Sabemos que España fue ocupada pacíficamente por el ejército del emperador Napoleón según el Tratado de Fontainebleau de 1801. Pero llegado el momento sustituyó al rey, y se hizo por las bravas con los mandos.
Es verdad que al llegar los franchutes, España estaba corrompida, su corte era degenerada, y los afrancesados, que eran unos españoles que querían lo mejor para su país, vieron en Napoleón la esperanza de que ese deseo se convirtiera en realidad. La realidad histórica, mil veces contada y mil veces ocultada es que se demostró, una y otra vez, que el cambio no ha de ser forzado ni con ideas y sistemas ajenos a nuestra forma de ser. Y como las ideas del extranjero en realidad iban más allá de lo que se mostraba, España necesitó a su Ejército para devolver al pueblo, la ansiada paz y tranquilidad, el trabajo el honor y el orgullo robado a sus hogares por los ejércitos franceses de ocupación.
La batalla de Bailén supuso la primera derrota en la
historia del potentísimo e invencible ejército napoleónico. El combate tuvo
lugar el 19 de julio de 1808, en él se enfrentaron el cuerpo de ejército
francés del general Dupont con 21.000 soldados, frente al ejército español del
general Castaños, con 24.000 efectivos. Los franceses fueron derrotados. La
Batalla de Bailén, desde el punto de vista puramente militar, demostró a los
generales españoles como vencer a los franceses. Aquella batalla representó que
Napoleón no era invencible y que sus ejércitos podían ser derrotados en el
campo de batalla. Bailén fue un triunfo del Real Ejército heredado de la
Ilustración, con sus virtudes y defectos; apoyado por miles de campesinos,
comerciantes y artesanos. Dupont y sus oficiales fueron puestos en libertad
pero tuvieron que marchar a Francia. José I tuvo que abandonar la Corte de
Madrid y dirigirse a Navarra. Esto, evidentemente enfureció a Napoleón que
regresó a España con su ejército de veteranos combatientes. unos 300.000
soldados galos ocuparon de nuevo toda España derrotando al resto de las
unidades militares del ejército español. Napoleón volvió a poner en el Trono a
José y mantuvo en España a una potente fuerza militar para consolidar la Corona
de José I.
Los ejércitos franceses se enfrentaron en 1808 a los españoles en las batallas de Gamonal, Tudela, Somosierra, Espinosa y el Bruch, y llevaron a cabo el primer sitio de Gerona y Zaragoza. Los combates que se llevaron a cabo en los sitios de Zaragoza y Gerona parecían más bien epopeyas que de combates de las Guerras Napoleónicas del siglo XIX. Los combates calle por calle, casa por casa, cuerpo a cuerpo, con bayonetas, azadas, machetes, espadas y toda clase de armas imaginables de la época, en las que los hombres murieron a miles por salvar un ciudad española.
Miles de vidas se perdieron inútilmente en campo abierto Las
filas españolas aglutinadas por una amalgama de comerciantes, artesanos y
campesinos faltos de preparación militar y de armas, los cuales difícilmente
hubieran podido resistir la carga de la caballería pesada francesa y de su
artillería. Zaragoza y Gerona, en sus errores, costaron la vida a miles de
españoles, pero también desgastaron a los ejércitos franceses, poco
acostumbrados a este tipo de lucha de guerrilla urbana. En Gamonal y Espinosa de
los Monteros se había destruido por completo la estructura defensiva del
ejército español en apenas un mes. 1811 fue un año de lamentables y
catastróficas derrotas para el ejército español y sus aliados en la Península;
sin olvidarnos de la toma por las tropas imperiales francesas de Tarragona,
Tortosa, Sagunto o Valencia, donde las tropas Imperiales capturaron la ciudad y
con ella a unos 20.000 defensores. El último ejército en campaña español que
podía hacer frente a los franceses había sido derrotado al capturarse la ciudad
de Valencia. Tarragona, también fue otro desastre, en la ciudad murieron
durante el sitio 15.000 defensores frente a tan sólo 1.000 franceses. En
Tortosa, los franceses tomaron la ciudad tras aplastar la resistencia de sus
más de 7.000 defensores. Los desastres no vinieron solos, y evidentemente la
tragedia de Extremadura, aún fue peor; El triunfo del mariscal Soult había sido
asombroso y demostraba una y otra vez, la inmensa superioridad táctica y
técnica de los ejércitos franceses. En apenas dos meses había destruido el
ejército español de Extremadura con casi 20.000 soldados y capturando Olivenza
y Badajoz, dos importantes plazas que aseguraban la frontera con Portugal.
