martes, 14 de abril de 2026

LA ORDEN DEL TEMPLE

Fue fundada en Jerusalén en 1118 por Hugo de Payns y otros ocho caballeros franceses, con el nombre de pobres caballeros de Cristo.
Nacieron con la finalidad de proteger a los peregrinos que visitaban Tierra Santa, pero pronto su influencia se extendió por todo el mundo cristiano. A diferencia de lo que ocurrió en otros reinos europeos los caballeros del Temple encontraron en la península Ibérica un escenario no muy distinto al de las lejanas tierras de Ultramar. Las peregrinaciones a Roma empiezan a ser sustituidas por las peregrinaciones a Jerusalén y Santiago de Compostela. Crean la una Guía Turística del Camino de Santiago de Ida y Vuelta, (que es el Juego de la Oca)


Los peregrinos estaban sometidos a la voluntad de los saltadores, al cobro de los Portazgos, de los distintos reinos y los ataques de las alimañas. La toma de Jerusalén por los turcos provoca la reacción del Papa Urbano II, que proclama el Concilio de Clermont (1905), donde expone las vejaciones a las que son sometidos los peregrinos y los peligros que amenazan a los Cristianos occidentales.
Urbano II, inicia el discurso con la frase "Deus Vult" (Dios lo quiere). Los Príncipes y Reyes de Europa, se adhieren al llamamiento y queda convocada la I Cruzada.
La I Cruzada se dirige a Jerusalén y lo toman en 1099. En 1100, se proclama como Rey de Jerusalén a Balduino I.
Pedro el Ermitaño, arrastro a la lucha por la liberación de los Santos Lugares a gente sin preparación.
Solo la intervención del ejército Cruzado, formado por los franceses y flamencos bajo el mando de Godofredo de Bouillon y su hermano Balduino, consiguieron pasar por Constantinopla, cruzar Asia Menor y tomar Jerusalén en julio de 1099.
El Rey Balduino I, había asentado su palacio en una Mezquita, que se había construido sobre la ruinas del Templo de Salomón. Luego cambia su residencia a la Torre de David y los Pobres Compañeros de Cristo, pasan a ocupar toda la mezquita que se levantaba sobre las Ruinas del templo de Salomón, pasando a denominarse, del Templo y a sus caballeros Templarios.


Mediante solemnes votos pronunciados ante el Patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos.
Observaron la pobreza, la castidad y la obediencia, según la regla de los canónigos regulares.
Sus jefes eran dos hombre venerables: Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer.
En un principio, quienes tomaron tan santa decisión eran solamente nueve y durante 9 años sirvieron con ropas de seglar y se vistieron con lo que los fieles les dieron en limosna.
En 1128, Hugo de Payns, obtiene el permiso del Rey de Jerusalén, Balduino II, para oficializar la Orden.
Los Templarios, venían con las cabalgaduras disponibles, a los puertos de Haifa y Tolomeida, a recoger a los Peregrinos que dirigían a Jerusalén.
Los Caballeros Templarios, renunciaban a todo tipo de bienes personales, siendo la Orden la Propietaria de todos los Bienes. Las Reglas de la Orden eran una adaptación de las de San Benito, adaptadas a la versión reformada por los Cistercienses
Se adopta el hábito blanco, y posteriormente se le añade la cruz roja.
La llegada de los templarios a los reinos peninsulares se produjo en fechas muy tempranas. De hecho, ya en marzo de 1128, la reina de Portugal, doña Teresa, hace una importante donación, el castillo en Braga.
La orden llegó a tener más de veinte mil miembros repartidos entre sus propiedades en Tierra Santa, y las extendidas por gran parte de Europa, producto de donaciones. Gracias a una buena gestión, su riqueza creció hasta límites insospechados llegando a convertirse en importantísimos banqueros capaces, incluso, de conceder préstamos a reyes y nobles. Posibilitaron la circulación de una gran cantidad de plata por Europa. La orden dispuso de suficientes recursos como para financiar la construcción de setenta iglesias y casi ochenta catedrales durante la Edad Media. Sus crecientes desplazamientos de mercancías, tropas y caballos y llegó el momento en que la magnitud del volumen de transporte les inclinó a construir sus propios barcos. Surgieron por lo tanto astilleros, además de buenos puertos y muelles en sus territorios.
De hecho, se calcula que el Temple transportaba unos seis mil peregrinos al año a Tierra Santa desde diversos puertos de Europa, y es comprensible que prefiriesen viajar en estos barcos ya que iban escoltados por galeras armadas que les protegían de la presencia de piratas sarracenos en el Mediterráneo. Autorizados y exentos de impuestos aduaneros por bulas papales, también se dedicaban al comercio de especias, tinturas, tejidos, porcelanas, cristales y lana. Esta importante flota operaba mayoritariamente en el Mediterráneo, la ida y vuelta a Tierra Santa. En el Atlántico mantenían un importante tráfico con Inglaterra.
A lo largo del Sena dispusieron de una pequeña flota fluvial que conectaba sus casas convento. Sus barcos no estaban sujetos al pago de peaje y ni eran registrados.
En el Occidente europeo, la función militar fue sustituida por la económica, aunque en la península Ibérica la función fue doble; por una parte, intervinieron en las campañas de los reyes cristianos contra los musulmanes y, por otra, llevaron a cabo una serie de actividades económicas destinadas a sufragar la guerra en Tierra Santa. La Orden creció rápidamente en los primeros tiempos gracias a las donaciones de todo tipo: tierras, castillos, molinos, ciudades, iglesias, rentas, permisos de explotación. Con frecuencia, los bienes iban acompañados de personas, que ingresaban en la orden como frailes o como donados. Se constituyeron en explotadores modélicos de sus propiedades. El sistema de administración se basaba en las encomiendas. A menudo, sólo trabajaban directamente una parte de sus tierras, las más cercanas y sobre todo las más productivas. El resto lo cedían con diferentes tipos de contratos
Pero la primera participación de la Orden del Temple en una Guerra se realizó en la Península Ibérica.
En Tierra Santa habían participado en diferentes escaramuzas. Por entonces la mayoría de la Península Ibérica, se hallaba en gran parte en manos de los Sarracenos.
La Orden del Temple, se constituyó como el principal baluarte de los Reinos de Aragón y Cataluña.


Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona, entra en la orden en 1131.
La entrada de los Templarios en la Península coincide con el reinado de Alfonso I de Aragón y Navarra, el "Batallador ". Para establecerse de forma definitiva en la Península, la Orden recibió del Conde de Barcelona el Castillo Grañena y Alfonso I, les cedió la recién conquistada fortaleza de Calatrava.
Fue un gran admirador de la Orden del Temple y decidió crear un Orden similar a la que denominó Orden de Montjoy, que luego se incorporó a la del Temple aportando las inmensas posesiones que tenía en el Sur de Aragón. Alfonso I el Batallador, murió en 1134, durante el asedio de Fraga, dejando el reino sin descendencia legal, pero con testamento de la Corona a las Órdenes del Temple, Hospital y Santo Sepulcro. En 1132, la Orden del Temple era la única Orden reconocida.
Los Nobles aragoneses, se oponen al Testamento y buscan una solución con las Órdenes, para que el trono de Aragón no recaiga en el legítimo sucesor Alfonso VII de Castilla.
Ramiro, hermano de Alfonso tiene una hija que se llama Petronila y es considerada como la legitima sucesora al Reino. Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y señor de Provenza se casa con Petronila, pasando a ser el Rey consorte de Aragón. La legitimación del reinado exigía la renuncia expresa de las Órdenes que habían sido testamentarias de Alfonso I. La influencia y buena relación de Ramón Berenguer IV con la Orden del Temple, de la que su padre era caballero, allanó la resolución del conflicto.
Aragón alcanzaría un acuerdo con los templarios para las luchas en la Reconquista, la concordia de Gerona, en 1143. Por ella recibieron los castillos de Monzón y otros tres más y la Orden militar de Belchite. Como en toda Europa, la orden se enriqueció con numerosas donaciones de padres que no podían dar un título nobiliario más que al hijo mayor, y buscaban cargos eclesiásticos, militares, cortesanos o en órdenes religiosas.
Por entonces la vieja fortaleza de Calatrava había sido encomendada por el rey castellano Alfonso VII a los caballeros templarios. Al morir el monarca a mediados del siglo XII los templarios abandonaron la fortaleza, aduciendo que aquel promontorio fortificado era indefendible en medio de la estepa castellana si no se contaba con fuerzas suficientes. Como era de esperar, los almohades atacaron la fortaleza toledana, pero el abad Raimundo, del monasterio cisterciense de Fitero, organizó su defensa auxiliado por un monje que había sido caballero, Diego Velázquez. Entre los dos aguerridos clérigos convocaron una cruzada, logrando formar un pequeño ejército que resistió heroicamente el ataque. En recompensa, el rey castellano Sancho III otorgó la plaza de Calatrava a los que llamó la Gran Orden Militar de Calatrava.
Los reinos cristianos, eran conscientes del peligro almohade y después de varios choques, Alfonso VIII, firma una tregua, que rompe cinco años más tarde, cuando Alfonso VIII de Castilla y León, se propone tomar Sevilla. Aquí es cuando se produce el famoso Combate de Alarcos, el 18 de Julio de 1195, próximo a Ciudad Real, con una evidente inferioridad numérica del ejercito Cristiano.

FORTALEZA DE CALATRAVA LA VIEJA 

Fue una humillante derrota, que confirmo las estrategias militares que llevo a la Orden del Temple, a retirarse de la Fortaleza de Calatrava.
La orden de Calatrava perdió el enigmático castillo de Calatrava y numerosas posesiones.
Años después,1212, la venganza se consumaba con la victoria de la batalla de Las Navas de Tolosa, el principio del fin del reino musulmán. La Batalla de las Navas de Tolosa, que enfrentó a un ejército aliado cristiano formado en gran parte por las tropas castellanas, las aragonesas y las navarras, contra el ejército Almohade, numéricamente superior. Entre los cristianos estaban varios ordenes entre ellas las del Temple. Un años después se sufre la importante derrota de la batalla de Muret, 1213, donde el Temple perdió para Aragón el imperio tras los Pirineos. Esta batalla marcó el final de la expansión de la Corona de Aragón en la región, y, el final de la posible formación de un poderoso reino aragonés-catalán-occitano que hubiera cambiado el curso de la historia de España.
El papa, en una bula obligó al Comandante de las tropas del rey francés, ganador de la batalla, Montfort, a ceder la tutela del infante Jaime, que al morir su padre en la batalla quedó huérfano, a los caballeros templarios de la Corona de Aragón. Los templarios se convirtieron en custodios de Jaime I, (luego el Conquistador), en el Castillo de Monzón. Recibieron un tercio de la ciudad en Mallorca por sus campañas y también en Valencia.
En 1265, colaboraron en la conquista de Murcia. En recompensa, recibieron diferentes propiedades.
En 1248, Luis IX de Francia, decide convocar y liderar la Séptima Cruzada, pero su objetivo ya no es Tierra Santa, sino Egipto. El propio rey fue capturado. Fueron los templarios, quienes negociaron la paz y prestaron al monarca la fabulosa suma que componía el rescate.

CAÍDA DE ACRE 

Cuando cae Acre, en 1291 ya luchan los últimos templarios. Cambiaron su cuartel general a Chipre, pero la abandonaron por la oposición de sus habitantes. La orden había participado en una revuelta que destronó al monarca Chipriota, en favor de su hermano, esto permitió que la Orden prolongase su existencia unos años más.
Fue Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, (no confundir con el marido de Juana de Castilla), quien destruyó la Orden del Temple, pero antes de acceder al trono de Francia en 1285, Felipe ya era rey de Navarra tras casarse en 1274 con la reina Juana I de Navarra. Con lo que nos queda Felipe I de Navarra y IV de Francia, aunque lo de Navarra se lo suelen saltar cuando lo nombran.
La historia nos dice que Felipe junto con el Papa Clemente V, tras acusarlos de herejía, el viernes 13 de octubre de 1307, salió a la caza del templario, y encarceló a más de 15000, a los que torturó buscando confesiones, muriendo muchos de ellos en dichas torturas o en la hoguera. De paso, al acabar con el Temple, Felipe se ahorró tener que pagarles la enorme deuda que tenía contraída con ellos.

HUGO DE PAYNS

La tradición cuenta que cuando el último gran maestre del Temple, Jaques de Molay estaba siendo quemado a fuego lento, este lazó una maldición; “Clemente V, yo os emplazo ante el tribunal de Dios antes de 40 días, y a vos rey Felipe, antes de un año”. 33 días después de la ejecución, el Papa Clemente V fallecía enfermo, y a los nueve meses, Felipe IV el hermoso, moría por las heridas producidas tras caerse  del caballo.

domingo, 12 de abril de 2026

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS

La Santa Alianza  fue un acuerdo  entre Rusia, Prusia y Austria en 1815 después de la batalla de Waterloo. 
Con el propósito de detener al liberalismo surgido después de la Revolución Francesa, y el aporte de la Ilustración, decidieron por tanto  intervenir militarmente en Europa para acabar con cualquier movimiento liberal. Es decir, mantener las monarquías absolutistas.
En España Fernando VII regresó al retirarse Napoleón en 1814 acabando la guerra de Independencia. Y según sus propias palabras, quería  ser “un rey absolutamente absoluto”. Un grupo de absolutistas le presentaron un Manifiesto donde se le solicitaba que propugnase reformas políticas y que estimase sin valor esa Constitución de Cádiz de 1812. Los redactores se desmarcan de la filosofía liberal al proponer una participación de la nobleza en tareas directivas, lo cual significaba una regresión a la época del Antiguo Régimen, donde la soberanía nacional residía en el monarca, a diferencia de las ideas liberales, en la que la soberanía residía en el pueblo.
Sucedió también en esas fechas la abdicación de Bonaparte en Francia, a la que siguió la restauración de un monarca también Borbón, Luis XVIII, produciéndose un hecho similar al español. Sólo que el rey francés acató la Constitución aceptando los cambios surgidos y en cambio Fernando se negó a jurar la Constitución de 1812. Firmó decretos en los que recuperaba la soberanía y dejaba en suspenso toda labor de las Cortes de Cádiz.



