon hacia el Mediterráneo con
saqueos y pillanes que Valente intento atajar.
BATALLA DE ADRIANÓPOLIS
El
19 de Agosto de 378 cerca de Adrianópolis, se produce la batalla fundamental
que cambió el curso de la historia de aquel momento. Unos 18.000 visigodos
derrotaron a unos 70.000 romanos, y el mismo emperador romano, Valente, moriría
en la batalla.
El
sucesor, Teodosio evitó la toma de Constantinopla por los godos y les obligó a
pactar y los instaló en Tracia. A la muerte del emperador en el 395, el Imperio
se dividió en dos, una parte oriental, que conocemos como Imperio Bizantino
adjudicado a Arcadio, y otro occidental adjudicado a Honorio. Los godos reemprendieron
sus correrías en diversas partes del Imperio de Occidente.
Geroncio,
general de Constantino, que conspiró para quitarle el poder, se alió con las
bandas de suevos, alanos y vándalos que merodeaban por las Galias, y les
franqueó el paso a Hispania. En el 408 Geroncio acompañó en Hispania al hijo de
Constantino, el recién nombrado César, Honorio.
En
el 409 es cuando se inician las primeras incursiones de pueblos germánicos en
la península, los pueblos suevos, vándalos y alanos que habían cruzado los Pirineos
y se asentaron sin encontrar ninguna resistencia y se dedican al pillaje
durante dos años. Geroncio realizó un pacto con los visigodos que se habían
instalado en el sur de la provincia de Aquitania para que atravesaran los
Pirineos y entraran en Hispania. Así llegaron los visigodos. A los Alanos les
concedió las provincias de Lusitania y la Carthaginensis, los Vándalos
recibieron la Bética, los Suevos ocuparon la actual Callaecia y los visigodos
controlaban la Tarraconensis, ya que los visigodos civiles buscaban un
asentamiento con intención de población definitiva.
Se asentaron en el valle
del Ebro. Entraron también en la Cartaginense, estableciendo poblamientos desde
Soria hasta Ávila. Los visigodos trasladan a Hispania las formas de gobierno
que ya habían tenido en la Galia.
Y
en agosto del 410 los visigodos comandados por Alarico entran en Roma. Era la
primera vez en 800 años que un ejército extranjero ponía los pies en la ciudad
de Roma, Alarico consintió el saqueo que duró 3 días. Roma quedo hecho un
estropicio. Asesinaron, violaron, quemaron edificios y templos. Y aunque Roma
ya no era lo que había sido era todavía un símbolo del Imperio y su destrucción
conmovió al mundo
En
415, en virtud de un pacto (foedus) celebrado entre el emperador romano Honorio
y el rey visigodo Walia, los visigodos se asentaron en la provincia romana de
Aquitania Secunda (Aquitania II), en el sur de las Galias.
Para frenar el
avance, el Imperio romano de Occidente autorizó a los visigodos a asentarse en
el sur de la Galia y controlar territorios de Hispania. Los visigodos
recibieron tierras donde establecerse, a cambio de la obligación de defender el
Imperio frente a los enemigos. A partir de dicho establecimiento se constituyó
un reinado en suelo imperial, con capital en Tolosa, (que perduró hasta el 507
en la batalla de Vouillé entre francos y visigodos, con derrota de estos, que
tuvo como consecuencia el traslado del reino visigodo de Tolosa, Toulouse,
actual en Francia, a Toletum, Toledo en Hispania).
Fracasados los romanos ante los suevos
aceptaron abandonar la península en manos de los barbaros. Más tarde, los
vándalos, atraídos por las riquezas romanas en África y bajo la presión de las
luchas permanentes con los visigodos, en el año 429 d.C. dejan España por el
estrecho de Gibraltar.
Quedan
pues los visigodos al principio en una situación de inestabilidad que contribuyó
a empeorar las condiciones sociales que ya se vivían. Se registraron revueltas
en la primera mitad del siglo V, por grupos de población. Protestas de
campesinos víctimas de la explotación y genes de las ciudades. Los habitantes
naturales de Hispania ya no se sentían romanos pero no tenían un proyecto
político. Algunos autores han querido ver en ello el embrión confuso del primer
sentimiento nacional y empeño de desvincularse de un poder superior.
Se
denominaron “bagaudas”, y fueron un elemento más en la descomposición política.
Fueron derrotados por los visigodos. Roma se sumió en la anarquía y los
germanos acabaron por hacerse con el control del gobierno imperial de
Occidente.
Los
últimos emperadores fueron hombres de paja al servicio de los germanos hasta
que la situación terminó con el último emperador, Rómulo Augústulo en el 476. Y
así fue como Roma desapareció de Hispania después de seiscientos años.
El
Imperio Romano de Occidente desapareció en 476, y los visigodos alcanzaron su
independencia. A partir de aquí desaparecen los romanos y hablaremos de los
visigodos.
Los
visigodos al ser rechazados por los francos se fortalecieron durante todo el
siglo VI en Hispania. Llegaron acarreando ya cierta organización política y
social, heredada de la tradición clásica, aunque introdujeron cambios en muchos
aspectos. Trajeron con ellos una monarquía electiva, aunque no siempre se
respetó.
Los
habitantes de la Hispania visigoda quedaron divididos en dos poblaciones, la
hispanorromana, con sus propias leyes, su cultura latina y su cristianismo
católico, y los invasores visigodos, que eran cristianos arrianos, y que,
aunque estaban en minoría, detentaban el poder militar. Su número sería de unos
250.000 frente a los 7 millones de nativos peninsulares.




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