CRUZADA ALBIGENSE
La Iglesia Católica ha lanzado una
cruzada contra los cátaros, (también conocidos como albigenses) fueron los integrantes
de un movimiento religioso cristiano de carácter gnóstico y dualista que se
desarrolló en Europa occidental, principalmente en el sur de Francia
(Occitania/Languedoc) entre los siglos XII y XIV.
OCCITANIA-LANGUEDOC
Denunciaban la riqueza, la corrupción y el poder feudal del
clero católico, al que consideraban apartado del verdadero mensaje de CristoEl 2 de septiembre de 1213 en la llanura de Muret, a orillas del río Garona, condado de Tolosa, actual sur de Francia se desarrolló la batalla. La Cruzada Albigense, la guerra más brutal del siglo XIII, está a punto de decidirse para siempre. Simón de Montfort, el barón francés que ha dirigido la cruzada durante cuatro años, el hombre que ha masacrado a los cátaros de Béziers, que ha tomado Carcasona, que ha arrasado el Languedoc, que ha recibido del Papa las tierras conquistadas, tiene un ejército de unos novecientos caballeros franceses, más la infantería, más los cruzados, más los clérigos, más los mercenarios, unos diez mil hombres en total, acampados en Muret, sitiados por el ejército del rey Pedro II de Aragón, que ha cruzado los Pirineos para defender a sus vasallos occitanos, para detener la cruzada, para salvar la independencia del sur. Pedro II de Aragón, el rey católico que ha luchado contra los musulmanes en Las Navas de Tolosa, el hombre que ha sido excomulgado por el Papa por defender a los herejes, tiene un ejército de unos veinte mil hombres —la flor del ejército aragonés, con la caballería pesada de los nobles, con la infantería de las comunas, con los mercenarios occitanos, con los caballeros de Tolosa, de Foix, de Cominges, de Bearne, con los refuerzos del conde de Tolosa, con los cátaros, con los ciudadanos de Toulouse, con la determinación de quienes defienden su tierra, su cultura, su libertad— y ha jurado aplastar a Simón de Montfort y expulsar a los cruzados del sur para siempre. La proporción es de dos aragoneses por cada cruzado.
Pedro II se ríe: cree que va a aplastar a ese
barón francés en una hora. Simón de Montfort también se ríe, pero por otras
razones.
Simón de Montfort ha estudiado a los aragoneses durante meses. Sabe que su ejército es enorme, pero también sabe que está mal coordinado, que los occitanos desconfían de los aragoneses, que los caballeros de Tolosa y de Foix no se ponen de acuerdo con los catalanes, que la infantería es heterogénea, que Pedro II es valiente pero imprudente, que ha cruzado el río Garona con la vanguardia, que su campamento está dividido en dos por el río, que los occitanos están en el sur, que los aragoneses están en el norte, que no hay puente, que la comunicación es difícil. Sabe que la única forma de ganar es la audacia: atacar al amanecer, sorprender a los aragoneses antes de que los occitanos crucen el río, cargar directamente contra la tienda del rey, matarlo, y ver al ejército enemigo desmoronarse sin líder. Así que hace algo que nadie espera: en lugar de esperar el asedio, deja una pequeña guarnición en Muret, cruza el río Garona en secreto durante la noche, con sus novecientos caballeros, y ataca al amanecer el campamento aragonés, justo cuando los caballeros se están armando, cuando los caballos están siendo ensillados, cuando Pedro II está en su tienda. Los aragoneses, sorprendidos, intentan formar, pero los cruzados cargan directamente contra la tienda del rey, matan a la guardia, llegan hasta Pedro II, que se ha puesto la armadura pero no ha tenido tiempo de montar a caballo. Y en el momento culminante, cuando Pedro II está solo, rodeado, cuando sus caballeros intentan llegar a él sin conseguirlo, cuando el rey de Aragón, el héroe de Las Navas, el campeón de la cristiandad, es derribado de su caballo y muerto en el barro, la batalla de Muret está decidida.