Fusilamiento de Torrijos y otros liberales

Se inicia así lo que se llama el “Sexenio Absolutista”. Desde 1814 a 1820 Fernando VII gobernó de forma absoluta, la labor de gobierno no era más que su propia voluntad sin estar limitada la acción de los Consejos que él mismo reinstauró.
Enseguida mandó encarcelar a aquellos liberales que habían atentado contra la soberanía de Su Majestad votando en las Cortes liberales. Persiguió a los afrancesados y todos aquellos que aborrecían del despotismo. Toda la legislación de Cádiz fue derogada



Francisco Espoz y Mina 
A partir de aquel momento, el verdadero gobierno del país era llevado por la camarilla del rey, un grupo de individuos allegados al monarca que constituían una verdadera organización
Además del descontento de los militares, numerosos intelectuales que habían estado prisioneros en Francia se habían hecho masones y se establecieron numerosas logias en España. La masonería siempre había estado opuesta a la Iglesia y al Gobierno absolutista. Así, estas organizaciones secretas constituyeron, en un principio la única oposición al gobierno absolutista y a las clases sociales que lo apoyaban.
Pero no pudieron evitar pronunciaciones militares y revueltas populares, encaminadas a resucitar la Constitución de 1812 derogada por el propio Rey. Los intentos liberales no triunfaron hasta marzo de 1820, gracias a la insurrección de Riego en Andalucía y de otras guarniciones militares que contaron con amplios sectores populares. El 1 de enero de 1820, en Cabezas de San Juan, donde estaban las tropas expedicionarias encargadas de sofocar la sublevación americana, Rafael del Riego proclamó, junto a otros oficiales, la Constitución de 1812.
Iniciaron una marcha por Andalucía que, pese a su escaso éxito, fue el detonante de los movimientos insurreccionales que obligaron a Fernando VII a aceptar otra vez la Constitución liberal. Fernando VII la juró hipócritamente, a la vez que pedía ayuda a los soberanos de la Santa Alianza. “Marchemos juntos, y yo el primero por la senda Constitucional” llegó a afirmar. Se inicia así el Trienio Liberal.
Fernando VII, mentía ya que  el 7 de febrero de 1822, pidió ayuda a la Santa Alianza para restaurar el absolutismo. En agosto de 1822 se reunió, en Verona, la Santa Alianza. Asistieron el Emperador de Austria, el zar de Rusia, el Rey de Prusia, Wellington en representación de Inglaterra y el vizconde de Chateaubriand en representación de Francia. El motivo era acabar con el régimen constitucional español.
El 28 de enero de 1823, Luis XVIII de Francia fue al Parlamento y dijo que “cien mil franceses están dispuestos a marchar invocando el nombre de San Luis para conservar en el trono de España a un Borbón, para preservar ese hermoso reino de su Reina y reconciliarlo con Europa”.
Para que no hubiera problemas se pagó al contado a los proveedores de alimentos y se evitó causar molestias a la población civil. Como iban bien vestidos y eran educados, el pueblo a las personas que veía bien vestidos les decía «eres más bonito que un San Luis».
El encargado de dirigir las tropas francesas fue Luis Alfonso de Artois, duque de Angulema. Se sumaron los Ejércitos de la Fe, tropas realistas que se habían sublevado contra el gobierno liberal. Entre los dos se superaban los 120.000 soldados.
Por su parte, el gobierno contaba con 130.000 soldados, con una mínima instrucción y que no compartían los ideales que defendían. Así, los que mayor resistencia pusieron a las tropas francesas fueron la Milicia Nacional. Cuando la expedición llegó al Ebro, Fernando VII y su familia se trasladaron junto el gobierno a Sevilla. El 23 de abril de 1823 abrieron las Cortes de Sevilla. Mientras se intentaba mantener la normalidad, las tropas francesas eran recibidas con vítores en los pueblos donde llegaban, sin resistencia.
El duque de Angulema entró en Madrid el 24 de mayo de 1823. Ahí estableció una regencia y eliminó toda resistencia liberal. Al ver que las tropas se establecían en Madrid, el Gobierno decidió trasladarse de Sevilla a Cádiz mientras Fernando VII optaba por no abandonar esta ciudad. Los constitucionalistas decidieron suspenderlo como Rey al padecer, según ellos, “un delirio momentáneo”. Lo sacaron a la fuerza de Sevilla y, cuando llegó a Cádiz, lo restituyeron en sus funciones. Durante la penetración de los Cien Mil Hijos de San Luis solo hubo una resistencia eficaz en Málaga, Granada y Jaén (gracias a la hábil dirección de Riego).
Aunque los constitucionalistas querían mantener una apariencia de normalidad, las cosas iban de mal en peor. Solo plantaban cara a los Cien Mil Hijos de San Luis el Empecinado y el general Espoz Mina en Cataluña. Este último luchó contra los franceses con tenacidad y de forma inteligente. Además, hasta un mes después de la caída del Gobierno, no depusieron las armas Barcelona, Lérida y Tarragona. El general Morillo se pasó a los absolutistas.  Continuaron batiéndose hasta noviembre las fuerzas de Mina en Barcelona y las de Torrijos y Chapalangarra en Cartagena y Alicante, respectivamente.
Cádiz fue sitiada y bombardeada. Los franceses no pudieron tomar la ciudad, aunque acabaron con las fortalezas que la protegían. Al final se llegó a un pacto: Fernando VII saldría y prometería defender la libertad alcanzada por los españoles con la Constitución de 1812 y a cambio se rendiría la plaza. Acordado con los franceses, Fernando VII salió de la ciudad, pero de forma inmediata se unió al invasor y el mismo 1 de octubre decretó la abolición de cuantas normas jurídicas que habían sido aprobadas durante los tres años anteriores, dando fin al Trienio Liberal.
Y aquí comienza lo que con vergüenza se llama “Década Ominosa”. Riego fue hecho prisionero y entregado a los absolutistas, que le dieron una muerte atroz, como a muchos liberales. La década ominosa, finalizó en 1833, con la muerte de Fernando VII.


Duque de Angulema. 

Iniciaron una marcha por Andalucía que, pese a su escaso éxito, fue el detonante de los movimientos insurreccionales que obligaron a Fernando VII a aceptar otra vez la Constitución liberal. Fernando VII la juró hipócritamente, a la vez que pedía ayuda a los soberanos de la Santa Alianza. “Marchemos juntos, y yo el primero por la senda Constitucional” llegó a afirmar. Se inicia así el Trienio Liberal.
Fernando VII, mentía ya que  el 7 de febrero de 1822, pidió ayuda a la Santa Alianza para restaurar el absolutismo. En agosto de 1822 se reunió, en Verona, la Santa Alianza. Asistieron el Emperador de Austria, el zar de Rusia, el Rey de Prusia, Wellington en representación de Inglaterra y el vizconde de Chateaubriand en representación de Francia. El motivo era acabar con el régimen constitucional español.
El 28 de enero de 1823, Luis XVIII de Francia fue al Parlamento y dijo que “cien mil franceses están dispuestos a marchar invocando el nombre de San Luis para conservar en el trono de España a un Borbón, para preservar ese hermoso reino de su Reina y reconciliarlo con Europa”.
Para que no hubiera problemas se pagó al contado a los proveedores de alimentos y se evitó causar molestias a la población civil. Como iban bien vestidos y eran educados, el pueblo a las personas que veía bien vestidos les decía «eres más bonito que un San Luis».
El encargado de dirigir las tropas francesas fue Luis Alfonso de Artois, duque de Angulema. Se sumaron los Ejércitos de la Fe, tropas realistas que se habían sublevado contra el gobierno liberal. Entre los dos se superaban los 120.000 soldados.
Por su parte, el gobierno contaba con 130.000 soldados, con una mínima instrucción y que no compartían los ideales que defendían. Así, los que mayor resistencia pusieron a las tropas francesas fueron la Milicia Nacional. Cuando la expedición llegó al Ebro, Fernando VII y su familia se trasladaron junto el gobierno a Sevilla. El 23 de abril de 1823 abrieron las Cortes de Sevilla. Mientras se intentaba mantener la normalidad, las tropas francesas eran recibidas con vítores en los pueblos donde llegaban, sin resistencia.
El duque de Angulema entró en Madrid el 24 de mayo de 1823. Ahí estableció una regencia y eliminó toda resistencia liberal. Al ver que las tropas se establecían en Madrid, el Gobierno decidió trasladarse de Sevilla a Cádiz mientras Fernando VII optaba por no abandonar esta ciudad. Los constitucionalistas decidieron suspenderlo como Rey al padecer, según ellos, “un delirio momentáneo”. Lo sacaron a la fuerza de Sevilla y, cuando llegó a Cádiz, lo restituyeron en sus funciones. Durante la penetración de los Cien Mil Hijos de San Luis solo hubo una resistencia eficaz en Málaga, Granada y Jaén (gracias a la hábil dirección de Riego).


