sábado, 24 de octubre de 2026

ENTREVISTA EN HENDAYA -FRANCO-HITLER- 1940

¿Qué podría hacer Franco para negarse a aliarse con Alemania de Hitler?
Hace hoy 86 años se produjo el encuentro, la entrevista más difícil y peligrosa para Franco y por ende para toda España. Entrar en la Segunda Guerra Mundial al lado del ejército de Alemania.
En la estación de ferrocarril de la localidad francesa de Hendaya, fue el miércoles 23 de octubre de 1940.
Aunque son muy pocos los detalles que han trascendido de lo que realmente ocurrió durante la entrevista que mantuvieron Francisco Franco y Adolf Hitler.  


El ejército alemán había dado un casi paseo militar por Francia. Hitler estaba en la cumbre de su poder y fama. Su deseo inmediato era derrotar definitivamente a Gran Bretaña, y para Hitler era primordial asegurarse el control de Gibraltar, y  pensaba contar con la colaboración de Franco para llevar a cabo su estrategia de conquista.
A las 15:20 horas hacía su entrada en la estación de Hendaya el Erika, el tren oficial en el que viajaba Adolf Hitler desde París. Por su parte, el convoy en el que iban Francisco Franco y sus colaboradores llegó con ocho minutos de retraso, según parece debido al mal estado de las líneas ferroviarias españolas.
Cuando Franco bajó del vagón en el que viajaba junto con Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores, un impaciente Hitler y Joachim von Ribbentrop, el responsable de Exteriores alemán, ya le estaban esperando al pie de la escalerilla.
Tras las presentaciones de rigor llevadas a cabo por el embajador en España, el barón Eberhard von Stohrer, ambos mandatarios procedieron a revisar las tropas que estaban formadas en el andén.
Se reunieron en el vagón de Hitler, los asistentes a la reunión fueron solamente Franco, Hitler, Von Ribbentrop, Serrano Suñer y dos intérpretes.
Hitler comenzó dejando las cosas claras, más o menos dijo: "Yo soy el dueño de Europa y como tengo a mi disposición doscientas divisiones no hay más que obedecer", y es que para derrotar a los aliados en Gibraltar, Hitler pretendía sumar a sus fuerzas a las tropas españolas, a las que había pensado dotar con el avanzado armamento de que disponía el ejército alemán y que empleaba con éxito en los combates del norte de África. Los españoles ayudarían a los alemanes a expulsar a los británicos de Libia y de este modo también facilitar la ocupación de Egipto.


Franco había sido aconsejado que era mejor aliarse con la que todo el mundo creía que sería la potencia vencedora de la guerra, además que sería una alianza que podría aportar a España grandes compensaciones, tanto económicas como territoriales.
Franco pensaba, y con razón, que España no estaba en condiciones de sumarse a la guerra mundial después de la Guerra Civil, que había dejado al país en la ruina económica y en la miseria incluso alimenticia.
Pero parece ser que Hitler no pidió a Franco directamente que entrara en guerra; el fürher se limitó a repetir una y otra vez la necesidad de expulsar a los británicos de la región y preguntar a Franco si estaba interesado en firmar una alianza con los nazis. Era una ambigua propuesta que encerraba un compromiso directo en el conflicto. 
Franco entonces pidió a Hitler al cambio una relación de necesidades. El "precio" a su entrada en la contienda, como la entrega de Gibraltar o del Marruecos francés. Hitler palideció cuando escuchó todo lo que Franco le pedía. De hecho, este, al ver la cara del führer, dudó de que Hitler desease que España se uniera a Alemania en el conflicto.
Hitler dijo que su intención en esos momentos era formar una alianza tripartita junto con Italia, pero que no podía negociar la entrega de ningún territorio francés hasta que no se entrevistara con el general Petain, líder de la Francia de Vichy, al día siguiente.
Algunos historiadores creen que los derroteros que tomó en ese momento la entrevista acabaron resultando un alivio para Franco ya que le facilitaban los argumentos que necesitaba para no comprometerse en ese momento a concretar su entrada en el conflicto.
Franco dijo que lo comprendía perfectamente, ya que el propio Petain era un fiel y antiguo amigo de España, y que no tenía intención alguna de hacer nada que pudiera perjudicar la reunión del füher con el general francés.




