martes, 29 de septiembre de 2026

PRÍNCIPE DE LOS INGENIOS - MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Nació el 29 de septiembre de 1547 en Madrid fecha en que fue bautizado. (hace hoy 479 años). Su sobrenombre es ”Príncipe de los Ingenios”.

ESTATUA EN MADRID
Descendían los Cervantes de un linaje gallego que se había establecido en Córdoba, ciudad en la que disfrutó de cierto prestigio el licenciado Juan de Cervantes, abuelo del escritor y que fue abogado de la Inquisición y familiar del Santo Oficio, cargos para los que evidentemente no hubiera sido designado si sobre la familia pesara sospecha de que tuviera antecedentes “conversos” y se dudara de su limpieza de sangre. Fue Miguel el cuarto de los siete hijos del matrimonio, pues mayores que él eran sus hermanos Andrés, Andrea y Luisa; siguieron a Miguel otros dos hermanos, Rodrigo y Magdalena. El padre, Rodrigo de Cervantes, era un modesto cirujano que, con toda su familia, se trasladó a Valladolid en 1551, donde la suerte no le fue propicia, ya que, por deudas, sus bienes fueron embargados y estuvo encarcelado varios meses, a pesar de sus protestas de hidalguía, que al final fueron atendidas. La familia residió luego en Córdoba y Sevilla, y en 1566 se estableció en Madrid.

RETRATO DE CERVANTES - PEDRO HORTIGOSA 1879
Es Cervantes la máxima figura de la literatura española. Autor de Don Quijote de la Mancha que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal además de ser de los libros antiguos más editados vendidos y traducidos de la historia.
El “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” fue hace tiempo considerado la obra cumbre de la literatura universal y una de las máximas creaciones del ingenio humano. El Quijote es un libro externamente cómico e íntimamente triste, un retrato de unos ideales admirables burlescamente enfrentados a la mísera realidad; no son pocos los paralelos que se han querido establecer con la España imperial de los Austrias, potencia hegemónica destinada a gobernar el mundo en el siglo XVI y a derrumbarse en el XVII, y con la vida de su autor, gloriosamente herido en el triunfo de Lepanto y abocado luego a toda suerte de desdichas. Los caracteres de Don Quijote y Sancho Panza son una representación del alma humana elevada a la plenitud. Se puede entender que Don Quijote representa la melodía en el desarrollo de la vida, la voz cantante, la ilusión, la imaginación y la aventura. Mientras Sancho es la conciencia, la razón, la lógica de las cosas. Entre ambos se desarrolla la armonía, son el equilibrio de las proporciones y su resultado siempre connota belleza y lógica.

El abuelo de Cervantes, Juan, que era juez de la Santa Inquisición, se marchó de la familia y no se supo nada más de él. Por lo que el padre de Cervantes se vio obligado a ejercer su oficio de cirujano barbero, dando tumbos con su familia por la ancha Castilla.
El destino de Miguel no pintaba bien. Pero asentados en Córdoba en 1555 Miguel ingresó en el colegio de los jesuitas. Fue un lector muy precoz y sus dos hermanas sabían leer, cosa muy poco usual en la época, aun en las clases altas. Por lo demás, la situación de la familia era precaria. Un año después partieron hacia Sevilla con el fin de mejorar económicamente, pues era la puerta de España a las riquezas de las Indias y la tercera ciudad de Europa en la segunda mitad del siglo XVI. Los Cervantes se trasladaron en 1566 a la nueva capital del reino, Madrid. No se sabe con certeza que Cervantes hubiera asistido a la universidad. Su nombre aparece en 1568 como autor de una antología de poemas en alabanza de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, fallecida ese mismo año.
En el año de 1569 Miguel fue condenado en Madrid a arresto y amputación de la mano derecha por herir a un tal Antonio de Segura. La pena, corriente, se aplicaba a quien se atreviera a hacer uso de armas en las proximidades de la residencia real. No se sabe si Cervantes salió de España ese mismo año huyendo de esta sanción, pero lo cierto es que en diciembre de 1569 se encontraba en los dominios españoles en Italia, provisto de un certificado de cristiano viejo. 