El Empecinado 
Aunque los constitucionalistas querían mantener una apariencia de normalidad, las cosas iban de mal en peor. Solo plantaban cara a los Cien Mil Hijos de San Luis el Empecinado y el general Espoz Mina en Cataluña. Este último luchó contra los franceses con tenacidad y de forma inteligente. Además, hasta un mes después de la caída del Gobierno, no depusieron las armas Barcelona, Lérida y Tarragona. El general Morillo se pasó a los absolutistas.  Continuaron batiéndose hasta noviembre las fuerzas de Mina en Barcelona y las de Torrijos y Chapalangarra en Cartagena y Alicante, respectivamente.
Cádiz fue sitiada y bombardeada. Los franceses no pudieron tomar la ciudad, aunque acabaron con las fortalezas que la protegían. Al final se llegó a un pacto: Fernando VII saldría y prometería defender la libertad alcanzada por los españoles con la Constitución de 1812 y a cambio se rendiría la plaza. Acordado con los franceses, Fernando VII salió de la ciudad, pero de forma inmediata se unió al invasor y el mismo 1 de octubre decretó la abolición de cuantas normas jurídicas que habían sido aprobadas durante los tres años anteriores, dando fin al Trienio Liberal.

Rafael de Riego 

Y aquí comienza lo que con vergüenza se llama “Década Ominosa”. Riego fue hecho prisionero y entregado a los absolutistas, que le dieron una muerte atroz, como a muchos liberales. El Empecinado fue apedreado por el populacho y murió ahorcado en 1925.
La década ominosa, finalizó en 1833, con la muerte de Fernando VII.

sábado, 11 de abril de 2026

URDANETA – EL TORNAVIAJE

Nació en Villafranca (Guipúzcoa) en 1508. Murió en México en 1568. Fue un fraile agustino, navegante y cosmógrafo.
Con diecisiete años se enroló en la expedición de Jofre de Loaysa-Elcano, que en 1525 que iba hacia las islas Molucas. En la expedición murieron ambos  comandantes y muchos hombres. Los supervivientes pasaron a la pequeña isla de Tidore y Urdaneta se destacó de la actividad para mantener un equilibrio, aunque fuera precario, de forma que pronto llegó a ser capitán de grupo frente a los lusitanos (1527) y tuvo notable éxito por cuanto logró que las islas de Tidore y Gilolo quedaron bajo dominio español a cambio de dejar la isla Ternate bajo mando portugués. Llegó la expedición de Álvaro Saavedra Cerón en 1528  y realizó infructuosos ensayos para cruzar el océano de Oeste a Este. La experiencia fue aleccionadora y los recuerdos que Urdaneta menciona son poco entusiastas

ANDRÉS DE URDANETA 

El carácter observador de Urdaneta le permitió sacar algunas conclusiones al respecto durante los ocho que residió en las islas Molucas. También se vio obligado a permanecer en manos portuguesas hasta 1535 en Extremo Oriente. Aprovechó para viajar entorno de Malaca, fijarse en sus costumbres, sistemas comerciales, idiomas, incluso aprendiendo un pequeño vocabulario.
Tratado de Zaragoza.
Como consecuencia del Tratado de 1529, las islas de las Especias quedaron en manos portuguesas y tanto Urdaneta como De la Torre regresaron a España vía Cochín (India), cabo de Buena Esperanza y Lisboa concluyendo una vuelta al Mundo, la segunda y en un tiempo de once años (junio de 1536). En la capital portuguesa, le sustrajeron toda la documentación que había atesorado de tanto interés geográfico, histórico y antropológico. Huido de Lisboa llegó, finalmente, a España donde puso en conocimiento del Consejo de Indias todo lo sucedido mediante informes muy interesantes apreciados. Urdaneta sabía muy bien explicar, paso por paso, como lo vio.
Es posible que participara económicamente en la expedición de Alonso de Camargo al estrecho de Magallanes (1538), pero es un hecho que habló con Pedro de Alvarado en Valladolid y éste le pidió que fuera como el más experto piloto del Mar del Sur en la expedición que preparaba; en su viaje de incorporación, pasó por Santo Domingo, donde tuvo ocasión de hablar con Gonzalo Fernández de Oviedo y, además, Alvarado había muerto en accidente (1541) cuando colaboraba en la pacificación de la Nueva Galicia (México), con lo que el compromiso náutico de Andrés de Urdaneta quedaba truncado. Se quedó a vivir en la capital del virreinato de Nueva España , actuó en la pacificación del territorio. El virrey Mendoza que le nombró (1543) corregidor. Además desempeñó otros cargos judiciales.
En los Agustinos
En 1553, Urdaneta se retiró a la vida monástica, entró en la Orden de los Agustinos y, poco después, adquiría los grados sacerdotales. El virrey de Nueva España sintió atracción en el Pacífico y Filipinas desde que Hernán Cortés mostró interés por el océano. De hecho el virrey Velasco solicitó autorización a Felipe II para realizar una expedición en el Pacífico y el Rey lo concedió (1559) bajo la condición de ir a las islas Filipinas sin tocar en el área de las Malucas, en cumplimiento del Tratado de Zaragoza, (acuerdo con Portugal en el que se vendió las Molucas a ese reino) El objetivo era descubrir la ruta de tornaviaje. Fue entonces cuando el virrey pidió a Felipe II que ordenara participar a Andrés de Urdaneta, el más experto en el Pacífico, en la expedición como cosmógrafo; tras el preceptivo permiso de la Orden, el agustino acató la orden.


ISLAS MOLUCAS 

EXPEDICIÓN A LAS FILIPINAS
La muerte del virrey, el paso del gobierno a la Audiencia y la influencia del visitador Valderrama, contrario a los agustinos, determinó que la expedición quedara definitivamente emplazada hacia Filipinas con una orientación hacia China. El capitán de la expedición fue Miguel López de Legazpi y en 1564 se hacían a la mar rumbo a Filipinas como indicaban las instrucciones secretas que Legazpi abrió en altamar. La escuadra pasó por las islas Marianas y Guam y arribaron a Leyte (Filipinas) el 13 de febrero de 1565. La derrota los condujo por las islas de Samar, Bohol y Cebú, procediendo Legazpi a un plan de colonización, pero dejando que un barco tornara a México.  

MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI
El verdadero piloto fue Andrés de Urdaneta.
Urdaneta puso la nave rumbo NE  a la altura del norte del Japón, impulsado por la corriente cálida del Japón, alejándose de la influencia de alisios. Aquellas latitudes que le condujeron suavemente hacia las Californias; navegando hacia el sur alcanzó fácilmente Acapulco (8 de octubre de 1565); acababa de descubrir e inaugurar la que fue denominada “ruta del galeón”, la carrera de Acapulco a Manila en sus dos trayectorias de ida y, lo que era más importante, de retorno fuera de aguas de influencia portuguesa y, fundamentalmente, de forma accesible desde la Nueva España. Los pilotos escribieron relaciones sobre la derrota que constituyeron el meollo de la documentación sobre este viaje:  “Derrotero de la navegación de las islas del Poniente para la Nueva España, hecho por Esteban Rodríguez, piloto mayor de la armada que llevó a su cargo el general Miguel López de Legazpi al descubrimiento de las mismas islas, y volvió por su mandato en la nao capitana nombrada San Pedro, en cuyo viaje murió en septiembre de 1565, después de doblar el cabo de San Lucas, de la California, viniendo en demanda del Puerto de la Navidad, por cuya causase halla incompleto este derrotero, que solo alcanza hasta 14 del mismo mes de septiembre” (Archivo General de Indias).
El Tornaviaje
El denominado Tornaviaje supuso el establecimiento de la ruta conocida como del Galeón de Manila, que permitió traer a Europa, pasando por Manila y Acapulco, y de allí a Cádiz y Sevilla, por medio de la Flota de Indias, mercancías valiosas como sedas, porcelanas, té y otros productos exóticos de los países asiáticos. En el viaje de ida del Galeón, se mandaba de la Nueva España y Perú a las Filipinas la plata necesaria para abastecer a la Capitanía General de Filipinas. Urdaneta lo inició el viernes 1 de junio de 1565 desde la isla de Cebú, salvando numerosos islotes y turbulencias, avistaron numerosas islas que menciona la documentación para surgir en el océano abierto a través del estrecho de San Bernardino. Los pilotos iban anotando y poco después (21 de junio) avistaron una isla que verosímilmente es el punto que hoy se denomina Parece Vela, era el día del Corpus. 

VIAS DEL TORNAVIAJE 

El 4 de agosto alcanzó la nave el punto más septentrional de la travesía, pero cayeron fuertes aguaceros y sufrieron algunas calmas; los tripulantes calcularon que se encontraban no demasiado lejos de Nueva España y determinaron poner rumbo al SO. Hubo alguna incertidumbre pero el 18 de septiembre de 1565 avistaron una isla. El 21 se septiembre se encontraban a la vista de la península de California cuando los tripulantes se hallaban en situación precaria “en la nao, al presente, no había más de diez hasta dieciocho hombres que pudiesen trabajar porque los demás estaban enfermos y otros dieciséis que se nos murieron”. El capitán puso rumbo a Acapulco.
Andrés de Urdaneta volvió a España,  y pronto regresó a México donde falleció el 3 de junio de 1568.

viernes, 10 de abril de 2026

LOS HIJOS DE LOS REYES CATÓLICOS

La verdad es que el destino fue trágico con los hijos de Isabel y Fernando. Tuvieron cinco hijos. Y criaron a dos más que eran hijos bastardos de Fernando, concebidos, según se cree, antes del matrimonio con Isabel.
La muerte prematura de todos y cada uno de los herederos hasta llegar a Juana, tuvo como consecuencia la entrega inmediata de Castilla, León, Galicia, Aragón, Valencia y todas las tierras americanas, en manos de una dinastía  proveniente de Centroeuropa, dinastía además completamente ajena a los avatares históricos de la Península Ibérica, y muy diferentes a castellanos y aragoneses, en costumbres y forma de entender la vida. Los Habsburgo. Con Juana I de Castilla, encerrada durante muchos años en Tordesillas, aunque reina nominal, gobierna su hijo Carlos I, un Habsburgo, hijo de Felipe I de Castilla, el hermoso, que murió a los dos meses de ser proclamado rey, termina para siempre la dinastía Trastámara.


En este sentido fue la tragedia de la España de entonces, que abortó como nación vertebrada bajo una corona autóctona, una Monarquía que entendiese a los españoles, con sus características de diferentes niveles sociales, máxime en un periodo histórico en el que termina la Edad Media y comienza la Edad Moderna con el surgir del Renacimiento. A esto hay que agregar la exploración, conquista y colonización del continente americano, y la defensa del catolicismo, ya que el protestantismo había iniciado su reforma hacía unos años. También se acababa de terminar la Reconquista de los territorios peninsulares a los musulmanes, y expulsando a los judíos y falsos conversos.
El sentir del pueblo español era que ninguna proeza quedaba fuera de su alcance. Así hubo un momento en que Castilla pudo ser mediterránea, siguiendo la vocación aragonesa, volcada hacia el Mediterráneo, o sólo concentrarse en sus posesiones de Ultramar, cruzando el Atlántico. La potencia de los Reyes Católicos, los más ricos y fuertes de Europa habrían permitido tal aventura con éxito.
Evidentemente se inicia una nueva época en España, nueva dinastía, nuevos proyectos y problemas, nuevos gobernantes y con el nuevo rey, Carlos I, no obstante ser extranjero, y hasta ser visto con recelo, supo poco a poco, a pesar de su juventud y de sus consejeros flamencos, ir ganando al pueblo a pesar de las rebeliones de Castilla y las Germanías, llegando a convertirse en un gran español, e incluso ser nombrado el V emperador del Sacro Imperio Romano Germano. Nacido en el año 1500, fue Rey de las coronas hispanas desde 1517 y Emperador desde 1520.
El reinado de los RR.CC. fue desde el año 1479 hasta el año 1504 (muerte de Isabel). Fernando murió en 1516 siendo regente el Cardenal Cisneros, hasta la llegada de Carlos de Habsburgo.
Con los Reyes Católicos se crea el concepto de “Las Españas” dónde cada reino mantenía su autonomía.
 
Isabel (1470-1498)

Los hijos de los Reyes Católicos fueron 5: Isabel, Catalina, María, Juana y Juan.  El único hijo que sucedió a los Reyes Católicos fue Juana la cuál nunca gobernó por estar desplazada por enferma mental, aunque posee el título de Reina de Castilla.
Los hijos de los Reyes Católicos fueron los siguientes:
Isabel (1470-1498)
Juan (1478-1497)
Juana I de Castilla (1479-1555)
María (1482-1517)
Catalina (1485-1536)
Tuvo un aborto en mayo de 1475
Y un bebé mortinato en junio de 1482
Fernando tuvo dos hijos bastardos que crio Isabel
1.-Alonso  (1470-1520) con Aldonza Ruiz de Ivorra, noble catalana de Cervera. Llegó a Prelado español, arzobispo de Zaragoza y Valencia y virrey de Aragón.
2.-Juana María (1471-1510), con Juana Nicolás, una plebeya. Fue la segunda esposa de Bernardino Fernández de Velasco, III conde de Haro y VII condestable de Castilla.
ISABEL DE TRASTÁMARA
fue la primogénita y por tanto la heredera de ambas coronas. Nació en Dueñas el 1 de octubre de 1470, antes de que reinara su madre, que fue proclamada reina en 1474. Isabel convocó a Cortes en 1475 en Madrigal y allí su hija fue proclamada Princesa de Asturias, (heredera de Castilla) En 1490 y en cumplimiento del acuerdo de Alcáçovas con el  reino de Portugal, se prepara la boda de la primogénita Isabel, que ya se había “devaluado” ya que no era heredera a la corona (al nacer su hermano Juan en 1478 y ser jurado heredero en 1480), con el heredero del trono portugués, Alfonso de Portugal que había cumplido los 14 años. Los desposorios se celebraron en Sevilla. Pero Alfonso de Portugal murió en julio de 1491, al año siguiente de su boda, dejando viuda a la hija de los reyes, y regresó junto a sus padres. Quiso ingresar como religiosa con las Clarisas, pero no se le permitió.
En 1495 muere el rey portugués y se conviene la boda del nuevo monarca, Manuel I el afortunado. La princesa Isabel asintió, ya que el pueblo en su día se había mostrado bien con ella cuatro años antes y puso la condición de que en el reino se expulsara a los judíos, cosa a la que el rey aprobó y cumplió. En 1497 muere su hermano Juan, heredero a la corona, con lo cual Isabel vuelve a ser Princesa de Asturias. Tres años después Isabel tuvo un hijo, Miguel de la Paz. Nació en agosto de 1498 en Zaragoza y desgraciadamente su madre falleció en el parto. Quedó el niño al cuidado de sus abuelos, los RR CC quienes lo juraron heredero de Castilla-León y Aragón. Y también lo juraron heredero de la corona de Portugal. Las esperanzas no podían ser mayores. Pero la desgracia se cebaba con la familia de Isabel y Fernando. Miguel de la Paz  murió en Granada en julio de 1500, sin llegar a los dos años. Fue sepultado en Toledo y cuando estuvo terminada fue trasladado a la Capilla Real de Granada.

