En el otoño de 1588, cuando un gran número de buques de la
Gran Armada de Felipe II regresaban a España, se vieron sorprendidos por una
sucesión de temporales y galernas. Hubo 24 naufragios. La tragedia tuvo por
escenarios a algunos de los más bellos parajes de la costa oeste irlandesa.
PLAYA DE STREEDAGH- HOMENAJE A LOS MARINOS ESPAÑOLES
El 20 de mayo del año 1588, una escuadra de 127 barcos
partían de Lisboa, en la llamada “Grande y Felicísima Armada”. La operación
estuvo proyectada por Felipe II para destronar a Isabel I por la ejecución de
María Estuardo, la política anti-española de piratería y la Guerra de Flandes.
Se desarrolló dentro del contexto de la “Guerra anglo-española” (1585-1604). El
ataque fracasó, pero el conflicto se extendió 16 años más y finalizó con el
Tratado de Londres, de 1604, favorable a España.La expedición, o Gran Armada, empezó a tener problemas desde el inicio. Distintas tormentas hicieron que la flota se desgajara en La Coruña y en el Golfo de Bilbao. Pero 122 barcos entraron en el Canal de la Mancha y atacaron distintas posiciones inglesas. Tuvieron que bordear por las costas de Inglaterra, Escocia e Irlanda. En las costas atlánticas de Irlanda, por una sucesión de temporales, naufragaron bastantes barcos, aunque 87 regresaron a España.
El 21 de agosto de 1588, la Armada dejó atrás las islas
Orkney para adentrarse en el Atlántico Norte. Hasta ese momento, 112 barcos
permanecían indemnes. Pero con el otoño llegaron los vientos huracanados que
azotaron las costas atlánticas de Irlanda. El resultado fueron tremendo: 24
naufragios.
La tragedia tuvo por escenarios como el arenal de Kinnagoe
Bay. Quedó claro que los temporales en Irlanda fueron más eficaces que los
buques ingleses, más rápidos y mejor armados, que sólo pudieron hundir 7 navíos
españoles.
El náufrago más famoso de la Gran Armada española fue el
capitán Francisco de Cuéllar, segoviano. Sin saber nadar, sobrevivió al
naufragio del “Lavia”, navío que junto al “Juliana” y al “Santa María de Visón”
se desintegró en la playa de Streedagh Strand (Condado de Sligo).
Tras el naufragio, Cuéllar viviría una aventura increíble, narrada en un texto que escribió un año después en Amberes, donde narra la peripecia de su odisea por tierras de Irlanda: el arenal de Streedagh, los restos del castillo de O’Rourke donde Cuéllar encontró cobijo, o las ruinas del fuerte de Rossclogher en las aguas del Lough Melvin, donde, con las cimas de las Dartrys Mountains como telón de fondo, salió victorioso junto a un puñado de compatriotas a 17 días de asedio inglés.
Menos suerte corrieron el “San Juan”, de Fernando Horra; y el” Santa María de la Rosa”, que se hundió con toda la tripulación. Hubo un único superviviente: Giovanni Manona, un joven que originaría una leyenda sobre un fabuloso tesoro de monedas de oro que transportaría el “Santa María de la Rosa”. La leyenda ha cuajado en los pubs de Dunquin.
Frente al lugar en el que naufragó el “Santa María de la Rosa”, hay un monolito. Un texto en español dice: “Sólo Dios hubiera podido salvarlos”.
En muchos pueblos costeros, entre Bunberg y las Blasket Island, hay gentes que “recuerdan” las desgracias de algún barco español naufragado junto a sus costas, en el Atlántico… y eso que han pasado más de 400 años-
Tras el naufragio, Cuéllar viviría una aventura increíble, narrada en un texto que escribió un año después en Amberes, donde narra la peripecia de su odisea por tierras de Irlanda: el arenal de Streedagh, los restos del castillo de O’Rourke donde Cuéllar encontró cobijo, o las ruinas del fuerte de Rossclogher en las aguas del Lough Melvin, donde, con las cimas de las Dartrys Mountains como telón de fondo, salió victorioso junto a un puñado de compatriotas a 17 días de asedio inglés.
Menos suerte corrieron el “San Juan”, de Fernando Horra; y el” Santa María de la Rosa”, que se hundió con toda la tripulación. Hubo un único superviviente: Giovanni Manona, un joven que originaría una leyenda sobre un fabuloso tesoro de monedas de oro que transportaría el “Santa María de la Rosa”. La leyenda ha cuajado en los pubs de Dunquin.
Frente al lugar en el que naufragó el “Santa María de la Rosa”, hay un monolito. Un texto en español dice: “Sólo Dios hubiera podido salvarlos”.
En muchos pueblos costeros, entre Bunberg y las Blasket Island, hay gentes que “recuerdan” las desgracias de algún barco español naufragado junto a sus costas, en el Atlántico… y eso que han pasado más de 400 años-
En el lugar conocido como “Spanish Point”, entre Milltown Malbay y Quilty (Condado de Clare) naufragaron el “San Esteban” y el “San Marcos”. Un monolito inaugurado por el rey Juan Carlos I, el 2 de julio de 1986 recuerda los hechos, convertidos en leyenda por lugareños, que se refieren al naufragio como “Tuama na Spainteach” (la tumba de los españoles). La tradición oral asegura que allí están enterrados los náufragos de esos dos barcos, ajusticiados sin clemencia por Boetius Clancy, representante de la corona inglesa en Clare.
