Última morada del Emperador Carlos I de España y V Emperador
de Sacro Imperio Germano Romano.
El lugar que eligió para descansar y meditar tras un reinado lleno de guerras y conflictos políticos y religiosos.
Carlos V decidió abdicar en favor de su hijo, Felipe II, y se trasladó a la comarca de La Vera a finales de 1556.
El lugar que eligió para descansar y meditar tras un reinado lleno de guerras y conflictos políticos y religiosos.
Carlos V decidió abdicar en favor de su hijo, Felipe II, y se trasladó a la comarca de La Vera a finales de 1556.
Residió en el Monasterio de Yuste desde principios de 1557 hasta su muerte, a finales de 1558.
El monasterio tuvo su origen en un pequeño monasterio o cenobio construido en 1407 y en el que vivían inicialmente unos pocos ermitaños. Con el paso del tiempo fue aumentando el número de monjes, que finalmente se acogieron a la Orden de San Jerónimo.
El “Cuarto Real” fue construido por Gaspar de Vega en 1554-55 según las instrucciones del Emperador. Destaca su sencillez y la lógica distribución para un retiro religioso, situado junto al altar de la iglesia bajo el cual el emperador pidió ser sepultado, y de donde Felipe II ordenó trasladar los restos de su padre al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Al pie de las ventanas del emperador se extiende la huerta, con amplio estanque que servía tanto para el riego como para que el retirado monarca pescase.
En el ala de la izquierda se encuentran la antecámara y la alcoba de Carlos I, estancia que se comunica con la iglesia, debido a la enfermedad que sufría, se utilizaba para escuchar misa. A la derecha se sitúan dos estancias más, con sendos miradores que dan a la huerta que completa el conjunto. Una de dichas habitaciones fue comedor y sala de audiencias.
Entre el escaso mobiliario de la residencia regia, destaca la silla construida especialmente para el monarca, que sufría de gota. También cabe mencionarse el reloj de bronce y plata, realizado por Jeremías Metzger y que está datado en 1562.
El edificio original sufrió numerosas reformas, inicialmente para ampliar las diferentes dependencias de los monjes y posteriormente para construir la casa palacio que serviría de residencia al emperador.
A comienzos del siglo XIX, durante la invasión francesa, el Monasterio de Yuste fue abandonado por los monjes Jerónimos y sufrió numerosos daños. Con la desamortización de Mendizábal se subastó el edificio y fue utilizado para tareas agrícolas y ganaderas. El estado de abandono continuó prácticamente hasta mediados del siglo XX.
En 1931 es declarado Monumento Histórico Artístico y en 1949 comenzaron las labores de rehabilitación, intentando respetar en la medida de lo posible la estructura original de los edificios. Unos años más tarte vuelve la Orden de San Jerónimo
Dentro del conjunto arquitectónico del Monasterio de Yuste destacan:
La iglesia del siglo XV, del gótico tardío, con algunas reformas renacentistas
El claustro gótico, de finales del siglo XV
El claustro nuevo (plateresco), del siglo XVI, de estilo renacentista
Diferentes estancias y salas monacales
La casa-palacio de Carlos V
Los jardines y el estanque, diseñados para el emperador.
En la actualidad es la sede de la ceremonia de entrega del Premio Europeo Carlos V en un acto que preside S.M. el Rey. En un entorno privilegiado que incluye itinerarios naturales, la visita al Monasterio permite descubrir la Casa-Palacio, la iglesia y los Claustros Gótico y Renacentista.
Tras la Guerra Civil, una vez cedido al Estado, comenzó la restauración dirigida por el arquitecto José Manuel González-Valcárcel y terminada en 1958.
El “Cuarto Real” fue construido por Gaspar de Vega en 1554-55 según las instrucciones del Emperador. Destaca su sencillez y la lógica distribución para un retiro religioso, situado junto al altar de la iglesia bajo el cual el emperador pidió ser sepultado, y de donde Felipe II ordenó trasladar los restos de su padre al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Al pie de las ventanas del emperador se extiende la huerta, con
amplio estanque que servía tanto para el riego como para que el retirado monarca
pescase.
Los frailes que lo cuidaban acabaron hartos del carácter del rey. Era irascible y glotón. Constantemente le hacían llegar todo tipo de virguerías gastronómicas, ostras y pescados del norte que llegaban en perfecto estado a base de mantenerlos en el hielo que iban reponiendo en pozos de nieve. Cantidades ingentes de cerveza, a que era tan aficionado y que introdujo en España. Y, naturalmente, en el menú jamás faltaba la carne de caza, tanto de pelo como de pluma, así como de venados, jabalíes y demás. A sus médicos los mandaba al carajo cuando le pedían moderación, porque su gota iba de mal en peor, y los dolores que le producía le agriaba aún más el carácter. Solo lo sujetaba su incuestionable religiosidad porque quería palmarla y ser recibido por San Pedro como lo que había sido: el amo del mundo.
Los frailes que lo cuidaban acabaron hartos del carácter del rey. Era irascible y glotón. Constantemente le hacían llegar todo tipo de virguerías gastronómicas, ostras y pescados del norte que llegaban en perfecto estado a base de mantenerlos en el hielo que iban reponiendo en pozos de nieve. Cantidades ingentes de cerveza, a que era tan aficionado y que introdujo en España. Y, naturalmente, en el menú jamás faltaba la carne de caza, tanto de pelo como de pluma, así como de venados, jabalíes y demás. A sus médicos los mandaba al carajo cuando le pedían moderación, porque su gota iba de mal en peor, y los dolores que le producía le agriaba aún más el carácter. Solo lo sujetaba su incuestionable religiosidad porque quería palmarla y ser recibido por San Pedro como lo que había sido: el amo del mundo.







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