MERCADO DE ESCLAVOS CIUDAD MUSULMANA
En 1571 Venecia y Roma formaban, con España, la Santa Alianza, y el 7 de octubre, comandadas por Juan de Austria, las huestes españolas vencieron a los turcos en la batalla de Lepanto. Fue la gloria inmediata, una gloria que marcó a Cervantes, el cual relataría muchos años después, en la primera parte del Quijote, las circunstancias de la lucha. En su transcurso recibió el escritor tres heridas, una de las cuales, si se acepta esta hipótesis, inutilizó para siempre su mano izquierda y le valió el apelativo de “el manco de Lepanto” como timbre de gloria. Junto a su hermano menor, Rodrigo, Cervantes entró en batalla nuevamente en Corfú, también al mando de Juan de Austria.
En 1573 y 1574 se encontraba en Sicilia y en Nápoles, donde mantuvo relaciones amorosas con una joven a quien llamó “Silena” en sus poemas y de la que tuvo un hijo, Promontorio.
Se propuso conseguir una situación social y económica más elevada dentro de la milicia mediante su promoción al grado de capitán, para lo cual obtuvo dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria y por el virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación en la batalla de Lepanto. Con esta intención, Rodrigo y Miguel de Cervantes se embarcaron en la goleta Sol, que partió de Nápoles el 20 de septiembre de 1575. Al regreso de Nápoles a España en la galera Sol, el 26 de septiembre de 1575, frente a la costa catalana, les salió al encuentro una flotilla turca mandada por el famoso corsario Arnauti Mamí, renegado de origen albanés, que, tras un combate, en el que murieron el capitán de la galera y varios soldados españoles, hizo prisioneros entre otros, a Miguel de Cervantes y a su hermano Rodrigo, que hacía tiempo era también soldado en Italia. Llevados a Argel, nuestro escritor es adjudicado como esclavo al corsario de origen griego Dali Mamí. El hecho de haberse encontrado en su poder las cartas de recomendación de Juan de Austria hizo creer que Cervantes era persona de elevada condición de la que se podría conseguir un buen rescate. Esta circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras. Temía un traslado a Constantinopla. Los cinco años de cautiverio en Argel fueron una durísima prueba para Miguel de Cervantes. Intentó fugarse cuatro veces arriesgadamente y, para evitar más daños a sus compañeros de cautiverio, se hizo responsable de todo ante sus enemigos y prefirió la tortura a la delación.

ESTATUAS EN LA PLAZA DE ESPAÑA EN MADRID 
Hassán retuvo a Cervantes hasta el último momento, mientras los frailes negociaban y pedían limosna para completar la cantidad.
En mayo de 1580 fue traicionado en su curto intento de fuga.
Por entonces, llegaron a Argel los padres trinitarios fray Antonio de la Bella y fray Juan Gil. El primero partió con una expedición de rescatados; y el segundo, que sólo disponía de trescientos escudos que la familia de Cervantes había reunido, intentó rescatar a Miguel, por el cual se exigían quinientos. En vista de ello, el fraile se dedicó a recolectar entre los mercaderes cristianos la cantidad que faltaba, que reunió cuando ya Cervantes estaba con dos cadenas y un grillo en una de las galeras en que Hasán Bajá partía para Constantinopla. Gracias a los quinientos escudos, tan angustiosamente reunidos, Cervantes quedaba libre el 19 de septiembre de 1580. Se embarcó con otros cautivos rescatados, y el 27 de octubre, con treinta y tres años y tras once de ausencia, llegó a España, por Denia, desde donde se trasladó a Valencia. En noviembre o diciembre estaba ya en Madrid con su familia: su padre, ya viejo, aquejado de sordera; su madre, y sus hermanas Andrea y Magdalena. Su otra hermana, Luisa de Cervantes, era monja carmelita descalza en Alcalá, y su hermano Rodrigo estaba en Portugal, incorporado otra vez al tercio de Lope de Figueroa. Agravado por los esfuerzos para reunir el rescate de los dos hermanos, la familia estaba en una triste situación económica.


En 1580 tenía treinta y tres años; reflejaba en cierto modo la profunda crisis general del imperio, que se agravaría luego de la derrota de la Armada en 1588.
En 1584 cobra Cervantes del mercader de libros Blas de Robles 1.336 reales por el privilegio reimpresión de La Galatea, que aparecerá al año siguiente en Alcalá de Henares.  
Entre 1585 y 1600 Cervantes solía visitar Madrid, allí alternaba con los escritores de su tiempo, leía sus obras y mantenía una permanente querella con Lope de Vega. Ingresó en la Academia Imitatoria, primer círculo literario madrileño, y ese mismo año fue designado comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada. También este destino le fue adverso: en Écija se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo recaudatorio y fue excomulgado; en Castro del Río fue encarcelado (1592), acusado de vender parte del trigo requisado.
Al morir su madre en 1594, abandonó Andalucía y volvió a Madrid. Pero las penurias económicas siguieron acompañándole. Cervantes dio con sus huesos en prisión, esta vez en la de Sevilla, donde permaneció cinco meses. En esta época de extrema carencia comenzó probablemente la redacción del Quijote
En 1587, Cervantes fija su residencia en Sevilla, y se gana la vida ejerciendo el humilde oficio de comisario real de abastos, al servicio de Antonio de Guevara, proveedor de las galeras reales
A partir de 1604, se encuentra de nuevo en Valladolid, donde se ha establecido la Corte, y rodeado ahora de su familia, compuesta exclusivamente por mujeres. La primera parte del Quijote debería de estar muy adelantada cuando Cervantes se instaló en Valladolid, y allí sin duda la terminó. El ambiente en que se escribieron las postreras páginas y se dieron los últimos retoques de esta novela es deprimente y afrentoso.