Pese a la aparente actitud colaborativa de Franco en lo referente a renunciar a sus pretensiones sobre el Marruecos francés, por contra se negó a ceder ninguna base en territorio español como camino de paso y tampoco dio muchas facilidades en el tema de Gibraltar.
No obstante los alemanes presentaron un protocolo de alianza en el que no aparecía ninguna de la exigencias solicitadas por España.
En el artículo quinto de dicho protocolo, previamente modificado a petición española, tenía que introducirse una frase que hiciera alusión a los territorios franceses en el norte de África y que debía señalar: "En la zona francesa de Marruecos, que posteriormente pertenecerá a España", pero los alemanes nunca lo hicieron.
En una entrevista ofrecida por Serrano Suñer muchos años después, en 1976, este declaró que "al terminar el encuentro, durante unos segundos tuve un momento de inquietud". También confesaría que la reunión había sido "un poco pesada y se había “forcejeado' en ella, así que Franco deseaba poner un colofón de la mayor cordialidad a la misma".
Serrano Suñer señalaría entonces el gesto de Franco con Hitler, que se apartaba bastante de los convencionalismos típicos de aquel tipo de reuniones: "Franco cogió con sus dos manos la mano que Hitler le tendía y sonriendo le dijo: “A pesar de cuanto he dicho, si llegara un día en que Alemania de verdad me necesitara me tendría incondicionalmente a su lado, y sin ninguna exigencia'".


El acuerdo entre ambos jamás llegó a concretarse, por lo que España nunca participó en la Segunda Guerra Mundial. Tras aquel encuentro se generó en nuestro país un poderoso movimiento de apoyo hacia las potencias del Eje, lo que favoreció el alistamiento de muchos voluntarios españoles para participar en la ofensiva nazi a la Unión Soviética.
El Ministro español de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, informó a Franco, su cuñado, y le planteó la posibilidad de contribuir a la lucha alemana con un contingente falangista voluntario.
Se aprueba el envío de tropas de voluntarios, una división, que sería la llamada División Azul.  En el verano de 1941 se lanzó la Operación Barbarroja, que fue la invasión de la Unión Soviética de Stalin por parte de las tropas de Hitler lo que consigue que Franco encuentre la ocasión para saldar su deuda con Alemania, seguir siendo no beligerante, pues no declara la guerra a la URSS.

ESPAÑOLES DE LA DIVISIÓN AZUL EN RUSIA 
El mando español estaría compuesto por oficiales, pero los soldados muchos no eran profesionales. Se organizó una serie de oficinas de reclutamiento por el país y el éxito fue grande. Aunque se realizó propaganda, se desbordaron las expectativas. Al principio fueron militares con experiencia y muchos simpatizantes de la causa falangista. Se les garantizaba un doble sueldo y las familias cobrarían un subsidio, cartilla de racionamiento más amplia, etc.
Los que se alistaron lo tenían claro. No era para ayudar a Hitler, era para luchar contra el comunismo, que era el gran peligro que amenazó a España años atrás. Fueron casi 50.000 soldados, no todos profesionales los que participaron en varias batallas en Rusia, entre 1941 y 43.
Aquellos hombres que fueron a pelear, sufrir, morir congelados, ametrallados, en campos de concentración otros y muchos heridos, amputados, etc. Casi 5.000 españoles murieron, cerca de 9.000 heridos. Los que fueron hechos prisioneros, muchos no pudieron sobrevivir al cautiverio en los Gulag. Los que fueron liberados lo consiguieron diez años después, una vez muerto Stalin. Los que murieron en combate se encuentran en un cementerio en Novgodod, en Rusia, pero muchos están enterados en el mismo sitio donde cayeron.
Es verdad que tuvieron que jurar fidelidad a Hitler, pero exigieron que constase que lo hacían para combatir al comunismo.

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