sábado, 23 de mayo de 2026

PIZARRO, EL DESCONOCIDO

En general, todos los conquistadores han sido muy maltratados por la historia. Los documentos sacados a la luz por el historiador Guillermo Lohmann Villena han revelado al auténtico Francisco Pizarro que no es el que presenta la infame Leyenda Negra. Pizarro tenía un objetivo muy claro, al que dedicó la mayor parte de su vida: conquistar los territorios de los que había oído hablar 20 años antes. No era una persona codiciosa ni cruel. Murió completamente arruinado. Lohmann Villena, después de muchos años de investigación, recopiló documentos que dan una imagen diferente. Es un trabajo de documentación que muy pocos historiadores han empleado

En España, realmente no se sabe nada. Si acaso la tendencia es a presentarle como el destructor del imperio inca y el hombre que superpuso una cultura sobre otra.
No conocen al auténtico Pizarro. Él reclamó con insistencia que se respetasen los territorios originales de los incas y promovió leyes para proteger a los indígenas. No quiso para nada destruir el imperio inca, como se puede comprobar en su correspondencia. En México hay rechazo y en España los conquistadores no se estudian en los colegios. Sus figuras resultan vagas. Lo que sí es cierto es que de Cortés ha habido un poco más de interés, porque contó con cronistas desde el primer momento que se dedicaron a ensalzar su gesta. De Pizarro se escribieron también sus hechos, pero sin que nadie se tomara la molestia de resaltar su figura.
En 1513 Pizarro participó en el descubrimiento del Mar del Sur junto con Núñez de Balboa. Pero cuando volvieron a Panamá se encontraron con las envidias del gobernador, Pedro Arias Dávila. Temiendo la popularidad de Balboa, el gobernador le prendió en 1518. A Pizarro, capitán del ejército de la Corona, no le quedó más remedio que detener a Núñez de Balboa. En su defensa Balboa nunca cargó contra su viejo amigo, porque sabía que solo cumplía órdenes.

“Los Trece de la isla del Gallo” (1902), óleo de Juan B. Lepiani (1864-1932), Museo Nacional de Arqueología e Historia del Perú

Pizarro murió arruinado, porque la Corona nunca auspiciaba nada. El dinero debía correr por cuenta de cada conquistador. Así es que Pizarro tuvo que organizar ejércitos y barcos por su cuenta y riesgo. Se había pasado la vida levantando ejércitos y fundando ciudades. Y desde luego no era un hombre codicioso. En general trataron bien a la población, generaron mestizaje, porque, entre otras cosas, necesitaban su mano de obra para prosperar. Aunque tradicionalmente se ha dicho lo contrario, lo cierto es que los indígenas cobraban por su trabajo, incluso en las minas. Asimismo, la mayoría de los conquistadores se mezclaron y se casaron con princesas incas. Cuando tuvo a su primera hija ya tenía 56 años, habiendo sido un solterón toda su vida. Al descubrir el Perú, Pizarro se dio cuenta de la importancia de aquel reino y entendió que había que entroncar con la población. Dio ejemplo casándose con la hermana de Atahualpa. Quería que los españoles echaran raíces y que emergiera una nueva raza. Todos los que le acompañaban hicieron lo mismo. En la muerte de Atahualpa, en aquel momento, Pizarro estaba rodeado por 50.000 guerreros indígenas y ellos eran 175. Solo si moría Atahualpa podían acabar con el ímpetu guerrero de los incas, pese a lo cual Pizarro se opuso a ejecutarlo hasta que los capitanes le forzaron a ello. En este sentido, dicen los cronistas que derramó lágrimas. Esa no es la actitud de un hombre cruel. No se puede considerar que estuviera obsesionado con la disciplina. Era un militar neto, que se formó con el Gran Capitán en Italia y que empleó sus tácticas en su empresa americana. En la batalla de Cajamarca demostró sus dotes militares. Estaba completamente rodeado y consiguió aprovechar las ventajas del terreno para salir victorioso. Cuando Atahualpa entró en la plaza fue abatido por los españoles. Pizarro terminó la jornada herido, intentando que nadie matara al dirigente capturado.
La conquista se ha contado como una forma de hallar grandes tesoros, y luego eso no correspondió con la realidad. Los conquistadores llegaron a sentirse defraudados, de ahí el mito del Dorado, que potenciaron las autoridades para quitarse de encima a esos hombres hambrientos de oro. La gente se volvía dura por la decepción, las condiciones del terreno y la frustración.

Mucha gente ha calificado a los conquistadores de genocidas. Pero genocidas fueron los ingleses. Colonizaron EE. UU. con la idea de que el mejor indio es el indio muerto, y les quitaron sus tierras. Pizarro no quiso nunca quitar sus tierras a los incas. La Corona se apoderó únicamente de los templos, las casas de los soles y de los palacios de los incas. Luego respetaron escrupulosamente las tierras de la gente. En 1542, las Leyes Nuevas de las Indias fueron el primer hábeas corpus de la historia en defensa del débil. Para nada se les puede calificar de genocidas.
Carmen Martín Rubio, historiadora, autora de "Francisco Pizarro: el hombre desconocido".
Los trece de la fama. Es un hecho bastante difundido históricamente. Pizarro decidido a  ir a Panamá, no quería obligar a sus hombres por lo cual con la punta de la espada trazó sobre la arena de la playa una raya y se dirigió a sus soldados. Señalando en dirección a Panamá, les dijo “por aquí se va a Panamá a ser pobres”, y acto seguido, apuntando a la propia isla, les dijo que allí encontrarían hambre y miseria hoy, pero riqueza y fama mañana, y les espetó: “¡los que sean valientes que me sigan!”. La mayoría de los hombres corrió a embarcarse en el navío de auxilio.
Solo trece hombres permanecieron junto al trujillano.

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