El 5 de junio de 1465, los nobles opositores al rey pusieron
de manifiesto su pretensión: sustituir en el trono al rey Enrique IV por el
príncipe Alfonso, su hermano de padre.
La ciudad de Ávila fue testigo de la deposición simbólica de Enrique, encarnado en un pelele de paja al que quitaron sus símbolos de poder, coronando en su lugar al príncipe Alfonso, un niño de 11 años. Por lo tanto en Castilla había dos reyes, enemigos y hermanos de padre. Este acto es conocido como la “Farsa de Ávila”.
La ciudad de Ávila fue testigo de la deposición simbólica de Enrique, encarnado en un pelele de paja al que quitaron sus símbolos de poder, coronando en su lugar al príncipe Alfonso, un niño de 11 años. Por lo tanto en Castilla había dos reyes, enemigos y hermanos de padre. Este acto es conocido como la “Farsa de Ávila”.
RECREACIÓN DE LA "FARSA DE ÁVILA"
El rey Enrique no reaccionó como era de esperar, ajusticiando a los nobles rebeldes o tomando represalias contra ellos. En su lugar, decidió conceder un perdón magnánimo a los jefes de la oposición. Por otra parte, escribió al Papa Paulo II una carta relatando los acontecimientos que se estaban desarrollando en Castilla, además de un alegato preparado por sus letrados como defensa de su persona y su gobierno.
Isabel ya entonces pensó que la propia vida de ser hermano corría peligro. Amenazaba el presagio de una guerra civil. El rey Enrique tenía sus partidarios. El más leal los nobles de la casa Mendoza.
De esta forma es
que estalla una guerra que terminará tres años después, en 1468. Alfonso reinó incluso con el nombre de Alfonso XII durante
tres años. Fue un títere en manos del marqués Pacheco y no fue seguido por
muchos castellanos que seguían fieles a Enrique IV.
Pero tuvo una corte con
actividad cultural a la que acudían caballeros de renombre.
ISABEL EN EL BAILE DE MOMOS
Pasado el invierno de 1465 a 1466 era evidente que ambos
bandos no estaban en condiciones de obtener la victoria.Mientras tanto, continuaba la guerra, y Pacheco sabedor que no podría asaltar la fortaleza de Segovia, ofreció al rey Enrique una propuesta de paz. Eliminaría al rival (Alfonso) de la escena política. Y por el contrario el rey debía alejar de la corte a los Mendoza y fundamentalmente a Beltrán de la Cueva y devolvería a él los cargos que había ostentado y a la vez ofrecería a Isabel para casarla con su hermano, Pedro Girón.
Éste era un hombre bruto, ya maduro para Isabel, freire incapaz de cumplir sus votos de castidad por ser maestre de Calatrava, padre de bastardos, ambicioso y hombre violento. Enrique dio su consentimiento. Y también lo hizo Alfonso como heredero. Isabel se encomendó a la protección de Dios, según la espiritualidad que le habían enseñado.
En el viaje de vuelta Girón se sintió enfermo y sorpresivamente murió en abril de 1466. Sucesos como este fortalecieron a Isabel en la fe, ya que en su biografía encontramos más de uno. Isabel adoptó una actitud pasiva, tampoco podía hacer mucho.
ISABEL ES ACONSEJADA POR GONZALO CHACÓN
La muerte de Pedro Girón detuvo toda negociación y prosiguió la guerra.
En el mes de agosto de 1467 ambos bandos se enfrentaron en Olmedo, conocida como la Segunda Batalla de Olmedo. Realmente ninguno fue vencedor claro, pero Enrique no se atrevió a proclamar su victoria ante sus tropas marchándose antes de tiempo, cosa que si hizo Alfonso aconsejado por su valedor, experto en asuntos militares, Gonzalo Fernendez de Córdoba. Se dice que en realidad en que combatió con la armadura de Alfonso fue Gonzalo, (el que sería El Gran Capitán), su protector, e indujo a Alfonso a declararse vencedor.
Las cosas se complican y entra en el asunto el papa Paulo II como pacificador. Encarga las negociaciones a Antonio de Veneris, nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma, con plenos poderes. Pronto sentenció que la legitimidad de la corona pertenecía a Enrique IV y las cosas debían volver a como estaban en 1464. Es decir que Alfonso volvería a ser infante, pero recordemos que había sido proclamado Príncipe de Asturias, es decir heredero a la corona, lo que desplazaba a la hija del rey, Juana.
