La primera participación de la Orden del Temple en una
Guerra, se realizó en la Península Ibérica. En Tierra Santa habían participado
en diferentes escaramuzas. Por entonces la mayoría de la Península Ibérica, se
hallaba en gran parte en manos de los Sarracenos.
En 1064, una expedición de templarios parte de Toulose, para participar en la Cruzada Española y liberar Barcelona del yugo sarraceno.
La Orden del Temple, se constituyó como el principal baluarte de los Reinos de Aragón y Condados de Cataluña, siendo el destino de todos los Caballeros de la Nobleza y receptora de importantes bienes aportados. Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona y Señor de la Provenza, entra en la orden en 1131.
En 1064, una expedición de templarios parte de Toulose, para participar en la Cruzada Española y liberar Barcelona del yugo sarraceno.
La Orden del Temple, se constituyó como el principal baluarte de los Reinos de Aragón y Condados de Cataluña, siendo el destino de todos los Caballeros de la Nobleza y receptora de importantes bienes aportados. Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona y Señor de la Provenza, entra en la orden en 1131.
La entrada de los Templarios en la Península, coincide con el reinado de Alfonso I de Aragón y Navarra, el "Batallador ". Para establecerse de forma definitiva en la Península, la Orden recibió del Conde de Barcelona el Castillo Grañena y Alfonso I, les cedió la recién conquistada fortaleza de Calatrava.
Él fue un gran admirador de la Orden del Temple y decidió crear un Orden similar a la que denomino Orden de Montjoy, que luego se incorporó a la del Temple aportando las inmensas posesiones que tenía en el Sur de Aragón. Alfonso I el Batallador, murió en 1134, durante el asedio de Fraga, dejando el reino sin descendencia legal, hace testamento de la Corona a las Órdenes del Temple, Hospital y Santo Sepulcro. En 1132, la Orden del Temple era la única Orden reconocida.
Los Nobles aragoneses, se oponen al Testamento y buscan una solución con las Órdenes, para que el trono de Aragón no recaiga en el legítimo sucesor Alfonso VII de Castilla.
Ramiro, hermano de Alfonso tiene una hija que se llama Petronila y es considerada como la legitima sucesora al Reino. Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y señor de Provenza se casa con Petronila, pasando a ser el Rey consorte de Aragón, poniendo bajo su reinado a Aragón, Barcelona y Provenza.
La legitimación del reinado exigía la renuncia expresa de las Órdenes que habían sido testamentarias de Alfonso I. La influencia y buena relación de Ramón Berenguer IV con la Orden del Temple, de la que su padre era caballero, allanó la resolución del conflicto.
En Septiembre de 1143, se reúnen todas las partes y se sella un acuerdo que establecía la creación de una nueva caballería, bajo la potestad de Temple, que debía luchar contra los musulmanes. Para generar los fondos, se reserva: el 20% de las tierras conquistadas a los musulmanes más el 10% de la parte Real. Cesión de varios castillos y fortalezas.
La Orden del Temple, se constituyó como el principal baluarte de los Reinos de Aragón y Cataluña, siendo el destino de todos los Caballeros de la Nobleza y receptora de importantes bienes aportados. Aragón alcanzaría un acuerdo con los templarios para las luchas en la Reconquista, la concordia de Gerona, en 1143. Por ella recibieron los castillos de Monzón y otros tres más y la Orden militar de Belchite.
Como en toda Europa, la orden se enriqueció con numerosas donaciones de padres que no podían dar un título nobiliario más que al hijo mayor, y buscaban cargos eclesiásticos, militares, cortesanos o en órdenes religiosas.
La importante derrota de la batalla de Muret se perdió para Aragón el imperio tras los Pirineos. Los templarios se convirtieron en custodios de Jaime I, el Conquistador, en el Castillo de Monzón, Recibieron un tercio de la ciudad en Mallorca por sus campañas y también en Valencia.
La vieja fortaleza de Calatrava había sido encomendada por el rey castellano Alfonso VII a los caballeros templarios. Al morir el monarca a mediados del siglo XII los templarios abandonaron la fortaleza, aduciendo que aquel promontorio fortificado era indefendible en medio de la estepa castellana si no se contaba con fuerzas suficientes. Como era de esperar, los almohades atacaron la fortaleza toledana, pero el abad Raimundo, del monasterio cisterciense de Fitero, organizó su defensa auxiliado por un monje que había sido caballero, Diego Velázquez. Entre los dos aguerridos clérigos convocaron una cruzada, logrando formar un pequeño ejército que resistió heroicamente el ataque. En recompensa, el rey castellano Sancho III otorgó la plaza de Calatrava a Fray Raimundo de Fitero, quien para su defensa establecería una guarnición permanente de soldados con votos monásticos, que llamó la Gran Orden Militar de Calatrava. Los caballeros de Calatrava vestían hábitos, salvo en la guerra, y juraban un voto único de obediencia, aunque en la práctica éste incluía pobreza y castidad.
El 27 de enero de 1158 nacía la Orden militar de Calatrava, la primera que emulaba en España el espíritu de sacrificio guerrero de las órdenes del Santo Sepulcro.
