Ya Isabel la Católica, con una visión de estadista que
asombra todavía hoy, dejó dispuesto en su testamento: “Mando a la dicha
Princesa, mi hija e al dicho Príncipe, su marido, e a los Reyes que después de
ella sucederán en mis Reinos, que siempre tengan en la Corona o Patrimonio real
de ellos la dicha ciudad de Gibraltar, con todo lo que le pertenece e no le den
ni enajenen, ni consientan dar ni enajenar cosa alguna de ella”.
La Guerra de Sucesión por la corona de España que heredó Felipe V, por testamento de Carlos II, se inició por la pretensión del Archiduque Carlos de Habsburgo, teniendo España y Francia una guerra de 13 años casi con toda Europa. Dentro de la guerra de Sucesión se proclamó rey cuando tomó la plaza de Madrid, (1706 -1710), como Carlos III, (no confundir con el Borbón) aunque finalmente fue derrotado por Felipe V. Terminó cuando el archiduque fue candidato en 1711 a ser Emperador del Sacro Imperio Germano Romano.
La Guerra de Sucesión por la corona de España que heredó Felipe V, por testamento de Carlos II, se inició por la pretensión del Archiduque Carlos de Habsburgo, teniendo España y Francia una guerra de 13 años casi con toda Europa. Dentro de la guerra de Sucesión se proclamó rey cuando tomó la plaza de Madrid, (1706 -1710), como Carlos III, (no confundir con el Borbón) aunque finalmente fue derrotado por Felipe V. Terminó cuando el archiduque fue candidato en 1711 a ser Emperador del Sacro Imperio Germano Romano.
Los aliados europeos vieron que podría volverse en su contra la situación, porque Carlos dominaría toda Europa, como lo había hecho nuestro Carlos V. Por lo que el 11 de abril de 1713 se firmaba en Utrecht el primer tratado de paz, con condiciones entre Francia, Gran Bretaña, Prusia, Portugal, el ducado de Saboya y las Provincias Unidas (aproximadamente la actual Bélgica). Como se ve, España queda excluida de este primer acuerdo. En tanto que es el botín principal que se disponen a despojar y repartirse las potencias beligerantes, Inglaterra le reserva un tratamiento especial y aislado.
Tres meses después, los representantes de Felipe V, retenidos en París casi un año para que no interfirieran en las negociaciones entre Francia e Inglaterra, con la excusa de que necesitaban un pasaporte para ir a Utrecht, se incorporaban al acuerdo con la firma del tratado entre Gran Bretaña y España.
Merced a ese acuerdo, Gran Bretaña recibía Gibraltar y Menorca, así como amplias ventajas comerciales en el imperio español, haciéndose con el monopolio del asiento de negros, es decir, la trata de esclavos, que fue concedido a la South Sea Company, gracias al cual podía enviar a América un total de 144.000 esclavos durante treinta año y el llamado navío de permiso anual, un barco de 500 toneladas autorizado a transportar bienes y mercancías libres de aranceles a las colonias españolas.
"Para España, el Tratado de Utrech supone su definitiva colocación como un país “menor” en Europa y el mundo" Pero esto era sólo el principio de las concesiones que se iban a exigir a la monarquía hispánica. Felipe V debe ceder el Reino de Sicilia a la Casa de Saboya, la cadena de fortalezas en el norte de Bélgica a Holanda, la ciudad de Brandemburgo a Prusia, los Países Bajos españoles, el Milanesado, el reino de Nápoles, Flandes y Cerdeña a Austria.
Un auténtico nuevo diseño territorial de Europa hecho a costa de España. El equilibrio de poderes en la Europa continental, máxima aspiración de Inglaterra para evitar el surgimiento de una potencia hegemónica europea capaz de rivalizar con ella, quedó asegurado, mientras que en el mar.
Gran Bretaña con la toma de Menorca y Gibraltar se convierte en la nueva potencia naval del Mediterráneo. Un poder asumido a costa de España y que ya no abandonará en los dos siguientes siglos.
Para España, por contra, el Tratado de Utrech supone su definitiva colocación como un país “menor” en Europa y el mundo a pesar de que sigue disponiendo del mayor imperio colonial de la época, con la consiguiente pérdida de una voz propia en los asuntos internacionales. A partir de 1713, la política exterior española será poco más que un apéndice de los intereses franceses.
En 1802, dentro del tratado de Amiens, los ingleses devuelven Menorca, pero no Gibraltar.
Al ceder Gibraltar, y con ello el reconocimiento explícito de la presencia de una base militar y una colonia extranjera en su territorio, es la máxima expresión del grado de postración, sometimiento, dependencia e intervención exterior que ha vivido nuestro país en los tres últimos siglos.
En última instancia, los Tratados de Utrecht permitieron al Reino Unido ocupar el papel de árbitro europeo manteniendo un equilibrio territorial basado en su poder en Europa con su hegemonía marítima. Un poder asumido a costa de España y que ya no abandonará en los dos siguientes siglos.
CAÍDA DE BARCELONA
En noviembre de 1713 se publicaba a instancias de la Junta de Brazos un folleto titulado “Despertador de Cataluña” en el que se justificaba la decisión de seguir resistiendo y en el que no se defendía la secesión de Cataluña sino el mantenimiento del modelo "federal" de la monarquía compuesta por lo que apelaba a la preservación de las “Leyes federales y fundamentales de la monarquía” y a la lucha por “la libertad de España”. Al año siguiente en otro impreso, titulado “Lealtad catalana” se afirmaba que “después de la defensa de la honra de Dios, no hay causa más justa que la de la Patria y sus Libertades” Tras proclamar otra vez que la lucha de Cataluña era por la “libertad de España”. Con lo cual se demuestra que no era una lucho independentista. La caída de Barcelona se produjo el 11-de septiembre de 1714. Hoy se conmemora “la Diada”, pero fue una derrota de catalanes Austracista contra felipistas.
Mallorca, Ibiza y Formentera cayeron diez meses más tarde, el 11 de julio de 1715.
Uno de los episodios más sangrientos en la historia del peñón de Gibraltar fue el asedio, ocurrido entre 1779 y 1783. Durante este asedio, los defensores trazaron una red de túneles excavando en la roca del peñón para conseguir poner sus cañones en mejor situación, logrando la superioridad logística frente al abrumador número de españoles que ejecutaban el asedio.
ARCHIDUQUE CARLOS DE HABSBURGO
El Peñón de Gibraltar recibió el status de Colonia Británica
durante el año 1830, y una de las cláusulas del Tratado de Utrecht fue que
España tendría preferencia en caso de que Gran Bretaña decidiese vender o donar
el peñón, aunque esta situación de momento no parece posible por su situación
estratégica.No obstante, el tratado otorgaba plena potestad a los británicos sobre el suelo a perpetuidad, la ciudad, el puerto y las fortalezas, pero no se decía nada sobre el espacio aéreo o las aguas que la rodean, así que hasta hoy se ha marcado la frontera marítima como antiguamente, es decir, a la distancia que llegue una bala de cañón disparada desde la costa.


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