Mientras siguen las negociaciones, Pacheco pierde la batalla en Toledo. Con lo cual decide hacerse con Segovia, plaza muy difícil de tomar, tanto la ciudad como la fortaleza. Pero hábil y astuto consigue, como dijo, que las puertas se abran desde dentro, es decir que había sobornado a algunos hombres. Con lo cual entra en Segovia tomando la ciudad, no sin resistencia, pero con éxito. No lo consigue con el Alcázar defendido por Cabrera.
La muerte de Pedro Girón detuvo toda negociación y prosiguió la guerra.
En el mes de agosto de 1467 ambos bandos se enfrentaron en Olmedo, conocida como la Segunda Batalla de Olmedo. Realmente ninguno fue vencedor claro, pero Enrique no se atrevió a proclamar su victoria ante sus tropas marchándose antes de tiempo, cosa que si hizo Alfonso aconsejado por su valedor, experto en asuntos militares, Gonzalo Fernendez de Córdoba. Se dice que en realidad en que combatió con la armadura de Alfonso fue Gonzalo, (el que sería El Gran Capitán), su protector, e indujo a Alfonso a declararse vencedor.
Las cosas se complican y entra en el asunto el papa Paulo II como pacificador. Encarga las negociaciones a Antonio de Veneris, nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma, con plenos poderes. Pronto sentenció que la legitimidad de la corona pertenecía a Enrique IV y las cosas debían volver a como estaban en 1464. Es decir que Alfonso volvería a ser infante, pero recordemos que había sido proclamado Príncipe de Asturias, es decir heredero a la corona, lo que desplazaba a la hija del rey, Juana.
Mientras siguen las negociaciones, Pacheco pierde la batalla en Toledo. Con lo cual decide hacerse con Segovia, plaza muy difícil de tomar, tanto la ciudad como la fortaleza. Pero hábil y astuto consigue, como dijo, que las puertas se abran desde dentro, es decir que había sobornado a algunos hombres. Con lo cual entra en Segovia tomando la ciudad, no sin resistencia, pero con éxito. No lo consigue con el Alcázar defendido por Cabrera.
Recordemos que Isabel no vivía en palacio, sino en la ciudad
y por lo tanto se convierte en rehén de Pacheco y del arzobispo Alfonso
Carrillo, que era otro personaje de cuidado, muy poderoso y que también había
participado en la Farsa de Ávila, contrario al rey. Lo único bueno para nuestra
Isabel es que se reuniría con su hermano y ambos fueron ver a su madre.
El pérfido marques Pacheco despidió a Beatriz y otras mujeres cercanas a Isabel, con lo cual ésta fue en busca de Carrillo, recién promovido a Duque de Alba, y le puso delante un papel para su firma, jurando por su honor que empeñaba su palabra de no consentir que se impusiese a ella un matrimonio mientras ella libremente no diera su voluntad. Poca garantía era un papel en tiempos tan revueltos, pero la palabra de un primado de España era algo muy serio.
Aquí es donde los hermanos se reúnen con su madre y celebran el cumpleaños de Alfonso, entre otras con una representación de “momos”, una pieza de baile y recitado, en la que participó la propia Isabel, con otras jóvenes, bailando y vestidas como hadas. El propio Jorge Manrique dio fe de la brillantez de la corte. Recordemos que en esos días al hermano de Isabel, Alfonso, lo habían proclamado rey de Castilla.
Alfonso en agradecimiento le ofreció a su hermana el señorío de Medina del Campo, uno de los mandos de la voluntad de su padre. Así es como Medina entró a formar parte en marzo de 1468 de la vida de Isabel, para no desprenderse jamás de la villa, hasta el momento de su muerte.
El alojamiento que buscó en la villa no fue el castillo de la Mota, como se cree, sino un palacio, edificio que no merece siquiera ese nombre, situado junto a la Iglesia de San Antolín.
El pérfido marques Pacheco despidió a Beatriz y otras mujeres cercanas a Isabel, con lo cual ésta fue en busca de Carrillo, recién promovido a Duque de Alba, y le puso delante un papel para su firma, jurando por su honor que empeñaba su palabra de no consentir que se impusiese a ella un matrimonio mientras ella libremente no diera su voluntad. Poca garantía era un papel en tiempos tan revueltos, pero la palabra de un primado de España era algo muy serio.