Juan (1478-1497)

JUAN DE ARAGÓN 
nació en junio de 1478 en Sevilla. Naturalmente la alegría era total. Pero desde el primer momento demostró una salud frágil. Era débil, inapetente y aunque siempre vigilado por médicos nunca se mostró como un joven saludable. En abril de 1480 se celebraron Cortes en Toledo y se juró a Juan, Príncipe de Asturias y al año siguiente en el mes de mayo fue Jurado en Calatayud como heredero a la corona aragonesa. Por supuesto esto hacía que desbancaba a su hermana Isabel como heredera  a las coronas.
En junio de  1481 se juró al príncipe en Barcelona. En marzo de 1483 el príncipe Juan fue recibido en Valencia, donde fue jurado por ese reino.
Se aplicaría las leyes de Sucesión para Castilla según las cuales la corona la heredaba el primogénito. Las mujeres podrían reinar de no haber varón. La unión dinástica de Castilla con Aragón era un hecho y faltaba Navarra. Por eso a los 4 años del niño se proyectó la boda con la heredera de Navarra, Carolina, de 14 años. Muere el rey navarro, pero su esposa prefiere casar a su hija con Juan de Albret, que encuadraba así los territorios franceses de Navarra, cosa muy en contra de los intereses de nuestros RR CC. La ayuda de Francia a Portugal en la guerra contra Castilla habían estropeado las relaciones entre ambas coronas. Fracasado el intento matrimonial, (incluso uno anterior con Juana, la Beltraneja), se concertó el matrimonio del heredero Juan con Margarita de Austria, hija de Maximiliano I, rey de romanos, y también de la segunda hija, Juana con el archiduque Felipe, hijo y heredero del Emperador y Soberano de los Países Bajos por parte de madre. De esta forma se concertaron ambas bodas, sin dote.
En noviembre de 1495 el joven Juan contrajo matrimonio por poderes con Margarita. Ella llegó a España en marzo de 1497. Fue muy bien recibida, despertando un encendido amor en el príncipe. Tan sólo habían pasado dos meses del casorio cuando se evidencia en el joven una debilidad física. Sufrió un ataque de viruelas en Medina del Campo en el mes de julio. Se supone que no tuvo relación con su mujer dada la posibilidad de contagio. El príncipe enfermó gravemente en Salamanca un mes después. Avisados los reyes, Isabel se quedó para entregar a su hija a don Manuel en la boda y Fernando cabalgó sin descanso para consolar a su hijo al que vio morir el 6 de octubre de 1497. Desolados los padres y la viuda, que llevaba un hijo en sus entrañas. Pero agravando más aún la pena, Margarita perdió al hijo que esperaba a principios del año siguiente.

Juana I de Castilla (1479-1555)

JUANA DE CASTILLA 
 nace en noviembre de 1479 en la ciudad de Toledo. Realmente la suerte le fue esquiva a esta mujer. Tenía a un hermano varón y una hermana mayor, por lo que en ese momento era la tercera en línea de sucesión. Fallecido el padre de Fernando le sucedió como rey de Aragón. Juana tenía concertado el matrimonio con el archiduque Felipe, hijo y heredero del Emperador y Soberano de los Países Bajos por parte de madre. Esta boda conmocionó a toda Europa. Se celebró el 20 de octubre de 1496 con toda pompa y boato. Por decirlo rápido la española no fue bien recibida en una corte mundana, lujosa y festiva y dada a los placeres, cosa que chocaba muy directamente con la austeridad castellana y la religiosidad con la que había sido criada Juana de Trastámara. A pesar de diferencias de carácter que dieron lugar a numerosas riñas, entre Juana y Felipe surgió un afecto intenso que acabó dando a luz a seis niños. Al morir Miguel de la Paz en 1500, Juana se convirtió en la única heredera de las coronas de Castilla y Aragón, por lo que su madre, Isabel, le imploró que regresara urgentemente de Flandes a España. Por entonces nadie cuestionaba la capacidad de Juana para reinar. Sus arranques temperamentales eran del dominio público, pero se los consideraba un rasgo heredado de imponente madre, muy religiosa, y de su abuela que después de la muerte de su marido había quedado en una profunda depresión.
En cuanto Juana y Felipe llegaron a España, la reina Isabel lo dispuso todo para que las Cortes de Castilla reconocieran a su hija como heredera legítima al trono. La intención de Isabel era que Juana la sucediese en Castilla como reina propietaria, con o sin el apoyo del archiduque.
Las Cortes de Toledo en mayo de 1502 fue entonces cuando empezó a ponerse en cuestión su idoneidad para gobernar. Cuando la reina Isabel redactó un último testamento poco antes de su muerte, el 26 de noviembre de 1504, existían serias dudas en torno a la salud mental de Juana. Aunque Isabel la confirmó como heredera de sus reinos, en el documento añadía que si la reina Juana, "estando en ellos, no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos", sería Fernando quien ejercería la regencia en su nombre.
Isabel dudó seriamente de las aptitudes de su hija para gobernar. El ferviente deseo de Juana por reunirse con su esposo chocaba con las intenciones de su madre de que aprendiera a gobernar. Las discusiones entre ambas mujeres tuvieron un grave efecto en la salud de ambas, hasta el punto de que la reina sufrió serios dolores en el pecho. Como sabemos la reina Isabel murió ese año de 1504.
En junio de 1506 Felipe firmó con su padre la concordia de Villafáfila, en la que se estipulaba que si la nueva reina no quería o no estaba en condiciones de gobernar, Felipe asumiría total autoridad y hasta continuaría siendo rey a la muerte de su esposa. Fernando se comprometió a retirarse a Aragón. La muerte repentina de Felipe el Hermoso, el 25 de septiembre de 1506, supuso sin duda un tremendo golpe emocional para Juana, embarazada de su sexto hijo.
Juana se empeñó en reabrir el féretro del esposo, mientras lo trasladaba de un pueblo a otro de Castilla.  Al negarse a tratar los asuntos urgentes, Juana había demostrado una vez más su incapacidad para el gobierno. La muerte de Felipe permitía a Fernando volver a ocupar el poder en Castilla, esta vez como regente en nombre de su hija Juana y de su nieto, el futuro emperador Carlos V, por entonces un niño de seis años. El cardenal Cisneros es elegido para ser regente de la corona, en colaboración con un Consejo del Reino. Fernando marcha a Aragón y luego a Italia. En 1507 vuelve Fernando y  se encuentra con su hija en un pequeño pueblo próximo a Burgos. Vio a Juana, acompañada por el carro con el ataúd de su esposo Felipe. Padre e hija tomaron el camino de Burgos, pero poco antes de llegar doña Juana se negó a seguir. Fernando hizo que la encerraran en el castillo de Tordesillas en febrero de 1509 fuertemente vigilada. Allí permaneció durante medio siglo, hasta su muerte en 1555. Murió siendo reina de Castilla. Fernando quedó como regente de Castilla, aunque se centró en Italia y dejó en su lugar al cardenal Cisneros como Canciller Mayor de Castilla.
Para los que opinan que Fernando la encerró en Tordesillas, hay que tener en cuenta que eso ocurrió tres años después de la muerte de Felipe. Cuando llegó a Tordesillas, Juana estaba acompañada de su hija menor, la joven infanta Catalina, y no se hallaba lejos del cadáver de su marido, depositado en el vecino monasterio de Santa Clara. En 1516 murió Fernando y al año siguiente llegó su hijo Carlos, sería proclamado rey si bien antes visitó a su madre y llegaron al acuerdo de que Carlos reinaría y ella también, figurando ambos en los documentos de Castilla, ella delante de él.
Juana I de Castilla murió el Viernes Santo de 1555, a los 76 años, tras haber permanecido confinada casi medio siglo.