MONUMENTO "SPANISH POINT"
El “Spanish Point” se localiza muy cerca de Milltown Malbay,
que es la población más grande de la zona, con poco más de 700 habitantes.
Spanish Point es una pedanía de 80 vecinos. El nombre de “Spanish Point” (Rinn
na Spáinneach) hace referencia al naufragio de algunos barcos de la Armada
española de Felipe II, durante un gran temporal en las costas atlánticas de
Irlanda.A 12 kilómetros al sur del “Spanish Point” naufragó el
galeón “San Esteban”. Más de 300 hombres se ahogaron: sólo hubo 60
supervivientes que fueron capturados por Boetius Clancy, junto con los 4 del
“San Marcos”. El representante de la corona inglesa cumplió las órdenes: los
supervivientes fueron ahorcados.
Al otro lado de la bahía de Quilty está Mutton Island (la
isla del cordero), otro de los escenarios de los naufragios de la Armada. La
isla no tiene mucho que ver: una torre, del siglo XIX, cuando los irlandeses se
temían una invasión napoleónica; y los restos de una prisión, del siglo XX. Hay
un monumento en recuerdo de los marineros ahogados y muertos por causa del
temporal.
Como cada septiembre desde hace lustros, los hermanos irlandeses de la Spanish Armada Ireland rinden homenaje en la playa de Streedagh (Sligo) a los más de mil españoles de la Gran Armada de Felipe II que fallecieron allí ahogados o muertos a manos de las fuerzas inglesas tras el naufragio de las naves Lavia, Juliana y Santa María de Visón. Una ceremonia cargada de emoción que sirve además para reforzar la unión de dos naciones históricamente tan afines
En las afueras de Derry está el castillo de Illagh y en sus inmediaciones, una cruz de madera. En ese lugar descansan los restos de 400 españoles que iban en “La Trinidad Valencera”, mandada por Alonso de Luzón, comandante de los Tercios de Nápoles que, el 16 de septiembre de 1588 naufragó en esa parte de las costas irlandesas. El galeón se destrozó en los arrecifes del arenal de Kinnagoe Bay, al norte de la península de Inishowen (Muchas piezas de este barco se exhiben en el Tower Museum, de Derry).
Como cada septiembre desde hace lustros, los hermanos irlandeses de la Spanish Armada Ireland rinden homenaje en la playa de Streedagh (Sligo) a los más de mil españoles de la Gran Armada de Felipe II que fallecieron allí ahogados o muertos a manos de las fuerzas inglesas tras el naufragio de las naves Lavia, Juliana y Santa María de Visón. Una ceremonia cargada de emoción que sirve además para reforzar la unión de dos naciones históricamente tan afines
En las afueras de Derry está el castillo de Illagh y en sus inmediaciones, una cruz de madera. En ese lugar descansan los restos de 400 españoles que iban en “La Trinidad Valencera”, mandada por Alonso de Luzón, comandante de los Tercios de Nápoles que, el 16 de septiembre de 1588 naufragó en esa parte de las costas irlandesas. El galeón se destrozó en los arrecifes del arenal de Kinnagoe Bay, al norte de la península de Inishowen (Muchas piezas de este barco se exhiben en el Tower Museum, de Derry).
TTras unas complicadas negociaciones con los hermanos Richard
y Hernry Hovenden y el sargento mayor de los anglo-irlandeses, John Kelly,
Luzón entregó sus armas y se rindió bajo la condición de que sus vidas fuesen
respetadas. Nada hacía presagiar que una rendición militar en condiciones tan
desiguales se convirtiese en tan terrible tragedia.
Los ingleses, incumpliendo su palabra y una vez separados los oficiales de soldados y marineros, estos últimos, unos 300, fueron pasados a cuchillo o arcabuceados sin piedad.
De la matanza se libraron Alonso de Luzón, Rodrigo de Lasso, el capitán Oracio Donayo y otros caballeros principales con el ánimo de interrogarles y confinarlos hasta el pago de su rescate.
Alonso de Luzón, después de ser interrogado en Drogheda y tras sufrir cautiverio en Londres, fue puesto en libertad en 1591 y pudo llegar a Flandes junto a Diego de Pimentel, Rodrigo de Lasso y algunos otros mandos mediante el canje de prisioneros por el señor de Telligny.
Los ingleses, incumpliendo su palabra y una vez separados los oficiales de soldados y marineros, estos últimos, unos 300, fueron pasados a cuchillo o arcabuceados sin piedad.
De la matanza se libraron Alonso de Luzón, Rodrigo de Lasso, el capitán Oracio Donayo y otros caballeros principales con el ánimo de interrogarles y confinarlos hasta el pago de su rescate.
Alonso de Luzón, después de ser interrogado en Drogheda y tras sufrir cautiverio en Londres, fue puesto en libertad en 1591 y pudo llegar a Flandes junto a Diego de Pimentel, Rodrigo de Lasso y algunos otros mandos mediante el canje de prisioneros por el señor de Telligny.






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