Aquí es donde los hermanos se reúnen con su madre y celebran el cumpleaños de Alfonso, entre otras con una representación de “momos”, una pieza de baile y recitado, en la que participó la propia Isabel, con otras jóvenes, bailando y vestidas como hadas. El propio Jorge Manrique dio fe de la brillantez de la corte. Recordemos que en esos días al hermano de Isabel, Alfonso, lo habían proclamado rey de Castilla.
Alfonso en agradecimiento le ofreció a su hermana el señorío de Medina del Campo, uno de los mandos de la voluntad de su padre. Así es como Medina entró a formar parte en marzo de 1468 de la vida de Isabel, para no desprenderse jamás de la villa, hasta el momento de su muerte.
El alojamiento que buscó en la villa no fue el castillo de la Mota, como se cree, sino un palacio, edificio que no merece siquiera ese nombre, situado junto a la Iglesia de San Antolín.
CASTILLO DE LA MOTA
En el mes de julio de 1468 muere repentinamente Alfonso. Muchas murmuraciones hubo, pero no se sabe nada concreto.
La guerra por la corona había terminado.
Isabel se había salvado de casarse con salva de casarse con un indeseable. Pedro Girón, que no merecía ser rey de Castilla. Su hermano había muerto y Juana había sido desplazada por Antonio de Veneris, nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma, con plenos poderes.
Sabemos que el rey Enrique es un hombre proclive a pactar antes que luchar. Es como si la divina providencia señalara a Isabel que había sido la tercera persona en línea de sucesión ahora era posible que fuera reina. Hoy estamos en condiciones de saber los sucesos que se produjeron entre julio y septiembre de aquel trascendental año de 1468, gracias a los trabajos de investigación de los rigurosos historiadores Isabel de Val y Juan Torres Fontes.
No es cierto que Isabel enseguida haya querido proclamarse reina a la muerte de su hermano. Si es cierto que tenía partidarios de Isabel y contrarios a su hermano Enrique. Pero ella debía instalarse en una postura de legitimidad de origen, que en Castilla dependía del nacimiento y de la aceptación por parte del reino. Había dos argumentos extremos, obediencia a Enrique y rechazar el posible derecho de la hija, Juana. Por lo cual, esgrimiendo aquel documento que entre otros el obispo Fonseca y el nuncio papal habían redactado en nombre del papa, y era ley, no se reconocía a Juana heredera, sino Alfonso, y muerto éste, sería Isabel la heredera. Además, Isabel ya entonces calculó que si Juana reinaba, podría casarse con algún heredero de Portugal, ya que su madre, Juana de Avis, era hermana del rey de Portugal, y la corona de Castilla pasaría a manos portuguesas.
En el mes de julio de 1468 muere repentinamente Alfonso. Muchas murmuraciones hubo, pero no se sabe nada concreto.
La guerra por la corona había terminado.
Isabel se había salvado de casarse con salva de casarse con un indeseable. Pedro Girón, que no merecía ser rey de Castilla. Su hermano había muerto y Juana había sido desplazada por Antonio de Veneris, nuncio papal ante la corte de Enrique IV y embajador de este en Roma, con plenos poderes.
Sabemos que el rey Enrique es un hombre proclive a pactar antes que luchar. Es como si la divina providencia señalara a Isabel que había sido la tercera persona en línea de sucesión ahora era posible que fuera reina. Hoy estamos en condiciones de saber los sucesos que se produjeron entre julio y septiembre de aquel trascendental año de 1468, gracias a los trabajos de investigación de los rigurosos historiadores Isabel de Val y Juan Torres Fontes.
No es cierto que Isabel enseguida haya querido proclamarse reina a la muerte de su hermano. Si es cierto que tenía partidarios de Isabel y contrarios a su hermano Enrique. Pero ella debía instalarse en una postura de legitimidad de origen, que en Castilla dependía del nacimiento y de la aceptación por parte del reino. Había dos argumentos extremos, obediencia a Enrique y rechazar el posible derecho de la hija, Juana. Por lo cual, esgrimiendo aquel documento que entre otros el obispo Fonseca y el nuncio papal habían redactado en nombre del papa, y era ley, no se reconocía a Juana heredera, sino Alfonso, y muerto éste, sería Isabel la heredera. Además, Isabel ya entonces calculó que si Juana reinaba, podría casarse con algún heredero de Portugal, ya que su madre, Juana de Avis, era hermana del rey de Portugal, y la corona de Castilla pasaría a manos portuguesas.



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