CASA DE CERVANTES EN MADRID 
En el verano de 1604, Cervantes ya tenía acabado el Quijote y debió de dirigirse a varios escritores y personajes pidiéndoles que escribieran poesías de elogio de su libro para insertarlas en sus preliminares. Debió de recibir muchas negativas, pues Lope de Vega, que le tenía ojeriza y lo menospreciaba, escribió: “De poetas no digo, buen siglo es éste; muchos en cierne para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a don Quijote”. Esto explica que en el prólogo Cervantes se burle de las poesías laudatorias de los libros y satirice cómicamente tal costumbre insertando una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes de los mismos libros de caballerías que se propone parodiar (Amadís de Gaula, Belianís de Grecia, Orlando furioso, el Caballero del Febo, Urganda la Desconocida, etc.).
En septiembre de 1604 obtiene el privilegio real para publicar el Quijote, que se editaría muy pronto. La primera parte de la novela, dedicada al duque de Béjar. Se publicó con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La edición más antigua de las conocidas de la primera parte fue impresa en Madrid por Juan de la Cuesta en 1605, aunque se ha supuesto una edición de 1604, de la que no queda rastro.
Entre 1604 y 1606, la familia de Cervantes, su esposa, sus hermanas y su aguerrida hija natural, así como sus sobrinas, siguieron a la corte a Valladolid, hasta que el rey Felipe III ordenó el retorno a Madrid. En 1605, a principios de año, apareció en Madrid “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”. Cuando en junio de 1605 toda la familia Cervantes, con el escritor a la cabeza, fue a la cárcel por unas horas a causa de un turbio asunto, don Quijote y Sancho ya pertenecían al acervo popular. Cervantes escribió a un ritmo imparable: las “Novelas ejemplares” vieron la luz en 1613. Ese mismo año lo sorprendió la aparición, en Tarragona, de una segunda parte espuria del Quijote escrita por un tal Avellaneda. Así, enfermo y urgido, y mientras preparaba la publicación de las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, acabó la segunda parte del Quijote, que se imprimiría en el curso del mismo año.

ÚLTIMOS MOMENTOS DE CERVANTES - MUSEO DEL PRADO
El 19 de abril redactó “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir...”.
Un tal Márquez Torres, le había mandado una recomendación en la que relataba una conversación mantenida en febrero de 1615 con notables caballeros del séquito del embajador francés: “Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: "Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario?". Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con mucha agudeza: "Si necesidad le ha de obligar a escribir, plaga a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo". En efecto, ya circulaban traducciones al inglés y al francés desde 1612, y puede decirse que Cervantes supo que con el Quijote creaba una forma literaria nueva. Sus contemporáneos no vislumbraron la profundidad del descubrimiento del Quijote. Así, entre el 22 y el 23 de abril de 1616, murió en su casa de Madrid, asistido por su esposa y una de sus sobrinas; envuelto en su hábito franciscano y con el rostro sin cubrir, fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas. Cervantes no murió el día 23. Ese día fue caligrafiado el documento de su entierro por lo que falleció el día anterior. Shakespeare tampoco se fue al otro mundo el día 23 pues entonces Inglaterra calculaba sus días mediante el calendario juliano. Cuando los británicos ajustaron sus fechas al calendario gregoriano, que era más perfecto porque corregía las desviaciones de la órbita terrestre, el deceso de Shakespeare cayó el 3 de mayo. Da igual porque oficialmente se celebra la muerte de ambos cada 23 de abril. El deseo de crear coincidencias necesarias es lo que produce las leyendas. No se sabe exactamente cuándo nacieron porque sus respectivas parroquias no llevaban un registro de los nacimientos. Para ser francos, era algo normal en la época. Cervantes estuvo en las glorias imperiales de Lepanto y en las derrotas de la Invencible. Fue un producto claro de su tiempo. Fue genial escritor, valiente luchador y desgraciado, incomprendido por los poderosos, reconocido en el extranjero y por la historia.

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