Los reinos cristianos, eran conscientes del peligro almohade y después de varios choques, Alfonso VIII, firma una tregua, que rompe cinco años más tarde, cuando Alfonso VIII de Castilla y León, se propone tomar Sevilla. El combate se desarrolla el 18 de Julio de 1195 en Alarcos, próximo a Ciudad Real, con una evidente inferioridad numérica del ejercito Cristiano
La batalla de Alarcos fue una humillante derrota, que confirmo las estrategias militares que llevo a la Orden del Temple, a retirarse de la Fortaleza de Calatrava.
Los ejércitos cristianos comandados por las Órdenes de Santiago y Calatrava, lanzaron una carga de caballería, plena de coraje y valentía, que consiguió romper las filas almohades.
El califa Yakub, tenía previsto el movimiento y ordeno a la caballería ligera desplazarse longitudinalmente, para efectuar un movimiento envolvente sobre las tropas cristianas, que quedaron atrapadas y sucumbieron acribilladas por un diluvio de flechas lanzadas desde el exterior. Las bajas cristianas fueron superiores a 25.000 víctimas, entre las que cuenta el Maestre de la Orden de Santiago: Sancho Fernández de Lemos.
CASTILLO DE MONZÓN
La orden de Calatrava, perdió el enigmático castillo de
Calatrava y numerosas posesiones.Años después la venganza se consumaba con la victoria de la batalla de Las Navas de Tolosa, el principio del fin del reino musulmán.
La Batalla de las Navas de Tolosa, enfrentó el 16 de Julio del 1212 a un ejército aliado cristiano formado en gran parte por las tropas castellanas de Alfonso VIII de Castilla las aragonesas de Pedro II de Aragón y las navarras de Sancho VII de Navarra contra el ejército numéricamente superior del califa almohade Muhammad- Al-Nasir en las inmediaciones de la localidad Jienense de Santa Elena.
Fue iniciativa de Alfonso VIII entablar una gran batalla contra los almohades tras haber sufrido la derrota de Alarcos en 1195. Para ello solicitó al Papa Inocencio III la predicación de una cruzada por la cristiandad prometiendo el perdón de los pecados a los que lucharan en ella. Saldada con victoria del bando cristiano, fue considerada por las relaciones de la batalla inmediatamente posteriores, las crónicas y gran parte de la historiografía como el punto culminante de la Reconquista y el inicio de la decadencia de la presencia musulmana en la península ibérica, aunque en la realidad histórica las consecuencias militares y estratégicas fueron limitadas, y la conquista del valle del Guadalquivir no se iniciaría hasta pasadas unas tres décadas.
REY ALFONSO VIII DE CASTILLA
Los almohades, gente dura, le dio al rey Alfonso VIII de
Castilla una paliza de padre y muy señor mío en la batalla de Alarcos. El rey
castellano se lo tomó a pecho, y no descansó hasta que pudo montarles la
recíproca a los moros en las Navas de Tolosa, que fue de mucha trascendencia
por varios motivos. En primer lugar, porque allí se frenó aquella oleada de
radicalismo guerrero-religioso islámico. En segundo, porque con mucha habilidad
el rey castellano logró que el papa lo proclamase cruzada contra los sarracenos,
para evitar así que, mientras se enfrentaba a los almohades, los reyes de
Navarra y León -que, también para variar, se la tenían jurada al de Castilla, y
viceversa- le hicieran la puñeta apuñalándolo por la espalda. En tercer lugar,
y lo que es más importante, en las Navas el bando cristiano, aparte de
voluntarios franceses y de duros caballeros de las órdenes militares españolas,
estaba milagrosamente formado por tropas castellanas, navarras y aragonesas,
puestas de acuerdo por una vez en su puta vida. Milagros de la Historia. Y nada
menos que con tres reyes al frente, en un tiempo en el que los reyes se la
jugaban en el campo de batalla. El caso es que Alfonso VIII se presentó con su
tropa de Castilla, Pedro II de Aragón, como buen caballero que era -había
heredado de su padre el reino de Aragón, que incluía el condado de Cataluña-,
fue a socorrerlo con tropas aragonesas y catalanas, y Sancho VII de Navarra,
aunque se llevaba fatal con el castellano, acudió con la flor de su caballería.
Faltó a la cita el rey de León, Alfonso IX, que se quedó en casa, aprovechando
el barullo para quitarle algunos castillos a su colega castellano. El caso es
que se juntaron allí, en las Navas, cerca de Despeñaperros, 27.000 cristianos
contra 60.000 moros, y se atizaron a lo bruto. La carnicería fue espantosa.
Ganaron los cristianos, pero en el último asalto. Y hubo un momento magnífico
cuando, viéndose al filo de la derrota, el rey castellano, desesperado, dijo
«aquí morimos todos», picó espuelas y cargó ciegamente contra el enemigo. Y los
reyes de Aragón y de Navarra, por vergüenza torera y no dejarlo solo, hicieron
lo mismo. Y allá fueron, tres reyes de la vieja Hispania y la futura España, o
lo que saliera de aquello, cabalgando unidos por el campo de batalla, seguidos
por sus alféreces con las banderas, mientras la exhausta y ensangrentada
infantería, entusiasmada al verlos llegar juntos, gritaba de entusiasmo
mientras abría las filas para dejarles paso.


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