María (1482-1517)

MARÍA 
Nació en junio de 1482. El parto fue difícil ya que después nacer la niña a las treinta y seis horas nació otra criatura muerta en ese caso. La guerra contra Granada continuaba y tanto Fernando como Isabel trabajaron uno como militar y la otra con logísticas. En 1498 su hermana Isabel había muerto al parir dejando un hijo, que moriría dos años después, y al viudo rey Manuel de Portugal. Al año siguiente lo reyes españoles ofrecieron al portugués a María, a fin de continuar con la buena relación de los reinos, que de casarse el portugués con otra persona de familia no afín a los intereses castellanos, como los Braganza o los Medina-Sidonia, pondría en dificultades a nuestros reyes. Así, obtenida la pertinente bula papal de Alejando VI, se firmó por poderes la boda en agosto del 1500, tenía María 17 años.  Vivieron en concordia los esposos. Portugal tuvo una época de esplendor tanto en su expansión americana como en las artes, letras y arquitectura. Ambos tuvieron el respeto y el cariño de su pueblo. Tuvieron diez hijos, por lo que la sucesión al trono estaba asegurada. Destacamos a Isabel, que se casaría en 1526 con su primo Carlos I de España. Mujer de gran belleza, Carlos al conocerla se enamoró perdidamente de ella y fue su única esposa. Fue por tanto emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y reina de España. Actuó como gobernadora de los reinos españoles durante los viajes de su marido por Europa. Al morir ella en 1539 Carlos entró en una profunda depresión durante varios meses que solamente la guerra obligó a seguir con sus trabajos. De esa unión nacería Felipe II, que en 1578 presentó sus derechos al trono portugués consiguiendo así cumplir el sueño de sus abuelos los RR.CC. y de Manuel el afortunado, de reunir en una sola cabeza las coronas peninsulares.


CATALINA DE TRASTÁMARA
Nació en diciembre de 1485 en Alcalá de Henares. La reina tenía entonces 35 años, edad avanzada para aquellos tiempos para parir. No tenía la niña aún los tres años cuando los embajadores de Inglaterra llegaron para pedir la mano de Catalina para el príncipe heredero, don Arturo.  El 14 de noviembre de 1501, Catalina se desposó con Arturo en la catedral de San Pablo de Londres, pero el matrimonio duró tan solo un año. Los dos miembros de la pareja enfermaron de forma grave, causando la muerte del Príncipe. Su papel en Inglaterra quedó reducido al de viuda y diplomática al servicio de la Monarquía hispánica. Con la intención de mantener la alianza con España, el rey Enrique VII tomó la decisión de casar a la madrileña con su otro hijo, su sucesor, Enrique VIII. Así en 1509 se casan Enrique y Catalina. Pese a la buena sintonía inicial, la sucesión de embarazos fallidos, seis bebés de los que solo la futura María Tudor alcanzó la mayoría de edad, enturbió la convivencia entre el Rey y la Reina. Con todo, Catalina adquirió gran relevancia política y supo estar a la altura en los asuntos de Estado. Catalina era una joven brillante, muy culta.  En 1513, su marido la nombró regente del reino en lo que él viajaba a Francia. Así, la Reina tuvo que ver como Escocía invadió Inglaterra.  Catalina congregó al ejército, a pesar de estar embarazada, cabalgó hacia el norte en armadura completa para dirigirse a las tropas.  Tanto fue así que Erasmo de Rotterdam la calificó como de enriquecedora conversación y despierta inteligencia. Thomas Cromwel dijo de ella: "Si no fuera por su sexo, podría haber desafiado a todos los héroes de la historia"  Pero al no tener hijo varón Enrique VIII pidió al papa anular el matrimonio y ante la negativa de éste, le llevó a romper con la Iglesia Católica. Creó la iglesia anglicana. Catalina, cristiana muy devota a pesar del peligro se negó a aceptar la anulación de su matrimonio. Catalina mantuvo su catolicismo firme e impregnó esos valores en su hija María, que cuando fue reina volvió a instaurar el catolicismo en Inglaterra.  El 7 de enero de 1536 muere Catalina de Aragón. Sus restos se llevaron a la catedral de Peterborough. Todos los 29 de enero, aniversario de su entierro, tienen lugar unos actos conmemorativos en la catedral. Hay un escrito que dice “Catalina, reina de Inglaterra”

miércoles, 8 de abril de 2026

MOCTEZUMA y CORTÉS

Moctezuma nació en Tenochtitlan, México en 1466 y murió también en Tenochtitlan el 29 de junio de 1520. Fue llamado Moctezuma II
Su padre fue Axayácatl, rey de Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca.
Según el calendario azteca nació en el año “uno caña” (1467). Los astrólogos impusieron al niño el nombre de su bisabuelo, Moctezuma, «Señor Furioso», añadiéndole Xocoyotzin.


Creció feliz en el palacio, rodeado del lujo de la corte y del amor de su madre, hasta los cinco o seis años. En ese momento, los príncipes y los nobles eran separados de las mujeres para iniciar su estricta educación en el calmecac, un internado ubicado en el recinto sagrado del Templo Mayor.
Moctezuma pronto destacó como un alumno aplicado, interesado en el conocimiento de los libros antiguos. Al cumplir los trece años, la vida de Moctezuma quedó marcada por la repentina muerte de su padre. El príncipe huérfano, ingresó en el telpochcalli, la escuela obligatoria donde recibió formación militar, familiarizándose con el manejo de las armas y las técnicas de lucha.
Moctezuma se distinguió como un excelente guerrero y encabezó las campañas emprendidas por su tío Ahuitzotl, que expandió el Imperio azteca hasta las mismas tierras de Guatemala, región codiciada por su producción de cacao. Esta victoria, ocurrida en 1499, aumentó considerablemente el prestigio de Moctezuma, al igual que su cargo de sacerdote, dios principal de los aztecas. De esta forma, contando con el favor del ejército y de los sacerdotes, el príncipe se situó como firme candidato al trono de Tenochtitlán. Para reforzar su candidatura contrajo numerosos matrimonios que le reportaron beneficiosas alianzas políticas y una prole considerable.
En 1502, tras la muerte de Ahuitzotl, el Consejo se reunió para elegir al nuevo tlatoani. Esta vez había numerosos candidatos. Además de Moctezuma estaban sus primos.
Moctezuma fue elegido por unanimidad como noveno señor de Tenochtitlán.

