Estando en Madrigal en 1469 llegaron otra vez los embajadores franceses para volver a ofrecer a su
candidato, el de Guyena. Rechazado nuevamente por Isabel. Carrillo llegó
oportunamente y con sus fuerzas la condujo a Valladolid. Desde allí Isabel
escribió al rey explicándole que de los tres pretendientes había escogido a
Fernando, y que éste le reconocía también como su legítimo rey. Este escrito
dejaba limpia la conciencia de Isabel, pero puso en guardia al arzobispo
Carillo, que en realidad era el artífice de toda la estrategia para casar a
Isabel y Fernando.
CÁRDENAS Y FERNANDO YENDO DE INCOGNITO
Fernando
tenía dieciocho años, pero era todo un hombre, incluso iba a contar con dos
hijos bastardos concebidos antes de casarse.
Antes de
emprender el arriesgado viaje en el cual acompañaron desde Zaragoza al Rey de
Sicilia los comisionados castellanos Don Gutierre de Cárdenas y D. Alonso de
Palencia. Firmó el hijo menor del Rey de Aragón, el juramento. “Juramento hecho en Zaragoza a 1.º de Octubre
de 1469 por Don Fernando, Rey de Sicilia, de que ni antes ni después de su
casamiento con la princesa Doña Isabel, haría merced alguna en los Reinos de
Castilla, sin consentimiento de su futura esposa.”FERNANDO DEBE ESCONDEERSE PARA VIAJAR
En
consecuencia de estos arreglos, el Príncipe acompañado tan sólo de cuatro
caballeros, salió de Dueñas en la tarde del día 15 de Octubre, para la cercana
ciudad de Valladolid; y en esta fue recibido por el Arzobispo de Toledo quien
le condujo a la habitación de su futura.
Tenía entonces D. Fernando 18 años.
Los futuros contrayentes no se conocían todavía.
En
septiembre de 1469 Fernando estaba en Zaragoza y el camino hasta Valladolid era
largo, pasaba por Calatayud a Soria. Se enteró que el duque de Medinaceli, Luis
de la Cerda, y había ordenado bloquear los caminos. Los
aragoneses idearon un plan, se enviaría a dos negociadores para las cuestiones
que interesaban a ambos reinos, y en la comitiva vestidos de forma de
confundirse con los criados se insertaron Fernando, y otros dos personajes
importantes.
Salieron de Zaragoza y sin hacer un alto llegaron a Dueñas donde
pasaron la noche en casa de un hermano de Carrillo.
Isabel
volvió a escribir al rey anunciándole que venía Fernando, sin armas ni
intención de escándalos y males. Y pedía la aprobación del rey. Pero el rey que
no había respondido a la carta anterior, tampoco lo hizo a esta. Sabemos que el
que calla otorga con lo cual Isabel se consideró libre para obrar en
consecuencia. Carrillo envió a ambos un escrito que debían firmar donde se
especificaban los pasos que se darían a continuación. Eso es lo que entendieron
los novios, pero Carrillo había redactado un documento para que le reconocieran
como gobernante a él mismo, al igual que lo había sido Álvaro de Luna en su
día.
El día 14 de
octubre de 1469, por la noche ya, llegó la comitiva al caserón de los Vivero,
(hoy Palacio de los Vivero) donde se conocieron Fernando e Isabel. Dado que
nunca se habían visto, Cárdenas señalando con el dedo a Fernando, le dijo a
Isabel “ese es”. En recuerdo de ese detalle, años después dispuso la reina que
dos eses figurasen en su escudo.
PALACIO DE LOS VIVERO
El día 19
jueves, se celebró la misa de velaciones en el altar mayor de la iglesia
románica de Santa María la Mayor, que ya no existe, y aquella noche, marido y
mujer consumaron matrimonio cumpliendo con las rudas condiciones que entonces
eran preceptivas. Fue exhibida la sábana del tálamo anulando así el precedente
que había establecido Enrique IV en sus dos matrimonio anteriores y quedaba
claro cómo la princesa había entregado su virginidad al marido y al reino,
anulando de este modo aquellos actos que pudieran quedar pendientes de que el
papa quisiera confirmarlos. Nadie
formuló dudas de la validez del matrimonio.
