Entramos en otro periodo de la historia de España y también
de Europa. El tercer período de la historia de la humanidad, es decir el que
sigue a la Edad Media se ha dado en llamar la Edad Moderna. Para algunos la
fecha la marc la caída de Constantinopla en 1453. Para nosotros el año
fundamental del cambio de era fue 1492, con el Descubrimiento de todo un
continente hasta entonces desconocido en el mundo entero.
Se coincide en el siglo XVI con el momento de máximo prestigio internacional de España como nación, el momento que ha alcanzado la máxima extensión territorial y asimismo el periodo de mayor poder económico que jamás hasta entonces había conocido el país. Capitanes y diplomáticos, mercaderes y obispos españoles cumplen la labor de difundir una cierta idea de España en los lugares más distantes. Es por esto que en el exterior, mucho más que en la propia península se comienza a hablar de España como de un Estado unificado y homogéneo, y no como una reunión más o menos azarosa de diversos reinos y territorios, como lo fue en el siglo anterior. Esa España moderna se sostiene casi exclusivamente extrayendo recursos humanos y financieros de las entrañas de Castilla y de la explotación de los territorios americanos.
Sería posible decir que Enrique IV de Castilla y Juan II de Aragón y Alfonso V de Portugal fueron los últimos reyes medievales de la península. Y sus sucesores, los Reyes Católicos, los que reinaron a caballo entre ambas edades, e incluso más aún, han sido protagonistas del desarrollo de este proceso.
Como sabemos en 1492, bendito año, se había terminado de conquistar al reino nazarí de Granada, con lo cual todo el territorio peninsular era cristiano, heredado como tal de los romanos, mil años antes. También se había descubierto un continente, aunque todavía no se sabía que esto era así. Los Reyes Católicos nunca fueron conscientes de la envergadura del Descubrimiento. Su participación en el proyecto fue muy limitada.
La herencia dejada fue complicada, por la enajenación de la hija heredera, la reina Juana que fue regentada en dos ocasiones por el cardenal Cisneros, hasta la muerte de Fernando, y cuando llegó Carlos de Habsburgo la cuestión se dilucidó.
Se coincide en el siglo XVI con el momento de máximo prestigio internacional de España como nación, el momento que ha alcanzado la máxima extensión territorial y asimismo el periodo de mayor poder económico que jamás hasta entonces había conocido el país. Capitanes y diplomáticos, mercaderes y obispos españoles cumplen la labor de difundir una cierta idea de España en los lugares más distantes. Es por esto que en el exterior, mucho más que en la propia península se comienza a hablar de España como de un Estado unificado y homogéneo, y no como una reunión más o menos azarosa de diversos reinos y territorios, como lo fue en el siglo anterior. Esa España moderna se sostiene casi exclusivamente extrayendo recursos humanos y financieros de las entrañas de Castilla y de la explotación de los territorios americanos.
Sería posible decir que Enrique IV de Castilla y Juan II de Aragón y Alfonso V de Portugal fueron los últimos reyes medievales de la península. Y sus sucesores, los Reyes Católicos, los que reinaron a caballo entre ambas edades, e incluso más aún, han sido protagonistas del desarrollo de este proceso.
Como sabemos en 1492, bendito año, se había terminado de conquistar al reino nazarí de Granada, con lo cual todo el territorio peninsular era cristiano, heredado como tal de los romanos, mil años antes. También se había descubierto un continente, aunque todavía no se sabía que esto era así. Los Reyes Católicos nunca fueron conscientes de la envergadura del Descubrimiento. Su participación en el proyecto fue muy limitada.
La herencia dejada fue complicada, por la enajenación de la hija heredera, la reina Juana que fue regentada en dos ocasiones por el cardenal Cisneros, hasta la muerte de Fernando, y cuando llegó Carlos de Habsburgo la cuestión se dilucidó.
CARLOS I
Cuando muere en 1516 Fernando el Católico, dejando vacante la corona de Aragón, y la corona castellana en manos de doña Juana, recluida debido a su enajenación mental, y convertía a su hijo Carlos en gobernador del reino de Castilla aunque en realidad todo el poder quedaba en sus manos.
La llegada de Carlos de Habsburgo supuso el principio de un nuevo poder imperial en Europa. A la suma de las herencias continentales de los Habsburgo y la monarquía española, se añadieron las conquistas en América, que arriesgados capitanes españoles iban agregando con mucho sacrificio.
