Nació el 29 de septiembre de 1547 en Madrid fecha en que fue
bautizado. (hace hoy 479 años). Su sobrenombre es ”Príncipe de los Ingenios”.
Descendían los Cervantes de un linaje gallego que se había
establecido en Córdoba, ciudad en la que disfrutó de cierto prestigio el
licenciado Juan de Cervantes, abuelo del escritor y que fue abogado de la
Inquisición y familiar del Santo Oficio, cargos para los que evidentemente no
hubiera sido designado si sobre la familia pesara sospecha de que tuviera
antecedentes “conversos” y se dudara de su limpieza de sangre. Fue Miguel el
cuarto de los siete hijos del matrimonio, pues mayores que él eran sus hermanos
Andrés, Andrea y Luisa; siguieron a Miguel otros dos hermanos, Rodrigo y
Magdalena. El padre, Rodrigo de Cervantes, era un modesto cirujano que, con
toda su familia, se trasladó a Valladolid en 1551, donde la suerte no le fue
propicia, ya que, por deudas, sus bienes fueron embargados y estuvo encarcelado
varios meses, a pesar de sus protestas de hidalguía, que al final fueron
atendidas. La familia residió luego en Córdoba y Sevilla, y en 1566 se
estableció en Madrid.
RETRATO DE CERVANTES - PEDRO HORTIGOSA 1879
Es Cervantes la máxima figura de la literatura española.
Autor de Don Quijote de la Mancha que muchos críticos han descrito como la
primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal
además de ser de los libros antiguos más editados vendidos y traducidos de la
historia.
El “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” fue hace
tiempo considerado la obra cumbre de la literatura universal y una de las
máximas creaciones del ingenio humano. El Quijote es un libro externamente
cómico e íntimamente triste, un retrato de unos ideales admirables
burlescamente enfrentados a la mísera realidad; no son pocos los paralelos que
se han querido establecer con la España imperial de los Austrias, potencia
hegemónica destinada a gobernar el mundo en el siglo XVI y a derrumbarse en el
XVII, y con la vida de su autor, gloriosamente herido en el triunfo de Lepanto
y abocado luego a toda suerte de desdichas. Los caracteres de Don Quijote y
Sancho Panza son una representación del alma humana elevada a la plenitud. Se
puede entender que Don Quijote representa la melodía en el desarrollo de la
vida, la voz cantante, la ilusión, la imaginación y la aventura. Mientras
Sancho es la conciencia, la razón, la lógica de las cosas. Entre ambos se
desarrolla la armonía, son el equilibrio de las proporciones y su resultado
siempre connota belleza y lógica.
El abuelo de Cervantes, Juan, que era juez de la Santa
Inquisición, se marchó de la familia y no se supo nada más de él. Por lo que el
padre de Cervantes se vio obligado a ejercer su oficio de cirujano barbero,
dando tumbos con su familia por la ancha Castilla.
El destino de Miguel no pintaba bien. Pero asentados en
Córdoba en 1555 Miguel ingresó en el colegio de los jesuitas. Fue un lector muy
precoz y sus dos hermanas sabían leer, cosa muy poco usual en la época, aun en
las clases altas. Por lo demás, la situación de la familia era precaria. Un año
después partieron hacia Sevilla con el fin de mejorar económicamente, pues era
la puerta de España a las riquezas de las Indias y la tercera ciudad de Europa
en la segunda mitad del siglo XVI. Los Cervantes se trasladaron en 1566 a la
nueva capital del reino, Madrid. No se sabe con certeza que Cervantes hubiera
asistido a la universidad. Su nombre aparece en 1568 como autor de una
antología de poemas en alabanza de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe
II, fallecida ese mismo año.
En el año de 1569 Miguel fue condenado en Madrid a arresto y
amputación de la mano derecha por herir a un tal Antonio de Segura. La pena,
corriente, se aplicaba a quien se atreviera a hacer uso de armas en las
proximidades de la residencia real. No se sabe si Cervantes salió de España ese
mismo año huyendo de esta sanción, pero lo cierto es que en diciembre de 1569
se encontraba en los dominios españoles en Italia, provisto de un certificado
de cristiano viejo.
En 1571 Venecia y Roma formaban, con España, la Santa
Alianza, y el 7 de octubre, comandadas por Juan de Austria, las huestes
españolas vencieron a los turcos en la batalla de Lepanto. Fue la gloria
inmediata, una gloria que marcó a Cervantes, el cual relataría muchos años
después, en la primera parte del Quijote, las circunstancias de la lucha. En su
transcurso recibió el escritor tres heridas, una de las cuales, si se acepta
esta hipótesis, inutilizó para siempre su mano izquierda y le valió el
apelativo de “el manco de Lepanto” como timbre de gloria. Junto a su hermano
menor, Rodrigo, Cervantes entró en batalla nuevamente en Corfú, también al
mando de Juan de Austria.