La defensa de Madrid se rindió el 3 de diciembre de 1808. Desde su Cuartel General en Chamartín, Napoleón emitió medidas de la Ilustración para ganarse la confianza. Pero era muy difícil que Napoleón pudiese atraerse las simpatías del pueblo español; principalmente porque desde el 2 de mayo había corrido mucha sangre y las tropas imperiales habían provocado demasiados desmanes, violaciones y asesinatos de mujeres y niños indefensos; saqueos de ciudades y poblaciones, sin olvidarnos de los indiscriminados incendios en las iglesias.
Los ejércitos españoles prácticamente habían dejado de
existir, las unidades dispersadas se unieron a la guerrilla. En España se llevó
a cabo un tipo de lucha a la que los franceses no estaban acostumbrados. Sus
ejércitos se batían en campo abierto a otros ejércitos en las mismas
condiciones que exigían los reglamentos de la guerra. Pero se encontraron con
una guerra a la que no supieron vencer. Los españoles que lucharon y murieron
entre 1808 y 1814, combatieron por su patria y por sí mismos, para expulsar a
un ejército invasor que sojuzgaba a España.
Entre 1809 y 1813 una serie de derrotas militares francesas en Europa, exceptuando la expedición de José a Andalucía llevará a la derrota de los franceses en España. Evidentemente la llegada de los ejércitos ingleses de Wellington a la Península, junto con las tropas portuguesas y el reorganizado ejército español a través de la Junta Suprema Central acabarán por derrotar a los napoleónicos. Las Batallas de Albuera, Arapiles, Vitoria y San Marcial conducirán a la huida de José I de España con el resto de su ejército y un séquito de cerca de 15.000 españoles que huirán al exilio. En la Guerra de la Independencia hubo infinidad de combates victorias y derrotas, pero la derrota más catastrófica del ejército español en toda sus historia militar, fue la Batalla de Ocaña; en la que el Ejército de La Mancha, bajo el mando del general Areizaga con unos 54.000 soldados fue aniquilado por un ejército francés. Capturaron a unos 15.000 soldados, que fueron paseados por Madrid, para dar una lección a los madrileños, de esa manera el pueblo español se lo pensaría dos veces a la hora de levantar un ejército contra su nuevo rey José I y el Emperador Napoleón.
La guerrilla nació como fruto de las incapacidades de las unidades regulares del ejército español ya muy mermadas. Eran una quimera en las batallas a campo abierto, donde la superioridad enemiga era aplastante. Los guerrilleros no podían enfrentarse a las líneas de fusilería francesa, apoyada por su amplia artillería y su caballería pesada por los flacos a campo abierto, ya que hubiesen sido barridos en una sola batalla. A los españoles, tan sólo les quedaba un única opción, militarizar las partidas guerrilleras, bajo el mando de cuadros de oficiales regulares del ejército y apoyadas por la intendencia británica; en armas, equipos, caballos, utensilios, comida, víveres y uniformes, como el fue el caso del Regimiento de Caballería de Almansa que fue creado íntegramente por Inglaterra. En 1810, el ejército francés requirió a más de 50.000 soldados para combatir a la guerrilla, lo que reducía a los ejércitos franceses en campaña contra los ejércitos de la coalición hispano-anglo-portuguesa. Aquello comportará la invasión de los ejércitos de la coalición hispano-anglo-portuguesa de Francia y el posterior Tratado de Valençay en 1813, que conllevaría el regreso del rey español Fernando VII a España y el fin de la guerra.
Una guerra que había causado un millón de muertos en total, y la agonía de Francia y su Imperio. España entraba en declive, y aquella nación maltrecha y agonizante se encaminaba hacia un siglo muy turbulento de guerras civiles, cambios de gobierno, perdida de las colonias de ultramar, golpes de estado, la caída de la monarquía y la proclamación de una República. Sabemos que no hace tanto nuestros antepasados derramaron mucha sangre. Cuando la Patria en peligro les reclamó, y como tal entregaron sus vidas en las gestas más heroicas de nuestra historia.

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