Simón de Montfort ha estudiado a los aragoneses durante meses. Sabe que su ejército es enorme, pero también sabe que está mal coordinado, que los occitanos desconfían de los aragoneses, que los caballeros de Tolosa y de Foix no se ponen de acuerdo con los catalanes, que la infantería es heterogénea, que Pedro II es valiente pero imprudente, que ha cruzado el río Garona con la vanguardia, que su campamento está dividido en dos por el río, que los occitanos están en el sur, que los aragoneses están en el norte, que no hay puente, que la comunicación es difícil. Sabe que la única forma de ganar es la audacia: atacar al amanecer, sorprender a los aragoneses antes de que los occitanos crucen el río, cargar directamente contra la tienda del rey, matarlo, y ver al ejército enemigo desmoronarse sin líder. Así que hace algo que nadie espera: en lugar de esperar el asedio, deja una pequeña guarnición en Muret, cruza el río Garona en secreto durante la noche, con sus novecientos caballeros, y ataca al amanecer el campamento aragonés, justo cuando los caballeros se están armando, cuando los caballos están siendo ensillados, cuando Pedro II está en su tienda. Los aragoneses, sorprendidos, intentan formar, pero los cruzados cargan directamente contra la tienda del rey, matan a la guardia, llegan hasta Pedro II, que se ha puesto la armadura pero no ha tenido tiempo de montar a caballo. Y en el momento culminante, cuando Pedro II está solo, rodeado, cuando sus caballeros intentan llegar a él sin conseguirlo, cuando el rey de Aragón, el héroe de Las Navas, el campeón de la cristiandad, es derribado de su caballo y muerto en el barro, la batalla de Muret está decidida.
SIMÓN DE MONTFORT
La batalla de Muret es una carnicería. Los cruzados, con la
sorpresa, con la audacia, con la velocidad, con la furia, masacran a los
aragoneses en su campamento. Los aragoneses, con la caballería pesada, con la
infantería, con los occitanos, resisten, pero son atrapados entre el río y los
cruzados, sin espacio para maniobrar, sin mando, sin rey, sin coordinación. Los
caballeros de Tolosa, de Foix, de Cominges, son masacrados uno a uno. La
infantería occitana, atrapada en el sur, no puede cruzar el río para salvar a
los aragoneses. Y en el momento culminante, cuando el ejército aragonés se
desmorona, cuando los occitanos huyen en desorden, cuando el conde de Tolosa
escapa a caballo, cuando el cuerpo del rey Pedro II queda en el campo, cuando
los cruzados persiguen a los fugitivos por la llanura, la batalla de Muret ha
terminado. Más de siete mil aragoneses y occitanos muertos, miles de
prisioneros, toda la artillería, todos los caballos, todos los suministros,
todo el tesoro real. Los cruzados pierden unos pocos cientos. Es la victoria
más desproporcionada de la historia de la Cruzada Albigense, y una de las más
decisivas de la historia de la humanidad. Y en Roma, cuando llegó la noticia,
el Papa Inocencio III ordenó que se cantara un Te Deum en todas las iglesias de
la cristiandad.BERNARD DÉLICIEUX Y POBLACIÓN DE CARCASONA
La batalla de Muret fue la batalla que destruyó la
independencia de Occitania y creó la Francia moderna. Pedro II de Aragón, el
rey que había ganado Las Navas de Tolosa, murió en el barro de Muret, y con él
murió el sueño de una Occitania independiente, de una cultura occitana libre,
de una Europa del sur tolerante y culta.
Una ignominia, en la Edad Media era una vergüenza matar al
rey en un combate.
Simón de Montfort se convirtió en el
dueño del Languedoc, y en los años siguientes completó la conquista del sur,
masacró a los cátaros, quemó a los herejes, destruyó las ciudades, arrasó la
cultura occitana. En 1229, en el Tratado de París, el condado de Tolosa fue
anexionado a la corona de Francia. Occitania dejó de existir como entidad
política. La lengua occitana, la lengua de los trovadores, fue prohibida, y en
los siglos siguientes fue reducida a un dialecto rural. Y en 1233, el Papa
Gregorio IX creó la Inquisición, la institución que durante seis siglos
persiguió a los herejes en toda Europa. Sin Muret, sin la victoria de Simón de
Montfort, no habría Francia tal como la conocemos, no habría Inquisición, no
habría la Europa que conocemos. Los historiadores llevan
más de ocho siglos debatiendo ya que se plaatea si fue la batalla de Muret la obra maestra de Simón de Montfort, que con novecientos
caballeros destruyó a un ejército de treinta mil en una carga sorpresa o fue el resultado del error fatal de Pedro II de Aragón, que
subestimó a los cruzados, que dividió su ejército a los dos lados del río, que
no protegió su campamento, que no previó el ataque nocturno, y que murió en el
barro cuando podía haber ganado la batalla sin luchar, esperando el asedio...
Quizá haya aspectos de la batalla que desconocemos y sean la clave para responder a este misterio
Quizá haya aspectos de la batalla que desconocemos y sean la clave para responder a este misterio



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