En 1573 y 1574 se encontraba en Sicilia y en Nápoles, donde
mantuvo relaciones amorosas con una joven a quien llamó “Silena” en sus poemas
y de la que tuvo un hijo, Promontorio.
Se propuso conseguir una situación social y económica más
elevada dentro de la milicia mediante su promoción al grado de capitán, para lo
cual obtuvo dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de
Austria y por el virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente
actuación en la batalla de Lepanto. Con esta intención, Rodrigo y Miguel de
Cervantes se embarcaron en la goleta Sol, que partió de Nápoles el 20 de
septiembre de 1575. Al regreso de Nápoles a España en la galera Sol, el 26 de
septiembre de 1575, frente a la costa catalana, les salió al encuentro una
flotilla turca mandada por el famoso corsario Arnauti Mamí, renegado de origen
albanés, que, tras un combate, en el que murieron el capitán de la galera y
varios soldados españoles, hizo prisioneros entre otros, a Miguel de Cervantes
y a su hermano Rodrigo, que hacía tiempo era también soldado en Italia.
Llevados a Argel, nuestro escritor es adjudicado como esclavo al corsario de
origen griego Dali Mamí. El hecho de haberse encontrado en su poder las cartas
de recomendación de Juan de Austria hizo creer que Cervantes era persona de
elevada condición de la que se podría conseguir un buen rescate. Esta
circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras. Temía un
traslado a Constantinopla. Los cinco años de cautiverio en Argel fueron una
durísima prueba para Miguel de Cervantes. Intentó fugarse cuatro veces
arriesgadamente y, para evitar más daños a sus compañeros de cautiverio, se
hizo responsable de todo ante sus enemigos y prefirió la tortura a la delación.
Hassán retuvo a Cervantes hasta el último momento, mientras
los frailes negociaban y pedían limosna para completar la cantidad.
En mayo de 1580 fue traicionado en su curto intento de fuga.
Por entonces, llegaron a Argel los padres trinitarios fray
Antonio de la Bella y fray Juan Gil. El primero partió con una expedición de
rescatados; y el segundo, que sólo disponía de trescientos escudos que la
familia de Cervantes había reunido, intentó rescatar a Miguel, por el cual se
exigían quinientos. En vista de ello, el fraile se dedicó a recolectar entre
los mercaderes cristianos la cantidad que faltaba, que reunió cuando ya
Cervantes estaba con dos cadenas y un grillo en una de las galeras en que Hasán
Bajá partía para Constantinopla. Gracias a los quinientos escudos, tan
angustiosamente reunidos, Cervantes quedaba libre el 19 de septiembre de 1580.
Se embarcó con otros cautivos rescatados, y el 27 de octubre, con treinta y
tres años y tras once de ausencia, llegó a España, por Denia, desde donde se
trasladó a Valencia. En noviembre o diciembre estaba ya en Madrid con su
familia: su padre, ya viejo, aquejado de sordera; su madre, y sus hermanas
Andrea y Magdalena. Su otra hermana, Luisa de Cervantes, era monja carmelita
descalza en Alcalá, y su hermano Rodrigo estaba en Portugal, incorporado otra
vez al tercio de Lope de Figueroa. Agravado por los esfuerzos para reunir el
rescate de los dos hermanos, la familia estaba en una triste situación económica.
En 1580 tenía treinta y tres años; reflejaba en cierto modo
la profunda crisis general del imperio, que se agravaría luego de la derrota de
la Armada en 1588.
En 1584 cobra Cervantes del mercader de libros Blas de
Robles 1.336 reales por el privilegio reimpresión de La Galatea, que aparecerá
al año siguiente en Alcalá de Henares.
Entre 1585 y 1600 Cervantes solía visitar Madrid, allí
alternaba con los escritores de su tiempo, leía sus obras y mantenía una
permanente querella con Lope de Vega. Ingresó en la Academia Imitatoria, primer
círculo literario madrileño, y ese mismo año fue designado comisario real de
abastos (recaudador de especies) para la Armada. También este destino le fue
adverso: en Écija se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo recaudatorio
y fue excomulgado; en Castro del Río fue encarcelado (1592), acusado de vender
parte del trigo requisado.
Al morir su madre en 1594, abandonó Andalucía y volvió a
Madrid. Pero las penurias económicas siguieron acompañándole. Cervantes dio con
sus huesos en prisión, esta vez en la de Sevilla, donde permaneció cinco meses.