Se habían
casado el jueves 19 de octubre de 1469 en Valladolid. Ella tenía 18 años y
Fernando 17. La boda no tenía el consentimiento expreso del rey Enrique. Y los
contrarios a Isabel comenzaron a difundir comentarios y tratar de socavar la
legitimidad del enlace. Los esposos y el arzobispo Carrillo escribieron al rey
explicándole como se había realizado el enlace y que se declaraban obedientes
al monarca y a los pactos habidos. Por otra parte todos querían meter mano en
la cuestión. Carrillo se consideraba el gestor único del proceso y a partir de
ahora decidiría los pasos a seguir.
Juan II de Aragón, el padre de Fernando
también enviaba cartas con sus consejos. Otros nobles y prelados también
aconsejaban “desinteresadamente”, ya que el asunto, tarde o temprano se
convertirían en reyes de Castilla y Aragón, y había que ir tomando posiciones.
Fernando demostró que no se dejaba manejar fácilmente, e Isabel ahora con más
razón, al verse apoyada por su marido y coincidiendo en sus planes, escuchaban,
callaban y procuraban ganarse a la mayor cantidad de gente que se adhirieran a
su causa. Aparte de enviar Procuradores al rey, para que oficialmente realizara
la aprobación, reclutaron una guardia de mil hombres que serían pagados con las
rentas de la Cámara de Sicilia, que les pertenecía, (recordad que Fernando era
rey de Sicilia).
Legó la
respuesta del rey que como siempre dilataba la decisión alegando que el maestre
de la orden de Santiago, Juan Pacheco (un pérfido), se encontraba ausente y no
podía consultar con él, y que más adelantes les daría las resoluciones que
adoptaría. El monarca supeditaba al enemigo de Isabel la resolución, con lo que
era evidente la debilidad de los esposos, cosa que Carrillo, su protector,
detectó con preocupación ya que si Isabel era mujer de tesón, Fernando era
sereno y enérgico. Por ello se quejó al rey aragonés del comportamiento y la
situación de la pareja, que pagaba mal su trabajo y desvelos. El aragonés
intentó entonces acelerar en Roma las gestiones para obtener la dispensa papal.
Pero Fernando le reconvino, a que el asunto estaba bajo control. Recordemos que
el nuncio en España, Veneris, autorizó la boda, y faltaba la confirmación.
Primera muestra de que Fernando era prudente y contundente, no se dejaba
gobernar. Isabel por su parte lo tenía meridianamente claro. No había
contravenido en nada los acuerdos de Guisando y demostraba la obediencia al
rey, siempre que sus mandatos no fueran contra las leyes del reino ni los
principios de la moral cristiana. Les faltaban a ambos una amplia aceptación
por parte de los súbditos y el restablecimiento de las relaciones personales
con el rey. Y aquí es donde les esperaba Pacheco.
Pero nobles
como los Mendoza, familia fundamental en Castilla y prelados y gente del
pueblo, sabían y se dieron cuenta de que Pacheco no podía defender ahora, lo
que antes había vilipendiado, (en la Farsa de Ávila). Por otra parte, todos
querían un reino fuerte y estable. No obstante Pacheco trabajó bien y consiguió
para sus intereses convencer al rey. Para que reinara Juana (la Beltraneja),
algún día, era necesario casarla. Pacheco consiguió apoyo de los linajes
principales, organizó un enorme reparto de ascensos y dádivas en el reino. A
unos les entregó importantes sumas de dinero, a otros el gobierno de Vizcaya y
Guipúzcoa, qué estas rechazaron con energía. En Asturias invocaron fidelidad a
“su princesa”, recordemos que Isabel era Princesa de Asturias y en esas tierras
se consideraba mucho la herencia visigoda. A otros los nombró duques de Alba.
De los Mendoza logró que le entregaran a la reina Juana de Avis y a su hija
Juana, que estaban bajo su protección.
Por otra
parte soldados de Benavente se habían hecho con Valladolid, por lo que los
príncipes debieron refugiarse en Ávila, pero sin dinero ni medios para
conseguirlo. Las rentas a las que tenía derecho Isabel no llegaban.
Desde el
verano de 1470 fueron las horas más bajas para los príncipes. Las cosechas
habían sido malas y el pueblo estaba en la pobreza.
En octubre
nació su primera hija a la que llamaron Isabel.
MURALLA DE MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES
Enrique
realizó La Ceremonia de la Val de Lozoya, que fue el acto que se celebró en
octubre de 1470 en el que se declaró heredera al trono del Reino de Castilla a
Juana la Beltraneja anulando los acuerdos de los Toros de Guisando donde se
había declarado heredera a Isabel.
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