RECREACIÓN DE TENOCHTITLAN
Con la tradicional campaña de coronación para confirmarse como emperador, Moctezuma demostró su valor y sus dotes de estratega. No sólo obtuvo una gran victoria, sino que consiguió muchos prisioneros para sacrificar en honor del dios de la guerra, que tanto le había favorecido. Su regreso a Tenochtitlán fue una marcha triunfal.
El cuarto día, Moctezuma fue oficialmente coronado en la cúspide de la pirámide del Templo Mayor y, ante una multitud que le aclamaba, se sacrificó a los cautivos, que habían sido preparados la noche anterior.
Moctezuma bajó los impuestos y repartió el maíz de los silos reales entre los más desfavorecidos. Hizo reformas verdaderamente revolucionarias como la creación de una nueva burocracia.
Moctezuma se atrevió a modificar el calendario, trasladando la ceremonia del Año Nuevo al siguiente; con este cambio pretendía evitar los malos augurios que evocaban la gran hambruna que hubo entre 1450 y 1454.
Se sucedieron una serie de extraños fenómenos: se produjeron eclipses, hubo cometas que surcaron los cielos, etc.


RECREACIÓN DEL TEMPLO MAYOR DE TENOCHTITLAN
En cualquier caso, lo innegable es que durante el gobierno de Moctezuma el Joven ocurrió un hecho excepcional: la llegada a las costas del golfo de México de Hernán Cortés y los conquistadores españoles.
Su control sobre el imperio fue entonces total y pagó cuantiosos y ricos tributos que le permitieron enriquecer Tenochtitlán hasta convertirla en la ciudad más hermosa y envidiada del imperio y foco de irradiación cultural, cuyos palacios, canales, templos y monolitos eran impresionantes y de cuyos talleres salieron las obras de arte más destacadas en piedra, en pluma y en oro.
Entretanto Cortés se proclama Capitán y se desvinculó del Gobernador de Cuba, envió a dos emisarios a la corte del emperador para tratar de justificar sus acciones. Realmente tenían todas las de perder ante la incursión en aquellas frondosísimas, pobladísimas tierras, pero tras llegar al continente y fundar aquella ciudad, no se lo pensó mucho y, de perdidos al río decidió desguazar frente a la misma costa, todos los barcos de su flota, evitando así que algunos opositores volviesen a Cuba a informar de la defección a Diego Velázquez o tuvieran la más mínima tentación de regresar por donde habían venido. A ver quién se atrevía a desafiar a un hombre así. No había vuelta atrás.

CORTES ENTRA EN TENOCHTITLAN
Cortés comprobó que los habitantes de las aldeas y pueblos aztecas mostraban un gran sufrimiento ante el despótico y cruel poder que sobre ellos ejercía su emperador. Los convenció a que se unieran a él y le acompañaran hasta Tenochtitlán para derrocar a la bestia. En los sacrificios del ritual azteca, se arrancaba el corazón al elegido mientras estaba vivo. Tras ello, su cuerpo se troceaba y se lanzaba hacia abajo por los escalones de las pirámides, finalmente devorado por hambrientos.
Avanzó sobre Tlaxcala que, tras una dura resistencia, firmó la alianza. En octubre de 1519 partieron, acompañados por varios miles de indios cempoaleses y tlaxcaltecas, con el objetivo explícito de entrar en Tenochtitlán, capital de los mexicas. Pero antes pasaron por la ciudad sagrada de Cholula, la cual fue saqueada.
Tenochtitlán era una ciudad impresionante, que según los cronistas era equivalente a Venecia o Constantinopla. La capital de los mexicas fue la cabeza de un poderoso Estado que dominó una gran parte de Mesoamérica. El florecimiento de la ciudad se realizó a costa del tributo pagado por los pueblos sometidos a su poder. Por ello, cuando los españoles llegaron a Mesoamérica, numerosas naciones indígenas se aliaron con ellos con el objetivo de poner fin a la dominación.

MONUMENTO A LA FUNDACIÓN DE MÉXICO-TENOCHTITLAN - CIUDAD DE MÉXICO

A principios de 1519, Moctezuma recibió inquietantes noticias de unos comerciantes que afirmaban haber visto en la costa del golfo de México a gentes desconocidas, de apariencia inusitada, montadas en extraños ingenios. Desconcertado por lo que le explicaban, el emperador envió espías para que reprodujeran en fieles pinturas todo lo que habían visto: las naves, los objetos, los animales y los hombres.
Moctezuma convocó una reunión de urgencia con los consejeros. Moctezuma y su hermano Cuitlahuac preferían la lucha.
Moctezuma se perdió en averiguaciones e infravaloró a los españoles como un enemigo poderoso, colocaron a Hernán Cortés en una situación ventajosa. El capitán español logró una alianza con los indígenas descontentos con el enorme poder de Moctezuma, quienes le eligieron como caudillo militar y pusieron a su disposición un inmenso ejército así como su conocimiento del terreno y de la situación política para dirigirle sin dilación hasta el mismo corazón del Imperio azteca. Finalmente, el 8 de noviembre de 1519, siete meses después del desembarco español, se produjo el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés.
En esa época, Tenochtitlán era una enorme ciudad de 250.000 habitantes. Los españoles entraron por la de Iztapalapa, que conducía directamente hasta el centro ceremonial de la ciudad, acompañados de un numeroso ejército formado por aliados indígenas.
Moctezuma le dio la bienvenida sin luchar, como si fuera el dios en persona que regresaba. Se produjo el encuentro de Moctezuma y Cortés, y creyó que los españoles eran enviados del dios que vendría del Este, según la leyenda. Hubo voces en contra, como la del hermano de Moctezuma y su sucesor, Cuitlahuac, señor de Iztapalapa. Tras el encuentro hubo un paréntesis tenso que duraría algo más de siete meses. Se dio la prohibición de nuevos sacrificios humanos, se produjeron muchas humillaciones, entre las que destacó la prisión del Emperador en el palacio de su padre, que soliviantó al pueblo azteca, y la matanza de jóvenes nobles ordenada por Alvarado, en la fiesta del Toxcatl, ante el templo mayor, mientras Cortés, que le había dejado al mando en su ausencia, iba a reunirse con Pánfilo de Narváez.
Los guerreros aztecas se preparaban para echar a los españoles de su ciudad. A finales de junio, salió Cuitlahuac de palacio, investido por su hermano del rango de Hueytlatoani. Fue el mayor error político que pudo cometer Cortés. El décimo Emperador dirigió la batalla del día 30 de junio de 1520.


La muerte de Moctezuma II, herido por las piedras que le arrojaron sus antiguos súbditos, en el balcón desde el que se asomó por orden de Cortés para pacificarlos, fue el principio de la llamada Noche Triste, en que los españoles sufrieron la pérdida de dos tercios de sus efectivos, más de mil hombres en la retirada de la ciudad y se dejaron en los canales el tesoro saqueado durante su estancia en la ciudad.
De esta forma, el 30 de junio de 1520, cerraba sus ojos para siempre el emperador azteca, sin comprender por qué los dioses le habían abandonado. Éste fue el triste final de Moctezuma el Joven, uno de los gobernantes más injustamente tratados por la historia a pesar de haber conducido el Imperio azteca a la cima de su esplendor político y cultural.


Una estatua de Moctezuma II se encuentra en la fachada principal del Palacio Real de Madrid, mirando hacia la Plaza de la Armería. Esta escultura, junto con la del inca Atahualpa, forma parte de una serie de monarcas de los reinos españoles y territorios conquistados, simbolizando la legitimidad y los lazos históricos de la corona española con el Nuevo Mundo
 

LA ORDEN DEL TEMPLE

Fue fundada en Jerusalén en 1118 por Hugo de Payns y otros ocho caballeros franceses, con el nombre de pobres caballeros de Cristo. Nacieron...