En esta época de extrema carencia comenzó probablemente la redacción del
Quijote
En 1587, Cervantes fija su residencia en Sevilla, y se gana
la vida ejerciendo el humilde oficio de comisario real de abastos, al servicio
de Antonio de Guevara, proveedor de las galeras reales
A partir de 1604, se encuentra de nuevo en Valladolid, donde
se ha establecido la Corte, y rodeado ahora de su familia, compuesta
exclusivamente por mujeres. La primera parte del Quijote debería de estar muy
adelantada cuando Cervantes se instaló en Valladolid, y allí sin duda la
terminó. El ambiente en que se escribieron las postreras páginas y se dieron
los últimos retoques de esta novela es deprimente y afrentoso.
En el verano de 1604, Cervantes ya tenía acabado el Quijote
y debió de dirigirse a varios escritores y personajes pidiéndoles que
escribieran poesías de elogio de su libro para insertarlas en sus preliminares.
Debió de recibir muchas negativas, pues Lope de Vega, que le tenía ojeriza y lo
menospreciaba, escribió: “De poetas no digo, buen siglo es éste; muchos en
cierne para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan
necio que alabe a don Quijote”. Esto explica que en el prólogo Cervantes se
burle de las poesías laudatorias de los libros y satirice cómicamente tal
costumbre insertando una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes
de los mismos libros de caballerías que se propone parodiar (Amadís de Gaula,
Belianís de Grecia, Orlando furioso, el Caballero del Febo, Urganda la
Desconocida, etc.).
En septiembre de 1604 obtiene el privilegio real para
publicar el Quijote, que se editaría muy pronto. La primera parte de la novela,
dedicada al duque de Béjar. Se publicó con el título de El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha. La edición más antigua de las conocidas de la primera
parte fue impresa en Madrid por Juan de la Cuesta en 1605, aunque se ha
supuesto una edición de 1604, de la que no queda rastro.
Entre 1604 y 1606, la familia de Cervantes, su esposa, sus
hermanas y su aguerrida hija natural, así como sus sobrinas, siguieron a la
corte a Valladolid, hasta que el rey Felipe III ordenó el retorno a Madrid. En
1605, a principios de año, apareció en Madrid “El ingenioso hidalgo don Quijote
de La Mancha”. Cuando en junio de 1605 toda la familia Cervantes, con el
escritor a la cabeza, fue a la cárcel por unas horas a causa de un turbio
asunto, don Quijote y Sancho ya pertenecían al acervo popular. Cervantes
escribió a un ritmo imparable: las “Novelas ejemplares” vieron la luz en 1613.
Ese mismo año lo sorprendió la aparición, en Tarragona, de una segunda parte
espuria del Quijote escrita por un tal Avellaneda. Así, enfermo y urgido, y
mientras preparaba la publicación de las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos
nunca representados, acabó la segunda parte del Quijote, que se imprimiría en
el curso del mismo año.
El 19 de abril redactó “Ayer me dieron la extremaunción y
hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan
y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir...”.
Un tal Márquez Torres, le había mandado una recomendación en
la que relataba una conversación mantenida en febrero de 1615 con notables
caballeros del séquito del embajador francés: “Preguntáronme muy por menor su
edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo,
soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras:
"Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del
erario?". Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con
mucha agudeza: "Si necesidad le ha de obligar a escribir, plaga a Dios que
nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a
todo el mundo". En efecto, ya circulaban traducciones al inglés y al
francés desde 1612, y puede decirse que Cervantes supo que con el Quijote
creaba una forma literaria nueva. Sus contemporáneos no vislumbraron la
profundidad del descubrimiento del Quijote. Así, entre el 22 y el 23 de abril
de 1616, murió en su casa de Madrid, asistido por su esposa y una de sus
sobrinas; envuelto en su hábito franciscano y con el rostro sin cubrir, fue
enterrado en el convento de las trinitarias descalzas. Cervantes no murió el
día 23. Ese día fue caligrafiado el documento de su entierro por lo que
falleció el día anterior. Shakespeare tampoco se fue al otro mundo el día 23 pues
entonces Inglaterra calculaba sus días mediante el calendario juliano. Cuando
los británicos ajustaron sus fechas al calendario gregoriano, que era más
perfecto porque corregía las desviaciones de la órbita terrestre, el deceso de
Shakespeare cayó el 3 de mayo. Da igual porque oficialmente se celebra la
muerte de ambos cada 23 de abril. El deseo de crear coincidencias necesarias es
lo que produce las leyendas. No se sabe exactamente cuándo nacieron porque sus
respectivas parroquias no llevaban un registro de los nacimientos. Para ser
francos, era algo normal en la época. Cervantes estuvo en las glorias
imperiales de Lepanto y en las derrotas de la Invencible. Fue un producto claro
de su tiempo. Fue genial escritor, valiente luchador y desgraciado, incomprendido
por los poderosos, reconocido en el extranjero y por la historia.








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