En el siglo XVI, los dominios españoles habían alcanzado la mayor extensión territorial de su historia. Los romanos, el mayor Imperio hasta entonces conocido habían dominado unos 3,5 millones de kilómetros cuadrados. El Imperio Español llegó a tener alrededor de los 20 millones de kilómetros cuadrados, entendiendo que los territorios se les consideraba tierra española, no colonias, como lo hicieron otras potencias. Es por esto que en el exterior, mucho más que en la península, se habla de España como un Estado unificado y homogéneo, y no como una reunión más o menos azarosa de diversos reinos y territorios.
El mantenimiento del Imperio sería la razón de ser de toda la gestión del monarca austríaco y sus sucesores. España consolidaría su importancia al ponerse como protector máximo de la religión cristiana y cercano al papa.
FELIPE II
Los Habsburgo ocupaban el trono Imperial de Austria desde 1279. Ya Maximiliano I consiguió el Franco Condado y los Países Bajos. A esto suma su hijo Felipe el hermoso, tras su boda con Juana de Castilla, el imperio español. Murió pronto Felipe y heredó Carlos I de España el Imperio en 1517, con su madre Juana I que no participó en el gobierno. A partir de entonces pasarían doscientos años de la casa de Austria en España, sumando unos cambios impensables para los tiempos de los RR. CC.
“A ellos les debemos todo” sentenció una vez Felipe II, al hablar de Isabel y Fernando. Y no le faltaba razón, porque dejaron una sólida base. Unos fundamentos de unidad y religión de marcado acento español. Y también con el centralismo, una monarquía absolutista, como es lógico en ese tiempo.
Los Habsburgo ocupaban el trono Imperial de Austria desde 1279. Ya Maximiliano I consiguió el Franco Condado y los Países Bajos. A esto suma su hijo Felipe el hermoso, tras su boda con Juana de Castilla, el imperio español. Murió pronto Felipe y heredó Carlos I de España el Imperio en 1517, con su madre Juana I que no participó en el gobierno. A partir de entonces pasarían doscientos años de la casa de Austria en España, sumando unos cambios impensables para los tiempos de los RR. CC.
“A ellos les debemos todo” sentenció una vez Felipe II, al hablar de Isabel y Fernando. Y no le faltaba razón, porque dejaron una sólida base. Unos fundamentos de unidad y religión de marcado acento español. Y también con el centralismo, una monarquía absolutista, como es lógico en ese tiempo.
Castilla contaba ya con un poder real centralizado que
representó el eje de la monarquía sobre el que Carlos se apoyó para aclimatarse
a un país que lo acogió y secundó en sus empresas. Bien es cierto que al
principio, hubo problemas, las revueltas castellanas y las de las germanías,
con hechos sangrientos. Pero supo el monarca imponerse y tomar a España como su
tierra, como el propósito primero de su vida política y militar. Profundamente
religioso, fue un paladín de la fe católica y le tocó lidiar y luchar contra
los reformistas.
Martín Lutero, nacido en lo que hoy es Alemania en noviembre de 1483, es el iniciador del protestantismo con sus “95 Tesis” del 31 de octubre de 1517.
Nuestro Carlos I era el Carlos V del Sacro Imperio Romano Germano. Nótese que decimos “Sacro”, es decir sagrado, con lo cual era el Emperador, continuador de la obra de Carlomagno, de protección a la Iglesia de Roma, a la Santa Sede.
Martín Lutero, nacido en lo que hoy es Alemania en noviembre de 1483, es el iniciador del protestantismo con sus “95 Tesis” del 31 de octubre de 1517.
Nuestro Carlos I era el Carlos V del Sacro Imperio Romano Germano. Nótese que decimos “Sacro”, es decir sagrado, con lo cual era el Emperador, continuador de la obra de Carlomagno, de protección a la Iglesia de Roma, a la Santa Sede.
FELIPE IV
También era el rey de España, de todos sus reinos, y por lo tanto de América.
Y esto marcó su vida y la de sus descendientes, por lo tanto la de España.
Los reyes españoles de la Edad Moderna recibieron todo el esplendor y el territorio conseguido, y también las luchas de religión y la constante variación de las sociedes, su cultura, sus ejércitos y sus ambiciones.
También era el rey de España, de todos sus reinos, y por lo tanto de América.
Y esto marcó su vida y la de sus descendientes, por lo tanto la de España.
Los reyes españoles de la Edad Moderna recibieron todo el esplendor y el territorio conseguido, y también las luchas de religión y la constante variación de las sociedes, su cultura, sus ejércitos y sus ambiciones.
FELIPE V 1700-1746
El periodo abarca desde la llegada de Carlos I (1517), hasta la muerte de Carlos III (1788). Su hijo Carlos IV se encuentra demasiado pronto con la Revolución Francesa (1789), y el rápido ascenso del ambicioso Napoleón.

.webp)






No hay comentarios:
Publicar un comentario